• historiaspulp@gmail.com

Celebramos el 40 aniversario de la saga Alien con nuestra Revista Historias Pulp #2

Celebramos el 40 aniversario de la saga Alien con nuestra Revista Historias Pulp #2

Tras ver que la productora de la saga “Alien” ha dedicado a la celebración de dicho aniversario el lanzamiento de 6 cortometrajes en YouTube, y que, a pesar de su gran factura técnica, resultan bastante insustanciales y poco inspirados en general, creemos que es momento de reivindicar el lanzamiento que hicimos en 2018 de este recopilatorio de relatos seleccionados como resultado de nuestro Segundo Concurso Historias Pulp.

Además de la posibilidad de descargar cualquier versión digital gratis o la física a su mínimo precio de impresión, podréis disfrutar a continuación de la lectura completa de la revista en esta misma entrada, que incluye un elaborado monográfico en el que repasamos historias, influencias y nuestras propias opiniones sobre la saga Alien, entre otras sorpresas.

Y, por si fuera poco, os dejamos los audiorrelatos del ganador de este concurso (en un vídeo en el que también leemos al ganador de la edición dedicada a “La Cosa”), así como los audiorrelatos en iVoox que tuvo a bien producir Olga Paraíso en su Podcast “Historias para ser leídas“, el cual nos agradeceréis descubrir.

Esperamos que sepáis disfrutar todo este contenido, pulperos, que, honestamente, creemos que hace más justicia a “Alien” a la hora de celebrar sus 40 años de existencia en la cultura popular.

Audiorrelatos

Audiorrelato “Kane” en “Historias para ser leídas”

Audiorrelato “Padre, o la Odisea de Oknus Maní”, en “Historias para ser leídas”

Descargas Disponibles

Smashwords

LEKTU

Amazon

Google Play

AGRADECIMIENTOS

Queremos agradecer muy especialmente a los ilustradores Juan Ramón Lera San Miguel, Charly V y xadatambelx por sus aportaciones de incalculable valor artístico.

Una mención especial merece Akiramarok, la compositora que realiza las composiciones musicales para todas nuestras convocatorias y concursos de forma desinteresada.

Ilustración por Juan Ramón Lera San Miguel

(Diseño de la Reina Alien basado en un modelo de John Gallagher)

Juan Ramón Lera San Miguel

Nacido en León en 1978.

– En el año 1999 estudia diseño gráfico en la escuela Fundación Ordoño II.

– En el año 2001 estudia un máster de Animación y Modelado por Ordenador.

– En el año 2000 ilustra el libro Cruentos y con Sentidos, del escritor leonés Gregorio Fernández Castañón.

En el año 2013 funda, junto con Ana NewVillage y Cristina de la Iglesia Alegre, el grupo Ilustra2, donde se combina la ilustración y la poesía. En el año 2014 Ilustrados saca a la luz el libro: El Mundo de los Sueños Reales, presentado en La Biblioteca Pública de León y en el Museo de Arte Contemporáneo de León (MUSAC).

De forma individual, ha hecho varias exposiciones en León capital, y en varios pueblos de la provincia (Ciñera, Truchas).

Colabora con los niños del colegio Sánchez Albornoz en al elaboración de la portada del cuento Lunix.

Ilustrador autodidacta se basa en las historias y relatos que le contaba su abuelo, el cual le introdujo desde muy pequeño en el mundo del dibujo.

Actualmente trabaja como diseñador gráfico en una editorial leonesa.

Alien y la bicicleta

Historias Pulp

Corría el año 1960 cuando dos hermanos apellidados Scott filmaron un corto de 27 minutos en 16 mm. Ridley era el director y Tony era el niño de la bicicleta, el actor. Este corto rodado en blanco y negro dicen los entendidos que es la antesala de muchas de las escenas de las posteriores películas del reconocido director, sobre todo, en lo referente a la ambientación. Y no es descabellado pensarlo.

La mayoría de lugares que aparecen en este breve pero largo corto, bien podrían recordar a los escenarios más prototípicos de Blade Runner porque son lugares desolados a la par que urbanos. Y, aunque se muestran espacios de las afueras de la ciudad, no dejan de estar salpicados por tropezones de elementos que obligan a  apreciar la decadencia cosmopolita del entorno donde este adolescente protagonista malvive (esta parece ser la moraleja del corto) o sobrevive rodeado de auténticos seres sin interés: los humanos, las personas. Seres comunes y mediocres sin la prolífica vida interior de este chaval que pasea su fecundo monólogo narcisista en bicicleta.

Si cambiamos a Tony, el joven del parsimonioso corto de Ridley, por nuestro callado  Alien, podríamos hacerle recorrer la Nostromo envuelto en sus propios pensamientos. Ensimismado en pensamientos de Alien. ¿En qué piensa Alien? ¿Pasea como Tony mirando a los tripulantes como extraños seres alejados de su propia realidad? Alien recorre la Nostromo sintiéndola como un lugar opresivo e igualmente decadente que la ciudad de Billingham lo es para Tony.

Ver Boy and Bicycle (1965) de Ridley Scott en el blog Torre de Babel:

Nuestro xenomorfo se preguntaría por qué suena esa alarma estruendosa, ¿para molestarle a él? Un ser ensimismado, frío, sin empatía hacia el resto de habitantes, que no comprende nada de lo que el resto hace.

Acto seguido, oculto entre los ensamblajes oscuros y metálicos, se diría irritado: “qué seres tan estúpidos esos humanos”. Mientras crece aceleradamente y oculto cual jovenzuelo en celo, mantendría su imparable transformación en bestial depredador, creciendo y creciendo de manera carcinógena, como crecen los Aliens. Y de repente.

¡Alien se ha hecho mayor y nadie se ha enterado!

Su transformación en adulto es visible tanto por sus grandes dimensiones como por su cada vez más expresada agresividad. Como un jovenzuelo alterado hormonalmente, como el joven del corto, Alien, incomprendido y solo, se ve atacado por seres con los no se identifica, con los que no tiene nada en común: los humanos.

Pero nuestro Alien no tiene bicicleta, ni falta que le hace, y recorre los pasillos y galerías sin más objetivo que buscar un centro de calor, un escondite desde donde convertirse en acechante depredador.

Boceto original de H. R. Giger de Alien

La idea original, a pesar de que no se pudo desarrollar para esta película, fue un diseño que no llegó a buen puerto cinematográfico: la adaptación de Dune de Alejandro Jodorowsky. Si tenéis dinero y os fascina el mundo de la ilustración todos estos bocetos acabaron componiendo un compendio que se puede conseguir pagando alrededor de 40 eurazos en Amazon llamado: “Alien Archive: The Ultimate Guide to the Classic Movies”.

En la película de Ridley, Alien, tiene nombre propio. Es uno más en el sentido genérico, pero no para el espectador. Hay un antes y un después de este monstruoso ser del espacio. Existen otros monstruos de la gran pantalla tipo Godzilla o Tiburón, así como el monstruo de la película The Host, película coreana cuyo director Bong Joon-ho demuestra lo que se puede llegar a realizar con un buen guión. Pero ninguno de los monstruos de las distintas películas de monstruos, sean de Ciencia Ficción o de Terror, son como Alien. A pesar de lo terroríficos que puedan llegar a ser, ningún monstruo supera a Alien ni en diseño ni en “prestaciones”. Alien es el todoterreno de los monstruos. Y es posible que siempre que muere en las películas se nos queda una sensación de que más bien fue por exigencias del guión. ¡Alguna vez debe terminar la lucha contra Alien, pero parece que no nos lo creemos demasiado!

Es el monstruo que desde cualquier lugar te mira, el que acecha en esa oscuridad insondable, el que merodea sin ser escuchado, el que es percibido por tu mascota mucho antes que tú. Inteligente y cruel, despiadado, anhedónico, sin remordimientos, un predador insaciable. En realidad, un asesino. Su diseño físico está pensado para parecer un arma. Alien es un monstruo perfecto, un ser solitario, entre insecto y reptil, entre biológico y mecánico, inteligente pero frío. Dicen de él que sería una máquina perfecta de matar. Es un arma biológico mecánica.

En la película, el gran final, el buen final, refleja una suerte de casuales acontecimientos que producen que este Alien sea vencido, expulsado al exterior. Esto vuelve a suceder en Alien Covenant aunque de forma más violenta y gore. Pero nuestro Alien estaba medio dormido, sumido en un sopor adolescente de esos de siesta de 3 horas. Obnubilado por las endorfinas de la siesta, que está metida con calzador en la escena, pues segundos antes andaba asesinando a diestro y siniestro. La Teniente Ripley, una humana delgaducha, fue lo suficientemente inteligente, intrépida y valiente, como para no cagarse en los pantalones. Todos hemos visto Alien y conocemos su final. Un buen final a pesar de ser altamente inverosímil.

Según cuentan en sus biografías, Ridley Scott estuvo alrededor de 15 años sin dedicarse a la dirección desde aquel corto de la bicicleta de su juventud. Por este motivo nos resulta tan interesante el corto de la bicicleta. Sin embargo, se dedicó al diseño artístico y la realización de series para televisión en la BBC. Quince años son muchos años y suponemos que influyeron enormemente en su formación y mentalidad posteriores como director de cine. Quizá su exceso de entrega a la estética visual es uno de los componentes más valorados por el público, y no es para menos ya que  “Alien, el 8º pasajero” es un icono visual que posteriormente se repetiría en toda cinta de Ciencia Ficción que se preciara.

De los antecedentes de la película vamos a citar varios films que debéis ver, al menos una vez en la vida, y no exactamente porque se identifiquen demasiadas cosas posteriormente usadas en Alien (que también), sino porque viendo estas películas y aplicando la más feroz contraposición se ve la grandeza de Alien.

Como explica Alfredo Manteca en un monográfico para el 30 aniversario de la legendaria película, los antecedentes de este guión escrito por Dan O`Bannon y Ronald Shusett, podemos encontrarlos en estos films anteriores.

Monográfico de Alfredo Manteca en Videodromo:

http://www.videodromo.es/monograficos-de-cine/alien-el-octavo-pasajero/9167

Comenzaremos por citar la película IT! (Tranquilos no es IT de Stephen King) sino IT! The terror from beyond space, la titularon, dirigida por Eduard L. Cahn en 1958.

En esta película la trama principal, que es similar a la de Alien, salvando las grandes diferencias de coherencia de guión, de credibilidad de personajes, incluído el “alien”, y sobre todo estéticas, la nave llamada Challenge 141 acaba averiada en Marte. A raíz de esta desgracia se envía a una segunda nave cuya misión es el rescate del único superviviente, el coronel Edward Carruther.

El guión, visto hoy en día, no tiene demasiado interés más que en lo tocante a las identidades que se pueden encontrar como antecedente temporal de Alien. Sin embargo, es una curiosa película cuyas similitudes en diferentes escenas con la de Scott llaman poderosamente la atención.

Podréis descubrir un momento de comida grupal de la tripulación completamente anacrónico y repleto de machismo explícito donde las tripulantes, una científica y una enfermera, actúan como camareras del resto de los aeronautas. Sin embargo, es una escena similar a la del almuerzo de los tripulantes de la Nostromo. Una gran curiosidad de Alien es que muestra momentos de la vida cotidiana, aunque pocos, pero que dan una visión más humana de los personajes.

Hay escenas de esta película en los que este Ser se parece a la Criatura del Lago Negro pero engordada con pienso hormonado. En otras escenas sale de las sombras para moverse de forma torpe, como una almóndiga patizamba y a tientas, como buscando el aseo… Hay muchos momentos en los que el sudado actor se recoloca la máscara, una y otra vez, todo el tiempo, dando la sensación de estar más asustado de los tripulantes que ellos del monstruo. Nada que ver con Alien en este aspecto.

Sin embargo, no negaremos que existen multitud de escenas de Alien que parecen inspiradas en esta película, y os animamos a que la veais y las busquéis por vosotros mismos. Os dejamos un enlace para que podáis disfrutar de esta extraña película.

Ver El terror del espacio exterior:

https://photos.app.goo.gl/lEdKlhAcxhW49HiT2

La siguiente película que os vamos a comentar como posible antecedente de nuestra protagonista es Terror en el Espacio. Una película de Mario Bava realizada en 1965.

En Estados Unidos se la llamó El Planeta de los vampiros de 1965.

La sinopsis de esta película extravagantemente colorida y cuyos personajes actúan de manera impostada pero graciosa, al estilo de Star Trek, sería esta: una nave aterriza en un planeta desconocido y muy misterioso. La nave ha quedado averiada y muertos sus tripulantes.

Unos compañeros de otra nave bajan a auxiliarlos, sin embargo, fuerzas extrañas de ese planeta comienzan a influir en los astronautas de manera que comienzan a atacarse unos a otros. Esta segunda nave de rescate también queda averiada, y a pesar de que el comandante y una astronauta luchan contra esos seres invisibles que influyen en los aeronautas hasta convertirlos en sus marionetas, acaban siendo suplantados.

Esta película tiene algunas escenas semejantes a Alien e incluso la resolución de la trama es parecida aunque es más inquietante que el final de Alien.

Es una película mucho más divertida que la anterior y se disfruta mucho de la escenografía completamente psicodélica y festivalera. Además, las interpretaciones de los actores, sobre todo del Comandante, son dignas de ver porque muestran una anhedonia inhumana. Al final, descubrimos una verdad que nos deja atónitos. Este sí nos parece un gran final a pesar de que la película es incomparablemente inferior en todo a Alien.

Esta película se basa en un relato llamado “One night of 21 hours” de Renato Pestriniero que fue publicado en la revista “Interplanet 3”.

Ver Terror en el espacio:

https://photos.app.goo.gl/edExu0crg931ba353

Pero existe una obra cinematográfica que, de entre todas las películas que se pueden nombrar como antecesoras de Alien, es la que más ha influido, al menos, en cuanto a la estética de las imágenes. 2001 Odisea en el Espacio, del año 1968.

El mismo Scott reconoce que se basó en esta película para toda la parte de diseño interior de la nave, y para la descripción visual del espacio exterior. Sabemos que ambas películas son muy distintas y no parece que un inicio de monos dándose porrazos y evolucionando a cuenta de una monolito sea en nada similar a la aventurera historia de Alien pero hay imágenes que nos evocan recuerdos de la Nostromo. Sí, las de esos lugares comunes de convivencia de la tripulación que son una especie de calco de esta película de Stanley Kubrick.

Ver 2001: una odisea del espacio:

https://photos.app.goo.gl/FLJQWuDGYEna36QR2

Los interiores, de blanco puro en el caso de la Odisea, están salpicados por el color rojo de algunos elementos. En Alien se combinan con el gris haciendo que todo quede más deslucido pero ayudando a crear un ambiente más decadente.

Las naves, exteriormente, no se parecen nada. La Nostromo es, como se ha venido diciendo, una catedral espacial, una exagerada nave comercial que de ser cierta tendría grandes problemas a la hora de adentrarse en la órbita de cualquier planeta para aterrizar.

La historia o trama principal en ambas películas se parecen por dos aspectos fundamentales. En ambos casos se envía a los protagonistas a un lugar desconocido del espacio tras recibir unas señales que no se saben interpretar. Unas señales que parecen ser provenientes de vida inteligente. Unas señales que se deben investigar, sí o sí.

En Odisea es en la luna donde el monolito desenterrado produce esa onda de radio que viaja hacia Júpiter. En Alien es una señal equívoca de socorro que induce a pensar que hay vida en un planeta desconocido e inhóspito.

Los argumentos generales y los objetivos de ambas pelis son muy dispares. Mientras Alien se muestra como una simple película de Ciencia Ficción, entre la Aventura y el Terror, sin más pretensión aparente que entretener, la obra de Kubrick pretende entretener intelectualmente ofreciendo propuestas aparentemente filosóficas de calado. Decimos aparentemente porque es una cuestión a interpretar por cada cual la profundidad que esta obra ofrece.

En realidad se asemeja a un excelente spot publicitario en su estética y forma, y a un documental para listos en el fondo, de esos que dejan preguntas abiertas todo el tiempo para parecer trascendentes.

Sin embargo, Alien es una película en sentido estricto, es decir, nos cuenta una historia, nos relata unos hechos, una aventura con protagonistas, con monstruo, y santas pascuas. El que desee sacar moraleja puede hacerlo pero va a cuenta del espectador. A pesar de esto, Scott siempre ha estado empeñado en realizar obras con sentido filosófico y anda lanzando moralinas en Prometheus y Alien Covenant. Pero, muy a su pesar, sin llegar a conseguir el efecto reflexión en ningún momento. En Prometheus porque los discursos de los personajes son tan de bobo de baba que te producen desesperación y lo que quieres es  verlos morir y que acabe el suplicio; y en Alien Covenant porque el androide endiosado David que viene de escuchar tanta tontería en Prometheus ha quedado tan dañado como HAL 9000 entrando en una deriva de narcisismo paranoide destructor de los hombres y de todo cuanto se le enfrente, pero todo porque sí, porque su creador para él era un ser inferior a él mismo.

Todo esto va unido a una especie de complejo de Dios Creador, pero creador sin ton ni son de seres aberrantes que, en realidad, no le sirven más que para acabar con la tripulación de la Covenant y nada más.

Volviendo a las semejanzas con Odisea, a una de esas casuales semejanzas, ambas naves están comandadas por sendos ordenadores superinteligentes, aunque es mucho más inteligente HAL 9000 que MADRE. Estaría bien enfrentarlos cara a cara en un duelo de ordenadores cabrones.

MADRE se muestra mucho más anodina y sin personalidad que HAL 9000. Este es un ordenador que, dada su omnisciencia como comando de la nave Discovery, y dadas las supuestas informaciones contradictorias que recibe, entra en una especie de cortocircuito paranoide intentando evitar cualquier toma de decisión de los tripulantes humanos. Un boicot cuasi terrorista que acaba mal para el supercerebrito artificial. MADRE es una computadora central que simplemente está programada y que, inesperadamente para la tripulación, en el caso de detectar vida toma rumbo hacia la misma. Ash, el oficial científico, que es una parte del software de la expedición, está programado para que el xenomorfo sobreviva incluso por encima de la vida de la tripulación. Tanto MADRE como Ash forman coalición con Alien en contra de los humanos. Es el mal de la tecnología y la industria, la industria militar, contra el bien, la bondad ingenua de la gente común. Aunque algunos de los personajes son simplemente personas egoístas sin ninguna trascendencia.

¡He aquí uno de los agujeros más negros de la peli! En el argumento de esta parte de la trama es donde mayores fallos de lógica existen en el guión. Pero no se desluce en absoluto el resultado final dado que la riqueza de situaciones y el ritmo de la película no dejan al espectador pensar en las incongruencias. Hablamos de lo gratuito de las situaciones que llevan al desastre sin necesidad.

Nos vamos enterando de toda la negra trama de Ash poco a poco, se podría decir que es innecesario todo el baño de sangre, ¿por qué no se envió una expedición científico-militar a por esa forma de vida detectada o conocida con anterioridad puesto que MADRE y Ash están programados para recogerla? En caso de que no se pudiera por lejanía, ¿por qué Ash no inicia un protocolo “algo científico”para recoger esa nueva y agresiva forma de vida mediante el que ninguno de sus compañeros tenga que salir dañado? Al menos inicialmente, aunque Alien sea un organismo tan agresivo que acabe parasitando y dando comienzo a su ciclo vital dentro de uno de los astronautas. Pero a pesar de estas fallas de lógica la película queda sensacional porque en ningún momento te planteas estas cuestiones más que para escribir este monográfico.

Sobre el final, se cuenta que Scott quería un final mucho más trágico. Alien le arrancaba la cabeza a Ripley, tomaba el mando de la nave porque aprendía por imitación y mandaba mensaje de ayuda a la Tierra imitando la voz de la mujer asesinada. Creemos que en esta época el director tenía ganas de sangre y gore, pues supuestamente algunas escenas sangrientas no llegaron a realizarse porque la 20th Century Fox se lo impidió. Así que el final definitivo, aunque no es el mejor de los finales posibles, es muy decente. Creemos, sinceramente, que el que dejaron en la película es mejor final que el que tenía en su mente el por aquel entonces retorcido aunque pueril director.

Las ambientaciones musicales de Odisea y Alien son muy distintas pero de reconocida calidad en ambas películas. Las bandas sonoras también son muy diferentes: en Alien la música de Jerry Goldsmith ambienta la película de forma que está mimetizada con las escenas, a pesar de que su composición fue mutilada por los gustos de Scott, de manera que la amputó y recompuso alegando que habían partes demasiado cinematográficas; en Odisea las imágenes acompañan a la música y no al contrario, fue la Baby Driver del espacio, salvando las distancias por el gran esfuerzo de sincronización en esta película de Edgar Wright.

La sin duda excepcional elección de “Así habló Zaratustra” y el “Danubio Azul” de Strauss eclipsaron las polémicas suscitadas por la reusada composición de Alex North. Odisea contiene además dos obras de Ligeti, “Requiem” y “Lux Aeterna”. En esta película, como decimos, se dejó aparcada la composición de Alex North, que posteriormente, casualidades de la vida, el mismo Goldsmith grabaría e interpretaría en Sevilla en el año 1993 como homenajea su amigo: el compositor humillado por Kubrick.

Hablemos de los éxitos de Alien (estrenada en 1979), porque está considerada una obra de culto y creemos que merecidamente, y más, después de ver los antecedentes de las películas de este género en el cine.

En el año 1980, le otorgaron un Premio Óscar al Mejor Diseño de Producción. Y en ese mismo año el BAFTA (premios de la Academia Británica de Cine) al mejor actor de reparto John Hurt como Kane; BAFTA al mejor montaje para Terry Rawlings; BAFTA al Mejor Actor Revelación a Sigourney Weaver; Globo de Oro a la mejor banda sonora Jerry Goldsmith; BAFTA a la mejor música original “pal” mismo J. G.; y estuvo nominada en el Festival de San Sebastián a la mejor Fotografía y Efectos Especiales. Además, recibió en 2004 Premio Satellite al Mejor DVD y por Mejor Material Extra en DVD. Tampoco son tantos, ¿no?

Sin embargo, como sabemos todos, Alien es mucho más que meros premios. Lo que hizo Alien fue convertir una trama típica del cine de serie B de ciencia-ficción y terror, y volverla una cuidada, estética y angustiosa obra de arte para todos los sentidos. Sin embargo, todo ello fue posible gracias a la unión de muchos talentos, y es erróneo atribuirle casi todo el mérito a Ridley Scott, como a él mismo le gusta que todos piensen (y que parece empeñarse en demostrar falso, dado el resultado de sus últimas producciones relacionadas con la saga).

Las bizarras ideas de Ronald Shusett y Dan O’Bannon, quienes basaron sus ideas, entre otras, en la famosa película The Thing From Another World (El enigma de otro mundo, de 1951), la misma película que dio origen a La Cosa de John Carpenter, de 1982 (y sobre la que versó la Revista Historias Pulp anterior a esta). La indudable capacidad de gestión técnica y artística del director Ridley Scott, que supo rodar los decorados e ingenios que dejó, sabiamente, diseñar a H. R. Giger, Chris Foss y Ron Cobb. El saber hacer de todo el reparto, que ofrecen un creíble elenco de personajes, entre los cuales no existen salidas de todo inverosímiles, ni ninguno destaca sobre los demás por su gallardía o su propensión a las heroicidades. La climática y hermosa música de Jerry Goldsmith. Incluso el acierto de los productores ajustando el presupuesto (por atrevernos a decir algo bueno) como para posibilitar que todo lo que hemos visto en pantalla llegara a hacerse tal cual lo vemos.

Hoy en día todo lo que se pueda decir sobre Alien, la primera película, parece poco. Pero incluso en su día ciertos críticos profesionales de cine la denostaron por distintas razones, especialmente aludiendo a la escasa originalidad de la trama. Es cierto que Alien es sorprendente incluso hoy en día, para alguien que no la haya visto nunca… pero tras enumerar unas cuantas pelis de décadas anteriores tan parecidas, lo de trama original no se puede decir que sea uno de sus puntos más fuertes.

El caso es que la trama de Alien no necesitaba ser original. Ninguna lo necesita, es más importante el tono y la forma. Y Alien destacó y sigue haciéndolo en su día porque para el espectador hace creíble y palpable una historia de terror de las de toda la vida: de monstruos.

Las secuelas de Alien, dado el éxito comercial e incluso cultural que supuso, eran de esperar. James Cameron sería el director y guionista en el que confiarían los dueños de la franquicia para darle exitosa continuidad. Y no pudieron estar más acertados. Así dio comienzo la producción de Aliens.

Contra el reloj y la pasiva oposición de los operarios del estudio británico en el que se había rodado la primera película, el director norteamericano desempeñó la que se conoce como una de las mejores secuelas de la historia del cine, y para algunos, la que es la mejor peli de la saga. Las diferencias en costumbres y el malestar general que existía en el estudio acerca de que unos americanos usurparan el legado del británico Ridley Scott hizo que durante todo el rodaje saltaran chispas, tanto entre el director y los operarios como entre estos y los mismos actores (norteamericanos también).

A pesar de eso, o quizá gracias a ello, el resultado es una película que está cuidada hasta el extremo en todos los detalles. Es más grande, más amenazante, más compleja, pero toda ella una extensión natural de la tecnología y hábitats que se habían establecido en la primer entrega.

Aliens (de 1986) es apropiadamente una película de otro tipo. No se enfrenta directamente ni en estilo ni en temática a la primera (algo que no sabemos si fue premeditado o no). En lugar de una película de terror basada en el suspense, esta segunda entrega es una apoteósica aventura de acción con tintes de terror. Su enfoque es el de devolvérsela a los monstruos, una idea que, en la trama de la peli,  no resulta tan feliz como parecía en su proposición…

Con la premisa de una batalla a cara descubierta contra los aliens, la historia se convierte en un progresivo viaje hacia las entrañas de la pesadilla de la propagación de estos extraterrestres. Mientras que en la primera película los protagonistas se llevaban sin querer al monstruo en su propia nave, aquí la superviviente Ripley y sus nuevos compañeros (papeles desempeñados por grandes actores como Paul Reiser, Lance Henriksen y Bill Paxton, entre otros) se adentran con desconcierto en una asfixiante emboscada al buscar a supervivientes de la colonia.

Además de impresionantes escenas de acción, deslumbrantes por el nivel de efectos y el buen ritmo de un montaje insuperable, Aliens ofrece algunas secuencias llenas de una tensión y un efecto de espanto para el espectador de la época que incluso hoy en día son difíciles de superar.

Como importante curiosidad, Sigourney Weaver fue nominada a los Oscar como mejor actriz por su papel de la Teniente Ripley en Aliens. Pese a no haber ganado, el hecho de haber sido nominada por un papel en una película de terror y acción dice más que suficiente tanto de su entrega al actuar como de la intensidad de la propia historia.

Después de Aliens, la productora se decidió a crear la tercera película, Alien 3 (estrenada en 1992). Viendo cómo ha salido, casi se diría que nadie tenía confianza, ni ganas, ni pasión por ver realizada una nueva entrega de la saga.

Al parecer desde el principio tuvieron problemas para escribir un guión definitivo, y tras barajar varios directores acabó contratándose al talentoso pero entonces desconocido David Fincher. Sigourney Weaver volvió a su papel de Ripley casi a regañadientes (y seguramente gracias a un buen sueldo), y aunque el elenco de actores que la arropaban en esta ocasión (Charles Dance, Charley S. Dutton, Brian Glover y Ralph Brown, entre otros) seguía siendo espléndido, el propio guión demuestra una pereza que conviene a todas las demás faltas de la película.

Aparte de que la premisa de la película es un poco extraña (resulta que un alien del tipo parásito se había colado en la nave de los marines de la anterior película, y se pone a armarla gorda mientras todos hibernan en el regreso), el desarrollo resulta tan lento y falto de escenas y situaciones que mantengan el interés que el ambiente melancólico y entrópico de la cárcel planetaria se convierte en realidad en un lugar tan extenuante y aburrido como una escuela de primaria.

A ello hay que sumar el ardid de “todos murieron en el accidente” para quitarse de en medio a los personajes (y los sueldos de sus actores) que venían de Aliens. Sólo Ripley sobrevive, aunque cualquiera podría decir lo contrario, visto que su personalidad ha cambiado tan drásticamente que parece otra persona con la misma cara.

El personaje de Lance Henriksen, el androide Bishop, tiene una participación tan escasa que apenas puede considerarse como un personaje de Alien 3 (si acaso un breve cameo, en dos partes).

Para colmo, las escasas escenas en las que el monstruo hace acto de presencia, salvo algunas realmente memorables como la de su nacimiento desde el perro, o en la que amenaza a Ripley acercándole la cara, son en su mayoría económicas (mostrando lo menos posible de un ser que a esas alturas ya todos conocíamos bien) o vergonzosas (aquellas en las que se veía por completo al monstruo… generado en un espantoso efecto de ordenador que parecía un recortable para niños).

Sea como sea, quizá la expectativa que causa el sólo nombre de Alien, o bien el morbo ante la posibilidad de ver al fin muerta a su protagonista, bastaron para que esta entrega resultara un nuevo éxito de recaudación a nivel mundial. Así que… la 20th Century Fox no se iba a detener ahí.

En el año 1997 se estrena Alien Resurrection, dirigida por Jean Pierre-Jeunet.

Esta nueva entrega, que tiene tantos detractores o incluso más que la anterior, resultó un giro completo en el tono narrativo y en el diseño de los personajes (no tanto en lo visual, sino en cuanto a sus personalidades). Los miembros de Historias Pulp coincidimos en creer esta una de las mejores películas de la saga.

Al parecer fue la propia Sigourney Weaver quien influyó en la elección final del director francés (en alza tras realizar Delicatessen, de 1991, y La ciudad de los niños perdidos, de 1995) como condición para volver a protagonizar la película (además de un nuevo y merecido sueldazo). Creemos que la elección le dio a la saga una nueva vitalidad que había perdido con Alien 3, dotándola de una audacia más cercana a los más originales de los cómics creados tras el estreno de Aliens, y de un humor sencillo y agradable, aunque a algunos les pueda parecer algo bobalicón, que recuerda a las anteriores producciones del director Jean Pierre-Jeunet.

Los personajes, con personalidades muy características y marcadas, son un dechado de voluntades enfrentadas en cada una de las escenas, ya sea por sus modales, sus opiniones o la dirección de sus voluntades. No hay ningún actor que no esté perfecto en su papel, y aunque la naturaleza de todos ellos es diametralmente opuesta (por ser absolutamente fantásticos, más propios de un cómic), funcionan tan bien como todos los de la primera entrega.

Alien Resurrection puede presumir de contar con una banda sonora inigualable, compuesta por John Frizzell,  con reminiscencias de los temas que son marca de la saga pero con una identidad propia y que le otorga un carácter épico y decadente que le viene como anillo al dedo a su trama.

Al contrario de lo que ocurría con Alien 3, además, la cuarta entrega presume del máximo nivel en cuanto a efectos especiales de toda la saga, incluso superando los de Aliens y los de la reciente Alien Covenant. Teniendo en cuenta que esta película se estrenó en el año 1997, las escasas escenas de alienígenas diseñados con efectos por ordenador siguen siendo espectaculares, tanto en el diseño como en las animaciones. Por lo demás, los efectos físicos de los monstruos, a cargo de Alec Gillis y Tom Woodruff (que llevan realizando los efectos de criaturas para la saga desde Aliens, y que seguirían hasta Alien vs. Predator 2) son tan buenos como siempre, aunque las criaturas destacan por ser más oscuras y viscosas que nunca en esta película.

Una entrega que creemos menospreciada por su valiente y necesario viraje hacia el humor y la licencia absolutamente fantástica, y que cualquiera puede disfrutar si deja de creer que Alien tiene una forma artística y cinematográfica “canónica”, de la que nadie se puede desviar.

En el año 2004 acabó por estrenarse Alien versus Predator, el encontronazo entre las dos famosas criaturas que muchos llevábamos suponiendo que tendría que darse desde que nos fijamos en aquel cráneo de Alien colgado en la pared de la nave Predator, al final de Predator 2.

Con una premisa de lo más sencilla, esta película de aventuras se esforzó en todos los elementos técnicos que hicieran creíble la batalla entre las dos razas, poniéndonos su argumento a los desvalidos humanos exactamente como lo que tenían que ser: meras piezas de ganado en un juego de caza donde lo importante es el honor de los Predators. Inevitablemente una humana acaba siendo coprotagonista, pero el modo en que el Predator tolera su presencia se ajusta a su modo de reconocer el valor, así que no es algo que chirríe en la historia.

La película, cuyo guión y dirección se debe a Paul W. S. Anderson, cumple en sus intenciones: es una película de monstruos, en la que los seres humanos no pintan nada. Quizá no tiene una historia especialmente inspirada, y el ritmo y el estilo no lograrán mantener el interés de cualquier espectador, pero esta entrega y su secuela, carentes de mayores aspiraciones que las de entretener (y recaudar, por parte de la Fox), acabarían pareciendo buenas cuando llegara Ridley Scott con sus pretenciosas y vacías precuelas de Alien… Pero ya llegaremos a ellas.

Alien versus Predator 2: Requiem, se estrenó en el 2007.

Los hermanos Strause, técnicos expertos en efectos especiales y visuales de extendida trayectoria en series y otras películas, se encargaron de dirigir esta continuista historia escrita por Shane Salerno (un guionista estrechamente relacionado a trabajos más de producción que artísticos… que no es que sea nada malo).

Gracias a ello, podemos disfrutar de una secuela inmediata a los hechos de Alien versus Predator: como consecuencia de lo sucedido, la nave de los Predator se estrella a las afueras de un pueblo de los Estados Unidos, liberando una plaga de Aliens. La historia oscila entre la solitaria cruzada de un Predator en su empeño de acabar con ellos y eliminar todo rastro, y el desconcierto de los humanos, que van descubriendo poco a poco que el desastre les envuelve.

Los detractores del primer “crossover” pudieron ver aquí reforzados sus malos sentimientos: personajes algo planos, tópicos, y situaciones previsibles. A pesar de todo, entretenida, y con un buen nivel en los efectos especiales de las criaturas.

Prometheus, la primera de las precuelas ideadas por Ridley Scott, se estrenó en el año 2012.

Es curioso que el mismo hombre que siempre había renegado de todas las secuelas de la saga que él había iniciado, haya acabado creando (por empeño personal, que sepamos) las entregas más infames, diga lo que diga algún fan recalcitrante del director.

Prometheus es deslumbrante en el apartado de los efectos especiales, la calidad de imagen y el sonido, pero su guión es muy malo. Partiendo de una premisa interesante, se empeña en hacer creíble que una compañía multimillonaria envía a las personas más incompetentes del mundo en sus respectivos campos para hacer el pollo sin cabeza en un planeta desconocido y francamente hostil.

Esta entrega está tan llena de diálogos avergonzantes, de discursos filosóficos propios de una guardería, y de resoluciones inverosímiles (para conflictos que crean los propios personajes continuamente), que si llegas a ella dispuesto a reír puede compararse a una peli de los Hermanos Marx. Pero no porque sea voluntariamente ácida e ingeniosa, claro…

Este guión y la aparente desidia del director consigue lo impensable: que un elenco de dotados actores con exitosa trayectoria en su trabajo parezcan unos ineptos, por tan incómodos e impropios que se les ve a todos en su papel.

Por si fuera poco, cuando uno ve Prometheus no puede evitar ver elementos e incluso secuencias completas no tomadas prestadas a modo de homenaje, sino copiadas directamente de todas las demás entregas de la saga, algo que hace aún más trágico su insistente desprecio de las anteriores secuelas, y su total ineptitud como director, productor y creador de esta nueva saga dentro de la vieja.

En el año 2017, el mismo director dio continuidad con Alien Covenant, aprovechando, o eso creemos los miembros de Historias Pulp, el creciente interés que había en ese momento por una nueva secuela de Alien. Esta nueva entrega, conocida como Alien 5 de modo provisional, se dio a conocer a través de una serie de diseños conceptuales que el director, guionista y especialista en efectos digitales y especiales, Neill Blomkamp, había empezado a publicar desde su cuenta de Instagram.

Se armó un tranquilo pero extendido revuelo a lo largo de Internet entre los fans de Alien y de la ciencia-ficción en general. Las declaradas intenciones de Blomkamp eran las de pasar por alto todas las entregas tras Aliens de James Cameron y realizar una secuela directa, con Ripley, el Cabo Hicks y la joven Newt como protagonistas, y con la participación de los respectivos Sigourney Weaver, Michael Biehn y Carrie Henn interpretándolos. Seguramente veríamos más caras conocidas, como la de Lance Henriksen como el androide Bishop, pero es posible que ya nunca se vaya a producir.

En un movimiento que creemos propio de un niño pequeño ansioso por la atención, Ridley Scott, que figuraba como productor ejecutivo de esta nueva Alien 5, acabó retrasando la preproducción (ya en marcha) para anunciar que antes necesitaba continuar y dar por finalizada la saga que él mismo había iniciado con Prometheus. Aun cuando todo el mundo ya daba por olvidada esa saga por su propia mano (quizá desalentado ante las críticas sobre la absoluta estupidez de aquella precuela), Ridley Scott empezó a hacerse más y más presente en vídeos de Internet y entrevistas anunciando su nueva Prometheus, subtitulada como Paradise Lost. El nombre cambió no mucho después a Alien: Paradise Lost (obviamente, buscando el interés que había generado la preproducción de Neill Blomkamp) y finalmente, llamándose simplemente Alien: Covenant.

¿El proyecto de Blomkamp, para el que ya había conseguido contar con los mencionados actores y en el que ya se encontraban trabajando utilleros y responsables de efectos? Paralizado de forma indefinida. Por suerte, con Sigourney Weaver y otros colegas de profesión, Neill Blomkamp ha buscado la creación de cosas igual de interesantes, o más, que la saga Alien con la fundación de un estudio propio, Oats Studios.

Visita Oats Studios:

https://oatsstudios.com

Oats Studios en Youtube:

https://www.youtube.com/user/OatsStudios/featured

Mientras tanto, y por razones propias del típico mareo de la perdiz, Scott no pudo contar con la participación de la actriz Noomi Rapace todo lo que necesitaría (como obvia protagonista), al parecer porque ya estaba inmersa en otros proyectos, lo cual es lógico (¿quién en su sano juicio pararía su carrera a la espera de que alguien quiera retomar un proyecto?), así que el argumento se adaptó para tomar un camino supuestamente bifurcado del argumento principal de esta saga, a la espera de que dicha actriz pudiera regresar como protagonista. Todo esto, por cierto, son explicaciones facilitadas por el propio Ridley Scott, así que las contradicciones con lo que se ve realmente en esta película son responsabilidad suya. ¿O no?

Además de copiar uno de sus carteles promocionales de uno muy superior del videojuego Alien Isolation (2014), este film, como Prometheus, está lleno de nuevas secuencias que saben a bien conocidas, copiadas de las viejas secuelas. Eso sí, todo lo aburrido que aporta este largometraje a partir de su mitad, es totalmente original, y se nota.

En una entrega que destaca por encima de Prometheus en cuanto a algunas escenas de verdadera y espectacular violencia, y a unos diseños de criaturas realmente interesantes, queda por debajo en cuanto a verosimilitud de las intenciones y actos  de sus personajes, de la lógica del mundo que plantea (¿en serio toda la raza de los Ingenieros, capaces de viajar por todo el Universo, vivía en una única plaza al aire libre de un desolado planeta?) y en cuanto a entretenimiento.

Como en Prometheus, los actores, algo menos conocidos pero de probado talento, vuelven a parecer meras marionetas sin vida, que sí lo dan todo donde pueden: en el espanto ante el horror de los monstruos o al reproducir las convulsiones de las horribles muertes.

Cuando uno empieza a frotarse las manos al empezar a ver las primeras y violentas muertes, pensando que la peli está cogiendo ritmo, el tito Scott detiene todo para que te deleites con la absurda sensualidad homosexual de su improbable villano mientras diserta sobre cosas que sólo parece entender él.

Hay gente que adora estas precuelas igual que nosotros adoramos algunas de las secuelas. Sobre gustos no hay nada escrito, pero lo que es innegable es que en ellas destaca la falta de talento, o de ganas, y que no es permisible en alguien tan crítico con el talento de los demás como lo es este director.

A raíz del éxito de la continuidad de la saga con la primera secuela, Aliens, empezaron a publicarse, por parte de la editorial Dark Horse y a partir de 1988, una serie de cómics inspirados por el universo de las dos primeras entregas. Estos cómics se atrevieron a extender tanto el diseño conceptual y vital de los aliens como el alcance y características de la civilización humana. Al mismo tiempo, se aprovechó para hacer varios cruces argumentales entre Aliens, Predator, y varios superhéroes y personajes propiedad de otras editoriales. El estilo atrevido y sin límites conceptuales de estos cómics son, en parte, lo que vemos reflejado o creemos hermanado con la genial pero muy incomprendida Alien Resurrection.

Al parecer, a partir del año 2014, empezaron también a editarse una serie de novelas que se encargarían, de manera canónica (cosa que a una persona racional no debería importarle lo más mínimo), de atar los hechos de la vieja saga con la nueva iniciada por Prometheus.

Sobre los numerosos cómics y estas novelas creemos inútil escribir basándonos en experiencias ajenas, así que aquí os dejamos con el análisis de muchos de ellos en la página ESPINOF, escrito por John Tones.

Xenomorfos multiformes: cómics, novelas, videojuegos y otras mutaciones de “Alien”:

https://www.espinof.com/proyectos/xenomorfos-multiformes-comics-novelas-videojuegos-y-otras-mutaciones-de-alien

En cuanto a los videojuegos basados directamente en el universo de Alien, a los cuales se refieren en el mismo artículo, algunos de ellos sí los hemos experimentado de primera mano.

Alien Trilogy, por ejemplo, un videojuego editado en el año 1996 para Playstation, Sega Saturn y ordenadores, y cuya portada es tan chula que la incluimos:

Este juego, como su nombre sugiere, ofrece un recorrido por los entornos, armas y personajes de las tres primeras pelis de la saga (las únicas que había hasta aquel entonces). Aunque la trama, presentada por cuidadas escenas generadas por ordenador (algo anticuadas pero aún dignas de verse) empieza muy parecida a la segunda entrega, Aliens, la historia del juego es totalmente inventada, y nos lleva desde la instalación colonial del planeta LV-426 al principio, a una instalación penitenciaria en el mismo planeta (pero igualita a la de Fiorina 161 de Alien 3). La alusión a la trilogía se cierra con los últimos niveles del juego, en los que se recorren las oscuras y laberínticas entrañas de la nave estrellada de los huevos de Alien.

Como buen juego de acción, la historia se adapta al desarrollo del juego. Básicamente, la Teniente Ripley se queda sola después de que los Aliens hayan matado a todos los marines, y ahora debe hacerlo todo sola, exactamente como le pasó al marine del famoso Doom (juego para ordenadores de 1993, y que también se lanzaría más tarde en excelentes versiones para Saturn y Playstation).

El videojuego consiste en disparos y exploración en primera persona. Al contrario que en su predecesor, Doom, en este Alien Trilogy la acción no consiste tanto en correr y disparar contra todo lo que corre hacia el jugador. De hecho, no sabemos si por efecto de una inteligencia artificial, los enemigos, en especial los Aliens, suelen avanzar haciendo molestos zig zags con los que suelen evitar los disparos, y eso cuando no les da por retirarse hacia algún lugar oscuro desde el que volver a salir cuando nos dé por avanzar un poco más. Son maneras rudimentarias de dotar de cierta ilusión de vida a los enemigos, y sean estas intencionadas o no, creemos que sirven para mejorar la inmersión.

Los escenarios, desde el inicio, son espectaculares. Con diseños y sonidos ambientales calcados de las películas, y que resultan abrumadores por su creciente complejidad según se avanza en niveles. Además de esto, las animaciones y los sprites (bueno, los dibujitos gráficos de enemigos y objetos) tienen un alto nivel de detalle y unas animaciones muy cuidadas, aunque la resolución gráfica de la época los haya dejado bastante desfasados.

Los ruidos de armas, gritos y bufidos de las criaturas son extraídos de las mismas películas. La música, en cambio, es totalmente original para el juego, y consiste en cortos temas de menos de 3 minutos. A pesar de repetirse continuamente mientras dura cada nivel, no se vuelven monótonos en ningún momento, y su estilo combina elegante música electrónica de corte ambiental con sonidos propios de música clásica. La calidad sonora es tan alta que es un acompañamiento de auténtico lujo para perderse en el juego.

Un videojuego que, en su momento, los que fuimos tan fans de la saga disfrutamos como pocas cosas en la vida (y alguno todavía lo hacemos).

El otro juego que experimentamos por nosotros mismos, y  desde su lanzamiento, ha sido el impresionante Alien Isolation. Como os dijimos antes, alguno de los carteles de Alien Covenant, estrenada tres años después, copiaron el diseño de la imagen promocional de este juego.

Este videojuego se erige como la auténtica secuela de la peli original de Alien por su cronología, argumento, calidad y fidelidad al ambiente y el género.

Alejándose diametralmente de la moda estándar actual de hacer juegos enfocados en mundos abiertos, tiroteos constantes, sistemas multijugador y dificultades paupérrimas para personas que no tienen tiempo para los videojuegos (que no para los llamados “casuals”, un término sin sentido y que aborrecemos en Historias Pulp), Alien Isolation ofrece un argumento tan simple como el del film original, pero que por su desarrollo jugable y el cuidadísimo nivel técnico se convierte en una experiencia única, incluso comparándolo con otros juegos de sigilo y terror en primera persona (que hay unos cuantos).

La premisa es la de que Amanda Ripley (la hija de la protagonista de la saga que era revelada en una escena de la versión extendida de Aliens) es invitada por un androide de Weyland Yutani para acompañarle y recibir en persona una transmisión recogida por el piloto de una nave que está prisionero en una estación espacial llamada Sevastopol. Dicha estación es una gemela de la que arrastraban los protagonistas de Alien, con lo que nada más verla el jugador ya recibe una inquietante sensación de regreso a un hogar en el que fue de todo menos feliz…

Todo lo que podamos escribir aquí es insuficiente para trasladaros el obsesivo cuidado por el detalle que muestra este juego: no sólo los escenarios, las armas o las herramientas siguen la lógica mecánica de Alien, sino que todo, el sonido, la música (vuelta a grabar con muchos de los músicos de la banda sonora original, y con temas nuevos tan buenos como los de 1979), el perfecto doblaje al castellano (y suponemos que el original) e incluso el guión, que nos lleva constantemente de un punto a otro buscando hacer reparaciones que nos acerquen más a salvar el pellejo, son de una calidad tan alta (incluso en el competitivo mundo de los videojuegos) que hacen de todo ello uno de los mejores juegos que se hayan creado nunca.

Para colmo consigue a la perfección que sintamos a un único Alien como una presencia amenazante y terrorífica, como ocurría en la película. La criatura, que está diseñada con fiel detalle en diseño y movimientos, produce una incertidumbre que pone los pelos de punta. Hay juegos que en sí dan más miedo, pero la tensión de no saber con seguridad si el Alien te está mirando o no, o si se va a parar a buscar justo donde tú te escondes, es algo indescriptible.

A esta tensión ayuda el hecho de que no existen los actuales puntos de control, que te permitirían continuar poco antes de la última muerte. En este juego guardar la partida en una más de las tareas del jugador, y puede hacer mucho tiempo desde que recordaste salvar la partida, o que recorras largas zonas laberínticas sin encontrar dónde hacerlo…

Curiosamente, suponemos que por ser el tipo de juego que es, o porque a la gente (se ponga como se ponga) le importa una mierda Alien, este juego no tuvo demasiado éxito entre los consumidores. Para colmo, los análisis de algunos medios lo degradan achacándole una exagerada dificultad que no es tanta, que es un juego que sólo disfrutarán los seguidores acérrimos de la saga, que tiene un sistema de juego limitado o directamente que “no da el miedo que prometía”, puntuándole con notas que, sin ser malas, están lejos de ser las que merece.

Una obra de arte que se queda sin continuación precisamente porque, como dijo un poco desolado uno de sus creadores, no vendió lo suficiente como para considerar que al público le interese. Una auténtica injusticia para un juego en el que se ha invertido tanto trabajo y pasión. Pero que desde aquí recomendamos a todo el que le gusten de verdad los videojuegos, tenga gusto o no de las pelis de Alien.

A pesar de las tonterías que se dicen a veces por YouTube y otras páginas, Alien Isolation funciona igual de bien y es igual de bonito en las viejas Xbox 360 y Playstation 3 como en las actuales Xbox One y Playstation 4 (en el ordenador, ya depende de lo que tengáis). Así que disfrutadlo en lo que queráis, que va a ser igual.

Existen muchos más videojuegos de Alien, prácticamente desde que existe la saga cinematográfica. El primero se lanzó en 1983 (aunque era poco más que una copia de Pac-Man remodelada para tratar sobre Alien) y han salido videojuegos desarrollados por distintas compañías para casi toda plataforma de juego que ha existido.

En lugar de hablar aquí “de oídas” sobre todos ellos, mejor os dejamos con un artículo de la página web Vida Extra del año 2008,  en el que se recogen los más característicos. Más como curiosidad que otra cosa.

Leer “La historia de Alien en los videojuegos”:

https://www.vidaextra.com/fps/especial-la-historia-de-alien-en-los-videojuegos-i

Sin embargo, y aunque pareciera que ya tenemos bastante de Alien por todos lados, aún ha sido mayor la influencia de esta saga en otras películas y videojuegos.

Mencionando de memoria, hay algunas películas que trataron de tener éxito a rebufo del éxito general de Alien.

Creature (1985) es una peli descubierta por mera casualidad entre la colección de DVDs de regalo de un periódico que ni recuerdo, en casa de unos familiares en época navideña. Mientras el aburrimiento impulsaba al que escribe a echar un ojo a la aún más aburrida colección de películas, Creature apareció con su portada chusca y el discreto nombre de Klaus Kinski en pequeño, a un lado, junto a una poco favorecida pero diminuta foto suya:

El caso es que la sinopsis de la parte trasera fue lo bastante atrayente en aquel momento como para hacer a uno aventurarse a reproducir el DVD y comprobar si otro tipo de aburrimiento paliaba un poco el primero.

Lo que se descubrió ante los ojos que escriben fue una peli con formato de telefilm pero con una audacia inesperada en su desvergonzada copia de la película de Ridley Scott. Aun así, se las apaña para incluir elementos que son originales e interesantes, y que si no hacen de ella una peli emblemática es más que nada por el poco interés de los planos y un guión que, sin ser demasiado malo, se desarrolla a lo largo de conversaciones demasiado largas.

A pesar de ello, algunos personajes como el investigador superviviente que encarna el famoso Klaus Kinski o la aguerrida pero puerilmente fría oficial de seguridad que interpretó Diane Salinger (y que de alguna manera me recordaba a la androide Rachel de Blade Runner) consiguen hacer sonreír al espectador por su aire de divertidos personajes de dibujos animados.

Para colmo, reconociendo la peli como una producción barata inspirada en Alien, fue una sorpresa años después ver Prometheus en el cine y encontrarme que parecía una copia hecha con dinero de Creature, tanto por el contexto como por algunas situaciones. Os dejamos la peli de William Malone para que podáis valorar por vosotros mismos las similitudes.

Ver “Creature”, de William Malone (1985):

https://photos.app.goo.gl/hoCawml0ZJPcP9ig2

De la siguiente película ya supimos más de casualidad que otra cosa, cuando tras ver la osada epopeya espacial de serie B,  Starcrash (1978), buscamos otras producciones de su director, Luigi Cozzi, esperando encontrar otra aberrante aventura igual de divertida. Así fue como supimos de Contaminación: Alien invade la Tierra, también conocida a veces, sin ninguna vergüenza, como Alien 2 en España.

Esta producción, cuyo título en su patria nativa, Italia, es el de “Contamination: Alien arriva sulla terra”, presentaba desde su lanzamiento en 1980 un evidente interés en que cualquiera la confundiera como una continuación de Alien, estrenada el año anterior. Sin embargo, el argumento no tiene nada que ver con Alien, ni de lejos. En todo caso, la historia hace ver que los extraterrestres preparan una invasión al estilo La invasión de los ultracuerpos, diseminando con la ayuda de humanos hipnotizados unos huevos por todo el mundo… que nunca hacen nada.

Un producto demasiado lento y aburrido, y que sólo en un par des escenas, ridículamente tensas y largas, consigue sacarnos la sonrisa. Si queréis pasar un rato extraño, vosotros mismos.

Ver Contaminación: Alien invade la Tierra:

https://photos.app.goo.gl/iGM07tebuifZHRkq1

Existen muchas otras películas que de una manera u otra han sido influenciadas por Alien o, sin serlo, no escapan a su sombra conceptual por el mero hecho de ser posteriores.  Algunas de las más recientes, como la obra maestra que es Life (2017) pueden ser incluso superiores films que quedan relegados al olvido o la indiferencia por el simple hecho de parecer “una peli más al estilo Alien”. Una verdadera injusticia.

Tampoco hay que olvidar las referencias a Alien que se han dado, sobre todo, en la segunda temporada de la famosa serie  Stranger Things, con un monstruo gigantesco cuya cabeza recuerda a la de la criatura, con la participación de Paul Reiser (el infame Burke de la segunda película) e incluso con algunas escenas que homenajean las secuencias de acción más caóticas de Aliens, de James Cameron.

Otros muchos videojuegos, fuera de la franquicia oficial, se basaban en la estética y escenarios de la saga de Alien. Juegos que hemos conocido nosotros mismos, como Probotector (o Contra fuera de Europa) de 1987, Super Metroid o Metroid 3 (y asumimos que, en realidad, toda la saga) de 1993, e incluso otros juegos muy modernos como la saga Resistance de Playstation 3 o Gears of War de la Xbox 360, en los cuales, en mayor o menor grado, hay una fuerte influencia en los diseños de enemigos, escenarios, e incluso una atmósfera reconocible en el ambiente musical o de tranquila tensión, en algunos momentos.

Lo curioso al haber visto Alien es que, como le pasará a todo lector que disponga de este recopilatorio en estos momentos, es habitual que vuelva a la memoria traído por alguna reminiscencia en alguna otra obra, sea de naturaleza lúdica, cinematográfica, musical o literaria. Algo que ocurre con toda obra que ha sido determinante en lo técnico, lo conceptual, en el nivel de  impacto emocional o el cultural, pero que se da mucho más a menudo cuando, como ocurre con Alien, es en todo ello a la vez.

Y aquí entra Historias Pulp y su concurso. Un concurso de relatos basados en este universo, el universo del monstruo más temido del espacio. Esa especie de Dios que a todo ser asusta y que es capaz de acabar con cuanta vida se interponga en su camino, por muy avanzada tecnológicamente que sea.

Esperamos que disfrutéis con su lectura tanto como nosotros.

Y ahora… que comience la función.

Relato ganador del segundo concurso Historias Pulp Alien de Ridley Scott

El Autor

Diego Mariano Giménez Salas

(Asunción, Paraguay, 1986)

Obtuve el Premio Grupo general de seguros s.a. (4ª edición) — 2013 — 2014. (Paraguay) por los poemas Octubre 19, Florencia y Postrome tu arribo. En el 2015  fui seleccionado para la antología del XLV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa “Palabras sin fronteras 2015” (Argentina) con los poemas Malva zarabanda, Duquesa falange y Pináculos de Ukrom. En el 2016, fui seleccionado para el primer número de la Revista Nictofilia (Perú) con el poema Funebrofilia. En el 2017 fui seleccionado para el segundo número de la Revista Nictofilia (Perú) con el poema porno Femera Fembra. En ese mismo año, dos de mis obras fueron publicadas en Horror bizarro: antología de literatura grotesca, (Perú), las obras son: Emisarios de la aberración (Cuento) y Heraldo de la Catastrosfera (Poesia). Tengo dos proyectos dark ambient, ARIAMOD, con los discos “Curvum Ecos Aim”, “ZW y “Ceremonia abstracta; y ALPHAGOHM, con los discos, “1944”, “II” y “3.0”. Colaboré con la banda de black metal NOCTURNO escribiendo cinco letras para un álbum pronto a editarse, los títulos de las canciones son: Towards the next age of Hatred, Slaves of the whore of Babylon, Darkness at the end prevails, The one who brings the light, Open the portals of might. Dono mis letras gratis a los grupos de metal extremo que me lo soliciten, solo pido que mi nombre aparezca en los créditos.

El extraño incidente de Jonathan Doe

por Mariano Giménez

Ilustración por xadatambelx

—A decir verdad, no estoy seguro de si fue un sueño —se apresuró a aclarar—. Estos suelen tener secuencias azarosas y nada lógicas. Lo que aconteció, aun siendo una experiencia de conciencia alterada, era mucho más elaborado.

—Continúe —dijo el jefe del Personal Científico de la misión, acercándole más la grabadora—, ¿podría evocar algún recuerdo o podría referir alguna sensación con respecto al contacto que tuvo con el organismo?

El entrevistado dirigió la mirada hacia una caja de cristal parecida a una incubadora y a lo que había adentro. Tragó saliva.

—Tras el incidente al descender a los niveles inferiores de aquella estructura desconocida encallada en las montañas no pude recordar ya mucho. A partir de ese punto todo se torna borroso y confuso… por no decir que me sumergí en lunáticas ensoñaciones… mi raciocinio no puede o no quiere dar crédito a la veracidad de lo que contaré.

Todos los presentes en el interrogatorio agudizaron la atención en aquel sujeto. Su delgadez se había acentuado repentinamente y su semblante era el de alguien que había perdido varios años de un susto.

—La sensación de asfixia era abrumadora; el desmayo, inminente — inició, cansado—. En el fragor del combate contra aquella cosa estaba perdiendo mis fuerzas, la extenuación estaba próxima. Mi casco, perforado por aquella especie de probóscide orgánica, estaba a punto de colapsar. El aire viciado en el ambiente pronto invadiría mis pulmones. Si es que esta alimaña no entraba antes. Me sentí desfallecer. Nada mas importaba, la bestia prevalecería. Caí pesado al suelo. Mi vista nublada por lágrimas y sudor había encallado en un punto luminoso de aquel recinto. La luz se expandía, crecía en tamaño. Pronto me sentí envuelto en aquel manto cetrino. Cerré mis ojos y me abandoné a un grito silencioso. Vi mis mandíbulas tensionadas y endurecidas y de mis ojos coronados de venas sangrantes brotaban copiosos sorbos de lágrimas. Me sentí flotar. Y me vi a mí mismo siendo arrastrado a mis fauces abiertas. Luché con desespero, pero fui engullido por esa abertura. Pronto me vi sumido en las tinieblas…

—¿Se vio usted a sí mismo? Lo que describe podría ser un desmayo —le interrumpió el jefe.

—No, pues en un desmayo se pierde la conciencia. En mi caso mi percepción se centró en aquello que mi cuerpo podía sentir, como si de una conciencia somática se tratase: el cuerpo traduciendo al nivel de la conciencia los cambios en el organismo. Sentía cómo mi cuerpo cambiaba.

—Describa lo que sintió luego del encuentro con el organismo.

El interrogado bajó la mirada al suelo, se quedó absorto buscando las palabras adecuadas.

—Bajo la fantasmagórica luz azulada me acerqué con premura y contemplé al resto de objetos de forma ovoide… fue cuando el aire me faltó y sentí una presión en el cuello… me doblé y empecé a vomitar…

Visiblemente turbado, el interrogado paró abruptamente. Se llevó el puño a la altura de la boca como para contrarrestar una tos. Pareció haber sufrido un espasmo inesperado. Como armándose de valor, continuó:

—Es aquí donde requeriré de su atención, pues los eventos a partir de aquí escapan a lo lógico y a lo humano… Grande fue mi sorpresa cuando el acto de vomitar se estaba dilatando mucho en el tiempo. Perdía mucho líquido y el esfuerzo atenazaba mi garganta. Me sentía sin aire cada vez más, pronto noté que tenía reacciones involuntarias y súbitas, como… contracciones.

—¿Era como un parto? —le interrumpieron por segunda vez.

—Nada podría describirlo mejor —sentenció, con visible consternación—, pues lo que salía de mi boca era otra versión de mí… pero diferente. La descarga había sido violenta. Mi orificio bucal se había dilatado de tal forma que los huesos de mis maxilares se habían desencajado, había sufrido desgarros. La masa palpitante y jugosa cayó pesada en el suelo líquido. Era alargada, poseía un flagelo grueso que salía de algo que parecía un abdomen del cual se desprendían protrusiones parecidas a brazos. Pero lo más llamativo y escalofriante del producto que había regurgitado era que se trataba de mí mismo… ¡Era yo mismo! Envuelto en una espesa capa de fluidos, era yo mismo el producto de la evisceración, mi anterior cuerpo no era más que un arrugado y abierto saco de piel regado de viscosidades innombrables.

>>Me puse de pie con gran dificultad, tomé lo que solo podría describirse como mi muda de piel y quise salir corriendo de ese sitio. Noté que me encorvaba. Si bien no sentía dolor, estaba, claramente, desollado. Mis músculos se habían saponificado y se habían tornado viscosos. Eran de un terrible tono entre mostaza y verde mate. Noté de pronto que no era solo yo el que estaba sufriendo modificaciones, algo iba cambiando en mi entorno. Los huevos que había descrito al principio, que parecían incontables en aquel paraje infernal, lucían como si se estuvieran derritiendo. Perdían volumen y su masa se tornaba en una sustancia macilenta y fétida. Todos y cada uno de esos huevos iban perdiendo líquido, como si se fueran tornando en una creciente amalgama acuosa.

>>En aquel inmundo lago de creciente dimensiones pude ver mi reflejo. Mi frente se había abultado haciendo que mis ojos fueran casi solo líneas detrás de mis cejas. Intentaba caminar, pero a los poco pasos caía resbalado, a partir de los copiosos aceites que desprendía mi cuerpo. Mi carne supuraba una especie de lubricante que hacía que mantenerme en pie me resultara muy trabajoso. Mis piernas estaban débiles y lánguidas, pues su nueva estructura adolecía de lo necesario para sostener un cuerpo. ¿Estaba cambiando? ¿Se convertirían mis extremidades en apéndices vestigiales, ya inútiles para las nuevas demandas a mi nuevo organismo? ¿En qué me estaba convirtiendo? Sentía que los huesos de mis piernas no soportarían mi peso, si bien este había sufrido una considerable disminución. ¿Qué estaba causando tal metamorfosis?

>>Apenas lograba sostenerme en pie. El aire me faltaba y sentí a la bilis de mi estómago arremolinarse, me volví a hincar al suelo, pero mi peso fue tal que mis articulaciones cedieron y se fracturaron con el golpe. Fue inevitable. Una nueva descarga de vómito emergió de mi interior. Tras la primera descarga escupí unos pequeños objetos, eran mis dientes. Noté cómo aquella pasta semisólida me rodeaba de a poco. Era la resultante de todos aquellos huevos disolviéndose por la acción de una fuerza para mí desconocida. Iba entrando en mí. Me puse de rodillas, y una vez mis articulaciones hincaron en ese fluido espeso, noté mi pierna rota en un ángulo antinatural. Abrí de par en par mis brazos. Mis maxilares desencajados configuraban una sonrisa enferma y antinatural. Lancé un grito ahogado, pero me di cuenta que no emitía sonido alguno, el ácido había consumido mis cuerdas vocales. No había soltado mi anterior muda de piel, me aferré a ella tanto como pude, era lo único que quedaba de mí. Aquel manto húmedo y roto, colgando de mi puño débil y tembloroso era el último bastión de mi humanidad, y fue todo en vano, apreté lo mas que pude, pero mis dedos habían caído por su propia fuerza y fueron incapaces de salvar mi muda, que pronto se disolvió en ese caldo asqueroso y burbujeante que cobraba tamaño cada vez más. Lo que quedaba de mi carne se desintegró y se hizo una con aquel océano pestilente que con furia golpeaba las paredes internas del sitio donde me encontraba. Y ahí, en medio de ese frenético fluir de la podredumbre espesa, alimentada por surgentes de pesadilla, por cascadas de abominación, lloré. Pude ver a la carne que me había albergado desintegrarse por los monstruosos embates de aquella sentina demencial… ¡las lágrimas del cadáver fueron una con el excremento!

Visiblemente perturbado cubrió sus ojos con la palma de su mano. Sudaba a mares y se le notaba crecientemente inquieto.

—Creo necesario que lo pare aquí —dijo el jefe, con tono autoritario—. ¿En qué parte de la nave estaba?

—Ya no había nada que se asemejara a una máquina en ese momento. De la pared frontal de mi nuevo abdomen emergía un cuerpo alargado y carnoso. La abertura en el pecho respondía a una función desconocida para mí. Me acurruqué y resguardé mi temperatura colocándome en posición fetal. Aquella placenta pestilente me rodeó por completo y no sé si crecí en tamaño o las paredes se encogieron hacia mí, pero sentí a las paredes internas del sitio donde me encontraba muy cercanas a mí. La textura de dicha pared era cremosa, sedosa y tibia. Y tras ese cataclismo de fluidos hubo paz. La quietud todo lo dominaba. Es cuando abrí los ojos.

—Es todo, por ahora. Continuaremos después de receso. Está usted en fase de cuarentena, como dicta el protocolo. Ha entrado en contacto con la criatura que trabajosamente pudimos capturar, se había adherido a su rostro y no había forma de sacarlo. Se desprendió por sí misma hace unas horas, fue cuando usted despertó.

Todos se retiraron de la sala, con un ambiente de dudas. El jefe del personal científico frunció el ceño, pero el hambre interrumpía sus meditaciones, el resto del equipo ya se dirigía al comedor.

***

—Yo, Jonathan Doe, encargado de las Labores operativas y tecnología de comunicación de la nave comercial “Vortex” con destino a la Tierra. Había estado en desacuerdo con bajar a este planeta. No tenían ni el equipamiento ni el entrenamiento para operaciones de rescate, pero las obligaciones de los tripulantes dictan que ante una señal de posible origen inteligente no se podía ser indiferente.

¿Fue un sueño? Sí, pues mantengo mi forma física. Y aquella estructura en forma de herradura sigue siendo un misterio… Habían pasado 24 horas del incidente…

Algo volvió a crujir en sus adentros, pero esta vez más violentamente. Eso le preocupó, pero estaba aún aturdido.

—Estaré bien —se dijo, sonriendo—. Estaré bien…

Relatos seleccionados del segundo concurso Historias Pulp Alien de Ridley Scott

La Autora

Patricia López Pereira

Residente de toda la vida en Gijón, Asturias, Patricia empezó a crear historias y a dibujar sus propios cómics desde muy pequeña, aunque al ir haciéndose mayor, su interés artístico ha derivado más hacia la música. Este que vais a leer es su tercer relato escrito con la intención de que lo lea alguien más que familiares y amigos.

Hay que destacar, además, que Patricia ha creado un tema musical original de música electrónica, inspirado por la película de Alien, y que podréis descargar escaneando el código QR a continuación de su relato.

De su parte y la de Historias Pulp, que disfrutéis ambas obras…

Patricia en soundcloud:

https://soundcloud.com/patricia—lopez—974327289

Patricia en YouTube:

https://www.youtube.com/channel/UCdTuOD7RdgxXMRj9HSxf8JA

Alien: el polizón furtivo

por Patricia López Pereira

—El café está delicioso, cariño. ¿Y dónde dices que lo compraste? —Pregunta Jeunet a su esposa, aspirando el aroma que emana de la taza y saboreando el trago, cogiéndola con ambas manos.

—En ese mercadillo de productos caseros que suelen poner en estas fechas navideñas. ¡Venga hijos que vais a llegar tarde! ¡Vamos vaaaamos!

Apoyado en la encimera de la cocina, Jeunet ve cómo sus dos chiquillos acaban el desayuno y corren hacia el pasillo, dirigiéndose al baño.

—¿Cuántas veces os tengo que decir que recojáis vuestros cacharros?

—¡¡Infinitas mama!! —le contesta uno de ellos desde el pasillo, riéndose.

—¡¡Ah!! ¿Qué voy hacer con estos monstruitos?

La imagen parpadea y por un momento se funde con lo que parece ser el interior de una nave.

—¡¡Alerta!! ¡¡Alerta!! Se ha detectado fallo en el sistema.

—¿Qué decías? —Le pregunta a su esposo con la voz distorsionada.— Cielo, ¿Estás bien?

— Sí, claro…

—¡¡Alerta!! ¡¡Alerta!! Se ha detectado fallo en el sistema. Despertando a la tripulación.

La imagen se desvanece en la oscuridad y Jeunet despierta del hipersueño, con mucho dolor de cabeza y un picor en la garganta que le provoca al instante una tos compulsiva. Se incorpora y le viene un fuerte mareo haciendo que se incline hacia un lado de la cápsula, intenta abrir los ojos pero las parpadeantes luces rojas le ciegan  y el sonido de la alarma le amartilla los oídos.

—¡Dios! ¿Pero qué narices está pasando? “tos”, “tos”— Suspira mientras con los ojos entrecerrados observa que las demás cápsulas están abiertas y no hay nadie en su interior.

Jeunet se incorpora con un dolor agudo en la cabeza, comienza a dejar de ver borroso. Apoyándose en los controles y aparatos, camina poco a poco hasta el botiquín, se toma unas pastillas para los mareos y los dolores y bebe directamente del grifo que hay debajo del armarito. Espera unos pocos minutos, hecho el efecto, se dirige todo lo rápido que puede al comunicador.

—¡¡Aquí el doctor jefe Jeunet!! ¿Me oye alguien? ¡¡Jeunet al habla!! ¿Me recibís? ¿Alguien puede oírme? ¡¡Maldita sea!! ¿Me recibís?

Al no conseguir respuesta, Jeunet se dirige todo decidido a la sala de mando, donde podrá desconectar las alarmas y averiguar lo ocurrido.

—¿Qué narices estará pasando? ¿Habremos colisionado?

Cuando pasa a una cubierta intermedia resbala levemente con el pie desnudo, mira y se encuentra con un charco de sangre y un rastro que se dirige a otro pasillo.

—Pero… ¿Qué cojones? ¿Nos han abordado? ¿Alguien se volvió loco y se dispuso a matar a la tripulación? ¿Qué mierdas es esto? —Se dice asustado—. Y yo descalzo y en gayumbos, menudo genio…

De pronto una mano en su hombro le sobresalta haciendo que el aparecido se asuste también.

—¡¡Aaaaa!!

—¡¡Uaaaa!! Joder Jeunet, soy yo. — Le dice el hombre recomponiéndose—.Vamos, tenemos que ir a la sala de mando.

—¡¡Mierda Dan!! ¿Qué sucede? ¿De quién es esa sangre? ¿Dónde están los demás?

—Te lo explicaré por el camino, pero antes vamos a por ropa, que menudas pintas llevas.

Dirigiéndose hacia los vestuarios las alarmas se apagan, y se encienden las luces volviendo a la normalidad.

—¡¡Por fin!! Parece que James lo consiguió.

—James…

—James. ¿Me recibes? El doctor está bien, vamos a la sala de mando, ¿cómo vas? Cambio.

—He conseguido estabilizar la nave pero los controles están destrozados, esto no ha sido provocado por la explosión…

—Es esa cosa, tío… — resopla asustado Dan.

—¿Esa cosa, explosión…?

Dan le coge del brazo y aprieta el paso.

—Ha habido una explosión de una nave enorme y la onda expansiva nos ha alcanzado, hemos detectado una pequeña lanzadera y hemos intentado contactar, por desgracia sin éxito. —Se para en seco, mira a Jeunet y alrededor nervioso, como si de repente se acordara de algo aterrador—. Algo se nos ha colado, un bicho con forma de dragón, ha matado a Harry y a Ian, nos cogió desprevenidos, solo sabemos que es hostil y muy peligroso…

—¿Qué?

—De Badejo, Tom, Veronica, John y Weaver no sabemos nada, han desaparecido… pasaron horas desde que nos despertara la nave. —Dice escapándosele saliva por la comisura de los labios, temblando.

James se les acerca por detrás con cara tranquila, a paso rápido.

—¿Qué hacen aún aquí señores? Doctor le sugiero que se vista.

Los dos hombres se asustan de nuevo.

—¡¡JODER ME CAGO EN TODO!! ¡¡JAMES!! ¿Nos quieres matar del susto? —Dice Dan cabreado—. Y encima se queda tan pancho el androide de los cojones.

Jeunet se viste y los tres hombres se dirigen a la sala de mando, mientras James les informa de la situación.

—¿Que esa cosa se encontraba en ese carguero y que los tripulantes decidieron volarlo para acabar con él? ¿Pero tú te escuchas? Si eso es así entonces significa que nos enfrentamos a algo indestructible. ¿Qué vamos hacer? —Protesta Dan, agobiado.

—No solo es una criatura difícil de matar —dice James con su habitual tono tranquilo y sereno—, además parece poseer inteligencia, seguramente fue esa cosa la que destruyó el panel de control, tiene sentido, dada su pasada experiencia, está claro que viene resarcido; la verdad, me siento fascinado con estos acontecimientos.

—La cuestión es cómo nos deshacemos de eso —Dice Jeunet sin vacilación pero preocupándose por el interés del artificial en el polizón furtivo.

—Sí, por supuesto, podríamos intentar encerrarlo dentro de una de las naves salvavidas.

—¿Y cómo vamos hacer eso exactamente? ¿Lo llamamos por los altavoces y le pedimos que se meta ahí? —Sigue Dan, que no le gusta por dónde va la idea—. ¡¡Deberíamos irnos nosotros y a tomar por culo con todo!!

—Bueno, es un organismo vivo y sintiente, así que deduzco que tendrá necesidades alimentarias, propongo usarnos como cebo, por supuesto me incluyo. —Dice James señalándose a sí mismo—. Podríamos utilizar las pistolas de clavos como defensa pero no sé si serán de utilidad.

Jeunet se queda pensativo.

—Podríamos modificar las antorchas para convertirlas en lanzallamas, seguro que eso sí valdrá.

—Buena idea doctor.

—¡¡Soy un puto minero, no soy soldado ni cazador ni hostias fritas, que se encargue la compañía de los cojones, que llamen al ejército…!! ¡¡TENEMOS QUE IRNOS, IMBÉCILES!!

—Dan, no podemos irnos sin más, no sabemos dónde está el resto de la tripulación, no hay rastro de ellos a excepción de los dos fallecidos que mencionasteis —le contesta Jeunet.

Dan se queda callado unos segundos.

—Espero que vuestro super plan funcione porque si esa cosa es inteligente no creo que tengamos dos oportunidades y…

Una sombra enorme emerge de la oscuridad, asomándose por encima de Dan, el cual siente en la nuca una respiración fuerte y húmeda acompañada por un siseo amenazador, haciendo que éste se orine encima quedándose inmóvil con un ligero temblor en todo el cuerpo, moviendo los ojos hacia los lados, como intentando ver por el rabillo del ojo. Jeunet y James se quedan atónitos con la boca abierta como si quisieran decir algo, hasta que James levanta una mano señalando y dice:

—¡¡Es más grande que antes..!!

Las enormes manos del alienígena cogen la cabeza de Dan, que comienza a gritar, intentando zafarse, pero le estalla la cabeza, salpicando a los dos hombres. Jeunet cierra los ojos mientras que James se queda fascinado y algo horrorizado mirando la escena. Una pequeña boca sale del cráneo de Dan junto con un grito agudo y abismal. La criatura tira el cadáver con furia y apuñala a James con su cola en forma de flecha; James se mira el pecho y comienza a salírsele líquido blanco de la boca y la herida, éste coge la cola del Alien y le mira a la cara.

—Has crecido y muy rápido, tu cabeza tiene cuernos…

El Alien levanta a James del suelo acercándoselo a la cara, poniendo la cabeza ligeramente de lado como si estuviera intentando comprender algo.

Jeunet aprovecha esto y se acerca a los controles, activando los chorros de aire que se encuentran encima del Alien, el cual reacciona de forma violenta tirando al androide al suelo. Chillando agudamente corre hacia la salida, Jeunet va accionando los chorros detrás del ser al tiempo que cierra las compuertas.

James se incorpora y se acerca al cuerpo ya sin vida de Dan.

—Esa cosa no es la misma que vimos hace unas horas.

—¿Hay más de una entonces? —Pregunta Jeunet entrecortadamente, temblando.

—No lo creo, por la información recibida por la nave, solo hay un xenoformo.

Jeunet se queda fijamente mirando a James.

—Tenemos que cerrarte eso y seguir con el plan, antes de que esa cosa crezca, quién sabe cuánto más.

—Ese alienígena nos ha atacado a los tres porque sabe que estamos desarmados y que estamos planeando algo, es un ser extraordinario.

—Puede haberlo hecho porque sí. Lo que he podido observar son heridas cicatrizando de quemaduras de primer y segundo grado en su cuerpo, seguramente por la explosión de la anterior nave, por lo menos se le puede herir. Vamos, necesitamos esas antorchas —dice Jeunet cerrando el agujero del pecho de James con una pistola médica especial preparada para androides.

Ya armados con los lanzallamas improvisados y las pistolas de clavos, las compuertas de las tres naves salvavidas así como el camino hacia ellas, abiertas, los dos supervivientes aguardan esperando localizar al Alien.

—No sé si picará sin cebo. —Dice James.

La voz de la nave comienza a hablar sobresaltando a Jeunet.

—¡¡Atención!! Lanzaderas preparadas para el despegue, lanzadera uno activada. Comenzando despegue en veinte minutos.

—¿Qué? Pero si nosotros no hemos sido… ¡¡NO ME JODAS!!

—Impresionante.

—¡¡Atención!! Lanzaderas listas para el despegue, lanzadera dos activada. Comenzando despegue en veinte minutos.

—Esa criatura nos va a encerrar aquí —Jeunet se incorpora mientras la nave anuncia el despegue de la tercera lanzadera.— Tenemos que anularlo.

—Solo se puede hacer manualmente y desde los paneles de las lanzaderas. —Dice James—. O nos quiere privar de escape o atraer hacia allí.

—En cualquier caso debemos ir, no podemos quedarnos aquí atrapados con eso dentro, solo de pensarlo me da un ataque.

Cuando con mucha precaución llegan a las lanzaderas, Jeunet hace un gesto a James de que vigile mientras él desactiva el despegue.

—Lanzadera tres desactivada.

—Bien por lo menos tenemos una ya. —Se dice Jeunet aliviado y nervioso.

—Lanzadera dos desactivada.

Saliendo de la nave Jeunet, ve a James disparando el lanzallamas y gritando:

—YA ESTÁ AQUÍ. ¡¡CUIDADO!!

El Alien estalla en furia al ver fuego, arranca un armario metálico y lo arrastra con la cabeza hacia James, que sale disparado por el impacto, chocando con Jeunet, quedando los dos en el suelo.

James se incorpora y comienza a gritar al Alien.

—¡¡Aquí!! ¡¡VAMOS!! ¡¡Estamos aquíiiiii!!

El Alien se acerca irguiéndose amenazante y con pose chulesca, quizá creyéndose ya vencedor.

James incorpora a Jeunet y lo aparta a un lado de la lanzadera dos que justamente se encuentra enfrente del pasillo que recorre la criatura, la cual dirige su mirada al humano, pero enseguida se centra en el objetivo de la sangre blanca que tan difícil parece de matar.

—¡¡SÍ, VAMOS!! ¡¡VEN A POR MÍ!! —Le grita introduciéndose en la nave, sin darle la espalda.

Jeunet se esconde en la nave tres, esperando el momento oportuno.

—Vamos demonio —se dice—. Entra, entra, un poco más…

Medio cuerpo fuera.

—Un poco más…

La cola

—Un pelín mássss… ¡¡yaaaaaaa!!

Jeunet se acerca y cierra la compuerta, dándose toda la prisa que puede corre a la sala de control. Activa el altavoz escuchando únicamente ese sonido agudo del alienígena y golpes.

—¡¡RÁPIDO DOCTOR!! —Dice James con la voz robótica, signo de estar muy dañado—. ¡¡VA A SALIR…!!

—Lo siento James.

—¡¡Atencion!! Lanzadera número dos activada despegue en 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…

Fueron los diez segundos más largos de su vida; por fin, la nave se separa y comienza a alejarse. Jeunet, todavía conmocionado, se sienta mirando a la pantalla.

—¡¡Un momento!! —Dice levantando la cabeza del asiento—. Esta trayectoria no es la que establecimos…

Jeunet se incorpora y accede al ordenador central de la nave. Escribe:

—Kotto, solicito información sobre el destino de la lanzadera dos.

—Destino de la lanzadera número dos: la Tierra.

—¿Quién ha cambiado la trayectoria de la lanzadera? —Escribe mientras en voz alta maldice.

—Confidencial. No relevante para tripulación de a bordo.

—Kotto, sí es relevante ¿Quién lo ha cambiado y desde dónde?

No recibe respuesta.

—Solicito información. ¿Quién ha cambiado el rumbo de la lanzadera número dos?

—Información confidencial.

Después de varios intentos más Jeunet se da por vencido y comienza a golpear objetos de la nave.

—¡¡MALDITO!! ¡¡ MALDITO MONTÓN DE CHATARRA!! ¡¡Un momento!!

Se vuelve a sentar y escribe.

—Kotto, solicito información sobre la explosión del carguero. ¿Ha sido identificado?

—Información confidencial.

—¿Nos lo hemos encontrado por casualidad o nos han  llevado hasta él?

—Se introdujeron coordenadas de localización para contactar con el carguero.

—¿Por qué nosotros? No somos un equipo de salvamento.

—Se recibieron órdenes de aproximación al carguero debido a la urgencia de la situación y que esta era la nave mas cercana.

Jeunet se queda perplejo, saben de la existencia de esa cosa y la quieren conseguir cueste lo que cueste. El Alien se dirige a la Tierra. ¿Y si se reproduce? ¿Y si contagia a la gente y demás especies con algún virus desconocido?

Le vienen a la mente las caras de sus hijos y de su mujer.

—¡¡Mi familia no!! —Se levanta—. ¡¡Malditos cabrones quienes cojones seáis!! ¡¡No os saldréis con la vuestra!!

Vuelve a la sala de control y activa la nave uno, hace los cálculos pertinentes para conseguir que colisione con la del Alien.

—¿Cuantas probabilidades tenemos?

—Probabilidades del setenta por ciento. —Le contesta Kotto.

—No es suficiente… programaré la lanzadera tres.

Dentro de las naves Jeunet introduce combustible para potenciar la explosión. Las naves despegan y comienzan a aumentar la velocidad rumbo al punto de interceptación, de manera que la alta velocidad haga el mayor daño posible.

Pasados cuarenta minutos desde la activación de las lanzaderas el ordenador de la nave informa de la colisión de las tres naves, confirmándoselo a Jeunet una y otra vez, que no para de preguntar.

—¿Seguro que está destruido?

—Confirmado, las tres lanzaderas han sido destruidas.

Pasan varias horas y después de recorrer la nave de un lado a otro, pasando por las grandes cámaras donde guardaban las toneladas de minerales y otros materiales que transportan, Jeunet no encuentra a nadie más por lo que decide preparar la nave para dirigirse al puesto militar mas próximo y poder denunciar lo ocurrido.

—Cuando nos encuentren la registrarán en condiciones… —Se dijo mientras preparaba la cápsula de hipersueño.

Acostado, mirando al techo, comenzaba a dormirse, cerrando los ojos poco a poco.

—Todo saldrá bien, parece como si hubiera sido una pesadilla —Pensaba, cuando en el último pestañeo ve sobre el cristal una especie de araña anaranjada con una abertura inferior de la que se asoma un tubo orgánico. Jeunet no puede reaccionar, el ser deshace el cristal con una pequeña cantidad de ácido, con sus patas hace fuerza rompiéndolo y precipitándose sobre la cara de Jeunet, agarrándolo con sus patas fuertemente y apretándole el cuello con su larga cola.

La compañía Weyland Yutani consigue volver a ponerse en contacto con el ordenador Kotto.

—…

—Estado del xenoformo óptimo y estable, esperando directrices…

—…

—Directrices recibidas, tomando rumbo a la Tierra.

FIN

Tema musical “Alien, el octavo pasajero” por Akiramarok:

https://drive.google.com/open?id=1kh8Rr-lQbB346k6h_DmQGwMr1jgy3gaN

La Autora

Silvia Alejandra Fernández

Silvia, además de autora de ciencia—ficción y de terror, se dedica a la artesanía y la escultura. Es una prolífica escritora de Argentina que tiene ya publicados una buena serie de trabajos:

“El día de Julia” — Antología Pulsiones I. Editorial Dunken

“Un ángel en jeans”— Antología Relatos inconexos. Editorial Dunken

“Ella”— Antología Letras del face 13. Editorial Dunken

“Alfonsina”— Antología Micrópticos. Editorial Dunken

“El descubrimiento del doctor Inch” y “El reflejo”—  Antología Shadow show.

Editorial Kelonia (homenaje a Ray Bradbury)

“Un descubrimiento inesperado o cómo convertirse en un idiota en tres segundos” — Homenaje al universo de Julio Verne. Revista MiNatura( CF, terror y fantasía).

“Brugmansia”— Editorial Dunken.

“Ceguera”— Antología Derribando muros. Editorial Tahiel.

El intruso

por Silvia Alejandra Fernández

Gilbert Kane abrió los ojos sintiéndose  entumecido y desorientado. Aún siendo este su primer viaje interestelar, sabía que esto era normal luego de permanecer varios meses dormido en las cámaras de hipersueño. Golpeó el reloj digital de su cubículo, en un acto instintivo para ver si funcionaba bien; no entendía por qué había sido reanimado, si aún faltaba mucho tiempo para regresar a la Tierra. El desconcierto lo abrumó.

Pulsó varias veces el interruptor que debía abrir su cápsula, pero esta seguía cerrada. Una sensación de claustrofobia comenzó a invadirlo.

—Ambiente preparándose para recibir humanos. Por favor, esperen a que las luces dejen de parpadear, antes de intentar salir —la voz de Mother, el sistema operativo a bordo, le pareció diferente. El cálido sonido habitual de ella, había sido reemplazado por una emisión áspera, algo chirriante. Esto no ayudó en nada a que Kane se calmase.

Podía sentir su corazón golpeando contra  su pecho. Quiso gritar, pero su garganta estaba obstruida por el tubo del respirador.

—Cálmate y respira despacio, que esto debe ser algo habitual —se dijo, queriendo  minimizar la angustiante situación.

Oyó el ansiado clic de la cerradura de su cubículo. Las luces habían dejado de parpadear y su cámara se abrió.

Se sentó de golpe, arrancándose de un tirón la sonda del respirador. Pronto lamentó no haberlo quitado de manera cuidadosa y lenta. Su garganta lastimada ya le latía sordamente, pero en ese momento solo pensaba en respirar.

Caminó unos pasos,  temblando; sus piernas parecían no poder sostenerlo. Quiso ducharse para quitarse los restos de la solución pegajosa que lo cubría, pero no salía agua de las duchas. Corrió hasta la cocina, necesitaba con desesperación beber algo, pero todo estaba apagado. Ni una gota de líquido surgía de los grifos expendedores.

Recorrió toda la nave descubriendo que nadie más había sido reanimado. Sintió un ramalazo de temor al ver todas las cámaras de hipersueño ocupadas y cerradas.

Kane era biólogo y un experimentado piloto civil. A pesar de ser portador del virus de hepatitis C, había sido aceptado en este vuelo. Todavía recordaba el estúpido accidente con que se infectó; un mínimo corte en su guante derecho dejó entrar el virus que estaba manipulando. Había gastado todos sus ahorros en medicamentos para no sufrir los síntomas de esta enfermedad.

Cuando supo de una posible, aunque carísima, cura de la hepatitis C no dudó en anotarse en este viaje. Rara vez biólogos tan cualificados como él se postulaban para misiones interplanetarias; Kane fue aceptado de inmediato como copiloto. Luego de esta misión tendría el dinero suficiente para el  nuevo tratamiento y, una vez curado, volvería a su vida normal. Como biólogo, nada sabía del mantenimiento de la nave, por lo que descartó que fuera un posible desperfecto a reparar.

—Mother, ¿por qué he sido despertado? —preguntó, intentando entender qué pasaba.

Un mortal silencio fue la respuesta que obtuvo de la computadora.

El calor ambiental estaba empezando a sofocarlo. Se sentía enfermo y débil.

—Mother, preciso hidratarme —su voz le sonó apagada, sin fuerzas.

—Ambiente, preparado para recibir humanos;  mezcla de aire, respirable; temperatura 39 grados y subiendo. Intruso infectado próximo a ser eliminado —confirmó Mother.

Kane se apoyó sobre la mesa de la cocina; ya ni siquiera sudaba. Su cuerpo sediento perdía fuerzas a cada minuto.

—Mother, necesito que bajes la temperatura y habilites las canillas de líquidos. ¡Pero ya! ¡Me estás matando! —gimoteó balbuceante, sintiéndose mareado y confuso.

—Mother no puede lastimar a un ser humano. Mother no ha sido programada para dañar a ninguna persona, en ninguna circunstancia. Por ende no lo estoy matando, ya que no estoy, no estoy, no estoy… — comenzó a decir Mother,  antes de retomar su letanía—. Ambiente preparado para recibir humanos, aire respirable, 43 grados de temperatura, intruso infectado a punto de ser eliminado.

Kane se rió; una risa insana le brotó de sus resquebrajados labios. Supuso que alguien, en algún lugar de la Tierra, había cometido un error pequeño, insignificante.  Quizás el programador pensaba en salir antes del trabajo para ver a su novia, o quizás solo fue una leve distracción. Pero ese error en la programación, hizo que Mother desconociese a Kane como un ser humano; él se había convertido en una infección que debía ser eliminada a toda costa. Su mente se negaba a admitir que La Compañía estuviese involucrada en esto. Y estaba demasiado agotado para pensar en más opciones.

Kane cayó al suelo, golpeándose la cabeza contra la mesa cromada de la cocina. Abundantes chorros de sangre comenzaron a manar primero de su ojo derecho, producto del golpe, y luego de su pecho. Una gran mancha carmesí se dibujó en su camisa, al tiempo que un repugnante ser reptante se abría paso entre sus costillas desgarradas.

Kane quedó inerte en el piso de  la cocina, en medio de un charco rojizo. Su sangre  fue formando pequeños canales púrpura, que se esparcían por el suelo.

El ente gelatinoso que había salido del cuerpo de Kane se escurrió hasta una cámara de hipersueño recién abierta, la de Dennis Parker, ingeniero en jefe. El peso del cuerpo de la criatura hizo que el cubículo se cerrara y bastaron unos segundos para que pudiera introducir un apéndice verrugoso en la garganta del ingeniero, que seguía dormido.

—Bajando temperatura, cerrando atmósfera respirable, intruso infectado exterminado, espécimen asegurado dentro de un individuo sano —confirmó Mother, antes de apagar las luces internas de la nave, continuando el viaje de regreso hacia la Tierra.

El Autor

Josep Casanova Rosa

Josep es un autor al que conocimos personalmente al asistir a una de sus anunciadas presentaciones, aprovechando que nos caía cerca.  Tras cambiar unas breves palabras con él antes del evento (dándonos la impresión de un tipo tímido) el hombre se arrancó a hablar y con una actitud de “aquí no está pasando ná” nos contó una tras otra una serie de historias sobre sí mismo y sobre cómo se le ocurrió ponerse a escribir, que en realidad no tenían nada que ver con eso.

Dicha presentación nos descubrió no sólo a un estupendo escritor, también al que creemos un talentoso humorista, pero no queremos contar más, para que cualquiera pueda descubrirlo por sí mismo.

Ha publicado en una recopilación de cuentos llamada “Textos de mediocridad e hiperrealismo” y por cuenta propia “La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp”, el cual tuvimos el gusto de leer y reseñar tras asistir a su mencionada presentación

Según él, ha participado en cuantiosos concursos quedando honrosamente mencionado, pero sin resultar ganador. En esta ocasión, no queríamos romper con su larga trayectoria de segundón. Esperamos que sepa apreciarlo…

El blog de Josep Casanova Rosa:

http://jotacerosa.blogspot.com.es/p/enlaces.html

El último beso del Anshar

por Josep Casanova Rosa

Despierto sobresaltado de una pesadilla terrible. Mi corazón late sin control y necesito tomar aire para oxigenar el cerebro. Un olor ácido y desagradable, como a cítricos en descomposición, inunda mis fosas nasales y me hace toser. Cuando mis irritados ojos se adaptan a la oscuridad me doy cuenta de que no estoy en mi habitación. Quizás la pesadilla fue más real de lo que me gustaría imaginar. Me hallo completamente inmovilizado con la espalda en la pared de lo que parece ser una gran cueva; el suelo frente a mí está repleto de una especie de capullos carnosos que se hallan abiertos en su parte superior y en cuyo interior se adivina algún tipo de líquido pegajoso. No tengo ni idea de qué son ni de cómo he llegado hasta aquí, pero debo encontrar la forma de regresar antes de que los demás me den por desaparecido y me abandonen. Con esfuerzo compruebo que no estoy atado como pensaba sino envuelto en una especie de capullo de seda, solo que confeccionado con alguna sustancia más gruesa y sólida. Solo tengo libre la cabeza y el pecho, mientras que brazos y piernas están completamente inmovilizados. Tengo ganas de gritar pero me reprimo al recordar a qué tipo de seres podría atraer. Intento mantener la cabeza fría y entonces recuerdo que siempre llevo un cuchillo en el cinturón. Si solo pudiese mover un poco la mano hacia él… Cuando rozo la fina empuñadura con los dedos, la esperanza vuelve a mí. No será fácil, pero debo relajarme y actuar con rapidez y precisión. Cierro los ojos y trato de recordar cómo he llegado a esta situación.

Mi nombre es Jean, soy miembro del grupo de exploración de la expedición Delta. Nuestra nave, bautizada como Anshar en honor al dios celestial sumerio, debía transportarnos más allá de los confines conocidos del espacio con la misión de buscar planetas adecuados para la vida humana, o simplemente con recursos útiles que explotar. Debía ser un viaje de trabajo; algo exento de ocio o diversión, pero todo cambió cuando la conocí. Sandra era una chica distinta a las demás, lo supe en cuanto la vi; su sonrisa, su forma de expresarse, su sentido del humor… Nos encontramos por casualidad en el comedor a los pocos días de empezar el viaje y conectamos rápidamente. También formaba parte del cuerpo de exploración y pasamos horas hablando, intercambiando conocimientos y riendo. Seguimos viéndonos los días posteriores, forzando encuentros “casuales” y aprovechando cualquier tiempo de descanso para estar juntos. Pero al parecer a Antuán no le gustaba demasiado vernos juntos. Antuán era un viejo conocido mío, compañero de colegio con el que nunca me había llevado demasiado bien y que llegó a ser supervisor de la Anshar. Reconozco que no me alegré al saber que le tendría como superior durante toda la misión, pero no me resultó un problema hasta que comenzó a sabotear mi relación con Sandra. Trataba de darnos tareas distintas, situarnos a cada uno a un extremo de la nave y, en definitiva, a ocupar mi lugar como su mejor amigo. A él también le gustaba y la verdad es que no puedo culparlo por ello; Sandra era una chica encantadora.

La caverna en la que me hallo tiene varios orificios en el techo por los que entra una luz mortecina, como toda la que baña este planeta en el que siempre es de noche. Con el cuchillo en la mano comienzo a cortar una de las fibras que me atrapan. Son duras, pero no irrompibles y parece que, lentamente, voy logrando mi objetivo. Debo liberarme y llegar a la superficie antes de que se marchen, antes de que esos seres me encuentren, y antes de volverme loco de desesperación.

Cuando entramos en las cápsulas de criogenización me despedí de Sandra con un beso en la mejilla; ella se sonrojó y me sonrió mientras me deseaba buenas noches. Soñé con ella todo el tiempo. Soñé que llegábamos a un planeta paradisíaco, nos instalábamos y vivíamos allí el resto de nuestras vidas, sin más preocupaciones que estar juntos y ver pasar el tiempo. Pero cuando la Anshar detectó un planeta con las condiciones adecuadas para la exploración y nos despertó, ese no era el mundo ideal de mis sueños, y en esos momentos no podía ni imaginar que se convertiría en mi peor pesadilla. X—111, como lo bautizó el ordenador de a bordo, era un planeta pequeño, oscuro y frío.

Casi desprovisto de vegetación y cubierto enteramente de extrañas formaciones de rocas, tenía muchas posibilidades de albergar formas de vida animales para su recolección y estudio, por lo que se formaron varios equipos de exploración.

Me habría gustado ir con Sandra; como un paseo romántico bajo una luna que nunca había presenciado a dos enamorados caminando bajo ella ni inspirado a poeta alguno, pero Antuán se encargó de que no fuera así. Nos colocó en grupos distintos, una decisión indiscutible, y él se asignó como jefe en el grupo de ella. Muy predecible. Pero nos reuniríamos de nuevo en unas horas y todo volvería a ser como antes. Qué equivocado estaba.

Mi grupo se adentró en una zona rocosa que parecía un enorme coral, repleto de recovecos, oquedades y peligrosas simas. Sin duda fuimos los que tuvimos peor suerte, aunque yo sabía que no se trataba de una casualidad. Encontramos muestras de alguna planta y múltiples hongos, pero nada nos había preparado para lo que iba a encontrarnos a nosotros. Sam, un compañero afroamericano corpulento y siempre alegre, fue el primero en desaparecer. Caminaba detrás de mí contando chistes verdes sin parar y de pronto me giré, extrañado de que se hubiese callado más de un minuto, y ya no estaba. Como si la tierra se lo hubiese tragado.

Advertí a mis otros tres acompañantes y comenzamos a buscarle, pero otro desapareció. Lee, un chino que siempre mantenía la calma con una estoicidad admirable, perdió los nervios al ver algo moverse entre las rocas y salió corriendo. Su carrera se interrumpió cuando algo grande, repleto de garras, espinas y dientes lo atrapó como un gato a un ratón. Sus gritos se apagaron en tan solo unos segundos.

Los tres restantes emprendimos una retirada desordenada, tropezando y estrellándonos contra todas partes mientras esos seres aparecían y desaparecían entre las rocas. Se movían por las superficies verticales como si nada, saltando y deslizándose en todas direcciones como cazadores expertos jugando con sus presas. No sé quién fue el siguiente en desaparecer. Creo que yo.

Finalmente logro liberarme de mi prisión orgánica. Doy dos pasos para desentumecer mis piernas y tropiezo con algo blando a mis pies. Parece la carcasa de algún animal de aspecto arácnido. No sé qué es ni qué le ha pasado pero no puedo ponerme a investigar ahora.

Comienzo a caminar con cuidado de no tropezar por el irregular suelo buscando la salida de ese lugar y al poco me encuentro con mi compañero Sam, también envuelto en uno de esos capullos y, curiosamente, con otro de esos arácnidos a sus pies; cuando empiezo a cortar el capullo que le envuelve abre los ojos y me mira con terror.

Me dice que le deje ahí, que no le libere; yo no entiendo por qué y le digo que está siendo presa del pánico, que volveremos a casa, pero no me escucha. “Lo tenemos dentro” me dice, “No podemos volver a la Anshar”, repite. Cuando casi le he liberado, su pecho comienza a convulsionar y lanza un desgarrador grito de dolor. Algo se mueve en su interior, destrozando su caja torácica, y una cabeza llena de dientes aparece con un grito triunfal, como un parto aberrante y monstruoso.

Me quedo congelado por el miedo mientras esa cosa abandona el cuerpo de mi compañero y se pierde en la oscuridad de la noche eterna de este planeta maldito. Ahora comprendo.

Esos monstruos nos capturaron para utilizarnos como matrices para gestar a otros de su especie. Una forma de vida parásita que destroza a su huésped y vive para cazar y seguir reproduciéndose. La sola idea de que uno de esos seres acabara en el interior de la Anshar me aterroriza. Estoy condenado a morir en este planeta, pero me resisto a no volver a ver a Sandra. Si me quedase el tiempo suficiente…

Logro salir de la cueva y camino con dificultad hacia la llanura donde aterrizamos. El tiempo apremia y no escatimo en ahorrar fuerzas. Mis fosas nasales están embotadas con ese olor acre de la cueva y mi garganta arde con cada respiración, pero no puedo desfallecer.

Todavía está ahí, la brillante estructura de la nave, con la plataforma de acceso abierta y una docena de viajeros en el exterior. Todavía no la distingo. Debo acercarme más. Oculto tras las rocas, a muy poca distancia de ellos, me doy cuenta de lo que sucede.

Han encontrado los cuerpos de dos de mis compañeros y están realizando un ritual de enterramiento. Ambos cuerpos están cubiertos con piedras a modo de tumbas y rezan una oración por ellos.

Allí está Sandra, tan preciosa como siempre, y doy gracias al cielo por, a pesar de haberme otorgado este destino tan terrible, permitirme verla por última vez. Pero a su lado está Antuán, acariciándole el hombro; ella parece muy afectada por lo sucedido y él trata de consolarla.

Sandra llora mi pérdida, seguramente, y se abrazan. Se dedican unas palabras, muy cerca el uno del otro, se besan en los labios. Ella parece reconfortada. Algo arde en mi pecho y no es ese maldito monstruo que crece en mi interior. Maldito Antuán, maldita Sandra… ¿Cómo puede hacerme esto?

El grupo se dirige de nuevo al interior de la nave, dispuestos a abandonar el planeta. Mi corazón late con furia, con odio, con desprecio absoluto hacia ellos dos, pero también hacia el resto de la humanidad, como si mi situación fuese culpa de un cúmulo de factores premeditados, organizados por el mismo universo. Salgo de mi escondite y corro hacia la plataforma que ya ha empezado a cerrarse. Corro con todas las fuerzas que me quedan y me agarro al borde de ésta. Sandra me ve y lanza un grito de sorpresa, lo que hace que Antuán me dé la mano y me suba a bordo. Todos me preguntan, todos quieren saber qué ha pasado, pero no les presto atención. Sandra baja la vista avergonzada y Antuán me dedica una mirada de triunfo mientras sigue agarrado a su mano. Yo siento un dolor en el pecho y le devuelvo la sonrisa. La plataforma se cierra.

El Autor

Luis Bravo

Un niño llamado Luis Bravo, aburrido de la monotonía de la realidad, fue salvado por los maravillosos mundos creados por Julio Verne. Poco a poco, él fue atraído a los caminos poco transitados, llegando a explorarlos guiado por H.P. Lovecraft, Allan Poe, Jhon Katzenbach y Patrick Graham, viéndose así cautivado por aquellas extrañas realidades, personajes macabros y terrores inenarrables.

Si bien, tiempo después, las vicisitudes de la vida hicieron que perdiera el camino hasta incluso perderse a sí mismo, ahora, más adulto, ha emprendido el largo camino del escritor. Armado con su vasto conocimiento en el ocultismo, sus estudios sobre la psicología humana y su percepción del humano como el más salvaje de todos los animales, nos anima a llevarnos a lugares que tan sólo las peores pesadillas llaman hogar.

Eternity

por Luis Bravo

.

.

Mensaje automatizado de rescate

CEA – 235 a distancia de salto hacia Sistema Solar

Requiere aprobación para ingreso desde Sector 340

.

.

En espera

.

.

Tripulación:

Soldado Wolff, Ezra

Estado:

Ultra—estasis profundo

Origen:

Nave HSS – Eternity

Estado actual no computable

Tripulación actual no computable

Ubicación actual en Cuadrante 345, Zona orbital omega, Sector 4

Parámetro:

Evaluación de riesgos del CM

.

.

***CONEXIÓN ESTABLECIDA***

Estación espacial DC – New Dawn

.

***PRECAUCIÓN***

Recomendada anulación de orden especial 4295:

Denegado

.

.

Requiere aprobación para iniciar trasposición de MTC:

Aprobado.

.

.

.

Ingrese destino de transferencia de MTC:

Transbordador OT – Eve / Capitán Saeger

.

.

***CONEXIÓN ESTABLECIDA***

.

Inicio de transmisión de datos hacia TOT – Eve

.

Estado receptor:

Crio—sueño activo

.

Reinicio de contingencias hasta punto de acceso seguro

.

.

***PRECAUCIÓN***

Posibles datos MTC corruptos – Confirme inicio

Aprobado

.

.

.

.

Capítulo 1 – Origen

«… un sistema ambiental de primer nivel, avances en la nanotecnología y prototipos biotecnológicos que hacen de ésta nave de híper salto sideral…».

—¿Siempre repiten la misma mierda toda la vida? —atinas a preguntar a Locke, muerto del aburrimiento; éste te devuelve su distintiva mirada de tipo duro—. Que ésta nave es la mejor, que tenemos tal y cual cosa. ¡Es como si hablaran de sus perros! ¡Todos creen que tienen al más listo de todos!

Hexen es el mejor, él ya ha hecho su primer salto intergaláctico. Eso en definitiva lo pone en la lista de los más listos, acaso en primer lugar —refunfuña Locke, soltando una gran bocanada de humo y volviendo a aspirar el puro que tenía entre los labios.

—Desde que inventaron esa porquería del «Der/Zer» ahora a todo el mundo se le da por destruirse el cuerpo, después de todo esa cosa prácticamente te da inmortalidad…

Ves a Locke sonreír con satisfacción mientras levanta la mano izquierda. Acoplado al exoesqueleto de su antebrazo está su preciada ametralladora MUT/56 de fuego rápido, la cual posee rondas extra de ácido molecular, combustible atómico y miasma explosivo.

Ya has visto antes su poder destructivo, un exceso de violencia y, claro, también de peso.

—Dile eso a mi Dragón Negro, éste bebé mataría hasta a un dios.

—Me refería a enfermedades… sabes —suspiras abatido, en realidad nunca es una buena idea hablar con Locke, es como una pared—. ¡Olvídalo!

El transbordador en el que te ubicas es tan holgado como una ración de supervivencia, un rincón de cincuenta por cien metros donde se debe estar sentado hasta que se llegue al nido, una vez ahí recibir órdenes de algún burdo oficial a cargo. Un ciclo que, tras cinco años de servicio, te está pareciendo absurdo, insufrible, algo así como una agonía por gas tóxico.

Mientras las luces parpadeantes indican que el transbordador está entrando a velocidad moderada por el acceso táctico, recuerdas que el viaje en transbordador desde el acorazado militar hasta la «avanzadísima» Eternity se te hizo, cómo decirlo, una eternidad. Sin contar con los meses en ultra—estasis mientras el acorazado surcaba el borde externo del Leteo —llamado así porque era el límite de navegación, nadie se había internado en esa masa oscura sin ser devorado por el olvido— para tomar energía de él y ahorrar costos en los híper saltos.

Ya estás aburrido de esperar, ya estás aburrido de cuidar a tanto científico que cree comprender algo de la complicada arquitectura del universo, y más aún de los organismos biológicos multicelulares. Sin embargo, sabes muy bien que allá en la tierra, casi al otro lado del universo, no hay nadie que te espere.

«Sean bienvenidos al HSS – Eternity, esperen en sus asientos hasta que las puertas…».

—¡Muy bien nenas! —la rasposa voz del general inunda el transbordador, un fornido tipo de casi dos metros de alto comienza a caminar por el pequeño pasillo, erguido como una torre—. ¡Es hora de trabajar! ¡Quiero responsabilidad, disciplina y orden! ¡En especial contigo Wolff!

Levantas la mano, topando tu frente con los dedos y le brindas un sarcástico saludo militar. Nunca te agradó el vejete ése pero trabajo era trabajo, y por más que aquel tuviera canas hasta en la barba, era el que iba a hacer que los créditos llegaran a salvo a tu cuenta.

—General Scourse, pido la palabra —gruñe Locke; el general le responde afirmando con el rostro—. ¿Nos permitirán fumar o serán como los idiotas de la estación Ultimus?

—¿Te suena a algo que ésta también pertenezca a la división científica?

Era algo de esperarse, la compañía controlaba distintos puntos en la galaxia y pues, en la Tierra, podría decirse que había instaurado algo parecido a una tiranía.

—¡Ah, joder! —masculla, a la par arroja el puro hacia sus pies y lo pisa con insistencia.

El transbordador tiembla por unos segundos hasta que un golpe metálico indica que se detuvo. Las puertas automáticas se abren tras el general y por breves momentos ciegan tu vista.

—¡Escuadra delta, en formación!

El general se hace a un lado dejando pasar a todos los soldados de la hilera de delante, todos con un uniforme distintivo de color vino, botas, guantes y coraza pectoral color acero. En total logras contar veinticinco Especialistas, gente que ya poseía más de quince años de servicio y tantos implantes sintéticos que era difícil pensar que aún seguían siendo humanos. Sientes una repulsión que avanza desde la boca de tu estómago hasta tu garganta mientras te imaginas con implantes sintéticos.

—¡Muy bien! ¡Escuadra Omega, en formación!

Procedes a liberar el seguro de tu asiento y sujetar tu rifle de pulso, revisas tu coraza negra, examinas las armas cuerpo a cuerpo que llevas y las herramientas tácticas. Ya listo levantas tu arma con ambas manos y sigues a Locke. En tu cabeza repasas que son otros veinticinco más, sin embargo, ustedes, los Sombríos, no poseen distinción alguna, todo el atuendo es de color negro, sin excepción.

Las potentes luces del acceso táctico ciegan tu visión, sacándote de tus cavilaciones.

—¡Especialistas! ¡Ya se debe haber descargado en su base de datos el plano de Eternity! —cuatro personajes extraños los esperaban, según parecía ya habían dado las órdenes correspondientes al primer grupo—. Procedan al lugar indicado en sus retículas y esperen órdenes, aquellos que vayan al depósito de muestras tienen una orden especial que será descargada pronto en su base de datos. ¡Dispérsense!

Sonríes al ver a los especialistas disgregarse como una bandada de aves al escuchar un disparo.

«Tan cobardes como para no confiar en sí mismos y dejarse corromper por las máquinas».

Sabes que no debes hablar, así que te muerdes la lengua y escupes al piso en desagrado, mientras avanzas a paso lento. Todos los Sombríos se disponen en una hilera horizontal, tú les sigues el juego; de los cuatro personajes que divisaste, reconoces a dos de inmediato: uniforme celeste, pertenecientes a la división científica. Éstos se hallan a los costados de los otros dos, a manera de escolta; de los cuales, el que daba las órdenes estaba vestido de civil, sin algún tipo de distintivo, sólo una chaqueta negra con una camiseta blanca debajo, una gorra de camuflaje y unas botas militares que se escondían bajo un pantalón caqui. El otro poseía tantas insignias que parecía que cargaba con las del civil, su uniforme marrón claro indicaba que estaba designado al puesto de mando de la nave.

—¡Saludos Sombríos! ¡Tengo entendido que muchos de ustedes son primerizos! —dicho eso, te brindó una mirada despectiva—. Y algunos de ustedes reticentes a las órdenes de sus superiores. ¡Así que como verán, ninguno de ustedes tiene mejoras!

«¿Mejoras? ¿Qué clase de idiota es ése que llama mejoras a eso?».

—El conjunto de ascensores que ven detrás es la columna vertebral de ésta nave, al igual que el acceso a todas y cada una de las áreas de Eternity. Actualmente poseemos quinientos pisos, todos determinados por una codificación ascendente desde los niveles más bajos, el de los motores. Además, la nave tiene disposición romboide, así que los ambientes tienen códigos de acuerdo a Norte, Sur, Este, Oeste, tomando como referencia el ascensor.

Tus ojos van a posarse en el general que, poco a poco, entra en escena. Lo ves distraído en una libreta roja. Eso sólo indica una cosa: órdenes especiales. Algo consternado, se sitúa delante de ustedes y procede a dar órdenes.

—¡Brett, Cole, Gordon y Phex! —dice señalando a cada uno de ellos—. Diríjanse al almacén vehicular. 45OS – 234. ¡Darr, Segr y Cassey! Síganlos, van al mismo piso, pero a los almacenes de armas. 45ON – 472.

«Apuesto todo mi salario a que me mandan al drenaje…».

—Locke, vas al «nicho», 175ES – 732, ehm —ves que el general fija la mirada en ti, luego mira al civil; aquel le devuelve una mirada de acero—, Wolff, te toca ir a «Génesis» 175O – 1. Raindart, Spearman y Solas, a ustedes les toca ir a reforzar la seguridad en el área de especímenes…

No logras escuchar mucho más puesto que te diriges al ascensor, subes unas escaleras de metal y cruzas un amplio vestíbulo, en los vidrios de las ventanas puedes ver el oscuro universo. En fin, donde ustedes se hallan es casi al borde del mapa, no existen muchas de las bellísimas nebulosas de otros parajes.

—¿A qué crees que se halla referido con que a mí me toca Génesis? —le preguntas algo consternado a Locke.

—Según lo que pude ver en los ojos del capitán, ése no es un puesto para ti, supongo que ninguno es un buen puesto para ti —masculla Locke mientras su cabello rojizo es empapado por las luces del ascensor que acaba de llegar.

Las puertas se abren y estiras la mano, haciendo una jocosa venia.

—Las mujeres y los niños primero…

—¿Y los animales al final? —responde aquel entrando al ascensor sin cambiar un ápice su «expresivo» rostro.

—Si no fuera porque sé que no tienes implantes —continúas, entrando con tranquilidad al ascensor y tecleando el piso 175— pensaría que tus circuitos de la expresividad están averiados, porque en serio, algo malo le pasa a tu rostro. ¡Lo digo como amigo, eh, no te ofendas!

El ascensor se mueve veloz, sin embargo su movimiento no se siente dentro de éste, algo típico en las estaciones espaciales y las naves de alta gama. Al cabo de unos segundos llegan al piso 175, las puertas se abren y Locke sale primero, el prominente cuerpo de aquel, más el exoesqueleto que tiene equipado lo hacen ver como una mole de tres metros.

«Otro necio que no desea corromper su cuerpo con implantes sintéticos».

—Nos vemos Ezra —te dice sin voltear.

—De igual manera, Rick —dices saliendo del ascensor.

El grandulón se aleja hacia tu izquierda, bajando el corredor blanco. Echas un vistazo a lo largo y ancho de éste y no ves nada más que paredes, delante hay un portón doble de vidrio de, por lo menos, diez metros de ancho. Encoges los hombros y te diriges hacia él. A unos metros logras divisar que, en efecto, era el lugar a donde se te había destacado.

—¿Génesis? ¡Qué nombrecillo eh…! —levantas con una mano el rifle de pulso y lo apoyas sobre tu hombro.

Te detienes frente a la puerta y unas luces brillantes de diversos colores escanean tu cuerpo, sonríes al recordar que control maestro lo controla todo, inclusive parece un dios para esos patéticos seres.

La puerta se abre de par en par y una voz metálica procede a darte indicaciones.

«Bienvenido soldado Wolff, esperamos que tenga una buena estancia y recuerde reportarse ante su superior, el comandante Roach».

—Ja, ja, ja —dices llevándote la mano hacia la boca—. ¿Cucaracha? ¡Están de broma!

Pronto el jolgorio que te invadía se detiene de improviso. Tus ojos ven una instalación de por lo menos cuatro pisos de alto y un kilómetro de ancho, cientos de «celestitos» yendo de un lado a otro y algo parecido a un diamante negro en medio de toda la edificación.

Una palmada en la espalda te hace saltar de la impresión.

—Ahora sí que te orinaste en tus pantalones ¿eh? —escuchas una voz conocida a tu espalda pero cuando das la vuelta ya no está—. ¿Quieres que te mande una carta o qué?

Volteas hacia delante y lo encuentras a una docena de pasos lejos de ti, era el hombre vestido de civil. Sin perder tiempo corres hacia él, ubicándote a su izquierda y asimilando todos los protocolos que ameritaba el peso de tu traje.

—Soy el comandante Roach, soy el amo y señor de Génesis, y de todo lo que esté dentro de su área —te dice mientras no aparta la vista de una carpeta holográfica—. Verás cosas aquí que escapen a tu entendimiento, cosas que vulneren tu moral. Espero no te orines, que no estás aquí para que se te cambie tu pañal.

Roach se detiene y, sin importarle un comino, le entrega la carpeta a cualquiera que pase, acto seguido se acerca a ti, mirándote a los ojos en actitud amenazadora.

—Me han referido que eres el único aquí que maneja ese rifle de pulso como si fuera parte de tu cuerpo, así que como tu arma es limpia, serás mi guardaespaldas, de ahora en adelante me seguirás a donde vaya. No hables, no respires, no quiero ni siquiera sentirte. ¿Entendido?

—Afirmativo.

—¡Qué bien! —dice dando una palmada y sobándose las manos—. Ahora vete a tu cuarto, estoy ocupado en los últimos preparativos y no estoy con ganas de hablar, así que descansa cuanto puedas porque de ahí no lo harás. ¡Te necesito aquí a las quinientas horas!

Afirmas con la cabeza y te retiras.

Capítulo 2 – Al borde de la locura

Sientes que tu cuerpo se está congelando de miedo, pronto un escalofrío recorre tu columna vertebral agitando tus sentidos, es un terror tan primario que te hace sentir como si miles de parásitos estuvieran arrastrándose por debajo de tu piel. Quieres gritar pero no puedes, tu boca parece cosida, tus miembros amputados, tus ojos cegados, tu cuerpo devorado.

En ese tenebroso vacío algo te habla, una voz oscura, gruesa, silenciosa pero retumbante.

«Como ciegos parásitos se arrastran a través del universo, tratando de controlar el centro del caos, atando a su propia raza como marionetas. Vuestro planeta consumido yace como una inerte piedra en medio de la nada, exprimido hasta los huesos por una tiranía sin sentido».

En medio de la nada una silueta aparece frente a tu rostro, es como si la noche más oscura se hubiera materializado en una nube tóxica, una que poseía infinidad de dientes afilados, babeantes, hambrientos. Aquella cosa sisea, abriendo lentamente las inmensas fauces, la saliva chorrea como un caño abierto; no tiene ojos pero sientes su mirada atravesándote el alma. Es el fin, lo sabes, no hay escapatoria.

¡Kjaaaaa!

—¡Mierda! —gritas al sentir las punzantes colmillos atravesar tu piel y tu carne, quebrando tus huesos como si fueran fósforos—. ¡No!

Tu cerebro pronto te alerta que aún estás con vida, tu vista comienza a aclararse mostrándote las frías paredes de metal de tu dormitorio. Golpeas con tus puños el colchón. Ya estás harto de despertar todas las madrugadas con esas malditas pesadillas. Te yergues hasta estar sentado y tapas tu cara con las manos, parte de tu copioso cabello negro se precipita sobre tus manos.

—¿Qué me está pasando? —abrumado, terminas por preguntarte—. Así acabaré loco.

Vuelves a derrumbar tu cuerpo sobre la cama. Tus ojos se centran en el techo.

«¿Cuánto tiempo de servicio llevo? Dos meses y contando. ¿Hace cuánto estoy teniendo esos absurdos sueños? Algo más de un mes…»

Ahogas una maldición mientras cierras los ojos. Al instante los abres al sentir de nuevo la presencia de esos afilados dientes, esperando a que te duermas de nuevo. Apartas la sábana con la que te cubrías y enciendes la luz de tu mesa, una pálida luz fría baña las cuatro paredes que conoces como habitación pero que prefieres llamar «lata de sardinas». Revisas la hora en tu brazalete táctico, una verduzca luz parpadeante baña tu rostro: «03:45». Estiras tus entumecidos músculos, haces crujir tus articulaciones y te levantas de la cama. Caminas hacia el espejo, tus ojos marrones se ven reflejados en él, ves tu barba crecida, tu cabello que llega hasta la frente, la cicatriz que cruza transversalmente tu puente nasal; tras mirarla por unos momentos pasas la yema de los dedos por sus bordes brillantes. El grito ahogado de una niña se reproduce en tu mente, apoyas tus manos en el lavadero de metal y agitas la cabeza. El pasado debe quedarse donde está. Muerto y enterrado.

Después de alistarte, preparar tu arma y revisar tus herramientas sales del dormitorio. El pasillo, como era de esperarse está vacío, las tenues luces blancas del piso indican el camino. Tras tantos meses en Eternity ya te has acostumbrado a lo estrechos, poco iluminados y precarios que son los pasillos desde el nivel cien hacia abajo, es extraño no encontrarse fugas de vapor o cables chispeantes.

—Sistema ambiental de primer nivel —refunfuñas con tu usual mal humor al levantarte—. Vayan a otro perro con ese hueso.

Después de caminar largo trecho, tus pasos dejan de golpear en contra del estridente metal y son apagados por el versátil polímero Ark: una aleación de metales pesados con elastómero molecular y carbón comprimido hasta el punto de adamantización. Una masa transparente y maleable que, una vez solidificada, es casi indestructible, aparte de liviana como la madera. Caminas otro trecho hasta llegar a la cámara de los ascensores, «la columna vertebral de Eternity».

—Vaya, vaya —dices algo sorprendido al ver todos los ascensores en rojo, inhabilitados por reparación—. ¿Otro «beneficio» de estar en Eternity?

Caminas y caminas y no encuentras un solo elevador disponible. Eso ya se empieza a tornar demasiado sospechoso. Empiezas a correr con insistencia, una decena de ascensores más pasan delante de tus ojos; todos inhabilitados. Sales de la habitación y recorres pasillos alternos hasta llegar al ala oeste de ascensores, entras y el panorama es el mismo, sólo que uno no tiene una luz roja, sino amarilla.

«EN USO – NIVEL 175»

Esperas frente al ascensor y éste permanece en ése mismo estado, los minutos se arrastran como si fueran horas, hasta que al fin pierdes la poca paciencia que tienes. Tras meses al servicio de Roach conoces un código que parece ser la llave maestra para todo, así que la usas sin perder tiempo.

—Control maestro, se le ordena disponer de la supresión 3675. Identificación: Wolff, Ezra. Seguridad adjunta del comandante Roach.

«Anulación admitida. ¿En que desea que le ayude?»

—Despache el ascensor de regreso al nivel 45, inhabilite cualquier bloqueo de seguridad.

«Orden autorizada debido a supresión 3675. Espere. Espere. Espere.»

El ascensor soltó un alegre tono leve y cambió su color de amarillo a verde, en cuestión de segundos bajó desde el nivel superior hasta el que se hallaba.

«Orden completada. En espera de otra orden».

—Anule interfaz —dices ingresando al ascensor—. Anule espera de órdenes.

«Entendido. ¡Que tenga buen día!».

—Sí, perfecto día el que voy iniciando. ¡Gracias por nada!

El ascensor se cierra y, sin esperar a que teclees, te lleva directo al nivel 175. Sientes que tu pulso se eleva, tus manos comienzan a sudar bajo los guanteletes tácticos, a la par, un vacío en tu estómago te va indicando algo que deseas negar con todo tu ser: algo muy extraño está sucediendo. Llegas al piso 175, tus manos sujetan con firmeza el rifle de pulso. Las puertas se abren, como liberándote de una cárcel oscura, sales del ascensor a paso apresurado y éste se cierra tras de ti. Volteas a verlo. Como era de esperarse, retornó a su estado bloqueado, como si estuviera en uso.

Fue la gota que colmó el vaso.

—¡A la mierda! —mascullas, mientras liberas el seguro de tu rifle, un pitido te informa que las cargas de antimateria están listas y calibradas—. Abriré fuego a cualquiera que se ponga delante de mí.

Levantas el arma y llevas la mira hacia tus ojos, avanzas con postura de combate mientras tus pasos se mueven ágiles como los de un guepardo. La puerta de Génesis se yergue ante ti como un coloso, salvo que ésta ya no se encuentra cerrada.

«Justo lo que pedías Ezra, algo de acción. ¡Deseo cumplido!»

Pateas la puerta y entras en menos de un segundo, la mira reticular brilla y parpadea, el arma no encuentra rastro de materia orgánica ni objetivos en movimiento. Relajas la espalda y el cuello y avanzas. El subnivel de la entrada, aunque pocas veces parabas ahí, lo conoces muy bien: un área desordenada con cientos de cajas, trajes de aislamiento y armazones de estructuras metálicas. Tus pies esquivan el desorden con destreza hasta que llegas a las escaleras de acceso al segundo subnivel, el del procesamiento de muestras; algo más ordenado que el anterior pero mucho más fácil de investigar ya que el área estaba aislada. Era un enorme cuarto con cristales de alto impacto, varias cosas indescifrables flotando en agua y equipos de alta tecnología que procesaban muestras de tejido y ,alguna que otra vez, material orgánico recién salido «del horno», es decir «caliente y latiendo».

—Nadie aquí —te dices al ver que las luces están apagadas—. Ése cuarto tiene sensores de movimiento.

Te diriges a la escalera de acceso al tercer subnivel —el de criogenia—, cuando una luz se enciende a lo lejos y la retícula de tu arma se enciende en color amarillo.

«PELIGRO. PELIGRO. DESCOMPRESIÓN DE NÚCLEO DE GÉNESIS INMINENTE».

Ése estruendo eriza toda la piel de tu cuerpo, no sabes qué significa eso pero son graves problemas. Lo único que lograste captar en los últimos meses fue que dentro de esa especie de diamante llamado Génesis se hallaba lo que ellos llamaban Omega, un arma que habían estado fabricando desde hacía años atrás.

—¿Qué demonios es Omega y cómo es que lo encontraron? —hablas para ti mismo mientras bajas apresuradamente las escaleras—. ¿A qué se habrán referido con el «Éxodo de LV–426»?

Grandes cristales de hielo comienzan a precipitarse hacia el piso, provenientes de Génesis. El miedo empieza a reptar por todas tus extremidades, lo sientes apretando tu nuca, envolviéndose alrededor de tus pulmones, apretando tus rodillas, amenazando con inmovilizarlas. El sudor perla tu frente hasta que al fin llegas al subnivel seis, el cuarto de control. Pateas la puerta de vidrio y levantas el arma, la retícula se vuelve roja y parpadeante.

Has presionado el gatillo pero tu arma no ha disparado, era obvio, estaba diseñada para evitar fuego aliado…

—¡¿Pero qué…?! —exclamas sin poder entender lo que estás viendo.

El comandante Roach, con el rostro ensangrentado y con una herida abierta a la altura del omoplato se te acerca y trata de sujetarte de los hombros.

—¡Dime que tú también lo escuchas! ¡Tenemos que parar esto, destruirlo!

Tras una breve lucha, logras apartarlo de ti, empujándolo hacia las consolas que parpadeaban con múltiples señales de peligro.

—¡¿Qué hace?! —levantas el arma y ésta te niega el ataque—. ¡Maldición! ¡Control maestro anule…!

Te quedas paralizado al ver al comandante levantando un antiguo revólver iónico hacia su sien.

—En el 2122 las sondas espaciales encontraron un planeta desconocido, llamado por esos tiempos LV–426, se sacrificó a toda la tripulación del Nostromo para la supervivencia de la muestra de aquella forma de vida, sin embargo una sobrevivió, Ellen Ripley…

—¿Se ha vuelto loco? ¡El Nostromo explotó en mil pedazos por fallas en la navegación! ¡Nadie sobrevivió de eso! ¡Nadie! —levantas la mirada al techo y gritas—. ¡Control maestro!

«Esperando órdenes, comandante Roach».

—Anula la alimentación de electricidad a Génesis —escuchas decir a Roach—. Realízalo según la supresión 3675.

«Confirme orden».

—¡Anule esa orden! ¡Anúlela! —levantas nuevamente el arma y ésta te deniega el ataque—. ¡La compañía lo destruirá a usted y a su familia, tanto como a todo el implicado en esto! ¡Joder!

—Orden confirmada —en su mirada solo encuentras un vacío lleno de locura—. Los tripulantes del Nostromo, todos ellos aniquilados mientras la compañía los contemplaba, asombrados por la capacidad destructiva de lo que ellos percibían como el arma perfecta. Ellos fallecieron ante la forma precaria de esa especie, nosotros forzamos su evolución, creamos algo aberrante, miles de millones de veces más destructivo que aquel. ¡Por eso todo esto —señaló a su alrededor—, todo debe ser destruido!

Aprovechas la distracción para saltar hacia él, sujetas el arma con ambas manos y la apartas hacia la derecha. Interpones tu espalda entre su brazo y su tórax y le propinas persistentes codazos en la cara hasta arrebatarle el arma. Lo empujas con tu espalda, apartándolo por un momento y giras de inmediato.

Justo en ése mismo instante toda luz se apaga.

—Recopilamos información de Ripley mediante la memoria de transmisión cuántica, una tecnología que combinaba las conexiones neuronales a nivel biológico con los enlaces energéticos a nivel cuántico. Un regalo que logramos descifrar tras años y años de investigar la tecnología de los ingenieros. Aprendimos tanto de las fortalezas como de las debilidades de lo que bautizamos como «xenomorfo». Así pues en el año 2145 realizamos el tan ansiado éxodo de todos los especímenes encontrados en esa nave, ¿dónde crees que se hallan ahora? ¿Por qué crees que el nivel de procesamiento de muestras y el de criogenia están aislados y sólo pueden acceder sintéticos? ¡Piensa joder! ¡Piensa!

Tu mente hace tiempo que ha dejado de escuchar al loco comandante Roach, ahora lo único que buscas es la manera de matarlo, si no, pensarán que fuiste su cómplice. De repente unas luces comienzan a iluminar el recinto, giras y ves a cientos de soldados bajando las escaleras de acceso. Al fin lograrán parar aquel sinsentido.

En eso, un estruendo metálico estalla detrás mientras unas rojas luces de emergencia llegan hacia ti intermitentemente. Giras y ves al Génesis precipitándose hacia el piso, golpeando con potencia el metal hasta quebrarse en mil pedazos, las luces de emergencia son acompañadas de una ensordecedora sirena.

«EVACÚEN EL ÁREA. GÉNESIS VULNERADO, ARMA OMEGA IRREFRENABLE».

Una sola idea recorre tu cerebro, una respuesta obligatoria ante aquella sensación punzante, primaria… aquel terror que sentías en todas esas pesadillas…

«Corre, corre… ¡CORRE!»

Sueltas la precaria arma iónica, sujetas tu rifle y corres. Llegas a la puerta, la abres y huyes, no sabes a dónde, no sabes de qué, ni siquiera el porqué, tan sólo lo haces. Las danzantes luces te alcanzan, sin embargo no paras a intercambiar palabra alguna, sólo corres eludiendo a cada uno de los soldados que a paso rápido se dirigen al cuarto de control. Vas dejando los subniveles atrás en tu desesperada huida, una onda expansiva hace que trastabilles y te des de cara contra el piso.

¡KJJJAAAAAA!

Un ensordecedor chillido llena por completo el ambiente mientras una serie de temblores impide que te levantes, tu pulsera empieza a vibrar en rojo, emitiendo un pulso holográfico de proximidad enemiga. En el mapa holográfico logras divisar cientos de puntos, agrupados a dos pisos por debajo de ti: el subnivel de criogenia. La luz vuelve a la enorme cámara del Génesis, giras sobre tu propio eje y divisas aquello que está generando esas múltiples réplicas que te impiden mantener el equilibrio.

Una enorme bestia negra de más de cien metros te devuelve la mirada, tus ojos no pueden determinar aquello que ven: múltiples patas como de araña, saliendo de un tórax partido en dos donde un corazón rojizo palpita, como si estuviera envuelto en llamas. Miles de tentáculos se agitan en su espalda como si fuera un enorme pulpo, las extremidades superiores se asemejan a las de una langosta roja y las inferiores a las de un canguro, todas ellas envueltas en una coraza tan oscura como el centro de un agujero negro. El inmenso rostro alargado hacia atrás posee como una especie de cuernos que le dan el parentesco a una corona negra y una inmensa hilera de dientes babeantes; no posee ojos, y tal y como lo sentiste en tus pesadillas, sientes su ausente mirada clavada en lo profundo de tu ser.

«Animales vacíos, ciegos parásitos, buscando la perfección, la eternidad. Colonia de tontos, absurda decadencia, putrefacción en la mentira del orden, la pureza de la muerte los liberará.»

Otra vez aquella voz, otra vez aquella locura, ya no más, sientes que la realidad se está cayendo a pedazos, sientes que todo ya no tiene sentido. Giras la mirada hacia los pisos inferiores y ves el infierno desatado, miles de criaturas obscuras, con colas alargadas, devorando a todos los soldados, escuchas disparos, explosiones. Todo tan lejano, como si ya no importara.

«Siento tu dolor, escucho las voces de tu hija y tu esposa, arrebatadas de tus brazos, muertas por tu inactividad, por no defender lo que creías correcto. Escucho todos esos demonios dentro de ti, escucho cómo desgarran tu ser, lo que no sabes es que… —el inmenso rostro de la criatura se acerca hacia ti tanto que puedes sentir su putrefacto aliento—. Hoy día, en éste amanecer sangriento, todos nos hemos convertido en demonios.»

Sientes cómo tu armadura es traspasada por algo filoso, como si fuera papel, bajas la mirada hacia el piso y ves como éste comienza a alejarse poco a poco de ti. El dolor lo sientes lejano, tus sentidos comienzan a ser anulados por un vacío indescriptible.

«Siempre huiste pero la realidad siempre te atrapó. Qué lástima que no puedas ser un lobo si vives como un cordero. La hora del lobo ha llegado y sé cuando estoy ante el rey del caos.»

Un fogonazo se abrió a la altura de los cuernos de la criatura, ésta chilla a la vez que te suelta. Caes al piso con un golpe pesado y te levantas, algo mareado; ves que a unos metros se encuentra Locke, su dragón negro escupe todo tipo de proyectiles, con su mano derecha te indica que te retires, que él te cubre. Sales disparado por su costado y huyes. Tus ojos se centran en los ascensores que ahora se hallan operativos, volteas y ves un mar negro de criaturas saliendo del corazón de Génesis. Apuntas y disparas, cada carga perfora los cuerpos de las criaturas destajándolas como mantequilla, tecleas en el panel el número 33, el nivel donde se hallan las cápsulas de escape. Volteas y sigues disparando, te preguntas cómo será la sangre de esas bestias, tu arma, al ser limpia, desintegra y cauteriza todo a su paso, evitando el asqueroso proceso de la limpieza. El ascensor suelta un pitido al llegar hasta ti y entras en él, volteas y apuntas el arma hacia afuera pero no disparas, te sorprende ver cómo esas bestias te miran absortas… como si vieran algo en ti.

En cuestión de segundos llegas hasta el nivel 33 y corres hacia las cápsulas de escape automatizado, entras en ellas, cierras la puerta tras de ti, corres hacia el control automático y programas la eyección. Ya en la oscuridad de la galaxia miras a través de la pequeña ventana cómo poco a poco Eternity es tragado por una horda incesante de criaturas, sangre, fuego y explosiones, aquel paraíso ahora convertido en un infierno.

Abres la celda de crioestasis y sonríes.

—¿Qué es lo que les vendrá a la cabeza cuando al pasar mi memoria biológica—cuántica, al pobre diablo al que se la pasen, vean que de su pecho sale un demonio regurgitado de las entrañas del mismo averno? —te carcajeas lleno de placer y palpas la herida que tienes en la espalda—. Ahora entiendo tu plan, Madre. Ahora déjamelo todo a mí, déjame convertirme en el gran devorador.

Al cerrarse la celda nunca antes te sentiste tan en paz contigo mismo, nunca antes sentiste el poder pulsante de una galaxia en nacimiento en tu corazón. Y ahora que lo sabes, agradeces no haberte volado la cabeza cuando abrazaste los cadáveres sangrantes de tu esposa y tu hija.

El Autor

Charly V

V no podría definirse como artista.  A pesar de que os hayan dicho lo contrario, considero que le vendría mejor el adjetivo “holgazán”, no en un sentido despectivo, sino como aquel que busca el máximo efecto con el mínimo esfuerzo, aquel que llena de “datos inútiles” una conversación, aquel que se da el tiempo de la contemplación y el reposo, el análisis y la búsqueda de posibilidades, por lo que es llevado hacia distintos caminos (podría afirmar que la cultura por medio de gente así).

Vosotros mismos lo notaréis en esta edición, no sólo nos ha compartido el texto siguiente, sino algunas ilustraciones que buscan completar la experiencia…

God Save The Queen

por Charly V

1

—Estén muy alertas, no sabemos dónde se esconde esa cosa.

El agua dentro del drenaje nos llegaba a las rodillas, entre eso y la oscuridad teníamos que avanzar con cautela. La linterna de nuestras armas no era suficiente para ver dentro de la oscura cavidad.

—Creo que escuché algo de este lado.

Aunque Jaime era el más joven del grupo sabía que no era alguien al que el miedo le hiciera imaginar ruidos. Desde siempre había demostrado valentía.

—El ruido venía de esta dirección, era como si algo se moviera nadando bajo  el agua.

—Ya oyeron chicos, tomen sus precauciones, iremos por ese camino.

—Esto no me gusta. ¿Cómo usaremos los arpones si ese animal se encuentra bajo el agua?

—Tranquilo Jerry, solo preocúpate por tener buena puntería —contestó Helen en forma de burla.

—No tengo problemas con mi puntería, me preocupa la descarga que viene después.

—Te preocupas demasiado, el arpón es inofensivo, a no ser, claro, que lo tengas clavado en tu cuerpo.

—¡Guarden silencio!

A Jaime siempre le molestó oírlos pelear pero en esta ocasión lo que más le molestaba es que interfirieran con su concentración.

—¡Por allá!

Dentro de uno de los túneles, aun con poca luz, pudimos ver la silueta moverse para, de pronto, introducirse de nuevo al agua. No es que se estuviera escondiendo de nosotros, al parecer nos acechaba. En realidad nos consideraba sus presas. Las ondas del agua chocaban en nuestras piernas. Era posible que se acercara pero no podíamos notarlo, ninguno de los cuatro podía ver dónde se encontraba. Eso ponía nervioso a Jerry, que sacó su 9 milímetros para dar unos disparos al agua.

—¿Estás loco? —Gritó Helen.

—Perdón, pero yo prefiero matar esa cosa antes de que nos haga su desayuno.

—¿Pero, dónde está? Todo está muy… todo está demasiado tranquilo.

Jaime quería asegurarse que ninguno de nosotros bajara la guardia, de pronto la risa de Helen llenó el lugar.

—Vaya suerte que tienes. ¿Quién diría que matarías esa cosa con tu pistola de juguete?

—¿Qué dices?

Ni siquiera Jerry lo creía. Ni aún cuando vio el cadáver de la bestia sobre la coladera que, por el ácido que brotaba como sangre de su cuerpo, comenzaba a debilitarse.

—Te lo dije nena, nací para esto.

Ellos reían, la misión había terminado. Me comuniqué con Rob por la radio para darle el informe de nuestra misión.

—¿Qué opinas de esto Rob? Parece que cada vez son más decepcionantes estas criaturas.

—Realmente tuvieron suerte, las balas de Jerry, con dificultad, debieron atravesar la gruesa piel del Xenomorfo.

—Sí, a todos nos sorprendió, estoy seguro de que hay algo raro aquí.

—Trae el cuerpo de la criatura, debemos estudiar qué la hace diferente.

—Oigan chicos, ¿tendremos que llevar esa cosa con nosotros?

—Qué asqueroso, no pienso cargarlo.

—Tú le disparaste, tú lo cargas, Jerry.

—Solo ten cuidado, podrías quemarte con el ácido.

—Qué raro, su piel es demasiado membranosa.

—Tienes razón, no tiene su exoesqueleto reforzado.

—¿Se estarán adaptando a las alcantarillas?

—Esto es muy extraño, me hace recordar la primera vez que nos enfrentamos a esas cosas.

—¿Qué es eso? —exclamó Jaime.

En un movimiento la bestia se abalanzó sobre Jerry.

—¿Qué? ¡Pensé que ese monstruo estaba muerto!

Jerry se encontraba bajo el animal evitando ser mordido por sus mandíbulas.

—¡Ayuda! ¡Ayuda!  

A todos nos tomó por sorpresa. En el momento en que me volví a recoger mi arma, algo pasó volando cerca de mí, rozando mi rostro.

—¡Pero qué rayos!

Era Helen, quien con un tiro acertado había atravesado al alien con el arpón.

—Debiste permanecer muerto ,querido —dijo ella, al tiempo que accionaba el arma.

El fuerte cable no solo servía para someter estas criaturas sino para soportar la alta corriente que la máquina extraía de ellas; Rob nos había explicado cómo el arpón utilizaba la acidez de sus cuerpos como si fueran enormes baterías dejando solo un cascarón vacío; el arma acumulaba la energía para utilizarla en un potente rayo de calor, cada función del arma estaba diseñada para cazar xenomorfos.

—¡Gracias, Helen, esa cosa casi me devora!

—Descuida amor, yo estoy aquí para….

Un crujido nos volvió a poner en alerta

—¿Qué ocu…

Al parecer la alcantarilla sobre la que estábamos se había debilitado por la corrosión.

—¡Cuidado chi…!

El suelo se colapsaba por debajo de nosotros. Tal como lo dije, esto me recordaba a la primera vez que me topé con esas cosas.

2

El cielo se había llenado de extraños destellos de luz, el espectáculo era casi hipnótico.

Sin embargo, nadie sabía lo que había ocurrido apenas unas horas antes. Un apagón dejó la ciudad a oscuras y muchos de los aparatos electrónicos habían dejado de funcionar, televisores y celulares se encontraban totalmente muertos e incluso nuestra radio de onda corta tenía problemas para operar. Por suerte ya casi amanecía. Esta había sido una larga noche, cuidándonos de los delincuentes que aprovechaban la situación. Una larga noche para todos. Mucho trabajo para nosotros los policías, sin duda alguna, pero aún lo peor estaba por pasar.

Un gran estruendo nos hizo a todos alzar la mirada, el cielo se partía en pedazos. Llovían bolas de fuego y los vidrios de los rascacielos se rompían, los cuales caían sobre los transeúntes. En las calles de la ciudad el caos imperaba, la histeria era colectiva, una gran bola de fuego atravesaba las nubes, los fragmentos que de ella se desprendían arrasaban las plazas y comercios.

Los medios no daban cabida a lo que sucedía, muchos pensaron que era un ataque terrorista, todos esos objetos aparecieron de pronto de la nada, el cielo se abría, como si el amanecer sucediera encima de nosotros y no en el horizonte. Rayos de energía azotaban los edificios de mayor altura, algunos relámpagos impactaban viejas estructuras; en el centro de esas luces había algo, algo que no se lograba distinguir.

¿Un avión? ¿Un arma? Pareciera que un meteoro viniera hacia nosotros, sin embargo no avanzaba, se mantenía suspendido en el mismo lugar, flotando en el cielo en medio de las luces. Los relámpagos venían de él, lentamente emergía de la nada y el humo que emanaba era tan denso que al poco tiempo se encontraba en la calles. Era todo un caos y de pronto… esa cosa… esa cosa… esa cosa se desplomó arrasando con todo lo que se encontrara en su camino, al tiempo que atravesaba la ciudad y caía en el gran lago que la dividía. Al caer, el vapor fue tanto que una gran columna blanca se elevó al cielo.

—¿Te quedarás ahí o vas a subir al auto? —dijo Diego al tiempo que subía a la patrulla—. ¡Ya súbete!

Su espíritu aventurero ya nos había metido en muchos problemas antes. Diego siempre había sido una persona muy impulsiva, aun así tenía una facilidad para convencerte de participar en sus aventuras, no era esta la primer vez que me encontraba dentro de la patrulla preguntándome cómo había llegado allí. Mientras todos manejaban buscando alejarse del lugar del incidente, Diego manejaba con frenesí esquivando vehículos, avanzando  en sentido contrario por el bulevar principal.

—¿Quieres que nos maten?

—Estamos en  medio de un apocalipsis, dudo que alguien nos denuncie.

Un taxista que intentaba rebasar a los otros conductores giró de golpe el volante para esquivarnos.

—¡Aprende a conducir idiota! Traigo la sirena puesta.

—Diego ,tú vienes en sentido contrario.

—¿Y qué?, traigo la sirena prendida.

—¿Y eso te da derecho de romper la ley?

—Ya comienzo a lamentar haberte traído.

Yo no dije nada, pero estaba seguro que era yo quien más lo lamentaría.

3

Las cloacas apestaban, nos encontrábamos adoloridos y  empapados en aguas llenas de excremento y suciedad.

—Equipo Verde, reporten su estado, equipo verde respondan, cambio.

Lo voz de Rob por la radio rompía el silencio en el que nos encontrábamos.

—Aquí equipo verde.

—Equipo verde, reporte su estado.

—Aquí equipo verde, bañados en excremento pero aún con vida.

—Oigan, Jaime, no reacciona.

—¿Está vivo? —Preguntó preocupado Jerry.

—Solo esta inconsciente, no hagas un drama de esto grandulón.

—Los dos ya dejen de jugar, ¿acaso no ven que por esas actitudes es que nos encontramos atrapados aquí?

—Descuiden chicos, el equipo rojo ya va en camino para sacarlos de ahí.

No solo era la suciedad de las alcantarillas lo que flotaba en las aguas, habían trozos mutilados de animales y personas dentro de la cueva.

—Están juntando mucha comida.

—Creo que se están matando entre ellos —dijo Jerry al tiempo que sostenía una cabeza hueca de esas criaturas, la cual encontró flotando cerca de sus piernas

—Eso es un…

—El cráneo de una de esas cosas.

—No es su cráneo, es solo su coraza.

—Ahora entiendo, es por eso que Jerry pudo atravesarlo con sus balas.

—¿Pero por qué se quitó su coraza?

—Rob, parece que tenías razón.

—¿A qué te refieres?

—Encontramos aquí abajo la coraza del Xenomorfo que nos atacó, creo que está…

—Está formando un nido.

—Eso explica por qué todos estos cadáveres.

—¿Estás diciendo que metió huevecillos en los cuerpos? —Preguntó Jerry muy asustado.

—No, Jerry, para reproducirse prefieren parasitar criaturas vivas, sin embargo los huevos solo los puede poner una reina.

—Y es por eso que dejó su coraza.

—Claro, ésta le impedía seguir creciendo, al igual que los crustáceos.

—¿O sea, que esa cosa se estaba haciendo más grande?

—Por suerte llegamos antes de que tuviera una nueva coraza, al parecer estaba evolucionando para convertirse en una reina.

—¿Los demás estarán haciendo lo mismo?

—Si alguno logra convertirse en reina, pronto tendremos una infestación que no creo que podamos controlar.

—Aún no podemos irnos, hay que investigar.

—Pero Jaime aún está inconsciente, no podemos dejarlo.

—Jerry, Helen, quédense con él, yo investigaré si no hay peligro en los alrededores.

—Es peligroso ir solo contra esas cosas.

—Estaré en comunicación todo el tiempo, cuídenlo bien.

—Estaremos pendientes por si nos necesitas —dijo Jerry, su preocupación era evidente por su tono de voz, a pesar de ser un grandulón no podía ocultar tener miedo  

—Solo cuídenlo bien.

No del todo convencidos aceptaron mis órdenes, confiaban en mi capacidad de líder. Irónicamente, yo nunca me imaginé siendo un líder.

4

No era un meteorito.

Era como un gran edificio curvo hecho añicos enterrado en el cráter. ¿Es que acaso podría ser una nave? La respuesta a si estábamos solos en este universo ha sido contestada, y fue de una manera muy notoria.

Diego se apresuró a bajar a la nave.

—¿Estás loco? Esperemos a personas cualificadas para esto.

—Esta es nuestra oportunidad de hacer historia, allá tú si te quieres quedar, pero yo no me voy a hacer a un lado de esta oportunidad.

—Tú no sabes qué encontraremos ahí.

—Ellos tampoco, ninguno de nosotros lo sabe, ¿vienes conmigo o te quedas aquí?

Él tenía razón, nadie estaba preparado para algo así, sin embargo no era eso lo que me detenía. Aunque no lo quisiera admitir, tenía miedo a lo que nos pudiera pasar, y aun así no podía dejarlo ir solo.

—Está bien, vamos.

Bajar a la nave fue fácil, entrar a ella lo fue aún más. Todos esos fragmentos que se habían desprendido la dejaron llena de huecos y boquetes por donde entrar. El calor del metal evaporaba el agua que inundaba el cráter, el bochorno era molesto pero no lo suficiente como para no poder pasar.

—Deberíamos regresar.

Diego ignoró mis palabras.

—En serio, no creo que sea buena idea estar aquí.

—Sabes, nadie te obliga a estar aquí, si quieres vete.

De pronto, el crujir del metal nos hizo darnos cuenta de que algo ocurría detrás de nosotros.

—¡Corre, esto se cae!

El hueco por donde entramos afectó la estructura del pasillo, el techo comenzaba a colapsar sobre nosotros.

—¡Corre, no te detengas!

—Rápido, a la izquierda.

Giramos a la izquierda en el primer pasillo esperando escapar del peligro, pero contrariamente a lo que pensamos continuó cayendo.

—¡Mira a ese lado!

Diego había señalado una especie de gran ventana.

—¡Salta!

Ambos saltamos atravesando el poco y frágil vidrio que permanecía aún de pie. Detrás, el polvo no dejaba ver nada.

—¿Dónde estamos?

—¿En serio me lo preguntas a mí? Parece ser… no sé, si tuviera que adivinar apostaría que aquí hacían sus bailes de graduación.

Nos encontrábamos en un gran salón, muy amplio, con enormes columnas que se extendían a lo alto.

—Este lugar es inmenso.

—Ten cuidado, no sabes qué puede esconderse en las sombras.

Apoyándonos en el barandal de las rejas donde caímos, procurábamos ver hacia abajo manteniéndonos en alerta.

—No deberíamos estar aquí.

—Tuviste tu oportunidad de irte, ahora estás conmigo en esto.

—Debí dejarte venir solo, esto es un locura.

—Estamos haciendo historia. ¿Es que acaso no lo entiendes? ¿Tu pequeño cerebrito no puede entender eso?

—Estamos perdidos dentro de algo que cayó de la nada y sin idea de cómo salir, además de que aunque salgamos nadie nos creerá, ni siquiera tenemos una cámara. ¿Cómo quieres que no nos juzguen locos?

—Dime que no te sientes emocionado.

Otro ruido nos sorprendió. Desde el andamio de enfrente unas figuras humanoides reaccionaban con sorpresa al notar nuestra presencia.

—Parece que descubrimos vida extraterrestre.

Al parecer no fuimos bien recibidos, apenas nos vieron nos apuntaron con sus armas. Un potente rayo casi logra atravesarme.

—¡Abajo!

Gracias a Diego, quien me jaló, pude evitar que el rayo me impactara; ellos, al darse cuenta de eso, comenzaron a disparar a la plataforma donde nos encontrábamos.

—¡Esta cosa se cae!

—¡No otra vez!

La estructura por donde caminábamos se desplomaba sin que pudiéramos hacer nada, era como ver todo en cámara lenta antes de que mi cabeza impactara con el duro piso, haciéndome perder la conciencia.

5

Después de un largo rato cargando el cañón de energía, los brazos comienzan a cansarse, por lo general utilizábamos unas correas que le adaptábamos para poderlo cargar. Para mi mala suerte, en la caída se rompieron las correas de mi arma; tal vez debí revisar la de Jaime y traerla conmigo para hacer el camino menos cansado.

Mi preocupación no era solo por mi cansancio, en mi mente recorrían ideas acerca de lo que Rob había previsto si alguna de estas criaturas lograba convertirse en reina. Al parecer, en las colmenas que ellos forman solo hay una reina, puesto que si algún otro intenta serlo inmediatamente es devorado por esta. Sin embargo, a falta de una reina, estas criaturas se habían dispersado buscando lugares húmedos y oscuros donde esconderse. Ya llevábamos un tiempo cazándolos, no obstante si alguno lograra convertirse en reina y llenar de huevos las alcantarillas, llevará a su fin a nuestra ciudad. Quizás pasado más tiempo los seres humanos no podamos combatir esta amenaza; todas estas ideas recorrían mi mente. De un momento a otro, esto se convertía en una carrera contra reloj.

—Rob, necesito que me guíes, ¿tienes los planos de este lugar?

—Claro que sí, al principio no estaban completos pero con los sonares que introdujimos la última vez pude hacer un plano completo del área.

Rob no solo era eficiente, de no ser por él no tendríamos oportunidad contra esas cosas. La información que poseía y su habilidades de organización y planeación nos habían permitido funcionar como equipo aun haciendo esto clandestinamente. Los recursos para nuestro equipamiento los obteníamos gracias a inversiones que el realizaba, en poco tiempo la empresa que registró a mi nombre había amasado una considerable fortuna tan solo en movimientos comerciales realizados desde una laptop.

—Rob, tengo dificultades para oírte, hay mucha estática, ¿me oyes?

—S…te …van… cam… ar…

—Rob, ¿me escuchas?, cambio.

—Ru… dden… s… kjr…ik…

Si en algún momento de la misión podía tener miedo este era el momento, me encontraba solo. Uno, estando solo, es presa fácil, esas cosas te observan, te vigilan, te acechan en la oscuridad esperando un descuido de tu parte; nunca me había encontrado solo, siempre tenía el apoyo al menos de Rob por la radio. Nunca me había sentido totalmente solo, tenía los nervios de punta.

Algo me había detectado y yo aún no sabía dónde se encontraba. Su característico ronroneo espectral se escuchaba al frente, tendría que acercarme con cautela. Sabía que me había escuchado, sin embargo no se movía, permanecía quieto en el mismo lugar. “¿Qué sucede?”, me pregunté para mis adentros, “algo aquí está mal”. De pronto, unas rocas detrás de mí cayeron al agua haciendo un fuerte chasquido que me hacía comprender la situación.

Esto era una trampa, la criatura de enfrente era el cebo, por detrás de mí se aproximaban dos xenomorfos más. Uno de ellos tuvo el descuido de tirar unas rocas que se desprendieron del techo mientras caminaba sujeto a él. Aún habiéndome dado cuenta, estaba rodeado.

Al verse sorprendidos se abalanzaron hacia donde yo me encontraba. De un salto esquivé a la criatura más cercana. Por detrás suyo venía otro a gran velocidad, lo que no le permitió frenar a tiempo para sujetarme. Aún así, su cola filosa alcanzó a herirme el brazo. No podría correr para escapar de ellos, ya que el agua no me dejaba avanzar: tenía que luchar.

Incluso con mi brazo herido alcé el cañón intentando apuntar con la pesada arma. En un tiro de suerte logré acertar mi arpón en el pecho de una de las criaturas.

—¡Muere! —Grité al tiempo que accionaba el segundo gatillo.

El cable iluminó el túnel en el que nos encontrábamos, la máquina absorbió energía suficiente para cargar el cañón, el grito del animal hizo eco en las paredes al sentir cómo su sangre se evaporaba desde adentro, resquebrajando su cuerpo, convirtiendo en polvo sus tendones.

Aún faltaban dos monstruos más, no me dio tiempo voltear el arma para usar el cañón, y el arpón no podría utilizarlo una vez más; el arma había llegado a su capacidad máxima de energía, la bestia avanzaba, sus garras le daban buena sujeción a pesar del agua. En un salto se arrojó hacia mí, en un segundo vi su rostro como el de la muerte, invitándome a acompañarle, pude sentir cómo su mirada se cruzaba con la mía aun sin tener ojos. Si este era el fin, al menos había formado un buen equipo, ellos me vengarían.

6

Despertar mientras tu compañero te arrastra por un pasillo puede ser muy desconcertante.

—Diego. ¿Qué pasó?

—Te desmayaste al caer entre los escombros, lo que fue bueno porque nos dieron por muertos.

—Está bien, te lo agradezco, a partir de aquí creo que prefiero continuar caminando por mi cuenta.

—¿Escuchaste eso?

A lo lejos se escuchaba una voz.

—¡Oigan, ayuda! —Desde el fondo del pasillo se oía—. ¡Por favor, ayúdenme, estoy atrapado!

La desconfianza ante la idea de quién podría ser el que se encontraba en tan recóndito lugar, nos hizo avanzar con cautela midiendo nuestros pasos.

—¿Quién eres?

Contesté gritándole.

—Por favor, ¿alguien podría ayudarme?, estoy aquí, al fondo.

Nos desconcertó ver que el tipo se encontraba con todo el cuerpo destrozado.Su torso sin extremidades estaba retorcido y prensado entre los fierros.

Una sustancia blanca, viscosa, se escurría por todo su cuerpo.

—¡Hey, muchachos, no me dejen aquí!

—¿Qué es esa cosa? —Se preguntó Diego, ante tan asqueroso espectáculo.

—No tengo idea, pero su rostro es igual a los tipos que nos atacaron.

—Muchachos, que luzca como ellos no significa que sea como ellos. No soy peligroso, es más, podemos ayudarnos.

—Hablas como nosotros. ¿Cómo es que nos entiendes?

—Mi base de datos tiene información de muchas lenguas, incluso lenguas muertas como la suya.

—¿Cómo piensas que podrías ayudarnos?

—Al parecer necesitan un traductor, a no ser, claro, que quieran terminar con el pecho calcinado por un rayo de calor.

— ¿Por qué nos quieren muertos tus amigos?

—Tienen miedo, y es lógico que lo tengan, el miedo es un mecanismo de supervivencia en cualquier organismo biológico que se enfrenta a un depredador…

—¿Nos tienen miedo?

—No, a ustedes no, como dije antes, le temen a su depredador.

—¿A qué te refieres?

—No somos los únicos en esta nave, antes de caer estábamos siendo atacados por una especie altamente peligrosa. El capitán creyó conveniente pasar lo suficientemente cerca de un agujero negro para deshacerse de la reina en el casco de la nave. Parece ser que el usar el híper salto para salir del agujero nos arrojó a su mundo.

—¿Qué reina? ¿Qué salto? ¿De qué hablas?

—Al parecer no hay tiempo para muchas explicaciones, lo único que necesitan saber es que necesitan de mí para sobrevivir.

—¿Cómo sabemos que no es un truco tan solo para salir de ahí?

—Y aunque quisiéramos ayudarte, no creo que podamos hacerlo tomando tu complicada situación.

—Tengo una idea.

7

Un grito agudo del animal inundó las alcantarillas, un arpón se clavaba en la cabeza del alien.

—¡Aléjate de él!

Jerry me salvaba la vida, eso era agradablemente inesperado.

—Aún hay otro, yo me encargo.

Otro arpón volaba por los aires, la puntería de Jaime era excepcional, aun siendo un tiro difícil logro acertar en el abdomen de la tercera criatura restante.

—¿A dónde quieres llevarlo? —Murmuraba Jaime al tiempo que estiraba el cable, mientras el animal intentaba huir.

—Ya acaba con él de una vez.

—Me gusta disfrutar el momento.

—Me das miedo cuando tomas esa actitud.

Jaime sonrió, al tiempo que accionó su segundo gatillo para complacer la petición de Helen.

—¿Estás bien?

—Perturbado pero aún en una pieza.

—Hubiéramos llegado antes pero el bello durmiente tardó mucho en volver en sí.

—¿Por qué vinieron? Les dije que me esperaran.

—Somos tu equipo, no te dejaríamos solo.

—Y por lo que encontramos, ha sido bueno que no lo hiciéramos.

—Les agradezco, chicos.

—Deberíamos volver, esperar que llegue el otro equipo, necesitas descansar un poco.

—No, estoy bien, bajemos juntos.

Solo a Helen le funcionaba la radio, ella era nuestro contacto con Rob.

8

No me había sentido nunca tan enfermo como en ese momento, mientras Diego conversaba con la cabeza mutilada de nuestro nuevo amigo.

—Bien, dime. ¿Cómo te llamas?

—No tengo nombre, podrías llamarme por mi modelo o número de serie.

—¿Cómo es posible que no tengas nombre?

—La raza para la que fui creado no suele ponerle nombre a las unidades sintéticas que utilizan, solo somos herramientas que cumplen una función.

—Yo a mi pistola la llamo Hortensia.

—Es muy de humanos ponerle nombres propios a las cosas.

—Pues ahora estás entre humanos, pensaré en un nombre para ti.

—Sin embargo, hay cosas más importantes ahora.

—¿Cómo, qué cosas?

—Tenemos que hablar con la gente a cargo del poder militar, necesitamos soldados y armas para lo que nos enfrentamos, si realizamos un esfuerzo coordinado podremos acabar con la amenaza antes de que se vuelva imparable.

—¿Cómo es que no echas de menos tu cuerpo cuando ahora solo eres una cabeza parlante?

—Ya te lo dije, soy solo una herramienta, y fui programado para lidiar con esas cosas, es en eso en lo que debemos concentrarnos.

—Sí, claro tienes razón, pero aún no comprendo cómo es que puedes seguir funcionando sin tu cuerpo.

—Mi cabeza funciona como caja negra, contiene sistemas de emergencia, como una batería de baja capacidad. Durará, si mucho, el equivalente a 12 o 13 años suyos, pero, como dije, concentrémonos en lo que importa.

—Doce a trece años, eso es mucho, y si…

—Parece que no comprendes la situación, pueden morir si no me escuchan.

—Está bien, explícanos la situación, cuéntanos todo si quieres nuestra ayuda.

—De donde yo vengo los humanos no existen, ellos hace muchos años que perecieron, sus invenciones son el único vestigio de ellos.

>>Yo, por ejemplo, soy la evolución de una creación humana. En la inmensidad del espacio se escuchan historias y leyendas de ellos, de cómo siendo un raza brillante fueron exterminados por sus propios creadores, quienes también crearon un depredador para ellos, una criatura que no solo consume su carne, sino su ADN, fusionándose con él. En su intento por sobrevivir, huyeron por toda la galaxia llevando la infección con ellos.

—Sí, ¿y eso qué tiene que ver con nosotros?

—Encontramos una base humana olvidada, entramos buscando algún resto de historia que poder vender, lo cual abundaba. Pero para nuestra sorpresa el planeta había sido devastado por las otras criaturas, los xenomorfos: en el lugar encontramos los cañones con los que los atacaron.

>>Al parecer, su raza los creó especialmente para luchar contra esas cosas, gracias a ellos pudimos escapar a nuestra nave. No obstante, en cada nido existe una hembra con un tamaño mayor al resto, con un exoesqueleto más grande y resistente. Es ella la que pone los huevos, ella es la Reina alien.  

>>Al intentar escapar, fuimos atacados por ella y sus esbirros, aun cuando con nuestra nave salimos de la atmósfera continuaban atacando el casco de la nave; algunos se colaban por las fisuras lo suficientemente grandes para que pudieran entrar. La reina nos atacaba ferozmente. El capitán pensó, como última alternativa, acercarnos a un agujero negro tan solo lo suficiente para usar su gravedad y deshacernos del bicho.

>>El plan funcionó, pero la nave no tenía la potencia para evitar ser atraídos por la fuerza de atracción. Poco a poco íbamos hacia el centro. Un nuevo plan se les ocurrió para salvarse, decidieron refugiarse en el búnker de la nave mientras que yo me quedé para pilotear la nave y utilizar el híper salto para salir de la poderosa fuerza. Parece ser que eso fue lo que nos trajo aquí.

—¿Ustedes vienen del futuro?

—Lo importante es que muchas de esas criaturas vinieron en la nave con nosotros.

—Vaya eso es…

—Ahora entiendes por qué la urgencia.

—Ellos serán una plaga aquí también.

—No si podemos evitarlo, necesitan un reina para poner huevos y no hay ninguna aquí. No obstante, si les damos tiempo, a falta de una reina, los xenomorfos zánganos o incluso los obreros, pueden convertirse en reina con el tiempo suficiente.

—Tenemos que apurarnos. Ya sé cómo te llamarás: Rob, ya sabes, es como Bob pero como eres un robot, entonces Rob, y …

—Me agrada, ahora volvamos a lo importante.

Un fuerte ruido nos tomó por sorpresa, siete humanoides aparecieron de la nada y nos sometieron contra el suelo en cuestión de segundos. Rob permanecía en silencio.

—Diles algo, diles que te ayudamos.

Aun así ni una palabra, solo volteaban a mirarnos el uno al otro, al tiempo que movían los labios.

—Rob, no nos traiciones, somos amigos.

Los tipos que nos sostenían, se levantaron, nos miraron. Uno de ellos extendió su mano para levantarme.

—Disculpen amigos, ellos hablan en un frecuencia más baja, por eso no podían escucharnos. —Nos explicó Rob.

—Temía que ustedes fueran una amenaza.

—¿Nos creen una amenaza?

—Si se asoman al cuarto contiguo comprenderán a lo que me refiero.

Una masacre había sucedido. Los cadáveres yacían en el suelo, soldados humanos, humanoides de la nave y varias de esas espantosas criaturas. Esto apenas había comenzado, y ese día los únicos que salimos con vida y estábamos decididos a cazar a esas cosas eran esos siete humanoides, Rob, Diego y yo.

9

Entrábamos en la cámara más baja del drenaje. Aun con la oscuridad, el miedo nos abrumó al ver el tamaño de esa cosa: era como cinco o seis veces más grande de lo habitual, es posible que por su tamaño no pudiera salir de ese lugar.

Carecía totalmente de su exoesqueleto, supongo que por ese motivo prefirió esconderse en la oscuridad antes de arriesgarse a una pelea. El cañón de Helen se había cargado al matar a la primer criatura, el mío cuando eliminé a la que me atacó por detrás; Jaime y Jerry llenaron la carga de sus cañones al salvarme la vida.

—Dice Rob que el calor de nuestro rayo puede matarlo fácilmente.

—Está bien, lo haré yo —dijo Jerry.

Al adelantarse y apuntarle con su arma, la reina reaccionó ante este gesto golpeándolo con su cola, botándolo como un muñeco contra la pared.

—¡Aléjate de él, perra!

Exclamó Helen al tiempo que mantenía disparando su arma. Jaime y yo nos unimos a la ejecución de la bestia para luego ver cómo Jerry comenzaba a atacar por detrás del animal.

Por más reina que sea, cuatro tiros directos del rayo de calor destrozaron sus entrañas haciéndola hervir por dentro, llevando sus venas al límite. Cuando vimos la hinchazón creciente en sus músculos, sabíamos lo que a continuación pasaría. Por instinto nos sumergimos al agua al tiempo que el animal explotaba, convirtiéndose en una verde lluvia de ácido que quemó en un instante todo fuera del agua.

—Rob, la hemos matado, cambio —informó Helen por radio.

—Lo hiciste bien para ser humana —contestó el robot, queriendo sonar gracioso.

—¡Misión cumplida! —Exclamó Jerry.

—Esto no es la guerra, solo una batalla. Allá afuera, escondidas, están esas cosas. Hay que eliminarlas antes de que evolucionen. No es el final, mis muchachos: aún hay más de esas cosas por cazar.

El Autor

Fabián Daniel Leuzzi

CABA, Bs.As. Argentina.

Fecha de nacimiento: 18/06/1968

Email: danielleuzzi@yahoo.com.ar

Técnico por formación, escritor por afición, apasionado lector y fanático del cine, realizó diversos cursos de literatura, guión de TV y de crítica.

Desde chico tuvo una gran inclinación hacia la escritura, pero no fue hasta el año 2003 que se decidió empezar a publicar sus trabajos. Desde ese momento sus cuentos y poesías han recorrido varios caminos y estilos hasta llegar al presente, plasmado en este libro.

Sus cuentos y poemas integraron antologías literarias de Argentina y de Sudamérica: Halloween Tales 2014, 2013, Relatos Pulp 2013, Revista miniatura Digital (2011), Cuentosymas.com (2011), Letras Argentinas de Hoy 2010 (Editorial de los cuatro vientos), Los vuelos del tintero, Dunken (2010), Manos que cuentan, Dunken (2009), Letras Argentinas de Hoy (Editorial de los cuatro vientos 2007), Juntacuentos, (Editorial Dunken 2006).

Mención especial en Concurso nacional Sindicato Luz y Fuerza (2005), Terreno Literario (XI Concurso de narrativa y Poesía Editorial De los cuatro vientos 2005), Relatos Andantes 4, Editorial Dunken (2005), Latinoamérica Escribe (Antología Literaria 2004, Editorial Raíz Alternativa), Poesías en Centropoetico.com (2004), Cuento en Letrasperdidas.com (2004).

En el 2015 publicó a través de Tahiel Ediciones Los bramidos sempiternos de una foca en el desierto, El susurro del zorro gris en 2016 y Versos Imperfectos en 2017.

Sus colaboraciones y reseñas de cine pueden encontrarse en sitios de la web, Ociozero.com, Zonapulp.com y en su blog personal.

Blog Personal:

http://unafocaeneldesierto.blogspot.com.es

Facebook:

https://www.facebook.com/unafocaeneldesierto/

https://www.facebook.com/losbramidos.deunafoca?ref=br_rs

Kane

por Fabián Daniel Leuzzi

Ilustración por xadatamblex

Escapar, escapar… Lo único que quería Kane era escapar.

Se había liberado de esa extraña criatura casi por fortuna. Todavía parecía sentir esa cosa tratando de desgarrarle las mejillas con sus dedos largos, huesudos, fríos y traslúcidos.

La maldita había estado a punto de asfixiarlo. El cristal de su casco se había derretido como gelatina ante la presión de aquellas extremidades que parecían no querer rendirse.

Ahora todo estaba mejor. Bueno, en realidad no tanto. Había corrido sin rumbo fijo a través de ese túnel tratando de encontrar alguna salida. No sabía dónde estaban Dallas y Lambert y mucho menos donde podría estar la nave que los había dejado en el planetoide.

El equipo intercomunicador no funcionaba. Estaba seguro que sus compañeros no iban a dejarlo ahí, pero tampoco podía quedarse a esperar que otras criaturas emergieran de esos ovoides… Pero, ¿Qué podía habérselo impedido? ¿Y si Dallas y Lambert necesitaban ayuda para enfrentarlos?

No quiso pensar en eso. Lo único que le preocupaba era salir y que esas cosas no lo atraparan.

Se detuvo un instante para recuperarse. El aire no era puro como el de la nave. Estaba completamente ahogado. Esperó un par de minutos y decidió que era mejor caminar que seguir corriendo como lo estaba haciendo. El traje espacial no era tan liviano como para hacerse el atleta. Recordó que tampoco lo era.

El túnel, de gigantescas dimensiones, lleno de nervaduras y rugosidades repugnantes, estaba tenuemente iluminado. Kane no podía precisar de qué manera, pero al menos le permitía ver donde pisaba.

Siguió por un trecho muy largo hasta llegar a un espacio abovedado, en cuyo centro descansaba algo parecido a un altar…

Con temor y con el corazón apretando su garganta se acercó.

Violentas imágenes talladas revelaban la matanza de cientos de seres en manos de unas terribles criaturas de pesadilla. Todo era malsano, nada era humano, la misma cordura de su mente tambaleaba ante la revelación de esas escenas que pertenecían a un nuevo universo. Comenzó a sudar como un cerdo.

De pronto el sonido de algo que se arrastraba llegó hasta sus oídos. Después de eso unos breves rugidos. No quiso saber qué era lo que lo provocaba, por lo que apuró su paso.

Se sumergió en el primer túnel que vio. Aterrado y con las sienes estallándole, cayó un par de veces. Sus manos se enredaron con babas obscenas y restos de cartílagos, pedazos de piel y huesos que no eran humanos.

Sus pulmones estaban a punto de estallar, al igual que su cabeza. Continuó como pudo, trastabillando, golpeando contra las paredes, aferrándose a su instinto de supervivencia que lo impulsaba a no rendirse.

Y de pronto, casi sin quererlo, se encontró en el exterior, pero era muy diferente al espacio rocoso y oscuro por el que había ingresado a la nave extraterrestre. Ahora había luz, un sol naranja brillaba en lo alto, la vegetación era frondosa, un bosque y enormes montañas se veían en el horizonte. Kane estaba a punto de enloquecer…

El viento, seco, aullaba junto a sus oídos, y el cielo en tonalidades rojizas parecía querer derrumbarse sobre él…

Deambuló un buen rato entre la maleza inhóspita, sin rumbo fijo. Su mente ya no podía asimilar lo que estaba sucediendo. Nada parecía tener sentido.

El aire era liviano, el mundo parecía ser otro, nada se movía dentro de ese inmenso bosque por el que estaba caminando, se preguntó si no estaría soñando, si todavía no estaría durmiendo dentro de los cubículos del Nostromo, pero sin previo aviso, una construcción de piedra negra semejante a un templo de raras proporciones y formas apareció delante de sus ojos, dando la impresión de no corresponder a la naturaleza de ese sitio.

Sin saber por qué, decidió adentrarse en la construcción. Tal vez el deseo inconsciente de encontrar agua o un lugar para descansar lo motivó a hacerlo.

Apenas recordaba ya a sus compañeros del carguero espacial. Todos sus sentidos se hallaban atrapados por esta situación que lo estaba obnubilando.

Caminó a través de un único sendero, el que lo llevó hasta una puerta de madera de notables dimensiones; la cual se hallaba entreabierta.

Gruesos arañones se evidenciaban en la misma. Un súbito temblor acosó a Kane al imaginar las garras que los podrían haber provocado.

En otro momento posiblemente se hubiera dado la vuelta y alejado lo más rápidamente de allí, nunca había sido un tipo valiente, pero algo le hacía seguir, le era imposible detenerse, por lo que, sacando fuerzas de algún rincón desconocido de su ser, entró…

Y en ese instante sintió que todas las  fibras de su cuerpo lo traicionaban, la más impensada de sus pesadillas se había hecho realidad; cientos de huevos alienígenas yacían sobre el suelo pedregoso, ordenados en pulcras hileras, hasta donde su vista podía alcanzar. Pero eso no era todo, no, ya que sobre un bloque de piedra, una enorme criatura semejante a una langosta, con un cráneo alargado y temibles fauces, se hallaba concibiendo los huevos a través de una trompa que surgía desde sus mismas entrañas.

Kane cayó al suelo con el horror destrozándole su conciencia, el abismo infinito del universo se había abierto y dejado pasar a lo más oscuro y abominable que la mente humana alguna vez hubiera podido imaginar.

Nada podía hacer la humanidad frente a ese horror. En lo hondo de su ser lo sabía, no era necesario comprobarlo de manera científica, sus ojos habían visto lo más profano de la creación.

Unas náuseas infinitas lo abordaron. Su estómago se rebeló y vomitó hacia un costado. No podía reaccionar, estaba colapsado, solo y muy lejos de la Tierra.

Sabía que esos eran sus últimos minutos, no tenía ninguna duda de eso, mucho más cuando un ser similar a la langosta, pero mucho más grande, se acercó a él, con la boca derrochando baba. Un rugido como de tormenta brotó de esas fauces y sin que nadie se lo dijera, supo que era el macho de esa horrenda especie.

Sin darle tiempo siquiera a que pudiera llorar, una lengua dentada escapó del interior de esa maraña de dientes y lo golpeó. Después de eso sólo hubo oscuridad…

El Autor

Josep Manel Rosell Subirats

Nace en Tortosa (Tarragona) un 6 de Marzo de 1976, sus gustos rondan todo lo referente al cine y la literatura Fantástica y de Terror, con preferencia Lovecraft (y sus allegados), Poe y Stephen King.

En cine sus gustos rondan desde Carpenter, pasando por Cronenberg, George A. Romero, Tobe Hooper (de preferencia, no ya “La matanza de Texas” sino la sensacional “La casa de los horrores”), Wes Craven y llegando a los zombis italianos de Lucio Fulci, que uno también tiene sus placeres culpables, además de Scarlett Johansson ejerciendo de “Viuda negra” marveliana. Como todo hijo de vecino, vaya.

Sea como fuere ya le gustaría escribir historias románticas y puede que quizá un día de éstos llegue a escribir una de ese género… Mientras ese (lejano) día llega, les dejo con esta aportación y homenaje a la indiscutible joya de Ridley Scott, ese “Alien, el octavo pasajero” (1979) que me dejó pasmado (y con un miedo de tres pares) cuando pude verla en un lejano pase televisivo.

La bestia estelar

por Josep Manel Rosell Subirats

Era una de esas naves de carga, enormes, que servían para abastecer a las miles de colonias con las cuales las autoridades de la Tierra infestaron el profundo y oscuro espacio exterior, cuando empezó a quedar claro que en el antes llamado planeta azul quedaba poco espacio y, lo más importante, ninguna esperanza para la Humanidad. Con un poco de suerte, si lograbas un puesto en la Federación Comercial, podías tener acceso a un puesto fijo, rotativo, en alguna de estas naves. El trabajo no es que fuera como para romperse la cabeza, el sueldo era más bien escaso, pero si hacías las cosas bien y lograbas una hoja de servicios limpia, te permitían adquirir con un tanto por ciento de descuento un pedazo de tierra medianamente fértil en alguna de las colonias.

Lo más jodido era el hecho de permanecer años, puede que incluso lustros, en hibernación. La primera vez, al poco de alistarme en la Federación, me dijeron que la cosa no tenía mayores problemas y que apenas dejaba secuelas, aparte de una migraña que podía durarte un día o dos como máximo. Pero cuando conocimos a un veterano, éste nos explicó que la realidad era bien distinta. Si lograbas que el dolor de cabeza te durara al menos una semana ya podías considerarte afortunado.

Aquel hombre, de apenas sesenta años de edad, pero que aparentaba tener veinte más, era un ejemplo viviente del típico profesional que la Federación presentaba como “modélico”. Su nombre era Randolph Quest, entró en la Federación Comercial a los veintipocos años, básicamente porque no había logrado entrar en la Academia Estelar y andaba con ganas de vivir aventuras en el Espacio y, de paso, hacerse un lugar y un futuro en alguna de nuestras colonias. Como todo novato, empezó ilusionado, pero pronto le quedó claro que aquello no iba a ser una aventura. Le destinaron a una nave de transporte de colonos bajo las órdenes de un cretino, enchufado por algún alto cargo de la Federación para dirigir naves de alta categoría pero que no había pasado ni por asomo los exámenes de capitanía, rigurosos para según quién. El resultado fue que la mitad de los colonos en hibernación murieron por su incompetencia, al no saber programar con exactitud los controles del sistema de mantenimiento vital.

Pero lo peor de aquella historia no fué ya las muertes de personas inocentes, que buscaban un futuro mejor en algún rincón perdido de las galaxias, lo peor de todo es que aquel cretino falsificó los datos de computarización, con el claro objetivo de quitarse la responsabilidad de encima. En consecuencia todos los oficiales fueron expedientados, incluyendo Quest, que terminó degradado y en una nave de carga de segunda clase. Allí estuvo pudriéndose durante los siguientes treinta años de su vida, ocultando la frustración y la rabia con alcohol mal destilado.

En una de las conversaciones que mantuvimos, Quest me explicó que estuvo a un paso de ser trasladado a una nave de mayor categoría, la “Nostromo”.  La cosa en principio le hizo ilusión, más que nada por el hecho de que comparada con la mierda en la que estaba, la “Nostromo” destacaba por contar con un capitán, Dallas, con fama de ser muy profesional y ducho en el arte de dirigir una nave. Pocos días antes de embarcar, recibió una circular directa del alto mando de la Federación, que le informaba de que su traslado había quedado suspendido. En su lugar enviaron a la Teniente Ripley, a quien conocía pues habían estado juntos en un par de cursos formativos en la Estación Alpha. Se alegró mucho por ella, pero estaba claro que para él aquello fue una jugarreta del alto mando, que aún seguía en sus trece de mantenerlo al margen de las naves de nivel A. Fue entonces cuando empezó a beber más de la cuenta y de resultas de aquello acabó por convertirse en una sombra de lo que había sido, envejeciendo en el proceso y perdiendo las ilusiones.

Y entonces empezaron las pesadillas.

En ellas se encontraba solo a lo largo y ancho de uno de los amplios pasillos de una nave, muy probablemente la “Nostromo”, pues recordaba haber visto alguna fotografía cuando le asignaron ese destino.  Caminaba como en cámara lenta, sabiendo que algo o alguien estaba al acecho, como si fuera una presa más que un tripulante de una nave de carga. Llegaba ante la puerta de acceso al puente de mando y al abrirse automáticamente aparecía ante él una aberración, una criatura de unos dos metros de altura, de cabeza alargada y que se erguía orgullosa y malvada ante él.

Y él gritaba. Pero sin sonido. Como si estuviera en el espacio exterior y no en el interior de la “Nostromo”.

La pesadilla se hizo recurrente, podía variar en algún que otro detalle pero el hecho es que aquella criatura, aquella bestia estelar, terminó por fascinarle. Llegó incluso a dibujarla en algunos cuadernos, de memoria. Unos dibujos que, debo decir, pues los he visto, son sumamente aterradores.

Aquel ser que, según Quest, sangraba ácido en lugar de líquido rojo, o verde, lo que le convertía en una absoluta arma letal para el ser humano. Por un lado era lo peor que uno podía llegar siquiera a imaginar, pero por el otro era una criatura tan perfecta en su malignidad que contar con ella como elemento defensivo militar significaba tener la victoria segura, aún cuando uno no podía estar muy seguro de que aquel ser pudiera acabar con cualquier contendiente, pues no entendía de aliados, su misión era destruir, matar.

Un día, mientras perdía el tiempo en la sala de recreo de una de las estaciones Alpha, esperando a su próximo destino (que sabía ya de antemano que iba a ser en otra nave de carga de baja estofa de ruta regular y sin escalas importantes), se entretuvo dibujando una de esas criaturas cuando a su vera se situó un tipo de aspecto funcionarial, anodino, que se presentó como Ash. El tipo dijo que era ingeniero pero que tras algunos años en diversos departamentos técnicos, había decidido probar suerte en los viajes interestelares. Su voz, monocorde, sin expresar demasiado entusiasmo por las aventuras vividas, hizo que Quest sintiera cierto rechazo inicial hacia aquel sujeto de uniforme impoluto y ademanes elegantes, que no parecían los de un tripulante de naves de carga, aunque él aseguraba haber formado parte de más de media docena de dichas naves, exceptuando la “Nostromo”, en la que también anduvo cerca de enrolarse, aún cuando tampoco pasó el corte pués, según él, “ya habían cubierto el cupo de ingenieros con ganas de aventuras”.

Después de charlar de algunos temas intrascendentes, Ash pronto mostró interés en los dibujos. Quest le explicó sus pesadillas, convertidas en algo habitual, por desgracia, y le expresó que aquellos dibujos eran un intento de eliminar aquella brutal y maligna criatura de su cabeza. El ingeniero le mostró su satisfacción por el hecho de servirse del arte para matar sus demonios, pero luego le dijo…

“Pero esa bestia estelar que has dibujado, amigo mío, es algo más que una pesadilla aterradora… A veces la realidad puede hacer que el Hombre cree cosas mucho peores de lo que pueda llegar a soñar.”

Dicho esto la megafonía indicó que se buscaba a un tal Ingeniero Ash en la puerta de embarque numero 23. Ash le tendió la mano amistosamente y con suma cortesía le deseó suerte en su actividad. Quest le devolvió el saludo y los deseos de éxito y de un próximo reencuentro.

Tiempo después recibió la noticia de que la nave “Nostromo” había desaparecido en el transcurso de su viaje, un rutinario viaje de transporte. Los medios de comunicación y la Federación aseguraron que la causa fue un fallo causado por una lluvia de meteoritos, que causaron daños irreparables, los cuales derivaron, al parecer, en una deflagración que convirtió la “Nostromo” en polvo de estrellas.

No hubo supervivientes…

Y entonces, cuando asistió a un acto de homenaje a las víctimas vio las fotografías de los tripulantes.

Y la foto de Ash.

Dallas, Ripley, Lambert, Brett, Kane, Parker… Y el tipo con aspecto de ingeniero conocido como Ash.

Lo primero que hizo cuando llegó a su camarote fue tirar todos los dibujos a la basura. Por espacio de unas semanas dejó de lado la bebida y por un momento parecía que las pesadillas habían terminado.

Por desgracia fue solamente una pausa antes de la tempestad.

Las pesadillas regresaron, pero ahora el desarrollo de las mismas había diferido. Ahora él se hallaba estirado en la cama de su camarote, parecía relajado, en paz consigo mismo. De repente abría los ojos, gritaba (aunque como en las pesadillas anteriores, sin sonido alguno) y su estómago estallaba en un chorro de sangre que empapaba todo su cuerpo y prácticamente toda la habitación. Presa de un dolor inimaginable, veía cómo una especie de versión infantiloide de la criatura sacaba su hocico desde sus entrañas, boqueando el aire necesario para luego saltar rápidamente y huir por uno de los ventanales del camarote, rompiendo el cristal en mil pedazos.

Entonces se despertaba con un tremendo dolor de estómago, que pasaba al cabo de pocos minutos, un dolor punzante, como si algo pretendiese salir de entre sus intestinos hacia la luz exterior.

Tras acudir al médico y explicar su situación, así como la frecuencia de sus pesadillas, digamos que lo poco que quedaba de la carrera de Randolph Quest quedó del todo enterrada. Sus antecedentes con el alcoholismo y su propensión a fantasear “más de la cuenta”, según los informes médicos, precipitaron que fuera relegado a funciones administrativas. Cuando la cosa se calmó, le permitieron dar charlas a futuribles miembros de las tripulaciones de las naves de la Federación, como el que escribe estas líneas. Debo reconocer que aunque sus historias, el relato de sus vívidos y aterradores sueños eran para mí eso, relatos fantásticos, reconozco que aquel pobre hombre me daba pena, pues era el vivo ejemplo de lo que los nuevos miembros de la flota de la Federación no queríamos ser: fracasados que ahogábamos nuestra frustración con la bebida.

Pocos días después de nuestro último encuentro, recibí la noticia de su muerte, acaecida en la miserable habitación de un Hospital para enfermos sin recursos. Pese a ser miembro activo de la flota, no contaba con suficiente dinero como para permitirse un Hospital de Primer Nivel, teniendo que conformarse con un camastro y la asistencia, mínima, de dos auxiliares. Allí, presa de delirios, gritaba que algo se movía en sus entrañas, provocándole terribles dolores, que ninguno de los muchos calmantes que el suministraron pudo reducir.

Quise asistir a su funeral, pero me informaron que al no tener familiares cercanos, el cuerpo había pasado a manos del servicio científico, con el fin de usar sus órganos para trasplantes e investigaciones de diversos tipos.

Respecto a mí debo decir que he tenido bastante suerte; fui destinado a una nave de transporte de civiles, futuros colonos, bajo la atenta dirección de un capitán que contaba con excelentes calificaciones en la Academia. El Capitán O’Bannon era un tipo que era serio cuando debía serlo, pero también afable y con una gran capacidad de crear buen ambiente en la tripulación, que contaba con los servicios de un tipo algo taciturno, un ingeniero que, cosas de la vida, casualidades, quién sabe, se llamaba Ash.

Poco más tarde tuve mi primera pesadilla…

El Autor

Vidal Fernández Solano

Vidal Fernández Solano (Madrid, 1969), licenciado en Económicas. Aunque hizo algún intento como escritor en su edad adolescente, no fue hasta finales de 2011 cuando decidió compartir su obra con el público.

Desde entonces hasta la actualidad ha visto publicados en papel más de una veintena de relatos, en antologías como Calabazas en el trastero o Hislibris y algo más de una docena en revistas digitales —miNatura, Vuelo de Cuervos— y blogs, además de otras colaboraciones.

En septiembre de 2013 se vistió «de largo» al publicarse su primera novela, Molobo. En diciembre de 2015 le siguió Ecos de gente muerta, tras obtener un segundo puesto en el concurso de novela corta de terror Dagón, y a finales de 2016 intervino en gran medida dentro de librojuego Portal oscuro. En 2017 Jack vuelve resultó elegida como ganadora en el certamen Dagón III y fue publicada en abril de ese año. Entre las cenizas, ganadora del I Certamen de Novela de Ciencia Ficción, será publicada en marzo de 2018 y representa su nueva apuesta y un paso más en su aventura como autor de novelas de misterio y terror.

LA TERCERA BIFURCACIÓN

por Vidal Fernández Solano

Ilustración por xadatambelx

Ripley miró con asco el pegote de baba mientras intentaba despegar la bota del suelo.

—Aquí perdimos el contacto con Dallas.

Los tres miraron alrededor. Dos galerías en perpendicular y una más hacia arriba. Los túneles de refrigeración constituían el medio perfecto para que el asqueroso bichejo que mató a Kane anduviera por donde le diera la gana, recorriendo todos y cada uno de los entresijos de la Nostromo.

La linterna de Parker se detuvo en un lugar en el suelo.

—Ahí —señaló el hombretón. Unos pasos más allá, el objeto metálico y oscuro lanzó un destello cuando el rayo de luz incidió sobre su superficie negra y pulida de grafeno—. Su detector de movimiento.

Los tres se acercaron y examinaron el dispositivo adosado al lanzallamas. También se hallaban impregnados de la sustancia pegajosa y traslúcida de olor acre. Ash lo levantó y lo examinó.

—Nos lo llevaremos para analizar. Conocer al enemigo es importante. Ha de tener puntos débiles por lógica. Ese bicho crece por momentos, mirad lo que le pasó a Brett.

—¿Qué le pasó? —Espetó Parker con énfasis en la palabra «qué»—. Lo único que encontramos fueron unas gotas de sangre.

—Pero no a él. Eso indica lo que le pasó —replicó el oficial científico.

—Dejad la filosofía para otro momento —Ripley desprendió el intercomunicador de su arnés y accionó el botón—. Lambert, ¿me oyes? Regresamos. Ve abriendo las esclusas y cerrando tras nuestro paso. Lo hemos encontrado.

Un chisporroteo de estática y la voz de la mujer del otro lado.

—¿A Dallas?

—No, su equipamiento. Y algo más, ya lo verás.

Al avanzar hacia la primera abertura, Ash resbaló y quedó sentado en el suelo con un sonoro clonc. Sus acompañantes se giraron, extrañados.

—Eso ha sonado muy raro. ¿Qué llevas en el culo, Ash?

El interpelado pestañeó de una manera peculiar. Ripley pensó que siempre le ocurría cuando se ponía nervioso, igual que un niño sorprendido en medio de una travesura. Cerraba un ojo y luego el otro, de forma alternativa. Esa especie de tic-tac conseguía ponerla de los nervios.

—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? Te digo que si tienes el culo de hojalata o qué.

Ash dudó antes de responder.

—Es que… bueno… lo que pasa es que tengo una hernia inguinal y llevo un braguero ortopédico. Por eso ha sonado raro.

Ripley abrió la boca, y a punto estuvo de replicar, pero se dio cuenta de que el oficial científico no había pasado una selección ni un examen médico, como había ocurrido con el resto de la tripulación de la Nostromo. Seguro que conocía a alguien cercano a la directiva de la empresa o había tirado de algún favor pendiente. Chasqueó los labios antes de proseguir, lamentándose de tener que tratar con tanto incompetente.

***

El dedo de Ash señalaba un punto exacto sobre los planos de la nave. Un punto cercano al termorreactor que generaba toda la energía de la misma.

—Seguro que es en esta zona donde tiene su guarida.

—¿Su guarida? —Parker lanzó una risotada—. Lo dices como si fuese un conejo. ¿Y eso lo has averiguado solo con un poco de baba? Alucino.

Ash puso los ojos en blanco. La obligación de discutir con aquel imbécil superaba sus funciones. Presentaría un informe de quejas bien enérgico cuando regresasen a casa. «Con él», repitió su orden prioritaria en algún punto de su cerebro biónico. Y no se refería a Parker.

—He analizado las muestras, Parker —afirmó con un deje condescendiente en la voz—. La constitución de ese ser es muy diferente a la nuestra. Su química no se basa en el carbono, sino en siliconas polarizadas que ofrecen una mayor resistencia al entorno. Nuestra biología es débil, la suya es casi perfecta. Pocas cosas pueden dañarle. Pero prefiere las temperaturas cálidas, cuando el ambiente se enfría mucho entra en suspensión, o deja sus embriones en estado latente, como pudimos comprobar en aquel planeta donde lo encontramos. Así que lo lógico es que se instale en la parte más calurosa de la nave.

—¿Y qué se supone que hemos de hacer? —Lambert, nerviosa, se mordía las uñas—. ¿Ir allí y cazarlo? ¿Cómo crees tú  —remarcó la palabra y apuntó a Ash con un dedo acusador— que lo atacaremos? Ya visteis lo que ocurrió con su «sangre». Es corrosiva y mortal como pocas cosas que conocemos.

—Claro que iremos allí —sentenció Ripley—. Por dos motivos: primero, puede que Dallas no esté muerto, no hemos hallado evidencia alguna de ello. Lo estará o no, quizás nunca lo encontremos, como a Brett —todos callaron ante la mención del mecánico—, pero también es posible que aún viva. En segundo lugar, no podemos permanecer aquí y esperar a que ese hijo de puta venga a buscarnos uno por uno. Mi opinión es que seamos nosotros quienes actuemos primero.

Hubo un larguísimo segundo de silencio que fue roto por Lambert.

—No sabemos cómo oponerle. Es lo mismo que meterse en la boca del lobo. Creo que deberíamos aislarle hasta que regresemos.

Ripley bufó de pura rabia.

—¿Es que estás mal de la cabeza? ¡No vamos a regresar con esa «infección» a bordo! ¡Destruirían la nave antes de permitirnos aterrizar! ¡Hemos de deshacernos de esa cosa ahora mismo!

***

De nuevo dejaron atrás a Lambert. Desquiciada como estaba, de poca ayuda les iba a servir. Eso es lo que Parker había dicho. «Por más que me joda dejar atrás a la otra mujer de la tripulación, he de darte la razón», había replicado Ripley. Así que se había quedado —encerrada— en la sala de control, cerca de Madre y con el receptor de los sensores de movimiento que llevaban Ash y Parker. Este último lo había desconectado y había empuñado el lanzallamas.

—Ash ya lleva uno y con ese tenemos de sobra —había dicho mientras metía la cabeza y un brazo por el tirante del arma y se lo ajustaba en bandolera—. Me siento más protegido con este —aseveró mientras daba unas palmaditas sobre el cañón acerado.

Ripley se había decidido por el «domador de fieras». Así lo llamaban. El artefacto, similar a una porra como las que usaba la antigua policía cuando la humanidad estaba restringida en la Tierra —tanto tiempo atrás—, solo que un poco más delgado y alargado, era asombroso por su sencillez y por su potencia de ataque. Alguien, en alguna base o estación espacial, había tenido la genial idea de fabricar un acumulador de estática, muy abundante cerca de campos magnéticos y por ende dentro de las naves militares y cargueros como la Nostromo, y acumularla dentro de un sistema de relés. El dispositivo llevaba solo un botón que iniciaba el proceso de carga. En menos de dos segundos se generaba una descarga de hasta varios miles de voltios al tiempo que dejaba limpias varias docenas de metros cúbicos de aire.

—Este sí que es un seguro de vida, moreno —sonrió.

—Ten cuidado, gran jefa rostro-pálido-y-tetas-puntiagudas —dijo Parker—. Mientras no nos frías a todos, las cosas irán bien.

Lambert habló a través del intercomunicador que llevaban sujeto a la muñeca.

—Voy a abrir la siguiente esclusa. No detecto movimiento al otro lado. Seguimos con la estrategia de cerrar las esclusas cuando hayáis pasado. Así llevaréis las espaldas cubiertas.

—No te vayas muy lejos para abrirlas de nuevo —dijo Ash—. Por si tenemos que salir corriendo.

—Entendido —dijo ella—. Después de la siguiente, seguid adelante hasta la tercera bifurcación. Allí se encuentra la escalera al nivel inferior. Dos más y llegaréis a destino. Abrid bien los ojos. Recordad lo que pasó con Dallas.

—No nos olvidamos, descuida —contestó Ripley—. Tú no te despistes, como te ha dicho Ash.

Aún hubieron de descender unos niveles más hasta sentir el aumento de temperatura y el «latido» del generador. Más que un sonido, la rotación del núcleo de fusión fría producía una vibración dentro de ellos.

—¿Y ahora? Debimos haber bajado por el montacargas —Parker se veía más nervioso a medida que descendían.

—Eso ya lo discutimos —dijo Ripley de manera enérgica—. No habríamos podido ir «barriendo» el camino si bajamos en él. Además, nos exponemos a que ese ser nos prepare una sorpresa al salir. Es muy inteligente, ya leíste el informe de Ash.

—Ya sabemos de dónde ha sacado éste —le apuntó con el dedo pulgar— la información. De un escupitajo desconocido de una especie desconocida con ADN desconocido. Eso si tiene ADN, que no lo sabemos.

Ash saltó como un resorte.

—El día que un mecánico tenga que decir a un oficial científico cómo realizar análisis y extraer conclusiones la humanidad se irá a la mierda. Más aún, quiero decir. Y si no, no hay más que mirarte, Parker.

—¡Será mamón! Mira que te suelto una hostia, pedazo de…

—¡Callaos, joder! —Si las miradas matasen, un mecánico de segunda y un oficial científico habrían traspasado el umbral de la eternidad—. Si para vosotros esto es un avance sigiloso, yo soy la reencarnación de Greta Garbo.

Ninguno de los dos hombres lo preguntó, así que la incógnita quedó flotando en el aire. Un sonido metálico cerró la discusión. Durante unos segundos nadie se atrevió a respirar. Ripley fue quien susurró las siguientes palabras.

—Ha sonado en esa dirección —señaló un corredor a la izquierda—. Y por ahí tenemos… —dirigió la mirada a Parker. Como mecánico, él estaba más familiarizado con esa parte de la Nostromo.

Parker se quedó mirando unos segundos hasta que captó la pregunta.

—Los cuartos de repuestos. Eso es lo que hay por ahí.

Pegados a la pared y dispuestos a abrir fuego ante la mínima señal de movimiento, avanzaron medio centenar de pasos. Un poco más allá, algo cayó al suelo tras una puerta.

Ripley hizo unas señas para indicar a los hombres que se apostaran uno a cada lado de la puerta. Ella se situó delante y se dispuso a abrirla de una patada. Levantó tres dedos y los fue bajando con lentitud: dos, uno…

La puerta se abrió de par en par y los tres se plantaron en la habitación. Las paredes de la amplia estancia se hallaban repletas de estanterías y estas a su vez de piezas de todos los tamaños y formas. En el centro, una amplia mesa metálica y sobre ella Dallas, desnudo por completo. Pero no estaba muerto. Se encontraba tumbado boca arriba, con los ojos en blanco y las piernas levantadas y abiertas. «Como en un paritorio», pensó Ripley. Pero lo que ella contemplaba no era un parto, desde luego. Inclinado sobre el jadeante Dallas, entre sus piernas, el xenomorfo empujaba una y otra vez, emitiendo un curioso e irritante chirrido. Su cabeza alargada se inclinó sobre el capitán y, en un movimiento brusco y elástico de su cuerpo huesudo, proyectó su mandíbula, llena de pequeños y afilados dientes, fuera de la boca y atrapó el miembro erecto del primer oficial de la nave. «No lo tiene atrapado», pensó ella, «lo está succionando».

La mezcla alimenticia del almuerzo reclamó su derecho a la liberación en el estómago de Ripley, pero la teniente aguantó un minuto mientras tomaba su decisión. Si accionaba el botón de disparo del «domador de fieras» no podría evitar que la descarga afectase a Dallas también. Miró el arma un instante. Nivel de carga: medio. Miró las gotas de silicona polarizada que resbalaban por la cabeza de la criatura y caían sobre el abdomen de Dallas.

«Que le jodan. Más, si cabe», pensó mientras disparaba una descarga de 500 voltios.

***

Dallas permanecía inconsciente mientras el escáner de tejidos traducía su anatomía interna a una secuencia de cortes transversales.

—¿Todo bien? —Ripley se veía demacrada y nerviosa en el centro médico. Ash, en calidad de oficial científico y Lambert, la médico, se habían encargado del maltrecho capitán de la tripulación.

—Tranquila, teniente, está limpio. Mira —y a continuación proyectó sobre una pantalla la serie de ecografías tomadas—. No hay nada en su interior. El jefe está bien en términos generales. Un poco chamuscado, pero bien. Le dolerá cuando despierte.

—Eso por no mencionar la media docena de puntos que le hemos dado en el ojete —añadió Lambert—. Va a tener que sentarse sobre una placa de hielo sintético durante una buena temporada. Eso, o llevarle en crio-hibernación todo el camino. Cuando volvamos a casa la regeneración habrá avanzado un poco.

—Aún no podemos hibernar. Tenemos que ocuparnos de «eso» —y señaló con el pulgar a sus espaldas.

No había nada detrás de ellos, pero sí al final de varios corredores. En una de las celdas para prisioneros, reforzada con plexiglás de doce capas. Habían añadido unos expulsores de nitrógeno líquido para mantener al octavo miembro de la tripulación lejos de la puerta y del ventanal.

—Voto por congelarlo y hacerlo añicos. Y luego lanzarlos al exterior. Por si acaso.

—¿Estás loca? —gritó Ash— No podemos deshacernos de un espécimen así. ¡Piensa en las posibilidades científicas y militares!

—¡Que se jodan la ciencia y el ejército! —Estalló la teniente—. Ese hijo de puta nos va a reducir a pulpa en cuanto nos descuidemos. Poco nos importará el progreso científico entonces.

—Como oficial científico al cargo de…

—¡A la mierda el cargo! ¡Quedas relevado de tu cargo, joder! Después de Dallas, la siguiente en el mando soy yo.

—Tú no puedes decidir sobre un tema como este. La compañía me dio atribuciones a mí —replicó Ash con frialdad.

Lambert carraspeó.

—Sea como sea, hay que relevar a Parker en la vigilancia del bicho. Ya ha cumplido su turno.

***

No les llevó mucho acercarse hasta la celda.

—Ya llegáis tarde —aseveró Parker—. No quiero estar cerca de ese engendro ni un minuto de más. Necesito dormir unas horas —y le tendió el domador a Lambert, que no lo cogió con expresión de agrado, antes de salir de la habitación en menos de lo que el resto tardaron en pestañear.

—Recuerda que ante el más mínimo cambio no debes dudar en… —la frase de Ripley quedó sin acabar. El zumbido les hizo mirar en dirección a la celda. Ash se había metido dentro armado con el lanzallamas.

—¡Este tío está mal de la azotea! ¡Dame eso! —Ripley se apropió del «domador» y le dio a Lambert otro lanzallamas—. ¡Hay que sacarle de ahí!

Ash se acercaba a la criatura mientras lanzaba pequeñas ráfagas de fuego para arrinconarla. Ripley asestó un puñetazo al pulsador y abrió la puerta de acceso.

—¡Sal de ahí, gilipollas! ¡Nosotras te cubrimos!

—¡No! —Gritó él mientras avanzaba—. Este ser es inteligente. Reconocerá el peligro y cederá.

—¡Retírate, Ash! ¡No te interpongas!

—Ahora os convenceré de que…

No terminó la frase. De un coletazo, su cabeza salió despedida. En lugar de venas y sangre, en el agujero que quedó sobre los hombros quedó un amasijo de conexiones y líquido lubricante.

Lambert se quedó paralizada.

—¿A-Ash? Es un… Ash es un…

—Un puto androide, sí. Aparta, Lambert, voy a terminar el trabajo.

Demasiado tarde. El ser era, además de inteligente, rápido. Lanzó de nuevo su cola y atrapó a Lambert, que dejó caer el lanzallamas, aterrorizada. Usándola como escudo, ganó un poco de terreno.

—¡Lambert, quita de ahí! ¡Aparta!

Pero Lambert no reaccionaba. Solo se dejaba arrastrar lenta pero inexorablemente hacia la criatura. Ripley apenas dedicó un segundo a sopesar sus opciones. Seleccionó el nivel de carga hasta que marcó «muy alto», apuntó y disparó.

La descarga llenó el aire de ozono y de estática, y durante un instante, desorientada por la electricidad, pensó que todo había sido en vano. El olor a chamusquina de la anteriormente conocida como Lambert la sacó de su atontamiento. Cerca del rincón, como una langosta recién salida del cocedero, había un amasijo casi carbonizado de aspecto huesudo. No se movía, pero Ripley siguió alerta. Lista para salir y accionar el nitrógeno líquido, lo cual reduciría ambos cuerpos a fragmentos, pero se detuvo. Escuchaba un sonido. Uno muy extraño, un pequeño tap-tap-tap que iba in crescendo. El ruido provenía de la criatura, que sin embargo permanecía inmóvil.

Al tap-tap le sucedió un crujido. Ripley, asombrada, contempló cómo el pecho del alien reventaba hacia fuera dejando en su lugar un agujero pequeño en cuyo borde aparecieron unas manitas rosadas y un remolino de pelo negro. Enseguida emergió una carita rubicunda y sonriente. La sala se llenó con un gorgorito cuando las encías, desdentadas, se proyectaron hacia adelante fuera de la boca.

El Autor

Israel Montalvo

Israel Montalvo ha participado en diversas exposiciones pictóricas colectivas e individuales en varias ciudades de México, como escritor ha publicado en diversas revistas literarias de México, fue miembro del consejo editorial de la revista literaria Herética (2012-2015).

En el 2016 publicó su primera novela gráfica “Momentos en el tiempo” por la que obtuvo dos becas, una para la realización del libro (Fecan edición 2008-2009) y otra para su publicación (Pecda edición 2014).

La última cena

por Israel Montalvo

Esa imagen se perdía en un profundo carmesí, en un tono que simulaba a un hígado crudo; daba vueltas por su cabeza, en momentos permanecía estática simulando una fotografía, y luego, cobraba vida, se contraía como una palpitación, iba y venía. Yeyé no podía distinguir con claridad si todo era una gran mancha roja o era algo más. Alguien. Yeyé intentaba aferrarse desesperadamente a este mundo, seguir en la cordura que, al igual que la imagen carmesí, iba y venía en oleadas. No era mucho lo que había comido, apenas una rebanada de pastel, y todavía podía saborear el chocolate por su paladar; Myrna en cambio, estaba completamente ida, su vista estaba fija en una de las paredes del comedor, no estaba segura de cuál era, sólo que era del comedor.

La mirada de Myrna se fue gradualmente desviando al pavo que se encontraba ocupando el sitio de honor en la mesa, junto a una ensalada de papas, una botella de sidra, y el pastel que Yeyé había horneado para su primera noche juntos. Ella no había comido mucho, no como Yeyé lo había hecho. Él ya tenía experiencia y sólo se quedaba quieto mientras se perdía de esa vida, en cambio Myrna estaba pagando por su inexperiencia, estaba en un mal viaje, sudaba frío y empezaba a temblar, no podía controlar su cuerpo, que se agitaba bruscamente. Yeyé apenas y se daba cuenta de las cosas, el hígado crudo lo devoraba en momentos.

—Deberíamos hacer algo especial para nuestra primera Navidad.  —Propuso Myrna la tarde anterior mientras veían esa vieja película donde Sigourney Weaver machacaba a la creación de Giger—. ¿Qué tal uno de tus pasteles “mágicos”?

—Con un cincuenta de la moradita la hacemos —sentenció Yeyé, mientras se perdía en la trama de un horror espacial, mientras la palabra “deberíamos” rondaba por su cabeza. Sabía que toda lo haría él, ser bueno en la cocina era casi una maldición, aunque así fue como atrapó a Myrna, gracias a una buena cena.  

Myrna ya no estaba segura de que aquello que estaba en la charola que le regaló su madre, fuera en verdad un pavo. “¿Un pavo para dos personas?”, se repetía en su cabeza intentando comprender algo que se le escapaba. Juanito se le apareció entre pensamientos, la imagen de ese regordete y siempre alegre mocoso que de vez en cuando le alteraba los nervios cuando andaba corriendo por las calles del vecindario sin importarle que un carro pudiese pasarle por encima. Esa cosa sobre la bandeja de plata y adornada con frutos secos y que desprendía un olor envinado, esa cosa era del tamaño de Juanito. Lo único que hacía falta era la enorme cabeza del mocoso, “Ahí va el pequeño Olmeca”, esa era la broma que siempre decía Yeyé cuando el niño andaba corriendo por la acera que estaba frente a su casa.

—¿Lo viste?  —Gritó Yeyé, aterrado—. Se movió.

Myrna le dio un vistazo por inercia, Yeyé había saltado de la silla en la que se encontraba y se pegaba a la pared como si quisiera evitar el contacto con algo.

—¿Encontraron a Juanito? —Preguntó, pero Yeyé ni tan siquiera se percató de la pregunta, estaba horrorizado con la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, en la contracción del vientre de aquello que estaba sobre la bandeja, de cómo abrió las piernas y lo dejó escapar.

—¡Alien! —Gritó Yeyé a todo pulmón—. ¡Es el puto Alien!

Estaba aterrado, no podía dejar que esa cosa lo tocara y lo derritiera con su saliva, que emulaba al ácido. Qué importaba que fuera del tamaño de un ratón y cupiera en su mano, que Myrna no lo viera, él sabía que estaba ahí y en cualquier momento se balancearía sobre ellos.

—¿Crees que los padres de Juanito lo van a extrañar?  —Myrna aún seguía pensando en el pequeño vecino regordete.

Yeyé dejó de lado al octavo pasajero que se escondía en algún oscuro paraje de su mente y recordó la última vez que alguien vio vivo a Juanito, en cómo su cara parecía haber sido apresada por una enorme mano que lo había dejado marcado por un tono rojizo que cubría la mayor parte de la piel de su rostro. Yeyé sabía que su padre era un desgraciado, solía escuchar cómo lloraba después de cada golpiza, y eso le enfurecía tanto… le recordaba a su viejo, él tampoco había sido un buen padre.

—Yo no sé si lo extrañaría  —murmuró Yeyé—. Con el tiempo todo se olvida.

Tomó el cuchillo con el que cortó las dos rebanadas de pastel y miró el reflejo difuso en la hoja metálica, entre migas de pan. No se reconocía a sí mismo, apretó el mango con todas sus fuerzas o eso creía hacer, en momentos se perdía lejos de esa realidad, y se encontraba buscando la sombra de un alien que podría caber en uno de sus puños, o en el profundo carmesí que lo cubría todo.

—¿Qué haces Yeyé? —Fue lo último que pudo escuchar antes de caer en la inmensidad de un tono que simulaba al hígado crudo.

La Autora

Patricia K. Olivera

Patricia K. Olivera (Montevideo-Uruguay, 1970)

Colabora en varias revistas literarias virtuales, afines al género, como miNatura, NM, Axxón, Círculo de Lovecraft, Historias Pulp y Cruz Diablo, entre otras. Participa en algunas antologías extranjeras, con cuentos traducidos al francés, al portugués y al alemán.

Es administrativa, técnica en Corrección de Estilo y estudiante de Lingüística y Letras en la Universidad de la República (Udelar).

Blog principal: De ciencia ficción… by Patricia K. Olivera http://pkolivera.blogspot.com.uy

Polvo estelar

por Patricia K. Olivera

Luego de una exploración inicial a esa luna desconocida, la tripulación del Nostromo se sacó las ganas de hacer un brindis por todo lo alto durante la cena. Todos los tripulantes iban a recibir una muy buena paga por ese viaje. Ripley también bebió unas cuantas cervezas para celebrar el ascenso que tanto esperó —y que llegó debido a compromisos personales que reclamaban al capitán Dallas en la Tierra—, pero era tan estricta con su propio desempeño que abandonó la cocina cerca de la una de la madrugada.

Iba tambaleándose por el pasillo en penumbras cuando, al llegar al recodo que llevaba a la habitación, oyó que una de las puertas del corredor se deslizaba. Comenzó a reírse, mientras continuaba el recorrido agarrándose de las paredes metálicas para no caer por la borrachera, imaginando que era el cocinero quien venía tras ella. No la sorprendía, el tipo venía mirándola con lujuria desde que iniciaron el viaje, incluso llegó a decirle alguna que otra obscenidad al oído. Cosa que ella rechazó de plano, haciéndoselo saber con miradas reprobatorias. Sin embargo, la cerveza la había dejado un poco cachonda, además, nadie tenía por qué enterarse.

Ripley dejó abierta la puerta de su dormitorio después de entrar.

—Vamos, como quiera que te llames, si no te apuras me puedo arrepentir. Ahora que soy la capitán puedo ordenarte hacer lo que me plazca, e incluso te puedo despedir —se burló, de espaldas a la puerta, mientras se quitaba el mameluco y quedaba en sus dos piezas blancas extrapequeñas.

Alguien se deslizó a su espalda con un ágil movimiento. Entonces ella le dio un golpe al botón que cerraba la puerta. Se quitó la ropa que faltaba y, completamente desnuda, se estiró cuan larga era sobre la litera. Tenía los pezones duros, emitió un gemido y abrió las piernas dejando ver sus pliegues rosados excesivamente húmedos.

Notó que la colchoneta se hundía entre sus piernas e imagino al tipo desnudo, arrodillado, listo para entrar en ella.

—Vamos, como quiera que te llames. Sé que estás en posición. No te hagas rogar —murmuró, con los ojos cerrados, y abrió más las piernas.

Fue algo rápido, doloroso e intenso que la hizo agarrarse de los barrotes de la cabecera y lanzar un alarido de dolor. Abrió los ojos enrojecidos, llorosos, y contuvo la respiración. La borrachera se le fue por arte de magia. No era el cocinero quien la embestía con brutalidad. A pocos metros de su rostro, otro rostro sin ojos, negro como la noche, que de vez en cuando mostraba otro apéndice entre los dientes, parecía burlarse mientras la sometía.

Ripley cerró los ojos y apretó con fuerza los barrotes. Intentó relajarse para aminorar el dolor que el descomunal miembro le provocaba. Los minutos se hicieron interminables, al compás del traqueteo furioso de la litera contra la pared de metal, hasta que la capitán comenzó a jadear y al final lanzó un agudo grito.

Cuando abrió los ojos, la criatura ya se había ido por uno de los conductos de aire. Ella estaba desmadejada, empapada en sudor, con la entrepierna cubierta de su sangre y de semen alienígena. Llena de vergüenza y asco se levantó como pudo, soportando los dolores, y se encerró en el baño. Estuvo varios minutos bajo la ducha, sentía que ardía por dentro. En eso golpearon a la puerta del dormitorio.

—Ripley, Ripley. ¿Estás bien? Pasaba por aquí y te oí gritar. —Oyó la voz distorsionada de la navegante Lambert, mientras intentaba contener los sollozos.

—Fue solo una pesadilla… Estoy bien, déjame en paz —gritó.

La otra se alejó entre risotadas, conocía su mal genio y disfrutaba colmándole la paciencia.

Luego de ducharse, se vistió y, caminando con dificultad, se dirigió lo más rápido que pudo a la enfermería. Suspiró aliviada: los pasillos y las salas comunes estaban desiertos, en semipenumbras, todos se habían retirado a sus respectivos dormitorios. Una vez en enfermería tomó todas las píldoras del “día después” que encontró. Siempre llevaban una buena cantidad en cada expedición, por si acaso. Si bien estaban prohibidas las relaciones sexuales a bordo, era obvio que siempre se rompían las reglas. Ripley jamás imaginó que un día sería ella quien las utilizaría, y no precisamente por romper las reglas a su favor.

De regreso en la pieza, se recostó con el arma entre las manos, con la mirada fija en el ducto de aire. Cruzó una pierna sobre otra y pegó un gritito. Se acarició la entrepierna, debió tomarse varios analgésicos para aliviar un poco el dolor. La verdad era que se sentía muy mal.

Cuando al fin el sueño la venció tuvo horribles pesadillas en las cuales se vio fornicando en distintas posiciones con la criatura. Vio su propio rostro distorsionado por el placer y los movimientos lascivos de su cuerpo. Despertó sobresaltada: alguien golpeaba estrepitosamente a la puerta. Se abalanzó a abrir, al tiempo que emitía un grito de dolor que el visitante pareció no oír.

—Capitán, hay algo obstruyendo uno de los ductos de aire —dijo el androide cuando abrió.

—¿Cómo lo sabes, Ash? —preguntó aturdida.

—Hace unas horas detecté en las pantallas un movimiento en el ducto central —explicó este sin inmutarse. Ripley lo observó ensimismada. Había algo en él que todavía no terminaba de convencerla.

—¿Por qué no me avisaste antes? —continuó cortante.

—Lo intenté, pero usted no respondió a mis llamados la primera vez que vine. Supuse que se habría dormido. Incluso pensé que tenía una pesadilla muy fea porque la oí gritar fuerte. —Ripley se tambaleó, tenía ganas de vomitar. Le pareció notar cierta ironía en la voz—. ¿Se encuentra bien? —Fue lo último que alcanzó a oír antes de desvanecerse.

Despertó sobre una camilla, desnuda, apenas cubierta por una sábana. Se sentía mareada, un fuerte dolor en el vientre hizo que se mirara el abdomen.

—¡No, no, no! —gritó cuando se vio el vientre increíblemente hinchado, como si cursara por una gestación de 40 semanas.

—Tranquila, capitán. Todo saldrá bien. Su contribución a la ciencia será enorme —susurró el androide, mientras le acariciaba la frente mojada por el sudor y le sonreía en forma siniestra.

—¿Dónde están los demás? ¿En dónde estoy? —murmuró entre quejidos de dolor.

—No se preocupe, nadie la molestará —dijo con una amplia sonrisa, mientras se oían los alaridos y los chillidos que provenían de la parte alta—. Estamos en un compartimento secreto de la nave, equipado para casos como este —continuó con un tono de enajenado.

—Tú… fuiste tú el que lo guió a mi dormitorio y al resto de la tripulación. Tú nos trajiste a esta trampa. Eres un… —Ripley no pudo continuar, en ese momento su vientre comenzó a moverse y a hincharse cada vez más. Emitió un alarido que terminó en estertor cuando el vientre reventó y entre coágulos de sangre y pedazos de órganos disueltos surgió una criatura con rostro híbrido que lanzaba horrendos chillidos.

—Bienvenido, pequeño. En la Tierra, la corporación te espera con ansias —dijo el androide, mientras cortaba el cordón umbilical y el ácido saltaba disolviendo poco a poco lo que quedaba de la capitán Ripley.

Relatos cortesía de los miembros de Historias Pulp

En este número de la revista temática, los miembros de Historias Pulp presentan sus propios relatos relacionados con “Alien”…

Y ahora, que comience la función…

El Circo

por María Larralde

Lo veía y lo admiraba, observando todos sus movimientos, escondido desde detrás de las carpas bajo uno de los múltiples bultos y jaulas que abarrotaban la sala de carga de la nave. Adiestrar a aquel feroz animal le llevó muchos meses de trabajo intensivo, noche y día, día y noche. Era la atracción principal de nuestro circo y solamente Alejandro Strómboli era capaz de mantener a raya a “la Bestia”.

La Bestia era el apodo con el que todos llamábamos a aquel ser encontrado en la nave de salvamento que vagaba por el espacio sin rumbo conocido. Sin rumbo conocido para su única tripulante, una tal Ripley. Una mujer flaca y ojeriza que, acompañada en todo momento de un gato, nos vendió al espécimen. Y no solo eso, nos dijo dónde podríamos encontrar a otros como él. Unas coordenadas de un lejano satélite de un lejano sistema planetario.

La cuantiosa suma de dinero hizo las delicias de aquella vividora. Una tipa sin escrúpulos que había sacrificado a toda la tripulación de su nave para encontrarse minutos después de la explosión de la Nostromo con nosotros. Hizo que la nave se autodestruyera y, con ella, toda la tripulación. Aunque jamás se supo qué ocurrió allí dentro.

Habíamos quedado con aquella forajida en que nos avisaría si encontraba animales salvajes dignos de ser mostrados en nuestro circo interestelar. Por su trabajo viajaba a diferentes lugares, por la especie a la que pertenecía, la humana, tenían la obligación de acudir ante cualquier señal de vida para realizar rescates si era necesario.

Pero a lo que iba.

Strómboli era un domador de fieras poco común. Al ser un tipo con una gran formación científica, en las áreas de la zoología y la etología, sabía cómo amansar a las fieras. Hacía poco tiempo que había logrado dar con la fórmula para tener bajo raya a un ser venido de un lugar remoto del universo. Cazado en una esquina apartada de la oscuridad más remota y profunda donde la vida era microscópica en su mayoría. Lo habían logrado introducir en una cámara sellada mi comandante y Strómboli en una incursión en el planeta LCDEX-001.

Este ser era imposible de controlar porque imitaba a otras formas de vida de manera que no se podía distinguir la verdadera criatura de la copia realizada. En el momento menos esperado este ser parasitaba, una tras otra, las diversas formas de vida con las que contactaba suplantando las células originales por las propias e imitando estructura y fenotipo.

Strómboli decía:

—¡Antiguamente, el látigo era la forma habitual de meter en vereda a los animales salvajes, la recompensa positiva, el refuerzo y el castigo… ! Pero hoy en día, se requiere de mayor tecnología. ¡No es posible adiestrar a un ser sin forma, y para adiestrarlo hay que darle forma! —Gritaba en su laboratorio especial para animales especiales imposibles de adiestrar a sus científicos ayudantes, un biólogo y un zoólogo de reconocido prestigio.

A la Cosa sin forma le dio forma metiéndola en un recipiente de silicona sintética maleable, transparente y completamente impermeable. Y esta era introducida dentro de un cubículo gigante de cristal donde, desde arriba, con un pequeño robot articulado se le iba ofreciendo o incorporando alimento en cada una de las actuaciones ante su público universal. Alimento que eran formas de vida inferiores y diversas, como animales de granja o plantas, y que eran inmediatamente imitadas por la Cosa dentro de su envoltorio a modo de placenta sintética.

Era, sin duda, la mejor actuación estelar hasta que llegó la Bestia.

En medio del escenario, Strómboli, metía a los animalillos o animalotes dentro del cubículo y abriendo, con manos robotizadas, el envoltorio sintético, los dejaba caer adormecidos previamente con sedantes.

El público bramaba de éxtasis por el gran espectáculo que se les ofrecía y después de las grandes actuaciones del Mago desintegrador de partículas, Strómboli era el mayor de los atractivos para el público en todos los lugares de las diversas galaxias del universo conocido.

Pero este otro animal, el que Ripley nos vendió, este era distinto. Era un animal muy peligroso. Agresivo y mutante. Se desarrollaba constantemente creciendo hasta parecer un gran saurio. Y nosotros lo habíamos comprado con unos dos metros de envergadura, una fiera indomable.

Ripley nos advirtió sobre el asunto de la sangre y la dificultad de encerrar a la Bestia. Ella lo mantenía fuera de la nave. Colgado cual chorizo, oreándose.

La bestia corroía con su sangre ácida cualquier estructura y era, por tanto, difícil de mantener encerrado. Pero el domador más importante de todos los milenios que haya conocido cualquier tipo de civilización consiguió meterlo en vereda. Lo mantenía encerrado en un cubículo del más sencillo pvc, que era el único material que no se disolvía con la letal sangre de aquella monstruosidad.

Un contenedor donde Strómboli le daba descargas eléctricas y donde le enseñó a temer su látigo que no hería al monstruo, pero que lo criogenizaba al darle con la punta, o le lanzaba rayos ultrasónicos que dañaban su fino oído y lo dejaban aturdido. Cuando aquella bestia estuvo preparada, Strómboli dio su primer y mayor espectáculo.

Recuerdo aquel día.

Las diversas especies y razas de la galaxia Andrómeda estaban abarrotando la nave-circo, nuestra nave, una nave que no os he descrito porque ya no existe. Los que nos dedicamos al circo lo hacemos por tradición familiar. Yo soy hijo de la mujer barbuda y un engendro del planeta Tuor. Un ser reptiliano que apenas levanta dos palmos del suelo pero que es capaz de transformar el color de su piel mimetizándose con el entorno. Mis cualidades son heredadas de ambos progenitores y hacía un pequeño número en el que, junto a mis hermanos, nos mimetizábamos entre el público dándoles pequeños sustos, en fin, nada del otro mundo.

Aquel día la Bestia salió al escenario encerrada herméticamente dentro del cubículo de cristal que se usaba para La Cosa. Daba vueltas y parecía querer agredir a los espectadores. Marchaba con su color indeterminadamente metalizado de arriba abajo, por toda la pista, deambulando pausadamente pero alimentando el terror entre el público al que amenazaba con sus dobles fauces dentadas. La asquerosa baba que se desprendía de su boca daba una visión aún más aterradora de aquel ser. Y, de repente, todas las luces se apagaron y solo quedó un foco. Un foco que iluminaba a la Bestia rodeada de oscuridad. Súbitamente, un sonido se hizo patente, cada vez más presente el sonido de un látigo que echaba chispas con cada embestida en el suelo y en las paredes de cristal, y que relampagueaba. Aquel látigo echaba humo frío. El látigo del domador, el látigo de Strómboli.

La Bestia quedó paralizada, aterrada, le tenía verdadero pavor. ¿Quién sino un domador de fieras era capaz de controlar a los seres más aterradores del universo y ofrecérselos al público como espectáculo?

Y comenzó la función.

Strómboli le había enseñado a dar saltitos, a voltearse, a realizar piruetas dentro de aquella caja de cristal. El público enloquecido bramaba, aullaba, gritaba extasiado. La Bestia más temible, como se anunciaba por el presentador, había sido doblegada, dominada y parecía un feroz perrito faldero de aquel intrépido domador. Sin embargo, siempre se intuyó que en realidad estaba esperando su momento, el momento de la venganza. Las sesiones se duplicaban y el trabajo de la Bestia era agotador con triples  cuádruples sesiones, porque causaba verdadero furor y el público de todo el universo enloqueció deseando ver al intrépido domador.

Strómboli quería más. Y nos llevó hasta aquel lugar inhóspito para recolectar más criaturas de esas. No porque fuera a sacar a más de un individuo a la vez en su espectáculo ya que, según su experta opinión, esto no era posible. Estos animales, aunque solitarios depredadores, según Strómboli y su biólogo ayudante, eran lo suficientemente inteligentes como para aliarse y atacar juntos. El domador de fieras incluso se planteó la posibilidad de que pudieran tener un lenguaje primitivo y, de esta forma, organizar estrategias más elaboradas de ataque de lo que cualquiera de nosotros pudiera imaginar en un primer momento.

Lo que él quería era tener un par de individuos en la reserva pues este que ahora teníamos en el circo estaba ya muy maltratado. Parecía famélico y, el domador, no sabía a ciencia cierta por qué. El bicho comía bien, pero quizá era un cazador que necesitaba cazar para comer y no solo alimentarse de animales muertos. Eso le pasa a muchos predadores. Lo que estaba es que en cualquier momento podía morir. ¿Qué sería entonces de nuestro circo? Es decir, de nuestras elevadas ganancias.

Así que, dicho y hecho, el director y capitán de la nave-circo, nuestro comandante Six tras una seria reunión con los integrantes del mayor espectáculo de todos los tiempos, tomó rumbo hacia el planeta desconocido que albergaba, según la buscarrecompensas de Ripley, a los Aliens tan deseados por Strómboli.

La nave no aterrizaría en un lugar tan oscuro y peligroso. Solamente el domador y sus ayudantes bajarían con naves de caza para poder recoger o cazar, si era el caso, a los Aliens. No serían más de dos o tres. Parecía fácil la tarea.

Tras un reconocimiento del terreno, un mapeado rápido y una incursión a pie, Strómboli sonrió. Los seres alienígenas eran muy fáciles de conseguir. Los había a millares en aquella extraña nave de forma de boomerang. Mientras recogían en sus adecuados cubículos que se cerraban herméticamente, con los robots recolectores, aquellas criaturas envainadas o encapulladas, como quiera decirse, los operarios y el mismísimo Strómboli estaban al resguardo de sus posibles ataques con trajes especialmente diseñados para la arremetida de cualquier fiera, por fuerte que fuera.

Lo que no esperaban era aquel parásito en forma de araña. Porque nosotros no conocíamos esta primera fase, ¿quién podía imaginarlo? Aquella sucia Ripley nos la había jugado.

De los nueve que bajaron, ninguno pudo volver. A Strómboli no se le pudo seguir el rastro. Se perdió en una agudo grito con ecos en la distancia, ecos que solamente escucharon sus ayudantes, varios de los trabajadores dedicados a la infraestructura del espectáculo.

Pero mi comandante no quería dejar toda aquella maquinaria tan costosa en aquel remoto lugar. Sabía que no podía mandar personal humano, ya era bastante haber perdido al domador y sus ayudantes. Envió naves no tripuladas para recoger los robots recolectores, naves que no llegaban a aterrizar porque se situaban a poca distancia de la superficie del planeta y mediante un transmisor daban órdenes de regreso a los recolectores de fieras. Unas cápsulas blindadas casi imposibles de destruir por ser metálicas. Regresaron llenos de capullos de aquellos. Six, el comandante, actuó firme y rápidamente. Era un hombre de acción y negocios y había sobrevivido a innumerables hazañas estelares, desde invasiones y abordajes hasta declives económicos por falta de talentos que atrajeran a un público voraz de espectáculo rabiosamente novedoso, intrépido, peligroso, ¡escandaloso!.

Pero, lo que vino después, no es fácil de describir.

Nuestra nave fue completamente invadida por aquellos monstruos. No podíamos imaginar que dentro de aquellas cápsulas se gestaba el fin del circo, de nuestra forma de vida. Inicialmente fueron metidos, amontonados, en la bodega más remota de nuestra gran aeronave. Y nos alejamos del inhóspito planeta. Lo que allí abajo sucediera ya no pudimos saberlo, entre gritos de dolor y socorro, les abandonamos.

Los monstruos estaban hacinados en las cápsulas, bajo llave. Pero no se sabe cómo, al menos yo no logro entenderlo, aquellos seres despertaron de su letargo, quizá por falta de oxígeno hicieron explosión. ¿Gases? ¿Qué gases emite una Bestia estelar en su fase inicial?

Acabaron con toda la tripulación, infestaron, reventaron, mutilaron a cada uno de sus miembros para dar nacimiento a individuos de su especie.

Soy el único superviviente. No por ser intrépido, sino por cobarde. Me marché con permiso de mi comandante tras aquella circunstancia para regresar al planeta originario de mi padre, Tuor.

Sé que aquellos monstruos no tuvieron muchas oportunidades de sobrevivir porque al ser tan feroces liberaron sin querer o sin pensar a la Cosa del espacio exterior. Y nada pudieron contra ella.

Las últimas señales de nuestra nave se detectaron en una lejana galaxia. Un primitivo planeta se atravesó en su alocada trayectoria sin rumbo mientras los Aliens eran suplantados por aquella Cosa que imitaba cualquier forma de vida. Y tras chocar con la  superficie del planeta, allá en la lejanía, ya no se supo más. No hubo más señal.

Esto es lo que sucedió con El Mayor Espectáculo del Universo, el circo, mi querido circo.

Padre

(o La Odisea De Oknus Maní)

por Elmer Ruddenskjrik

Oknus Maní, siempre había sido un ser consciente. Necesitaba serlo para cumplir su función, pero él mismo no tardó en darse cuenta de lo inconveniente que resultaba para afrontar su propia existencia.

Oknus había sido cultivado en su plataforma de operaciones, que no era otra cosa que una suerte de gran bañera con una mitad descubierta para permitir el necesario desarrollo de su tórax y cerebro, y otra cerrada y llena de gruesas conducciones dentro de las cuales se desarrollaría la mayor y más importante parte de su ser. Las células cultivadas y diseñadas a voluntad por sus dueños le hacían crecer unido al metal, y la altísima tecnología de fusión cuántica de la materia que utilizaban, y que tan lejos estaba él de comprender, le hacía tan parte de su plataforma de operaciones, es decir, la bañera, como a la bañera parte indivisible de él.

Cuando algún técnico de mantenimiento manipulaba, o tan sólo tocaba, la superficie metálica de la plataforma en cualquier lugar, Oknus Maní sentía escalofríos vibrando a lo largo de todos sus huesos. Un cosquilleo que, aunque agradable por sí mismo, había ido volviéndose más amargo con la costumbre y el lento transcurrir del largo tiempo, al hacerse cada vez más consciente del significado de aquel contacto con otros seres vivos: la casualidad, la causalidad, la rutina del desempeño, era lo que generaba aquel contacto leve, breve, o, cuando persistente, repetitivo o duradero, siempre inconsciente respecto a Oknus, negligente en cuanto a todas sus necesidades inherentes como ser vivo y pensante. Oknus, con cada nuevo contacto contra el metal que en realidad también era su piel, sentía crecer en la distancia de un nuevo universo el espesor de la barrera que le separaba de la raza de sus creadores.

Oknus Maní tenía nombre, pero no voz. Sus poderosos y largos pulmones, fuertemente protegidos por su larga y resistente estructura de ocho costillas a cada lado de un grueso esternón tubular, por el que pasaba a gran velocidad el aire traído y vuelto a expulsar a través de las grandes toberas de debajo de su plataforma, no estaban dirigidos en manera alguna hacia ninguna sección provista de membranas susceptibles de producir sonido con su vibración, y ni siquiera conectaban con el atrofiado e inútil orificio de su boca u otra oquedad que diera con el exterior de su cuerpo en algún modo que le permitiera producir un sonido, aunque fuera involuntario. Oknus Maní era totalmente silencioso, salvo por el suave sonido que pudiera producir al moverse para operar los mandos de su plataforma.

Así que, impedido por su incapacidad de expresarse, Oknus, cuyo lento metabolismo no le permitía realizar movimientos bruscos o rápidos que le permitieran comunicarse de manera alguna que no pusiera a prueba la paciencia de sus creadores, e impelido por la necesidad genética de dedicarse por completo a sus tareas, aprendió a conformarse y disfrutar de la experiencia de los largos viajes espaciales.

Oknus gozaba explorando el universo a través del gran telescopio sobre él, que conjugaba las más óptimas de las miras ópticas, adaptadas a sus grandes y vidriosos ojos, y las más avanzadas pantallas lectoras que recogían los datos de los sondeos realizados con todos los tipos de radiación conocidos. Oknus, que experimentaba la vida con increíble lentitud, sentía la labor de pilotar las grandes y muy diferentes naves en las que sus creadores montaban su plataforma de operaciones como unos vertiginosos viajes en los cuales apenas le daba tiempo a contemplar y maravillarse de todo lo que podía alcanzar a ver. Según iba viajando más y más, Oknus empezó a dejar de lamentar su soledad, y a considerarse un elemento más del espacio, una forma tan inmortal y maravillosa como parecían serlo los infinitos soles y el número elevado a una potencia igual de infinita de planetas.

Como cuanto sabía Oknus Maní sobre la vida se limitaba a cuanto sabía hacer por el instinto programado en sus genes y a cuanto recogía por su propia experiencia, se imaginaba que dentro de cada objeto estelar se hallarían otros operadores como él, encargado de seguir los planes de vuelo de todos los elementos del universo. Suponía que todo pertenecía a sus creadores, y que todo ello, como él mismo, estaba sujeto a una estricta organización.

Oknus Maní se consoló así mucho tiempo, pensando en que todos los demás pilotos, tan numerosos, estuvieran pensando lo mismo que él, llegando a las mismas conclusiones. No estaban solos. No sólo existirían otros como él en otras naves, como en las que le montaban a él para transportar mercancías y pasajeros. Estaban en todas partes.

No se sabe cuánto tiempo pasó satisfecho de aquella idea, pero la pesadumbre volvió a él muy poco a poco. Se acabó percatando de que, aunque su plataforma de operaciones se montaba en muy distintas naves para cada viaje, nunca había llegado a cruzarse con alguna de ellas. El largo tiempo que pasó observando el universo empezó a hacerle pensar que, por improbable que pudiera ser, en algún momento tendría que darse la casualidad de detectar otra nave de sus creadores. Y como aquello nunca pasaba, empezó a considerar que, en realidad, quizá estuviera solo. Que él fuera el único operador. Que no existiera otro ser que experimentara y pensara lo mismo que él. Lo que su imaginación había logrado, que era el hacerle sentir parte de una comunidad con la que sentirse identificado, la propia experiencia se lo había arrebatado.

Volvió a sumirse en una larga melancolía que, con el tiempo, se tornó auténtica depresión. Si su metabolismo no hubiera estado indefectiblemente subordinado a la mecánica y el buen funcionamiento de las naves, Oknus se hubiera dejado morir de hambre. Durante un largo tiempo, deseó morir. No podía suicidarse, pues los mecanismos de seguridad del sistema de pilotaje del que formaba parte le impedían siquiera concebir la idea de estrellar la nave contra la superficie de algún planeta o dirigirla hacia alguna estrella hasta hacerla fundirse por completo. Pero había perdido todo interés en cuanto acontecía a su alrededor. Durante otro tiempo incalculable e indeterminado, Oknus Maní siguió adelante con los planes de vuelo, ejecutándolos con diligencia, pero sin observar más el universo ni ninguna de sus maravillas, la mayoría de las cuales se conocía de memoria ya…

De pronto, Oknus Maní salió de su ensimismamiento. Lo hizo de una manera tan lenta como lo hacía todo. En uno de sus viajes llegó a su destino, la órbita baja de un pequeño planeta oscuro, el antepenúltimo de un sistema solar de gran sol rojizo. Tenía la instrucción de esperar allí con su nave la carga de mineral y la subida a bordo de los trabajadores que abandonarían el asentamiento. Oknus esperó y esperó, pero nada ocurrió. Ninguna lanzadera despegó desde aquella oscura atmósfera. Trató de comunicarse con alguien en la superficie mediante el sencillo y limitado sistema de informe de posición y espera, pero no recibió confirmación alguna.

Oknus continuó esperando, manteniendo la órbita baja con destreza profesional, lo que él consideró un tiempo razonable, y que sobrepasaba por mucho la esperanza de vida de la mayoría de las criaturas pensantes existentes en el vasto universo.

Durante ese tiempo también trató de reportar su situación en varias ocasiones con otros centros de control a variables años luz de distancia, enviando insistentes señales en diversos espectros de radiación. Nunca obtuvo respuesta.

Oknus, sin saber qué otra cosa hacer, tomó la iniciativa: llevaría la nave a alguno de los destinos que ya conocía y esperaría que sus creadores tomaran, en consecuencia, el rumbo de acción que creyeran conveniente. Aquella era una vicisitud en la que nunca había tenido que verse, y la recién descubierta libertad eventual de movimiento se sumaba a la emoción de encontrarse realizando lo correcto, lo encomiable. Aunque Oknus no era capaz de pensar en aquellos términos, lo que sintió en ese momento fue orgullo de sí mismo. De descubrirse tan resuelto como para encontrar una solución por sí solo, y de tener el arrojo de llevarla a término.

Viajó y viajó durante largo tiempo. Sin embargo, las estaciones espaciales ya no se encontraban donde se suponía que debían estar. Uno por uno, fue llegando y pasando de largo cada punto de encuentro. Pero uno tras otro, en cada cual se encontró la misma desolación: no había rastro de accidentes o mensajes de alerta. Nada absoluta.

Oknus siguió haciendo a la nave viajar, sin nada mejor que hacer, pasando de manera repetida, cíclica e interminable por cada uno de los puntos de encuentro. Una y otra vez, sin detenerse, por un tiempo que no estaba capacitado para calcular y al que ningún otro ser del universo podría sobrevivir. Nada ocurría. No encontraba nada. Nadie respondía a las rudimentarias señales de radio que podía enviar desde su plataforma de control. Nadie, en todo el universo explorado…

La gigantesca nave de transporte, vacía de personal para su mantenimiento y limpieza, empezó acusar las centenas de milenios de abandono. Oknus, unido por la biomecánica a toda la nave, se empezó a sentir enfermo y cansado por primera vez en toda su vida. Los brazos le temblaban cada vez que intentaba operar los mandos, y el esternón tubular vibraba cada vez que respiraba, trufado como estaba en su interior de espesas mucosidades que sus pulmones acumulaban. Eran del polvo aposentado en las toberas de debajo de su plataforma, aquellas desde las que cogía aire; la humedad de su aliento expulsado se cristalizaba en el reborde de las oquedades. Oknus estuvo un par de cientos de años pasando verdadero frío. No lo sabía, pero los sistemas de soporte vital de la nave habían dejado de funcionar hacía tiempo. El aire ya no era reciclado. La temperatura no se mantenía. Poco a poco, la sustancia que su cuerpo podía procesar en sus grandes pulmones iba acabándose del aire, y la temperatura del interior había ido disipándose muy poco a poco a través de las gruesas y calcáreas paredes la nave, perdiéndose en el vacío como una leve radiación invisible.

Los huesos y médulas y sistemas linfáticos de la nave empezaron a viciarse; los fluidos de las partes puramente mecánicas de la nave comenzaron a filtrarse por las conducciones orgánicas que hacían de la nave parte indivisible de su piloto. La nutrición de Oknus Maní empezó a fallar. Su cuerpo, en la parte oculta de la plataforma, comenzó poco a poco a hincharse de aceites lubricantes que sus órganos no podían procesar. Úlceras por la corrosión de los ácidos de baterías empezaron a disolverle desde dentro, haciéndole durante de cientos de años lagrimear de verdadero dolor. Oknus había hecho funcionar sus lacrimales en alguna otra ocasión, cuando proyecciones del ambiente se le adherían a sus grandes y oscuros globos oculares, pero ahora se enjugaba con las manos aquellas lágrimas que nunca dejaban de salir. Sufría dolores tan intensos que Oknus Maní pasó el resto de su tiempo sin poder pensar en otra cosa.

Sintió cómo poco a poco su cuerpo allí dentro se abultaba. De maneras periódicas, notaba crecer muy lentamente partes duras y enquistadas que parecían latir al son de su gran corazón. Con indescriptible alivio, llegaba siempre el momento en que las sentía deshincharse de manera súbita, mientras una nueva humedad espesa le sumía por allí debajo en una reconfortante calidez que no tardaba en volverse un incómodo y agudo frío. A pesar de que la humedad de sus pústulas abiertas se volvía tan fría y molesta, Oknus no tardó en acostumbrarse a esperar con ansia aquellos brevísimos y reconfortantes momentos en que sus propias vísceras reventaban otorgándole algo de calor. Sin dejar de llorar continuamente, y con su malformada boca pareciendo por primera vez expresar al fin lo que sentía: un silencioso y agónico grito de sufrimiento. Mientras, el sistema auxiliar automático de la nave empezó a emitir la alarma de infección inmunológica de sus sistemas biomecánicos. Una alerta a la que nadie respondió en todo ese tiempo.

La enfermedad del piloto, propiciada por la falta de mantenimiento de la nave, se filtró a toda ella. El sobrepasado sistema inmunitario de Oknus Maní fue replicado por todos los sistemas. Las partes orgánicas de la nave, funcionando mal y como un reflejo del sistema vital de su piloto, generaron muy poco a poco sus propias defensas. Durante conjuntos de miles de años, formas microscópicas evolucionaron desde las células fusionadas a nivel cuántico de los sistemas biomecánicos. Nuevos seres orgánicos, compuestos de pieles con cualidades entre calcáreas y plásticas, proliferaron albergando en sus interiores órganos que procesaban sustancias tan corrosivas como los ácidos de las pilas atómicas autorreciclables de la nave que era su medioambiente natural.

La evolución siguió su curso. Una pequeña variedad de especies de distintas naturalezas se enfrentaron durante conjuntos de siglos, hasta que proliferó y permaneció una sola. El resultado de la depredación y la resistencia a los cada vez más escasos recursos del medio que era la nave, acabaron seleccionándolo. Un parásito que se desarrollaba en su primera etapa dentro de los demás, acabó quedando solo en su adultez. Durante décadas, mientras maduraba y envejecía, se alimentó de los restos podridos de las demás especies, y de algunos de sus congéneres. Cuando terminó con todo, mientras seguía creciendo, empezó a devorar la médula dentro de los huesos que formaban algunas partes de la nave.

La materia cuántica mixta e infectada lo hizo enfermar, y nuevas formas de vida vencieron a su propio sistema inmunológico. Murió devorado desde dentro. Sus restos dieron, como frutos, huevos de nuevas formas de vida. Los huevos crecieron rápidamente y dieron a luz. Las criaturas parásitas que nacían recorrían la nave, perdidas, buscando algún ser dentro del que depositar el embrión, pero morían sin lograrlo, excediendo su corto tiempo de vida. Sin embargo, un parásito hizo algo que no se podría considerar exactamente deliberado, pero que resultó una genialidad para las características de su naturaleza: envolvió con sus fuertes patas uno de los huevos adyacentes y filtró dentro al embrión. Al principio no pasó nada. El parásito se soltó del huevo y murió, incapaz de discernir si había cumplido o no su función. Sin embargo, el embrión creció alimentándose de las mismas sustancias en las que crecían los parásitos. Luchó con el inquilino original, devorándolo, cuando necesitó algo más que fluidos. Llegó el momento en que salió del huevo, destrozándolo sin esfuerzo, triunfante. Usando el nido de huevos como base de aprovisionamiento, empezó a alejarse cada vez más, explorando la gigantesca nave. Se perdió por su inmensidad, buscando algo más que matar, alejándose hasta el punto de que ya no supo volver, y muriendo en algún rincón oscuro, estéril y frío.

Sin embargo, antes de eso, el ser había intentado devorar a un parásito que había logrado zafarse, a costa de perder tres de sus ocho patas. Con su primordial instinto azuzándole, se escabulló por la curva pared que se levantaba desde el nido de huevos, y subió. Usó el rastro de ácido que supuraba de sus heridas para abrir un agujero en el material metálico del techo, y pasó al otro lado. Allí, su limitada percepción distinguió enseguida lo que necesitaba. Un cuerpo vivo y caliente. Impulsándose con la cola, ávido, recorrió en rápidos saltos la distancia hasta el enfermo Oknus Maní.

Oknus, sin miedo pero dolorido, sintió que aquella cosa le envolvía con fuerza la cabeza y le introducía algo en la oquedad inmóvil de su boca. Su cráneo crujió, debilitado por la enfermedad, y el dolor le recorrió la atrofiada espina dorsal en una dolorosa vibración. Sin embargo, agradecía el calor de aquel abrazo orgánico, y el tacto jugoso y caliente de aquella conducción blanda en su garganta, seca desde tiempo atrás. Perdió el conocimiento, asfixiado.

Cuando se despertó, se sintió confundido. Nunca antes había dormido o había sufrido nada parecido a una pérdida de consciencia. Por un momento tuvo la sensación de que todo volvía a empezar. Que era su primer día de vida otra vez. Pero no. Reconocía el frío y el silencio. Sabía que su primer día había sido cálido, y que había habido movimiento y luz, vida, a su alrededor.

Ahora no había luz ni calor. Sólo oscuridad y frío. Pero vida en su interior. Notó algo moverse bajo su recostado pecho. Le dolía. Oknus se agitó, se llevó ambos brazos al pecho y trató de inmovilizar aquello. Pero no podía. Empujaba su corazón y sus pulmones, todo lo que tenía dentro. Se movía hacia su derecha, abriéndose camino a través de todo. Oknus sentía que se ahogaba. De las toberas bajo la plataforma rezumaba, espirada, sangre oscura. Lloraba, silencioso. Y de pronto lo vio.

Con un crujido que lo sobresaltó, apareció sobre su pecho una nueva forma de vida. Reluciente y gris, se retorció en su largo cuerpo para mirarle directamente. Oknus estaba agradecido. Le dolía el agujero abierto en sus costillas, y el interior herido. Pero era el primer ser vivo que le miraba. Tratando de ser gentil, tendió su mano izquierda hacia el ser, pero éste le lanzó un estridente alarido, y se escurrió hacia el suelo para recorrer con sus pequeñas pero rápidas extremidades la corta distancia hasta la oscuridad que rodeaba la plataforma de operaciones.

Oknus Maní murió poco después por las hemorragias internas, aliviado por la desaparición del frío y embargado por el breve entendimiento con la criatura que había gestado.

La nave recorrió la mitad del universo cartografiado por sus creadores, y se alejó una distancia aún mayor desde sus límites. Sin impulsión ni gobierno, la máquina derivó hasta acabar atraída por casualidad por la gravedad de un planeta estéril. Se estrelló contra su superficie, hundiéndose bajo la dura superficie de afiladas rocas la mayor parte del descomunal y ancestral fuselaje.

Pasarían cientos de miles de años, antes de que otra especie detectara la alarma de infección inmunológica biomecánica…

EL PRINCIPIO…

Ilustración por Charly V

Descarga gratuita en PDF

Revista Historias Pulp #2 Alien

En esta segunda entrega de la Revista Historias Pulp hemos buceado por las oscuras e insondables zonas del espacio exterior.

El universo de Alien y toda su saga desde “Alien, el octavo pasajero” hasta “Alien, Covenant” ha inspirado a los autores que han participado en el Segundo Concurso Historias Pulp.

El resultado ha sido altamente bizarro ampliándose el universo del xenomorfo hasta límites en los que la razón humana llega a perderse.

Agradecemos a todos los autores su participación en el concurso y en la revista, y deseamos, lector, que disfrutes con estas originales, aterradoras y emocionantes historias de Alien Pulp.

 

1212total visits,18visits today

Elmer Ruddenskjrik