La parcela

 

Pertenecer a la clase mierda, ¡huy, perdón! Quise decir media, este subconsciente mío me va a matar… mejor dejémoslo.

Pues eso, que estar económicamente acomodado es un lujo. Mi nombre es Rafael Ibáñez Pérez, hace tiempo que mis dolencias terminaron y mi estatus social me permitió mudarme a un sitio mejor. Adquirí esta parcela no con poco sufrimiento, sacrificio y sudor, y la verdad, valió la pena. No es muy grande pero la tranquilidad reina a diario, los cipreses de la entrada son su única zona verde aunque a veces me traen flores y las depositan junto a mi entrada.

Ya jubilado, ahora crío malvas por entretenimiento, que aquí los días son un poco monótonos. La razón de mudarme a este lugar la tuvo el gobierno; los recortes en sanidad, el aumento del precio de los medicamentos, el continuo esfuerzo para ayudar a mis hijos, uno en paro y el otro desahuciado y el incontrolado aumento de los alquileres me vencieron y convencieron de que este era el sitio que me correspondía. Además, no veáis la cantidad de colegas que se fueron que he encontrado por aquí.

Es modesta mi vivienda, como una cabaña rural, toda de madera de pino, eso sí, el techo es de mármol puro. ¡Ya veréis que risa si los gobernantes me aplican la ley de seguridad ciudadana y a los agentes de la ley les da por entrar por el tejado a patadas!

La tierra que me rodea me la he ganado a pulso, es que es para estar orgulloso, ¡si hasta tenemos vigilante jurado a la entrada de la urbanización!

El día uno de noviembre se monta una fiesta del carajo, eso sí, con mucho respeto y educación, que los de nuestra clase tenemos que guardar las formas.

Aquí todo son ventajas, no necesitamos luz ni agua y si viene la familia el aparcamiento es gratuito.

Tanto trabajar hasta los setenta años tenía que tener su recompensa. Yo ayudé mi país y al gobierno y como me vine aquí pronto, ni pensión me hacía falta.

¡Si es que tenían razón! Un solo voto cada cuatro años y fíjate todo lo que he ganado. ¿Es o no es para sentirse orgulloso?

Mi consejo para las generaciones futuras es el siguiente; portaos bien y callad, acatad todas las normas dictadas, seguid votando lo mismo como corderitos, ¡y nada de manifestaciones ni protestas! Solo así llegaréis tan lejos como yo he llegado.

Creo recordar que me llamo Rafael Ibáñez Pérez, sí, ese debe ser mi nombre porque encaja con las iniciales grabadas en la cruz que hay sobre el tejado de mi casa.

R.I.P.

 

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