Orkcen Suvroc, un autor independiente de poemas muy personales, ha llegado hasta nosotros buscando difusión para una obra de la que, curiosamente, no se considera nada más que el catalizador. Asume que su auténtica autora es “su musa”, y esta, en sus propias palabras, es su historia:

 “He denominado “autora original” a lo que otros llaman musa.

Es una chica que conocí brevemente hace aproximadamente 5 años. Yo trabajaba en una tienda de autoservicio, por aquellos días yo era un muchachito con problemas de autoestima, tímido, y comenzaba a engancharme en dos o tres sustancias dañinas, pero un día que iba yo caminando rumbo a mi antiguo trabajo volví la mira hacia mi izquierda y la ví… Ella, a diferencia de otras personas, me obsequió un gesto amable. A partir de ahí recordé su rostro y su sonrisa.

Ya por aquellos días, de hecho desde la pubertad, practicaba la escritura a veces como un pasatiempo, otras como un desahogo, pero lo hacía de una manera menos estética. Vale. Entonces continué escribiendo añadiéndole y mejorando los formatos, en ocasiones procurando un estilo similar al romanticista, pero ella llegó de una manera tan enigmática… Al decir que “yo únicamente traduje lo que su esencia me dictaba” quiero decir algo como “escribí lo que me hizo imaginar”.

Durante un tiempo ella se convirtió en cliente frecuente del establecimiento en el cual yo trabajaba. Durante un tiempo pasaba todos los días a comprar y a saludarme, podría decirse que tuvimos un tácito romance que nunca llegó a más, ya que mi timidez y falta de experiencia para hacer conexiones verbales habladas con los demás aún me hacían un tipo que las demás personas consideraban “reservado”. Sin embargo, en dos o tres ocasiones quise compartirle uno o dos poemas que le escribí en agradecimiento, pero mi nerviosismo me traicionó. De hecho, cada vez que la veía ya tenía previos planes, pero siempre fallaron porque perdía incluso la capacidad de conjeturar con coherencia al intentar llevar nuestra conversación más allá del “hola”.

A pesar de todo, muchos compañeros se dieron cuenta de que, al parecer, ambos nos comportábamos de manera similar cuando nos encontrábamos.

Quise buscar más acerca de ella, desconocía incluso su nombre, pero nadie me dió ni una pista, nadie la conocía.

Años después a mí me cambiaron de establecimiento, y me privé de su presencia, le perdí totalmente el rastro pero la conservé en mi pensamiento cada día hasta ahora.

He escrito otros poemas. Pero sólo quise seleccionar los incluídos en RAMÉ, procuré ordenarlos a manera de ir desarrollando una breve historia romántica con tintes entre oníricos (muy al estilo de lo que ella me hacía sentir) y sombríos (muy al estilo de lo que yo solía ser).

Al final de la lectura del poemario quizás se pueda notar que, en conjunto, termina como el final de un sueño, un sueño muy largo, descabellado y en cierto modo anhelado.

Ahora… Supe un poco más de ella, no la he vuelto a ver, pero ciertas cosas que en su momento desconocía ahora las sé, como su nombre, dónde estudió… Lo supe por un amigo mío que estudió diseño gráfico con ella. También supe que es amante de la literatura.

Guardé con cautela cada detalle de esa información que a mí llegó y aún así no me atreví a buscarla.

Hace algunos meses estuve a punto de perder la vida por un descuido. Ingerí comida que estaba envenenada. Sin lugar a dudas y, por irónico que parezca, brindo por ese día, ya que el haber sentido esa agonía, haber visto la muerte tan cerca, me hizo apreciar el hecho de vivir. Yo era una especie de robot que difícilmente mostraba sus emociones. Digamos que, después de mi recuperación, hubo una metamorfosis, ahora soy más humano de lo que alguna vez imaginé; ya he llorado, ya he reído, incluso ya me he molestado sin reprimirlo.

Mi intención actual es hacer que, como agradecimiento a lo que me inspiró (ya que sin duda ha influido tanto en mi yo actual), Ramé llegue a sus manos de ensueño, a su mano de necromántica que, junto a otras experiencias, me han despertado de aquél letargo.

Hoy en día manejo una frase motivacional a mis adentros y es “no tengo miedo de morir en el intento, ya que he estado a punto de morir sin haberlo intentado”.

Eso es un poco de aquella buena historia. Tengo pensado escribir y organizar algunas otras cosas, pero, de momento, seguiré entregándome por ratos a la imaginación…”

Y ahora… ¡que comience la función!

Poemario Ramé, de Orkcen Suvroc

Poemario inspirado por un largo romance inadvertido para una de las partes…

RAMÉ disponible en Lektu

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