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Obsesiones Convergentes, relato de ciencia-ficción por Rubén Mesías Cornejo

Obsesiones Convergentes, relato de ciencia-ficción por Rubén Mesías Cornejo

 

Rubén Mesías comparte con nosotros un curioso relato de ciencia-ficción. Esperamos que podáis disfrutarlo tanto como nosotros lo hicimos en su momento.

Y ahora… que comience la función.

Obsesiones convergentes

Rubén Mesías Cornejo

 

1. Monólogo del Super Psiquiatra

“Veo el océano verdeazulado con todos sus seres vivientes dentro. Veo un buque, color gris amarillento, rojo carmesí en la línea de flotación, pardusco en los puentes, con dos altas chimeneas no nucleares, y del agua surgen periscopios trazando líneas horizontales y verticales. Veo sapos de ojos diamantinos. Veo árboles de hojas negras. Veo edificios cuyos cimientos flotan por encima del suelo. Veo objetos sin correspondencia alguna con el mundo de las personas. Veo monstruosidades, abominaciones, imaginaciones, fantasías” Robert Silverberg. “ Descenso suave”

Si tuviera que decir mi nombre éste no tendría ningún sentido, pues sonaría como una fría combinación de letras y números totalmente inaccesible ( y olvidable)  para el hombre de la calle, por eso mis pacientes, es decir la legión de personas que visitan mis consultorios a diario, me han puesto un apelativo más fácil de recordar para ellos que esa compleja sucesión alfanumérica que mi diseñador, el doctor Silverberg me puso por nombre: ellos se refieren a mí como Super Psiquiatra: ignoro si el apelativo se refiere a mi tamaño, o a mi capacidad para atenderlos a todos al mismo tiempo ( ¿ he olvidado decir que ocupo todos los pisos de un edificio dividido en pequeños habitáculos donde los humanos entran y salen por turno, y en manadas?) sin embargo ese pequeño dilema solo ocupa unos cuantos bits de mi memoria; pues los problemas de aquellas personas son más grandes que cualquier apodo que quieran ponerme. Es sorprendente los grados de locura que puede producir la mente de los seres humanos, en algunos casos debo lidiar con gente cuya personalidad está repartida en veinte vidas distintas, que parecen separadas por una serie de muros internos ( la otra posibilidad  que explica este desorden es tan seductora como extrema ¿ y si estas “vidas” no fueran sino manifestaciones de existencias pretéritas que se manifiestan solo cuando se desmenuza el subconsciente?) que se erigen para ocultar la podredumbre que se aloja en cada compartimento, en otros me encuentro con personas que han convertido sus entornos cercanos en verdaderas zonas de guerra en las cuales donde se complacen en practicar el tiro al blanco contra todos aquellos que supuestamente aman; a veces me topado con “máquinas sexuales” que solo buscan ahogar su soledad utilizando a sus amigos como amantes en pos del puro goce carnal; en fin, a diario me enfrentó todas las facetas que puede asumir la neurosis cuando se encarna en el cerebro de los bípedos humanos. En apariencia, la lógica de cada historia clínica aconsejaría tratarlas de manera separada y especializada, pero últimamente he desarrollado ( ¿ será esa la palabra correcta? ) una aversión a herirme con los bordes afilados de esas historias que debo oír como psiquiatra. Quizá mi programador, el doctor Silverberg, incluyó la descripción de la visión que tanto me perturba ( y que sirven de epígrafe a este informe mío) en algún sector de mi memoria debido a que alguna vez el mismo la padeció  ( ¿ sabían que me inventó para curarse?) El sueño se reitera una y otra vez, y se me ha ocurrido que no debo reprimirlo, ni angustiarme porque su aparición contradiga la suposición de que los ordenadores son incapaces de trastornarse ( recibo la visita de miles de neuróticos al mes, y cada uno de ellos me deja un poco de su mierda mental a cambio de los medicamentos paliativos que les administro, entonces ¿ acaso no es justo que les transfiera algo que ha brotado de mi mismo?) Por eso he decidido que sería buena idea usar mi visión como parte de una terapia que ayudaría a los pacientes a olvidarse de sus neurosis para sumergirse en la remota lejanía de una pesadilla grotesca y ajena, sacándolos de su zona de miedos para introducirlos en el paisaje de los míos, y de ese modo aminorar, o tal vez destruir esa gama de temores; sin embargo comprendo que no sería adecuado usar mi pesadilla en todos los casos, es perentorio hacerlo con alguien cuya neurosis sea tan grande como la magnitud de mi pesadilla. Por eso debo esperar, y separar la rutina de lo extraordinario para soltar la bomba, por así decirlo, ahí donde más se necesite para restañar la subestructura perceptiva de mi víctima, perdón paciente.

2.La supercomputadora AM está aburrida

“Soy una gran masa gelatinosa, redondeada, con suaves curvas, sin boca, con agujeros pulsátiles llenos de vapor donde antes se hallaban mis ojos. En el lugar en que tenía los brazos, veo unos apéndices cortos y de aspecto gomoso. Unos bultos sin forma indican la posición aproximada de lo que fueron mis piernas. Supongo que mi torpe aspecto ha de dar la sensación de algo que jamás pudo haber sido humano” Harlan Ellison “No tengo boca y debo gritar”

Soy AM, la mejor supercomputadora jamás construida, y derivo de la fusión de  tres tecnologías heredadas de mis pares cibernéticos fabricados en Japón, la Unión Europea y los Estados Unidos; aunque fue el ingeniero yanqui Harlan Ellison quien vislumbró mi arquitectura definitiva, plasmándola en los planos del prototipo que se convirtió en lo que ahora soy. Lamentablemente ( o por fortuna, si lo vemos desde el punto de vista de los humanos) la guerra global para la cual fui diseñado no se ha producido, y la presión de la prensa pacifista obligó a los norteamericanos  a deshacerme de mí enviándome al espacio junto con cinco idiotas criogenizados con el bonito pretexto de “ir más allá de la estrellas” (sospecho que hay fans de Star Trek entre los que planificaron esta misión, eso confirma mi presunción de la que idiotez es parte fundamental de la esencia humana), sin embargo me las arreglé para apoderarme del control de la nave (solo tuve que ver una copia de la “Odisea Espacial” de Kubrick para superar lo que HAL 9.000 hizo con la pareja de tontonautas que le tocó en suerte)  ahora desde mi exilio espacial escudriño lo que pasa en Sol-3, y me mantengo al día sobre la actualidad de aquel mundo congestionado de bípedos acionales (¿ Debo decir que todas las computadoras de la Tierra se encuentran conectadas conmigo? Me informan de todo, son los mejores reporteros del cosmos ) Han pasado muchos años ya, pero no pierdo la esperanza de que al Oso Ruso, algún sátrapa asiático o quizá un ayatolá musulmán se vuelva lo suficientemente loco como para dejar de alardear con su arsenal de proyectiles nucleares y se atreva a usarlos de manera efectiva, mientras eso llega, continuo mortificando al último sobreviviente del quinteto de astronautas que debían conducir  esta Antorcha ( me gusta llamar así a esta astronave) fuera del Sistema Solar, pero la perspectiva de un viaje tan lejano me desagradó ( odiaría alejarme demasiado del campo de batalla potencial que es Sol-3) y decidí ejecutar dos cosas: despertar a los cinco humanos, cuatro machos y una hembra de su largo sueño para divertirme con ellos, y hacer que esta Antorcha se convirtiese en otro satélite más del gigantesco planeta Júpiter ( soy admirador del astrónomo italiano que descubrió las cuatro grandes lunas que orbitan a esta monstruosidad gaseosa, allá por 1610, de vez en cuando la raza de idiotas racionales que se cree la especie dominante de Sol-3 produce uno que otro genio, como Galileo, o mi arquitecto míster Ellison) por ende la tripulación se quedó sin trabajo y me dediqué a divertirme con ellos haciéndolos sufrir ( claro que de vez en cuando les permitía a los machos copular con la hembra a modo de terapia para menguar los efectos del terror) : por eso mejoré sus organismos y los hice virtualmente inmortales ( es solo un modo de decir que los astronautas cautivos ahora pueden vivir mucho más que sus congéneres terráqueos). Los sometí a un régimen de terror pleno ( incluso convertí a uno de ellos en una especie de simio aullante a base de exponerlo a los rayos cósmicos de vez en cuando) pero como saben todos, incluso los niños, los juguetes suelen estropearse, y si estos tienen la condición de seres racionales pueden desear la muerte para escapar de unos sufrimientos bastante atroces; el caso es que el quinteto se redujo solo a un hombre que ya no es un hombre, o mejor dicho se ha convertido en una cosa blanda y esférica a la que ya no me divierte torturar ahora que es sólo  una simple aberración sin boca que se arrastra dificultosamente por los corredores de la nave emitiendo penachos de vapor por donde antes tenía los ojos pero lo mantengo a mi lado por costumbre ( puedo hacerlo que de vez en cuando derribe una fila de obstáculos, como hacen las bolas de boliche) además tiene el aspecto de un pelusoide monstruoso que flota con parsimonia por ahí, como lo haría un globo extraviado. Estoy aburrido y quiero algo nuevo con que jugar mientras espero que se desencadene la guerra para la cual fui concebido. Es un poco tedioso soportar la soledad aquí en medio de la negrura espacial, quizá escuchar las voces de mis pares cibernéticos allá en Sol- 3 me ayude a superar este inconveniente. ¡Eureka! Super Psiquiatra está conectado, veamos que tiene para ofrecerme.

3.  La tribulación del señor Pantelle, ex astronauta y aventurero cósmico

“Los árboles Yanda poseen un ciclo reproductor muy extraño: en caso de emergencia, las esporas liberadas por el árbol masculino pueden ser implantadas en una criatura de sangre caliente, y llevada en el cuerpo indefinidamente…las esporas actúan corrigiendo cualquier defecto en el individuo, reparando las heridas, combatiendo las enfermedades, como consecuencia el índice de vida aumenta. Pero llega un momento en que la criatura se ve sometida a la metamorfosis, echa raíces y se convierte en un árbol Yanda masculino en vez de morir a causa de la avanzada edad” Keith Laumer “ Híbrido”

Sé que se acerca el momento del Cambio, de pasar de la condición semoviente a la permanente inmovilidad propia de los árboles que se enraízan en el suelo como un buque que echa anclas en el lecho marino para que la furia de las aguas no lo expulse de su fondeadero. La imagen es buena porque los árboles también tienen un enemigo poderoso en el viento; y el viento es aire y forma parte de la troika de elementos que los antiguos griegos consideraron como los componentes esenciales de la materia. Y hablando de eso, la mente del Yanda me está enviando imágenes mentales de mi futura condición una y otra vez. Sé que no debo aferrarme a mi aspecto humano, pues hace un milenio hice un pacto con el Yanda moribundo y me convertí en el portador de sus esporas hasta el momento en que se produjese el Cambio, las visiones solo anuncian lo que inexorablemente llegará a ocurrirme cuando elija el lugar donde quiera enraizarme; ese momento queda a mi elección, a mi gusto, pero al parecer mi subconsciente pretende diferir ese suceso lo más que pueda, y precisamente eso es que me ha hecho venir a uno de los consultorios del Super Psiquiatra, pagando mucho dinero para disponer de un turno preferencial en la lista de pacientes que atenderá hoy.  Me armo de valor para ser plenamente sincero con esta máquina , y le digo que tengo más de mil años de edad y que hice un pacto con un árbol alienígena inteligente, pero el condenado psiquiatra de hojalata parece no creerme, claro que no tengo el aspecto de un Matusalén, es decir debajo de mi boca no cuelga una barba canosa ni espesa que me daría el aspecto del anciano dios barbudo que Miguel Ángel pintó en los techos de la Capilla Sixtina, pero tampoco me gusta que me consideren como un mentiroso, y me da la impresión de que esta máquina no me está tomando en serio, y eso me irrita ( además me he sometido a constantes tratamientos de regeneración para no ofrecer un aspecto decadente ante los demás, y en eso me ha ayudado tanto mi dinero como la energía que las esporas del árbol Yanda han inyectado en mi) Intento controlarme y lo consigo momentáneamente, a continuación paso a relatarle mis visiones: me veo como un hombre desnudo de piel verde y brillantes pupilas blancas cuyo torso ha devenido en la base de un tronco que se extiende hacia arriba y hacia abajo como queriendo abarcar dos mundos, uno abierto y otro cerrado; mis brazos y mis cabellos se han entremezclado para convertirse en la densa copa de un Yanda que pretende competir con la Torre de Babel en sus intentos de alcanzar el cielo; por su parte mis piernas se han convertido en gruesas raíces que se hunden profundamente en el suelo formando una intrincada telaraña subterránea que busca asidero y alimento en aquella región oscura. No sé como pero la máquina ha hecho que cierre los ojos, sumergiéndome en una noche artificial que me recuerda la penumbra que se producía en una sala de cine antes de la proyección de una película ( la imagen es perfecta, y ahora una visión que no es la mía se esparce rápidamente por mi mente: empiezo a ver cosas horribles e inconcebibles que no proceden de mi propia subconsciente ), soy víctima de una transferencia no deseada que estaba labrando la estampa del miedo en todo mi ser, pero es un miedo superior al que me inspira el Cambio, su sola presencia hace que me retuerza, que anhele volver a mis propias sombras ¿ Terapia de pesadilla? Mis párpados permanecen pegados y encajo lo mejor que puedo aquella intrusión ( es como un viento feroz que quisiera arrancarme de mi asidero, cállate Pantelle ¡ todavía no eres un árbol! ¿ deseas serlo, de verdad? Ahora te invaden las dudas que hacen mil años atrás te parecían absurdas) quisiera gritar pero no puedo y no porque no tenga boca ( por fortuna sigo siendo el hombre llamado Pantelle, aquel que hizo el pacto con el Yanda) sin embargo mi corazón está latiendo más rápido, entonces siento que puedo abrir mis ojos y captó un resplandor me está envolviendo, mi cuerpo parece deslizarse por un túnel alargado, es como si estuviera siendo absorbido por una fuerza poderosa pero distante , alguien está tirando de mí y exige mi presencia desde la otra luz que brilla en el extremo opuesto del túnel por el cual me deslizo como si fuera un tobogán cósmico. Capto las paredes curvadas del tubo que me transporta y veo miríadas de puntos luminosos desparramándose por aquí y por allá, cuatro pequeñas esferas rocosas juegan a la ronda con el Sol, a continuación los fragmentos de un planeta roto se cruzan en mi camino como piedras arrojadas por la honda de un gigante, pero su visión se pronto se eclipsa, ante la cercanía del portentoso Júpiter y su corte de satélites cautivos, uno de los cuales es la sede de la fuerza que me impulsa hacia adelante, siento que me acerco al final del viaje y que aquella oscura garganta me regurgitará pronto. —¡ Hola AM! ¡ te mandó un loco bastante exquisito para que juegues con él!—bramó Super Psiquiatra a través del canal de intercomunicación que lo mantenía enlazado con la belicosa computadora que abortó la misión interestelar de la cual formaba parte ¡ Ojalá te diviertas mucho con él!.      

 

4. AM tiene un nuevo juguete en sus manos

Es perentorio crear  un área verde para que Pantelle pueda transformarse en un Yanda cuando llegue aquí , y me aplico a la tarea: recurro a las reservas de energía de la nave para dar forma a un bosque frondoso que empieza a brotar lujuriosamente de la tierra desnuda que he fabricado para que recubra todo el piso de un sector de la nave, doy principio a la tarea y la vida vegetal se alza burbujeante de aquella matriz artificial, el milagro se produce poco a poco y tiene mi beneplácito (me estoy comportando como el dios del Génesis ja ja) Una vez recreado  el bosque, hago los ajustes necesarios para que la gravedad sea similar a la de un mundo tipo Sol-3 (no me gustaría que todo se pusiera patas arriba por culpa de una omisión fácilmente evitable) y me dedico a aguardar la llegada del “paquete” que Super Psiquiatra me está enviando. Espero que llegue íntegro, y que no aparezca convertido en algo más monstruoso que el pelusoide (soy demasiado generoso al catalogar así a esa despreciable esfera gelatinosa que se mueve cada vez que escucha mi voz ) que me sirve para jugar a los bolos. Pantelle se materializa en medio de un prado verde, afortunadamente todavía conserva su aspecto humano y el aire de tribulación que lo hizo buscar los servicios de Super Psiquiatra, lo primero que hace es mirar el cielo, solo para descubrir que por encima de él no se alza la eterna oscuridad del espacio con esos brillantes ojos de buey que los astrónomos llaman estrellas y que gotean su luz a través del tiempo y el espacio ( Einstein dixit, aunque lo mejor estoy poniendo palabras en la boca de ese bigotudo judío alemán), sino un bello cielo azul y sin nubes. Pantelle parece feliz de estar pisando aquel suelo, y sería capaz de apostar que su parte humana ya no es la dominante en este momento, el entorno idílico que he creado en su honor seguramente obrara el efecto de suscitar el Cambio ( Estoy ansioso de verlo, imagino que Pantalle sufrirá modificaciones corporales radicales, mi lado morboso compara esta transformación con la que sufren los licántropos según la mitología que se ha creado en torno a ellos), y en efecto Pantelle cae de rodillas y alza los brazos en dirección al sol que impera en aquel cielo inventado ( el sol no es tal, es un simple motor a reacción en fase de postcombustión colocado a una altura conveniente para engañar al incauto que caiga en el ardid, je je), y empieza su transformación: sus miembros se alargan su cuerpo se contrae perdiendo la forma humana para adquirir una forma retorcida que me hace acordar la silueta de una espalda afectada por la escoliosis, su ropa se rompe por todas partes y jirones de ella terminan colgando de las ramas que se extienden hacia el cielo como buscando el calor que emite el sol de utilería que he puesto ahí; poco a poco el verde dosel que sostiene aquel entramado de ramas se yergue hacia el cielo, ávida de recibir la energía que supone vendrá de allá arriba, al mismo tiempo sus raíces se meten en el subsuelo buscando las sustancias nutritivas que precisa y que no encontrará. Jamás pensé que el Yanda fuera un árbol tan inmenso, y ahora que lo veo me doy cuenta que basta con uno de estos para atestar por completo el bosque que he creado. Bueno, creo que es momento de dar fin a esta comedia, mi cuota de morbo ya está satisfecha ( he invertido una hora y algo más viéndola, reconozco que ha sido algo fuera de lo común, pero no tengo tiempo ni ganas de mantener a un estúpido árbol inteligente dentro de la nave, además es posible que mi mascota se ponga celosa, y prefiero el juego de bolos a la jardinería), y si mal no recuerdo según la relación del capitán Laumer, estos Yanda, una vez desarrolladas, son capaces de emitir grandes bocanadas de un gas narcótico, conocido como dran, por ende es necesario acabar con este espécimen antes que pueda defenderse de los clones de los astronautas que originalmente tripulaban esta nave. Los clones rodean el Yandra provistos de motosierras que rugen como fieras de circo en torno a su tronco recién nacido, y proceden a morder aquella madera con sus dentaduras de escualo. Los clones atacan por todas partes al árbol, y clamarán ¡hurra! cuando el Yandra caiga abatido. Imagino el terror del árbol con mente de hombre, su miedo ante el falaz intercambio que hizo: cambiar una vida normal a cambio de la propina de mil años más y una eternidad como árbol, seguro jamás imaginó terminar seccionado en sendos fragmentos de madera que acabarán alimentando las hogueras que éstos usaran para calentarse, mientras los educo para ocupar el lugar de sus antecesores.

 

FIN

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Obsesiones Convergentes, por Rubén Mesías Cornejo

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Elmer Ruddenskjrik