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La odisea de un demiurgo californiano: a propósito de “Volpla” de Wyman Guin

La odisea de un demiurgo californiano: a propósito de “Volpla” de Wyman Guin

El 18 de setiembre de 1995 compré, a bajo precio, en un puesto callejero de libros usados, ubicado por aquel entonces en la calle Héroes Civiles (un pequeño jirón que desemboca justo frente al tugurizado Mercado Modelo de la ciudad de Chiclayo) una voluminosa antología de ciencia ficción compilada por Groff Conklin (lamento no poder informar al lector sobre este personaje, pues hasta el momento no ha despertado mi curiosidad para nada). El libro había sido editado por la Editorial Bruguera, con sede en la Ciudad Condal (es decir Barcelona, vale), y le impusieron el predecible título de “Los mejores relatos de Ciencia Ficción” (pese al genio creativo de quien estuviera a cargo de hacer esto, confieso que fue la cantidad de páginas, exactamente 558, lo que me indujo a desembolsar cinco soles peruanos con el fin de rescatarlo del suelo donde estaba siendo exhibido)

galaxy_195605Cuando lo abrí, me enteré que iba por la quinta edición, y esto me hace suponer que el título, amén del nombre de Narciso Ibáñez Serrador que también figura en la portada, y en letras rojas como para que no te olvides de leer su nombre ( en 1995 no sabía nada sobre él, al año siguiente supe, gracias a los fascículos de una enciclopedia de cine, atrasada pues databa de los años ochenta, adquirida en un modo similar al libro del cual estoy hablando, que se trataba de un cineasta español especializado en filmes de horror) habían hecho que el libro se vendiera relativamente bien , en aquella España que ya vivía los últimos años del franquismo ( Bruguera lanzó al quinto clon de esta antología en 1972, tres años después Paco Franco estiraba la pata, yéndose a juntar con sus compadres Adolf y Benito, alias el Fuhrer y el Duce respectivamente, los cuales habían emprendido el viaje eterno exactamente treinta años atrás, vale ) Para los que quieran saber porque el libro es tan gordo ( no quiero que sea pesado, sino que contiene más de quinientas páginas, y además se me provoca poner esta palabra porque la juzgo super simpática, ¿ estamos?) les contaré que la causa es muy simple; en realidad el libro que apareció en castellano bajo el titulo antes mentado, no es más que la reunión de dos antologías compiladas por Conklin, con diferentes títulos, a saber 13 Great Stories of Science Fiction y 12 Great Classics of Science Fiction, publicadas por Fawcett Publications en 1961 y 1963 respectivamente. Sabido es que en el mundo editorial se les aplican el mote de “ómnibus” a los libros concebidos bajo este formato, y si tomamos esta palabra en un sentido metafórico podemos decir que la antología que Bruguera había puesto en circulación en España e Hispanoamérica tenía 25 pasajeros (o mejor dicho 23 pues dos autores: Algys Budrys y Poul Anderson aparecían dos veces en las mismas, como figuritas repetidas de un álbum de cromos, ja ja)

A decir verdad las palabras introductorias de Ibáñez Serrador no hacen plena justicia a los autores seleccionados por Conklin en cuanto a referirse específicamente a esas historias, más bien se dedica dizque a defender la ciencia ficción de la etiqueta de “refrito moderno de los mismos temas en que se basan los relatos del Oeste y las novelas policiacas” ( lo que me hace concebir la sospecha de que no leyó los cuentos incluidos en la antología “ómnibus” preparada por los chicos de Bruguera a partir de las compiladas por Conklin, mi sospecha se fortalece porque luego de este breve prólogo, el de Ibáñez Serrador, se incluye la publicación de “ El cohete” de Ray Bradbury, un relato construido en torno a una imaginería bastante tópica sacada de la etapa más primitiva de la ciencia ficción, como dejan entrever estas líneas, extraídas del mismo: “las dos niñas traían unas muñecas que representaban a los habitantes de Marte, Venus y Neptuno: maniquíes verdes con tres ojos amarillos y manos de seis dedos”( El cohete, pág. 15) , y no considerado por Conklin entre los cuentos que seleccionó, supongo el texto de Bradbury fue traducido e impreso  para “justificar” las aseveraciones vertidas por Ibáñez Serrador en su introducción.

De los veintitrés pasajeros, perdón autores, de esta antología (tan importante en mi formación como fan de la ciencia ficción porque tuvo la virtud de proporcionarme un abanico de autores y un panorama de temas a mi avidez lectora) he decidido hablar, en esta oportunidad de Wyman Guin (1915-1989) y de su relato “Volpla” publicado en mayo de 1956 en la revista Galaxy.

Gracias a Wikipedia y a la Tercera Fundación hemos podido reconstruir, a grosso modo, la vida y la trayectoria literaria de Wyman Guin, y vamos a ello pues. Nacido en Oklahoma, en 1915, Guin estudió Farmacología, pero no se desempeñó como tal sino como ejecutivo de publicidad; cuestiones laborales aparte, podemos decir que Guin consiguió obtener un relativo renombre como autor de ciencia ficción en el mundillo de las revistas estadounidenses dedicadas a la difusión del género entre los años cincuenta y setenta. A continuación brindamos una somera relación de los textos, entre cuentos y novelas, publicados por Wyman Guin entre 1950 y 1973:

  • Trigger Tide ( 1950, bajo el seudónimo de Norman Menasco )
  • Beyond Bedlam(1951)
  • My Darling Hecate(1953)
  • The Root and the Ring(1954)
  • Volpla (1956)
  • The Delegate from Guapanga(1964)
  • A Man of the Renaissance(1964)
  • Standing Joy (novela 1969)
  • The Evidence for Whooping Cranes(1973)

Ahora vamos a centrar nuestra atención en Volpla (págs. 83-111) , un cuento que leí por primera vez hace 21 años; si leemos lo que dice Conklin en su prólogo , este cuento trata simplemente sobre “un hombre que inventó un nuevo animal”, y esto es cierto, pero no toda la verdad, por así decirlo. Si el lector que lee este artículo se da cuenta, verá que lo he titulado “La odisea de un demiurgo californiano”, y no lo he hecho de manera gratuita, la acción del cuento transcurre en California, (¡ sí! la tierra del Zorro ) y el protagonista es un científico abocado a la experimentación con animales, un poco al modo del trágico doctor Moreau diseñado por Herbert George Wells, pero no queremos forzar el paralelismo pues si bien ambos textos tienen un tema en común que es la creación de un nuevo ser tomando como base otro distinto, concluyen de manera diferente . En “Volpla”, el protagonista ,que carece de nombre y narra la historia en primera persona , no es el típico “científico loco” que pretende llevar a cabo, y a toda costa, una posibilidad exótica y horrible; todo lo contrario, más bien es un tipo campechano que trabaja en el laboratorio de su propia casa de campo, en aras de jugarle una broma al mundo; aunque, dicho sea de paso, mantiene a su familia completamente a oscuras sobre los resultados del largo proceso que le ha llevado obtener un mamífero planeador de aspecto humanoide a partir de las sucesivas mutaciones de las ratas de alcantarilla que fueron la materia prima del experimento, pero lo hace con el fin de mantener totalmente en secreto la existencia de los seres que serán el vehículo de su jugarreta: “ Aprendí que lo mejor es permanecer tranquilamente la expectativa y observar cómo reacciona la gente ante la sorpresa que se le ha preparado” ( Volpla, págs. 87-88)

Es decir nuestro demiurgo, en el sentido de un ser dotado de potencia creadora, no pretende nada más que suscitar la intriga entre la opinión pública, ante la súbita aparición de unos animales nunca antes vistos, presuntamente venusinos, provistos de un cierto grado de inteligencia, además capaces de hablar, con ¡un vocabulario de 800 palabras!, y para más inri ¡hechos en casa! : “En la oscuridad sonreí al pensar en los suplementos dominicales que los periódicos publicarían dentro de un año aproximadamente, quizá menos” ( Volpla, pág. 99)

De ese modo, y con la ayuda de un acelerador metabólico, nuestro “prota”( como dicen los españoles) se las ingenia para tener listos un buen número de volplas con los cuales colonizar los alrededores de su rancho californiano: “ Hacia los fines de semana, estas superfamilias estaban esparcidas en una extensión aproximada de siete kilómetros cuadrados…Había enseñado a los volplas a hacer fuego, y a usar hierba, vides y matorrales para construir casas de árboles maravillosamente diseñados, en los cuales los jóvenes y, a veces, los adultos dormían entre mediodía y medianoche… Resulta evidente que no precisarían más que algunas semanas para establecer sus propios medios de supervivencia, y desarrollar por su cuenta una cultura rudimentaria. Después podrían abandonar mi rancho y la broma proseguiría” ( Volpla, pág. 100)

Para no estropearle el gusto a los lectores que se animen a leer “Volpla” no diremos más sobre trama del cuento ,simplemente los invitamos a percatarse por sí mismos lo que le acontece a un científico / bromista cuando pierde el control de su propia broma / experimento , ahí radica, en nuestra opinión la originalidad de este cuento bastante ameno de seguir, y que de algún modo ilustra sobre el vínculo de responsabilidades—y tribulaciones—que se establecen entre un creador y las criaturas que ha creado. ! Feliz lectura!

Rubén Mesías Cornejo.

Chiclayo, 6 de mayo de 2016.

 

Como obsequio por haber leído por completo la reseña, aquí tenéis en descarga gratuita el relato en cuestión:

Descargar “Volpla”

 

 

 

 

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María Larralde