Después de la Tercera Guerra Mundial, las Casas Madres relegaron el poder de los Gobiernos a un segundo plano, tomando el control de los planetas colonizados del Mundo Exterior. La robotización industrial —que tanto auxilio prestó a Estados Unidos durante el conflicto— cobró una importancia desmesurada: los fondos económicos de las grandes corporaciones se destinaron a la construcción de nuevos prototipos de combate.

Las empresas armamentísticas que antaño los vendían al ejército no tardaron en fabricarlos en masa. Nadie imaginó que las máquinas adquirirían conciencia propia y se rebelarían contra sus creadores. Una oleada de terroristas, letales y sanguinarios, perfectamente organizados y provistos del mejor armamento, sembraron una estela de muerte y destrucción.

Al comprender que habían abierto la Caja de Pandora, los presidentes de las Casas Madres crearon unidades de élite para eliminar a las máquinas que habían arrojado al mundo: los agentes ejecutores. Estos fueron entrenados bajo los auspicios de militares veteranos de todas las guerras conocidas.

Los agentes ejecutores trabajarían al margen de la Ley, tendrían jurisdicción en todas las naciones y podrían utilizar los métodos que fueran necesarios para llevar a buen puerto las operaciones asignadas. En un universo carente de esperanza, destruido por la lluvia ácida, la contaminación industrial y la carencia de recursos naturales, las soluciones extremas fueron la única alternativa viable para restaurar la armonía. El ser humano aceptó exterminar el caos a cualquier precio.

Solo soy un simple soldado —un sargento de la Orden de los Centinelas que trabaja para la Corporación Schneider— instruido para obedecer a sus superiores. Aunque mi profesión me repugne, cumplo las órdenes a rajatabla. El Consejo de Guerra prende sobre mi cabeza; destino que no pienso correr si puedo evitarlo. Mi primera operación cibernética sentenció mi destino. A partir del momento en el que los neurocirujanos reemplazaron las partes dañadas de mi anatomía por implantes mecánicos, no hubo marcha atrás.

Me transformé en un asesino frío y despiadado capaz de cometer las peores atrocidades; nunca logré controlar la insensibilidad de los injertos. Es el motivo por el cual consumo anfetaminas. Gracias a ellas consigo experimentar alguna emoción, escapar de los bordes helados que representan los órganos artificiales que me aproximan a la hibridación absoluta. ¿Qué puedo hacer para evitar el inaceptable futuro que se dibuja en el horizonte?

Las misiones de exterminio son cada vez peores: me enfrento a los enemigos más sofisticados que cualquier militar podría temer; cibernados con capacidades físicas e intelectuales que rayan lo sobrehumano.

En muchas ocasiones deseo empuñar un arma, terminar con una vida que dejó de tener sentido hace décadas. El problema es que mis superiores no tardarían en reconstruir lo que quedara de mi anatomía; jamás me permitirán el descanso. Soy más máquina que humano; hecho que me mantiene atado a las cenizas del pasado con una fuerza devoradora.

Lloro sumido en la amargura, enervado por el efecto de los estimulantes que acabo de consumir. Lo he perdido todo…

Dorian Stark

 

Biografía César Herce:

César Herce Díaz (CAESAR). Arnedo (La Rioja, 1977). Ilustrador, dibujante y guionista autodidacta, ha publicado sus historietas en fanzines como BIPOLAR, o revistas como EL ARCA DE LAS HISTORIETAS (Zona 84) y CTHULHU (Diábolo ediciones). Ha colaborado en cómics como  GOLDEN AGE WORLD, COMIC_21, RENNA EN TIERRA DESCONOCIDA, FURIOSA y EUROCORPS. Ha Ilustrado novelas como DORIAN STARK o antologías como DESCUBRIENDO NUEVOS MUNDOS II y es, además, el creador del Webcómic paródico ÁGUILA COJA, (Recientemente editado por @ftercomic) o El Conjurador de Tormentas (Revista Cthulhu). Próximamente publicará su primera novela gráfica LOS MUNDOS DE AKALANNA con editorial Nowevolution.

Web: caesarium.blogspot.com     

Mail: caesarllion@gmail.com

Twitter: @CaesarTwitt

 

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