Breve análisis sobre los personajes por María Larralde

 Desde mi punto de vista hay, en esta novela, dos tipos generales de personajes: los personajes anclados en la sociedad tradicional / personajes representantes de la sociedad moderna.

Los personajes anclados en el romanticismo podríamos decir que son unos seres cándidos, leales, sinceros… menos Frankenstein y Walton. Es decir, Clerval, Elisabeth, el padre de Víctor… no son personajes de una sociedad moderna basada en el cientificismo, el pragmatismo y el materialismo. Me refiero a que todos tienen personalidades (y con personalidad me refiero a su forma de estar en el mundo) cuyas inclinaciones y moral tienen mucho más que ver con una época anterior a la modernidad: un ideal romántico y espiritual en Elisabeth; un ideal casi medieval en la personalidad de Clerval.

Pongamos el ejemplo de Clerval. Este es un joven amigo de Frankenstein. Un hombre que es fiel, un amigo ejemplar, incapaz de traicionar a Víctor. Por cierto, muy al contrario que Víctor, cuyo relativismo moral varía, aunque no lo diga, según sus propios intereses. Y, de igual forma, el padre de Víctor es un hombre de una forma de vida basada en la familia tradicional como valor supremo, aunque está impregnado por el nuevo relativismo y queriendo ser liberal, en su forma de educar a Víctor, logra crear un monstruo sin moral. Lo cual me recuerda que, en la actualidad, a la generación a la que nos han colgado la etiqueta de boomers nos ha ocurrido lo mismo. Nos criamos y educamos en una sociedad y en unas familias estructuradas, con una moral definida, clara y estable, pero la nueva sociedad nos ha inculcado y, en ocasiones, obligado a criar a nuestros hijos sin moral ni ética ninguna, con un relativismo intelectual y moral mucho más pronunciado que en el siglo XVIII. Pero siguiendo con los personajes de la novela:

Sobre Henry Clerval dice Víctor:

“Su tema de estudio favorito eran los libros de caballería y romances, y recuerdo que de muy jóvenes solíamos representar obras escritas por él, inspiradas en estos sus libros predilectos, siendo los principales personajes Orlando, Robin Hood, Amadís y San Jorge.”

Sobre Elisabeth dice Víctor, tras la muerte de su madre y su rápida recuperación, cuando siente ganas de volver a su proyecto de irse a estudiar fuera:

“De nuevo se volvió a hablar sobre mi viaje a Ingolstadt, que se había visto aplazado por los acontecimientos. Obtuve de mi padre algunas semanas de reposo, período que transcurrió tristemente. La muerte de mi madre y mi cercana marcha nos deprimía, pero Elizabeth intentaba reavivar la alegría en nuestro pequeño círculo. Desde la muerte de su tía había adquirido una nueva firmeza y vigor. Se propuso llevar a cabo sus obligaciones con la mayor exactitud, y entendió que su principal misión consistía en hacer felices a su tío y primos. A mí me consolaba, a su tío lo distraía, a mis hermanos los educaba. Nunca la vi tan encantadora como en estos momentos, cuando se desvivía por lograr la felicidad de los demás, olvidándose por completo de sí misma.

Parece un elogio ¿Eh? Sin embargo, Víctor jamás agradecerá nada ni a Elisabeth, ni a su padre, ni a Clerval sino que más bien los usará, les mentirá, les ocultará la verdad y sobrevivirá a todos ellos sin el menor complejo, incluso haciéndose la víctima de las circunstancias. Analicemos más de cerca a este “hombre de ciencia”.

Personaje principal. Víctor Frankenstein

RESUMEN DE FRANKENSTEIN (LIBRO) DE MARY SHELLEY

Víctor es el hombre moderno en todos los sentidos, incluso, en su psicología dado que él mismo reconoce que: “…antes de que la desgracia me empañara la mente y cambiara esta alegre visión de utilidad universal por tristes y mezquinas reflexiones personales.” Nos habla de su niñez feliz, es decir, antes de que antepusiera su propio ego narcisista y enfermo de gloria personal a los ideales universales: familia, bienestar, concordia, felicidad, equilibrio, generosidad… Sin embargo, no creo que, en realidad, Víctor haya cambiado, sino que lo que va ocurriéndole a lo largo de sus primeros pasos como científico es que, al enfrentarse al mundo moderno, es decir, el mundo de la razón, del materialismo grosero, de la funcionalidad, de la falta de creencias trascendentes, puede mostrarse como es genuinamente: un hombre que cree que “los hombres”, que un ser humano, es un mero agregado de partes… es el funcionalismo radical. Ya no hay alma, ya no hay trascendencia, ya no hay vida humana en sentido pleno. Y daría igual que su interés hubieran sido los orangutanes, el caso sería exactamente igual. Porque lo que le determina es una falsa interioridad y una superficialidad aberrante en todos sus planteamientos. Podríamos decir que hoy en día a esta inmoral y superficial forma de “ser” tan propia del hombre moderno podemos añadir la falta de aspiración hacia la verdad y el bien que tan frecuente es en la mayoría de nuestros conciudadanos. En su caso, sí hay aspiraciones, hay muchas, demasiadas aspiraciones basadas en un egocentrismo y subjetivismos desmedidos, sin contemplar la ética ni, por supuesto, la moralidad de sus actos.

Víctor Frankenstein es tan incapaz de responsabilizarse de sus propias decisiones a lo largo de la vida que, es capaz de culpar a su padre por no haberle explicado, cuando de forma casual encontró un libro de Cornellius Agrippa sobre Filosofía Natural, que aquel prototipo de ciencia ya estaba superado y que mejor hubiera sido dedicarse a una ciencia moderna como la química. Es decir, la culpa de sus propias inclinaciones desde la infancia hacia ciertas lecturas perniciosas es de su padre. Pero ¿quién en su sano juicio decide su futuro en una trivial conversación con su padre en su infancia? Mejor leamos el fragmento:

Le dice su padre: “¡Ah, Cornelius Agrippa! Víctor, hijo mío, no pierdas el tiempo con esto, son tonterías.

Victor Frankenstein | Wiki Villanos del Cine de Terror | Fandom

Contesta él, en tiempo presente, sin ningún tipo de vergüenza, vamos: Si en vez de hacer este comentario, mi padre se hubiera molestado en explicarme que los principios de Agrippa estaban totalmente superados, que existía una concepción científica moderna con posibilidades mucho mayores que la antigua, puesto que eran reales y prácticas mientras que las de aquélla eran quiméricas, tengo la seguridad de que hubiera perdido el interés por Agrippa. Probablemente, sensibilizada como tenía la imaginación, me hubiera dedicado a la química, teoría más racional y producto de descubrimientos modernos. Es incluso posible que mi pensamiento no hubiera recibido el impulso fatal que me llevó a la ruina. Pero la indiferente ojeada de mi padre al volumen que leía en modo alguno me indicó que él estuviera familiarizado con el contenido del mismo, y proseguí mi lectura con mayor avidez.”

Nota: Agrippa fue un experto en ocultismo, filósofo, alquimista, cabalista, médico y nigromante alemán. Tiene una vida muy interesante que podéis consultar si os apetece[ML1] .

¡Genial, la culpa es del padre!! Siguió leyendo…a Agrippa (pobrecito él), y lo dice como si hubiera sido su condena. Bien, ¿y qué? ¿Quién justifica sus decisiones de esta forma? Si habéis indagado un poco en las personalidades psicopáticas lo habréis detectado rápidamente. En este caso el egocentrismo es tan extremo y está tan bien insertado en la novela que ni siquiera lo parece. Es decir, la novela nos convence de la inocencia de Víctor pues es, la novela en sí misma, una manipulación intelectual y emocional hacia el lector, de principio a fin. Nos engaña, no porque seamos tontos, sino por lo sutil de los discursos que parecen bienintencionados del propio Frankenstein. Unos discursos que Víctor Frankenstein estructura a la perfección pues consisten en:

1º Describir una situación trágica, desencadenada por él, e inmediatamente exponer circunstancias ajenas a su responsabilidad como factores desencadenantes de la misma.

El mensaje traducido a román paladino sería: ¡Ay!, ¡mira lo que ha pasado! ¡Pero yo no he sido!¡Me pilló por sorpresa!¡Fue culpa de estar en un momento inoportuno en un lugar inadecuado!

2º Mostrar la gran pena y tristeza que esa circunstancia le produce, o le produjo en su momento, pero acto seguido expresar que no tenía control sobre la misma ya que, en caso contrario, hubiera actuado para evitarlo. Mensaje: ¡Qué tragedia! ¡Ojalá hubiera podido hacer algo!

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El lector más avispado se queda perplejo ante el gran cinismo del personaje. Pero creo que habrá muchos lectores que ni siquiera percibirán estas graves faltas en Víctor dado que se identificará con su tragedia. Una tragedia que nunca vive él, sino que desencadena y pagan con su vida otros. Aunque hay que decir que la novela no quiere dejarnos esto claro del todo, y en alguna ocasión vemos cómo Víctor parece sentir realmente la muerte de sus seres queridos a manos del monstruo e, incluso, llega a decir que él es el culpable. Un ejemplo es la muerte de su amigo Clerval:

“¿También a ti, mi querido Henry, te han costado la vida mis criminales maquinaciones? Ya he destruido a dos; otras víctimas aguardan su destino, ¡pero tú, Clerval, mi amigo, mi consuelo! …”

Y se confiesa con su padre en otra ocasión, pero en realdad sus confesiones no llegan a nada más que a mostrar un desequilibrio mental que nadie cree, incluso al resto le parece que el pobre joven se auto inculpa por crímenes que no ha cometido, lo que hace que se le considere una persona con un corazón excesivamente bondadoso.

3º Si se le ve demasiado el plumero, cosa que ocurre en algunas de las escenas dentro de la novela, toma la decisión histriónica y repentina: de un aparente autocastigo que, en realidad, es una huida para evitar su responsabilidad. Sale corriendo, a veces, literalmente.

Mensaje: ¡No lo soporto, soy demasiado sensible! ¡Ahí te quedas, con el problema, adiós muy buenas!

4º La queja constante de su mala suerte es el perfil oratorio del personaje que acaba siendo un pesado insoportable; achacando todo el mal “sufrido” (cuando él no sufre ningún mal, sino que los sufren otros, su familia, amigos y el monstruo) a una especie de tragedia que es su vida.

Mensaje: ¡Dios mío los está matando a todos! ¡Pobrecito de mí! Y el lector se queda: “No me jodas Víctor… pobrecitos ellos por ser tu familia, menuda desgracia, chato”.

Esto es así durante toda la novela. A los demás personajes, incluido el monstruo, que dicho sea de paso es una víctima, este sí inocente del todo (aunque con matices en su desarrollo como personaje), no les aporta realmente nada. Más bien siempre son los otros los que aportan algo de valor en la vida de este personajillo siniestro que es Frankenstein. Pero, además, no es capaz de valorar nada en su justa medida. Veamos ejemplos, porque su lenguaje es capcioso siempre:

“Mi primera preocupación al regresar a casa fue hacerme con la obra completa de este autor y, después, con la de Paracelso y Alberto Magno. Leí y estudié con gusto las locas fantasías de estos escritores. Me parecían tesoros que, salvo yo, pocos conocían. Aunque a menudo hubiera querido comunicarle a mi padre estas secretas reservas de mi sabiduría, me lo impedía su imprecisa desaprobación de mi querido Agrippa. Por tanto, y bajo promesa de absoluto secreto, le comuniqué mis descubrimientos a Elizabeth, pero el tema no le interesó y me vi obligado a continuar solo.”

Es decir, a él le gustaban esos autores, entiéndase, las cosas seguramente absurdas de las que escribían. Pero, acto seguido, vuelve a culpar a su padre. El cual no sabía nada y solamente le hizo un comentario fugaz que no presenta realmente relevancia alguna para nadie. Sin embargo, lo vuelve a culpar por ello. ¿Por qué? ¿Por qué insiste? Está claro que habla para Robert Walton. Le está contando la historia de su vida para justificar sus malos actos de adulto: esto es signo inequívoco de maldad. Inequívoco. El tipejo abyecto se dedica a justificarse como adulto de sus actos libres. Lo hace contando sucesos absolutamente insignificantes de su infancia. ¡Insignificantes! Y si no decidme qué libro, sea el que sea, ha logrado que os dediquéis a destripar ancianas (es un ejemplo tonto) cuando habéis llegado a la edad adulta. Nadie lo obligó, muy al contrario, esas lecturas eran de su agrado y gusto. Él era así, eso era lo que le gustaba y atraía y, por eso, siguió investigando sobre esos autores. Él era el que deseaba llegar a tener un conocimiento “especial” pues ya se creía especial desde pequeño: “Me parecían tesoros que, salvo yo, pocos conocían.”

Por supuesto, a Elisabeth no le interesaba nada de aquello, porque seguramente serían conocimientos poco aplicables a su vida, pero Víctor vuelve a utilizar un lenguaje acusatorio y retorcido: Por culpa de que a ella no le interesaba me vi obligado a continuar solo.”

 ¿Obligado? Es decir, si yo no quiero ver una película porque no me gusta, ¿te ves obligado a verla solo? ¿Y qué? Puedes no verla o puedes verla, pero eso no dice nada de mí (que no quiero verla). Como veis cada párrafo es una joya, una increíble pieza de orfebrería psicológica y, por supuesto, el mejor perfil psicopático en boca de su propio actor que yo he leído jamás.

Y sigue la cosa: culpa a su familia por no ser “científica” para justificar lo que él acabó siendo. Por cierto ¿qué es una familia científica? Como veis los acusa de no ser una familia culturalmente moderna; los culpa por no haber sido escolarizado (aunque había dicho previamente que su infancia fue muy feliz justamente por ello y que su educación fue exquisita en casa) entrando en contradicciones constantes con el único objetivo de ser la víctima de todo y de todos… Un idealista llevado hacia su destino sin que lo pudiera siquiera sospechar. Pobrecito Víctor.

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Víctor dice: “Así pues, mis sueños no se veían turbados por la realidad, y me lancé con enorme diligencia a la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la vida. Pero era esto último lo que recibía mi más completa atención: la riqueza era un objetivo inferior; pero ¡qué fama rodearía al descubrimiento si yo pudiera eliminar de la humanidad toda enfermedad y hacer invulnerables a los hombres a todo salvo a la muerte violenta!”

¡Pues empieza bien su forma de confesarse y pedir perdón al mundo a través de Walton! Pero es que esa no es su intención, eso es lo que él nos hace creer, como buen retorcido malvado que es. Y nos lo hace creer porque su objetivo final es “hacer desaparecer” a la criatura que tantas molestias le ha causado y que ha puesto en duda su reputación y, creo yo, que su inteligencia. Vamos que prefiere morir antes de que se descubra que ha sido un malvado, un inútil y un completo gilipollas o tonto de capirote.

Pero, después de decir que quería ser el salvador de la humanidad, ¡acto seguido! sin ningún escrúpulo, dice: “No eran éstos mis únicos pensamientos. Provocar la aparición de fantasmas y demonios era algo que mis autores predilectos prometían que era fácil, cumplimiento que yo ansiaba fervorosamente conseguir. Atribuía el que mis hechizos jamás tuvieran éxito más a mi inexperiencia y error que a la falta de habilidad o veracidad por parte de mis instructores.”

¿A ver? Es decir, provocar que fantasmas y demonios campen por este mudo ¿cómo se puede unir a querer salvar a la humanidad? Aquí la escritora muestra cómo este personaje tiene una falta profunda de moral y de ética, su relativismo moral es terrorífico, le da igual ocho que ochenta, Juana que su hermana (esto último es literal) pues amar, no ama a nadie realmente y menos a Elisabeth de la que huye eternamente y a la que usa para lavar su imagen.

Y nos cuenta cómo perdió su virginidad intelectual: vio una tormenta, los rayos y lo que estos producen: electricidad. ¡Y se dio cuenta de que había perdido el tiempo! Pero su papaíto lo apunta a un curso de ciencia moderna, y (no nos cuenta porqué) no puede asistir. En ese momento tiene 15 años. Bien, estamos hablando del año 17… una persona con 15 años ya es un adulto, menos él claro. Y nos explica lo mal que le hizo sentir no enterarse de nada durante la clase a la que asistió. ¡De nuevo su ego herido! Bueno pues por ese motivo comenzó a estudiar un enfoque moderno y reglado: matemáticas, química, idiomas…

Sin embargo, aun estudiando las ciencias modernas mantuvo objetivos bien distintos pues:

…yo sentía cierto desprecio por la aplicación de la filosofía natural moderna. Era muy distinto cuando los maestros de la ciencia buscaban la inmortalidad y el poder; tales enfoques, si bien carentes de valor, tenían grandeza;

Es un personaje lleno de contradicciones, igual dice que fue una pérdida de tiempo leer a Paracelso, Agrippa o Alberto Magno que lo contrario, porque lo que sí le gustaba de ellos era su deseo de Poder e Inmortalidad… “Se me pedía que trocara quimeras de infinita grandeza por realidades de escaso valor.” Rezuma un idealismo rayano en el delirio durante toda la novela y una inconsistencia grave en sus valores éticos y morales.

140 ideas de Frankenstein en 2021 | frankenstein, la familia monster, los  munsters
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En el momento en el que está relatando a través de su interlocutor, pero en primera persona, los hechos de su vida, dice estar arrepentido de todo cuanto hizo, sobre todo, de crear al monstruo. Sin embargo, está mintiendo pues relata en primera persona y en presente frases como:

¡cuántas cosas estamos a punto de descubrir si la cobardía y la dejadez no entorpecieran nuestra curiosidad!

Recuerde que no narro las fantasías de un iluminado; lo que digo es tan cierto como que el sol brilla en el cielo. Quizá algún milagro hubiera podido producir esto, mas las etapas de mi investigación eran claras y verosímiles. Tras noches y días de increíble labor y fatiga, conseguí descubrir el origen de la generación y la vida; es más, yo mismo estaba capacitado para infundir vida en la materia inerte.

Acto seguido le dice a Robert lo contrario que acaba de argumentar:

Amigo mío, veo por su interés, y por el asombro y expectativa que reflejan sus ojos, que espera que le comunique el secreto que poseo; mas no puede ser: escuche con paciencia mi historia hasta el final y comprenderá entonces mi discreción al respecto. No seré yo quien, encontrándose usted en el mismo estado de entusiasmo y candidez en el que yo estaba entonces, le conduzca a la destrucción y a la desgracia. Aprenda de mí, si no por mis advertencias, sí al menos por mi ejemplo, lo peligroso de adquirir conocimientos; aprenda cuánto más feliz es el hombre que considera su ciudad natal el centro del universo, que aquel que aspira a una mayor grandeza de la que le permite su naturaleza.

La autoproclamación como genio y su narcisismo afloran constantemente:

A veces fracasaba al borde mismo del éxito, pero seguía aferrado a la esperanza que podía convertirse en realidad al día o a la hora siguiente. El secreto del cual yo era el único poseedor era la ilusión a la que había consagrado mi vida.

¿Consagrado su vida? Llevaba tan solo unos años entre los cursos en la universidad y su comienzo de proyecto de revivir lo muerto. Nada de una vida entera. Ahí vemos su tendencia a victimizarse y a darse mucha más importancia de la que en realidad tiene. Pero tras tanto supuesto esfuerzo, en lugar de acoger a su criatura, al menos con interés investigador, no ya con afecto, pero sí con un mínimo de interés científico, Víctor Frankenstein, muestra otra faceta importante que este personaje va a tener durante toda la novela: su cobardía extrema. Desecha de plano su obra por el simple hecho de que le parece repulsivo. La cuestión es que este protagonista es un hombre de extremos, lábil y pusilánime, capaz de pasarse dos años casi sin dormir para, cuando ha logrado su objetivo, nada más y nada menos lograr que un cuerpo muerto recobre la vida, desecha todo su trabajo de un plumazo por una cuestión ¿estética? Impensable, ¿no? En realidad, es una cuestión más simple: se acojona y se lo quita de encima sin ningún tipo de remordimiento. Como a todos los demás.

Anatomía osea y muscular
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La cuestión es: ¿es este el espíritu de un científico? No. Pero, entonces, ¿Qué refleja esta actitud tan increíblemente infantil? Efectivamente, al Moderno Prometeo: al hombre incapaz de responsabilizarse de su obra. Al hombre moderno que ha perdido los valores, al hombre sin moral, al hombre narcisista y psicópata. Esto último, por supuesto, lo puedo añadir ahora porque estamos bajo un paradigma psicológico en el que sabemos que estas conductas son propias de patologías. ¿O No? Podríamos decir, que el hombre moderno es un hombre desalmado y estaríamos diciendo lo mismo.

El Monstruo: un ser creado, un ser no amado

Frankenstein para iPad
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Una criatura completamente inocente desde su nacimiento, pero una criatura abandonada, no amada e, incluso, odiada por molesta. Un ser que podría convertirse en cualquier cosa pues nada conoce y viene al mundo como un ser puro. La fealdad, aunque objetiva, pues su cuerpo está construido a base de trozos de diferentes cadáveres podría pasar a un segundo plano. El Monstruo es, sin embargo, abandonado por su creador, en el mismo instante de darle vida. ¿Qué hombre hace eso con su creación? Su importancia como descubrimiento científico no tiene parangón. Aún hoy en día sería increíble lograr revivir a un muerto,ya fuera construido de partes de diferentes cuerpos que de un cadáver completo. Pero esto se tira por tierra, condenándolo al olvido, desentendiéndose de él por completo hasta el punto de que Víctor ni siquiera sabe qué ha pasado con el Monstruo. Abandonado en el laboratorio, escapa sin saber muy bien qué es, casi sin consciencia de sí mismo, sin capacidades para sobrevivir. Sólo, abandonado, rechazado, sin saber por qué, apartado y odiado. Ni siquiera tiene un nombre, cosa que los lectores han remediado llamándolo Frankenstein. Es decir, se le bautizó con el apellido de su padre-creador. Y lo peor, la peor infamia que sufre el Monstruo es que jamás se le da una explicación a tanto odio por parte de su creador.

Este es el personaje, el único, que conoce verdadera y profundamente a Víctor. Y eso sin estar en contacto directo o físico con él. Simplemente por sus actos. “Por sus obras los conoceréis”.

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El Monstruo se le aparece a Víctor en el capítulo 9 pidiéndole que lo escuche, al menos, considera una obligación por parte de su creador que lo escuche, que comprenda sus razones, su dolor, la vida de miserias que ha tenido que llevar a causa de haber sido abandonado. Además, le confiesa que actualmente ya no puede redimirse, porque después de tanto sufrimiento ya jamás volverá a creer en la bondad humana, pero aún así desea vivir y tiene que hacerle una propuesta a su creador. Una propuesta que le haría feliz y se retiraría del mundo, dejaría en paz a Víctor, a su familia y al mundo… Una mujer, una compañera como él.

El relato del monstruo es conmovedor, podemos ver en él el deseo de ser amado, la capacidad de admirar, la necesidad gregaria como ser humano que es. Un ser que se sobrepone a su atroz aspecto y que cree y confía, en un principio, en que su aspecto no será lo único que juzguen sus semejantes.

“Durante una de mis acostumbradas salidas nocturnas al bosque, donde me procuraba alimentos para mí y leña para mis protectores, encontré una bolsa de cuero llena de ropa y libros. Cogí ansiosamente este premio y volví con él a mi cobertizo. Por fortuna los libros estaban escritos en la lengua que había adquirido de mis vecinos. Eran El paraíso perdido, un volumen de Las vidas paralelas de Plutarco y Las desventuras del joven Werther de Goethe.”

Este es el Monstruo, un ser capaz de amar, comprender, elevarse intelectualmente y desear la vida sencilla en compañía de congéneres que lo acepten y que no siente odio por la humanidad. Pero a pesar de todo su esfuerzo ya sabéis, los lectores de la novela, que no logra absolutamente nada: no hay en Víctor ni una pizca de misericordia hacia el monstruo. Así es su dios creador: Víctor Frankenstein el verdadero monstruo de la novela. El hombre sin alma, el hombre moderno.

“¡Maldito, maldito creador! ¿Por qué tuve que vivir? ¿Por qué no apagué en ese instante la llama de vida que tú tan inconscientemente habías encendido? No lo sé; aún no se había apoderado de mí la desesperación; experimentaba sólo sentimientos de ira y venganza. Con gusto hubiera destruido la casa y sus habitantes, y sus alaridos y su desgracia me hubieran saciado.”

Literatura | Carta a Frankenstein, el monstruo incomprendido | mary shelley  | moderno prometeo | CHEKA | PERU21
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Al fin, el odio y el deseo de venganza se apoderan de la vida del monstruo. Su creador no solo no puede amarlo, ni siquiera puede confiar en su palabra, es más, no entiende si quiera quién es porque en su psicología de hombre vil, la palabra no vale nada. Cree el ladrón que todos son de su condición.

Frankenstein y los monstruos victorianos – La Milana Bonita
https://lamilanabonita.com/2014/10/19/monstruos-victorianos/

Elisabeth: la primera víctima

La prima destinada a casarse con él. Una mujer que no tiene ni por asomo sus mismas inquietudes, que es mucho más realista que él, que ama, sin embargo, el arte, por ejemplo, la poesía, pero que tiene los pies en el suelo y acepta su papel en la familia, sobre todo, a la muerte de la madre del clan.

…Nunca la vi tan encantadora como en estos momentos, cuando se desvivía por lograr la felicidad de los demás, olvidándose por completo de sí misma.

Mae Clarke as Elizabeth... - Iconic Universal Monsters | Facebook

Pero no solo eso, ella es una persona tan realista que es capaz de ver lo que cada miembro de la familia es, incluso se diría que está más capacitada que los padres de Víctor y sus hermanos para comprender la personalidad y capacidades de cada uno de ellos. Además, tiene una moral intachable como se puede ver en este párrafo de la carta que envía a Víctor cuando éste está enfermo en Ingolstand tras haber dado vida a su monstruo:

“Mi tío y yo hablamos durante largo rato anoche acerca de la profesión que Ernest debía elegir. Las continuas enfermedades de su niñez le han impedido crear hábitos de estudio. Ahora que goza de buena salud, suele pasar el día al aire libre, escalando montañas o remando en el lago. Yo sugiero que se haga granjero; ya sabes, primo, que esto ha sido un sueño que siempre he acariciado. La vida del granjero es sana y feliz y es la profesión menos dañina, mejor dicho, más beneficiosa de todas. Mi tío pensaba en la abogacía para que, con su influencia, pudiera luego hacerse juez. Pero, aparte de que no está capacitado para ello en absoluto, creo que es más honroso cultivar la tierra para sustento de la humanidad que ser el confidente e incluso el cómplice de sus vicios, que es la tarea del abogado. De que la labor de un granjero próspero, si no más honrosa, sí al menos era más grata que la de un juez, cuya triste suerte es la de andar siempre inmiscuido en la parte más sórdida de la naturaleza humana. Ante esto, mi tío esbozó una sonrisa, comentando que yo era la que debía ser abogado, lo que puso fin a la conversación.”

Sin embargo, esta misma persona, Elisabeth, es incapaz de darse cuenta de quién es Víctor en realidad. Como suele ocurrir con este tipo de embaucadores ella le cree siempre, no solo porque se han criado juntos, sino también porque lo ama. Y ya se sabe… a quien uno ama suele creerlo. Elisabeth es la mujer capaz de no dejarse llevar por las apariencias y, como digo, sabe quienes son las personas que la rodean, incluso en el juicio de Justine, cuando la van a juzgar por la muerte de William, es capaz de testificar en su favor a pesar de que sabe que las pruebas están en contra de la pobre chica:

“––Soy ––dijo–– la prima del pobre chiquillo asesinado, mejor dicho: soy su hermana, pues fui educada por sus padres y vivo con ellos desde mucho antes de que William naciera. Quizá por ello pueda no resultar decoroso que declare en esta ocasión. Pero ante la posibilidad de que la cobardía de sus supuestos amigos hunda a un ser humano, me veo obligada a hablar en su favor. Conozco bien a la acusada. Hemos vivido bajo el mismo techo primero durante cinco años y después durante dos. En todo ese tiempo, siempre se mostró la más bondadosa y amable de las criaturas. Cuidó con el mayor afecto y devoción a mi tía, la señora Frankenstein, durante su última enfermedad. Luego tuvo que atender a su propia madre, también enferma durante largo tiempo, y lo hizo con una abnegación que admiró a todos los que la conocíamos. Fallecida su madre, regresó de nuevo a casa de mi tío, donde todos la queremos. Sentía un especial cariño por la criatura ahora muerta y la trataba como una madre. Por mi parte, no tengo la más mínima duda de que, a pesar de todas las pruebas en su contra, es absolutamente inocente. No tenía motivos para hacerlo; y en cuanto a la minucia que constituye la prueba principal, de haberla pedido, con gusto se la hubiera regalado, tanto es el cariño que hacia Justine siento.”

Elisabeth es una mujer fuerte, amable, trabajadora, cálida, con un gusto sencillo y que tiene muy bien amueblada su cabeza. Pero su vida se destruye, como la de todos sus seres amados, por culpa de Víctor…

Robert Walton: el alter ego de Víctor Frankenstein

  Este personaje que inicia la novela con sus cartas a su hermana, que conoce a Víctor de manera accidental y que se enamora de Frankenstein por identificarse completamente con sus ideales es la demostración de que el caso de Víctor no es un caso único sino un patrón de la época, de los jóvenes que representan el futuro de esa sociedad en decadencia, un cambio no solo generacional sino conceptual. Walton es un pequeño Víctor Frankenstein que tendrá la oportunidad de aprender de la experiencia de éste. De hecho hay varias conversaciones en las que Víctor le aconseja a Walton que no siga su camino sino que su confesión debe ayudarlo a tomar una dirección completamente diferente a la suya. Tras la narración de toda la historia de Víctor, Robert Walton escribe de nuevo a su hermana y su carta comienza así:

“Has leído este extraño e impresionante relato, Margaret; ¿no sientes que, como a mí aún ahora, se te hiela la sangre en las venas? Había veces en que el sufrimiento lo vencía, y no podía continuar su narración; otras, con voz entrecortada y conmovedora, pronunciaba con dificultad las palabras tan repletas de dolor. A veces los ojos hermosos y expresivos le brillaban con indignación; otras, el dolor los apagaba y llenaba de tristeza. A veces podía controlar sus sentimientos y palabras y narraba los más horrendos sucesos con voz serena, suprimiendo toda señal de agitación; pero de pronto, como un volcán en erupción, su rostro tomaba una expresión de fiereza, y, lanzaba mil insultos contra su perseguidor.”

Robert Walton in Frankenstein - Characters - AQA - GCSE English Literature  Revision - AQA - BBC Bitesize

Pero hay de talles en esta carta que desvelan de nuevo que ni casi muerto deja Víctor de ser una persona a la que lo que más le importa es qué va a decirse de él y, tomando las notas de Walton, las revisa concienzudamente:

“––Ya que ha anotado usted mi narración ––dio––, no quisiera que la posteridad la heredara en forma mutilada.”

Y al final, el Monstruo que regresa para ver muerto a Víctor vuelve a ser vilipendiado por Walton. Siendo su confesión una disculpa sin deseo de redención, sigue Walton proclamando su fealdad y su maldad. La imposibilidad del perdón para este ser creado, abandonado por su creador y la humanidad: se le sigue pidiendo que haga gala de una humanidad que el resto no posee ni por asomo. Se lo pide Walton cuyo único papel en toda esta historia ha sido escuchar a un megalomaníaco. Así es este tipo de sociedades insanas, malignas, que piden virtudes a los abandonados, a los marginados, a los eliminados, a los olvidados… En boca del propio Monstruo, muy al final de la historia, arrepentido de haber sucumbido a la maldad, pero consciente de su papel en el mundo:

“Yo, el infeliz, el proscrito, soy el aborto, creado para que lo pateen, lo golpeen, lo rechacen. Incluso ahora me arde la sangre bajo el recuerdo de esta injusticia.”

Personajes de Frankenstein y sus Características

Pero ni siquiera Walton es capaz de comprender la maravilla de la vida, la grandiosidad de cualquier vida humana, no es capaz de perdonarlo para que pueda vivir o morir en paz. Walton, el alter ego de Frankenstein, no tiene misericordia.

 [ML1]https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Cornelio_Agripa_de_Nettesheim

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