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Fokker, audiorelato homenaje a Barón Rojo de María Larralde

Fokker, audiorelato homenaje a Barón Rojo de María Larralde

Como desde hace un tiempo estamos reeditando y publicando en Ivoox relatos que teníamos leídos en Youtube queremos ir  ampliando las entradas para darles un poco más de visibilidad. En este caso le toca a Fokker, un relato de María Larralde dedicado a Barón Rojo, el personaje histórico y el grupo de Heavy Metal.

Ivoox Fokker de María Larralde dedicado a Barón Rojo

En cuanto al personaje histórico, lo mejor es que leáis una biografía decente, porque ponernos a explicar ahora al personaje igual nos llevaría demasiado tiempo. Sin embargo, no descartamos hacerlo más adelante. Os dejamos este enlace a la página RedHistoria. Un artículo de Víctor Muñoz Fernández da buena cuenta del personaje.

Biografía de Manfred von Richthofen, el Barón Rojo

RedHistoria

“Manfred von Richthofen, más conocido como el Barón Rojo, fue uno de los personajes más importantes de la historia de la aviación y de la Primera Guerra Mundial.” By  on 24 mayo, 2012.

EN CUANTO AL GRUPO DE MÚSICA, ¡QUÉ DECIROS!. SABED QUE REPRESENTA NO SOLO UN GRUPO DE MÚSICA SINO A TODA UNA GENERACIÓN.

Un grupo que deberá ser justamente recordado, y creemos y sabemos que así será. En 2020 realizan su gira de despedida definitiva. Pero lo que está claro es que Barón Rojo es el gran grupo de Heavy Metal español. Letras y canciones que son himnos universales, baladas que deberían formar parte de las canciones más importantes de la historia de la música, en definitiva: ¡Larga vida al Barón!

Web Oficial Barón Rojo

 

 

FOKKER
Dedicado a Barón Rojo.
Todo tiembla, mi cuerpo y mi fokker Dr. I

Aire, velocidad, peligro, tensión, placer… Allá, a lo lejos, los veo.
Me temen, lo sé, pero no por ello dejarán de acercarse

¿Será éste el final que vine a buscar?
El sonido de los motores me relaja, amo este sonido.
Sin este rugir de motores mi vida no es vida.

El mundo de los hombres queda lejos, allá abajo, y se percibe todo con una nueva claridad, aquí arriba.

Los enemigos me ven nítidamente, quiero que sepan a quién se enfrentan.
Dos de los ocho se desvían divergiendo hacia derecha e izquierda, pero
mantenemos la formación, esas son mis órdenes, mantener la formación.

Somos seis.

En tierra, los artilleros despliegan una lluvia invertida de sonoridad sibilante.

Todos sabemos qué hacer.

Están tan cerca que unos segundos más provocarían un impacto kamikaze, no es eso lo que busco, es su miedo.

Yo carezco de él pero siento su terror.

Dos de ellos se desvían de manera aleatoria, atenazados por el miedo que les
provoca ver mi fokker; las alas de ambos aparatos chocan, y se produce una
explosión cuya onda expansiva, cual si del mar se tratara, hace temblar nuestros aviones.

En el mismo segundo que antecede al impacto me desvío en pirueta invertida
hacia abajo, en picado, y vuelvo a subir apareciéndoles por la espalda.
Dos de los míos suben con anterioridad y siguen a los aviones que desviaron su rumbo kilómetros antes.

Dos bajan conmigo, imitando mis movimientos.

El último no cambia su trayectoria, haciendo que uno de los enemigos vire de
manera atolondrada, perdiendo el control de su aparato y cayendo al vacío.

Solo quedan tres.

Comienza el ataque, y mientras el temblor de las descargas de mi avión hace
que una especie de terremoto en el aire se apodere de todo mi ser… Un solo proyectil me atraviesa el pecho.
No puedo respirar.
Caigo en picado.
Placer.
La muerte se acerca.
Mi estómago se contrae.
Todo se oscurece.
El sonido del motor, me relaja…

****

¿Pero dónde estoy?

Con mis manos toco algo duro, aunque no demasiado frío.

No puedo abrir los ojos, los tengo pegados con alguna especie de sustancia pegajosaaa!,
¿Pero qué…?

¡Mi boca, tampoco puedo abrir mi boca!
El ambiente en derredor es opresivo.
Mis piernas sí, las piernas puedo moverlas o qué…
¡No entiendo que me pasa… Estoy viéndome desde arriba…!
¡Estoy embalsamado, estoy muerto, estoy enterrado!

Me asusto y salgo de mi tumba.

Me veo tal cual, como iba antes de morir, pero no puede ser, llevo mi casco,
mis gafas de aviador, todo, incluso la bala instalada en mi cuerpo, todo sigue ahí.
No siento dolor.

No siento frío, ni siquiera siento cansancio.

Sé que he muerto.
Pero la guerra sigue.
La guerra sigue…
****

24 de Abril de 1918

Un escuadrón inglés sobrevuela el cielo de Francia.

A lo lejos aparece un avión rojo con cruces de hierro acercarse a una velocidad imposible.

Dentro, un piloto enfundado en su traje de aviador, sonriente y cadavérico
embiste sin piedad acabando con todos ellos en un ataque encadenado de piruetas en el aire que desafía las leyes de la física…

y después desaparece en el horizonte sin dejar ni rastro hasta su próxima batalla.

Cuentan algunos que sobrevuela los cielos en busca de enemigos, y que repite su destino una, y otra, y otra vez…

Porque al Barón, el sonido de los motores le relaja y el mundo de los hombres siempre le quedó lejos.

María Larralde

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María Larralde