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Reseña de “¿A DÓNDE VAN LAS HORMIGAS CUANDO LLUEVE?” de Javier Fernando Castillo Naranjo

Reseña de “¿A DÓNDE VAN LAS HORMIGAS CUANDO LLUEVE?” de Javier Fernando Castillo Naranjo

 

Reseña por Elmer Ruddenskjrik

Me decidí a comprar este libro tras echarle un ojo a las primeras páginas de la muestra gratuita. Conozco de refilón al autor, del cual había descubierto un discreto blog en el que publica relatos de ciencia ficción de insólita imaginación. Cuando empecé a leer este libro esperaba que estuviera ambientado también en un marco futurista o salpicado de elementos fantásticos que tuvieran que ver con cercanos avances tecnológicos, aunque la descripción y distinción por géneros de la obra no detallara nada en ese sentido. Es lo que tiene la inercia del pensamiento, a veces…

La hermosa portada por Diana Castillo Naranjo.

Pero ver que la historia carecía de elementos fantásticos de ninguna clase (al menos al principio) no hizo más que despertar mi curiosidad, y ello gracias a un mero hecho indiscutible y que es, al final, lo que hace que cualquier historia valga la pena: estaba, desde sus primeras líneas, contado de puta madre.

La historia con la que se abre camino esta serie de relatos entrelazados es la de una anciana viuda que vive con discreción, en un grado de invisibilidad social que, a decir verdad, comparten casi todos los personajes de la novela. El cuidado con el que el escritor nos lleva de la mano por su cotidianidad, beneplácita y segura, pero teñida de una mediocridad y soledad que llegan a ser agobiantes, consigue crear un ambiente único de desolación adictiva, sin recurrir a una versión alterada de la realidad o a ningún marco fantástico que sea una alegoría exagerada o más sutil de cualquier aspecto relacionado con la humanidad (que al final es de lo que trata cualquier historia). Eso es algo que yo mismo, como autor, suelo hacer en mis relatos, y lo que les confiere buena parte de su encanto (los hago como me gustaría leerlos); pero Javier Castillo hace aquí todo lo contrario: la realidad que describe es la realidad. Las mismas normas, mismas personas, mismas situaciones. Nada de lo que le pasa a la anciana Olivia está alejado lo más mínimo de la realidad, de lo que podría estar ocurriendo ahora mismo en cualquier sitio, y pese a ello se descubre como una epopeya que por íntima no pierde un ápice de su epicidad.

Como en otras reseñas, no me gusta desvelar nada. Pero los relatos y personajes que se entrelazan son tan ricos y emocionantes como cualquiera de las grandes historias de aventuras que a mí me gusta leer y (sobre todo) escribir. Los protagonistas son personas que luchan por ser lo mejor que pueden en entornos donde la sociedad o las personas más allegadas les ponen contra las cuerdas, de una manera tan espectacular y asfixiante como lo haría una gigantesca ciudad flotante extraterrestre que amenaza con aterrizar sobre una de la Tierra, aplastándola hasta los cimientos.

El autor reúne, de esta manera, a una serie de muy distintos personajes que reflejan a cualquier persona media: seres que se dedican a sus aficiones y deberes, y que se debaten entre la aceptación propia y la que esperan de los demás, como la mayoría de las buenas personas. Los personajes son héroes que tienen sus lados oscuros, interesados, ya sea económica u emocionalmente, y leer cómo bregan contra sus instintos y contra los de los demás para acabar por hallar el modo de ser felices (o infelices) descubriendo al fin quiénes son y qué camino deben tomar, no sólo es entretenido, sino que bastante reconfortante e inspirador. Y el autor lo hace de una manera honesta, acorde a los pensamientos y caracteres que provee de inicio a sus personajes, y sin pretender ser moralista. Como digo, los protagonistas son personas normales, buenas personas, con sus fallos y angustias que los hacen mediocres, pero que al desarrollarse la historia se convierten en excepcionales, por su comprensión de la situación y en las elecciones que hacen por su bien y el de otros. No acaban tampoco por ser un modelo a seguir ni en ideales ni en moral: sus decisiones les valen a ellos y a los que les rodean, y no hay más. No hay conocimiento universal ni presunción de la panacea que acabará con los males de la humanidad.

No sé cómo elogiar nada de una obra cuyo mayor logro es cómo está escrita, así de simple y rotundo. Sólo señalaré el especial carisma de todos los protagonistas, los extraños pero adecuados elementos fantásticos (¿o no?) que introduce con cuentagotas, los detalles de cultura popular que aporta e incluso inventa (me encantó la referencia a Cowboy Bebop, y se me antojó leer algún cómic de Ella Amron).

Es curioso que una obra dramática y bien desarrollada, con imaginación y esmero casi obsesivo en los detalles, una narración amena y dedicada, unos diálogos naturales y consecuentes, y un conjunto perfecto del que sólo puede chocar el inesperado final (no porque sea malo o impropio, si no por lo repentino), sea totalmente ignorada mientras se venden a trillones los eternos vampiros terminados en “culo”, las nuevas remierdas de Jenry Pota (que la autora ya ni escribe, claro) o cualquier cosa que se parezca al Señor De Los Anillos o a Juego De Tronos, pero que sean todas sagas interminables, por supuesto…

Y no lo entiendo. No lo entiendo, porque leer no es como ver una peli mala o tonta, que te puedes acomodar y abstraerte de ella, o verla con el encefalograma casi plano y disfrutarla precisamente por la falta de trabajo de neuronas que se le ha infundido y del que puedes salir incluso recargado intelectualmente, como si te hubieras echado una buena siesta. Leer es algo que requiere de atención y esfuerzo comprensivo, es algo que se paladea quieras o no, al hacerlo. Así que no entiendo qué pasa, cómo la gente puede saborear semejantes mierdas. Por qué unos autores que rayan en lo mediocre son multimillonarios, y la mayoría de los que saben contar historias no los leen ni sus más allegados (que gusten de leer, claro).

Sólo me queda felicitar a Javier Fernando Castillo Naranjo por su excelente libro, y animarle a escribir más. Yo los leeré y volveré a valorar con ganas. Sé, por su estilo honrado, que no me decepcionará; pero si es así, acabaréis enterándoos los que sigáis leyendo estas reseñas… y él, seguramente, ¡se arrepentirá de ello!

 

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Elmer Ruddenskjrik