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Recomendación de Vampire Clay por Historias Pulp

Recomendación de Vampire Clay por Historias Pulp

Como suele suceder, esta película la elegimos para verla por la curiosidad que nos despertaba la breve sinopsis descrita en el servicio de vídeo en línea donde la descubrimos: un montón de arcilla poseída ataca a unos estudiantes de arte.

El trailer, además, nos ayudó a decidirnos por ella enseguida. Lo que se presentaba en dicho vídeo era ni más ni menos lo que la película ofrecía, consiguiéndose como pocas veces la expectativa adecuada al producto que se ofrece:

Cuando empezamos a verla, Vampire Clay se descubrió como una de esas producciones del cine japonés de terror de los noventa, al estilo de The Ring o la saga de Ju-On, incluso una de mis favoritas, Audition. Son películas rodadas con eficiencia y sencillez, con planos normalmente aburridos de largas conversaciones, como si de telenovelas para la televisión se trataran. Lo cierto es que el formato tremendamente convencional y simple es parte del encanto de estas producciones, que de alguna forma consiguen acercar más a la realidad los horrores que proponen, por absurdos, imposibles o grotescos que estos puedan resultar.

En Vampire Clay se parte de la premisa de que hay una pequeña escuela de arte a las afueras de un pueblo ubicado en las montañas. Allí, los jóvenes locales tratan de medrar en cualquier campo de las bellas artes, incluida la escultura en arcilla. La casualidad hace que un suave terremoto deje al aire un viejo paquete de arcilla seca que alguien habría enterrado allí hacía tiempo. La dueña de la escuela, sin darle mucha importancia, lo recoge con cierta curiosidad y lo guarda junto al resto del material.

Cuando una antigua estudiante vuelve al pueblo tras probar suerte en la escuela de arte de Tokyo, se descubren unas susceptibilidades y celos que desembocan en que la pobre joven recurra a la arcilla seca, al no tener otro material con el que trabajar. Y así comienza el desastre.

Aunque el desencadenante de la monstruosidad son las relaciones tóxicas entre las personas, el director Sôichi Umezawa, quien además escribe el guión de esta su primera película, no relaciona el despertar del monstruo de manera directa con la mezquindad humana. Sin embargo, no es necesario establecer esta relación para reconocerle su talento al diseñar una creíble situación de recelos, envidias y reproches injustificados, mostrando lo peor de las personas en un tranquilo pero intenso drama. Pero esto es solo el principio.

La película no tarda en descubrirnos las peculiaridades de la arcilla maldita, haciéndonos testigos de su paulatino despertar. El director, quien al parecer tiene una larga trayectoria en el diseño de efectos especiales de maquillaje y mecánicos (los de la antigua usanza) nos plantea así a una absurda criatura de propiedades miméticas parecidas a las de La Cosa, la película de John Carpenter, y con una voracidad en sus ataques igual de espantosa, si es que no más.

Lo mejor de la peli es ver la forma en que el ser ataca a las personas. La arcilla envuelve a las personas, como el ser rosado de The Blob o la masa devoradora, y sustituye la carne y los huesos por más arcilla, una extensión espantosa del mismo ser. La imaginación del director queda representada a la perfección en los efectos, que combinan mutaciones espantosas, mutilaciones, transformaciones grotescas y el despanzurramiento de toda clase de partes del cuerpo.

A pesar de lo absurdo del argumento, y de lo risible de algunas muertes por inesperadas e imposibles, la peli tiene un tono de lo más serio, reforzado por el trabajo de los actores a la hora de sufrir espanto y dolor ante los ataques de la arcilla vampiro. A nosotros no nos pareció que estuviera reñido el tono con el argumento, y de hecho se acaba tornando ciertamente épico hacia su final, cuando los protagonistas lo empiezan a dar todo por sobrevivir.

Especial gracia nos hicieron los sucesivos epílogos con los que se cierra la trama. Es como si el director se hubiera planteado distintas formas de terminarla, y al final se hubiera dado cuenta de que todas podían convivir juntas, una detrás de otra. Y tenía razón.

Un gran film de entretenimiento y con un gran gusto por los efectos especiales físicos, los de toda la vida, que os recomendamos encarecidamente desde Historias Pulp. Especialmente si sois, como nosotros, admiradores de La Cosa (1982).

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Elmer Ruddenskjrik