14 julio, 2024

Un relato de terror de María Larralde que ahora es leído por la autora para todos vosotros. La terrible tempestad se mantiene inclemente mientras los mineros Anthony Butler y Simons se encuentran con una realidad profundamente horrenda. ¿Qué pasó en las minas Kennecott en Alaska en el invierno de 1909?
VOZ: MARÍA LARRALDE
“Simons dio unos pasos hacia adelante, temeroso e incrédulo de lo que estaba viendo, mientras Butler giraba sobre sí mismo retornando hacia la mina convencido de que su compañero lo seguiría. Pero no lo hizo. Repentinamente, sintió que algo los estaba observando desde el frío intenso de la llanura que un poco más abajo se inclinaba en una pendiente que impedía ver más allá de dos o tres metros. Simons aguzó todo lo que pudo su vieja y desgastada vista viendo algo más allá de donde la claridad del amanecer gris y opaco le permitía ver. Comprendió que no era algo natural, no era un montículo, ni un montón de tierra producto de la extracción minera, ni aperos o maquinaria usados en el trabajo cotidiano. Lo que vio lo dejó atónito. De color gris oscuro, metálico, pero mate, un objeto que parecía pesado y que no se asemejaba a nada que hubiera visto jamás estaba ante él. No emitía ninguna luz, pero estaba seguro de que era el objeto de los hombrecillos, la aeronave que había visto Anthony. Su forma ovalada, su aspecto metálico, no dejaba lugar a dudas. Incomprensiblemente para él, que jamás había creído en los seres de otros mundos, estaba ante una nave del espacio. Una extraña sensación de que iba a perder la vida, de que estaba ante un terrible peligro, se apoderó de él…”

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