“La Telmex”, y “Rosario y sus juegos de muñecas”, son las dos nuevas crónicas que nos cede el reciente compañero Roberto Martínez. En ellas, como en la anterior, nos sigue relatando hechos e historias de personas desde su comunidad de los Altos de Cazucá.

Roberto Martínez trabaja con mujeres desplazadas por el conflicto armado que sacude Colombia.

Su tierra, los Altos de Cazucá se encuentran en el municipio de Soacha, comprendido en el departamento de Cudinamarca, la región que rodea la extensa capital que es Bogotá.

Allí, Roberto ejerce de maestro de literatura infantil y trabaja en la musicalización de la palabra.

Es de esperar que Roberto nos mande más de sus trabajos; mientras tanto, aquí podréis leer en esta misma entrada, y más abajo en PDF para descargar, sus dos nuevas crónicas. Y las tres recopiladas hasta ahora en nuestra categoría de AUTORES COLEGAS DE HISTORIAS PULP

Publicado en el Libro Inventario de Asombro Crónicas de Soacha

 

En las mañanas decembrinas es cuando el sol deslumbra con su belleza en el barrio la Isla, con sus calles polvorientas y  sus casas, algunas de ladrillos rojizos, otras diminutas, construidas con tablas y pintadas de colores fuertes. Todas con una particularidad: tienen vista hacia la laguna terrero. Hay una sola calle principal, por la entrada del Rincón del Lago y por el barrio el Progreso.

Una de esas mañana llego Doña Conchita de Pombo, vestida con un trajecito de flores; sobre su cabeza llevaba una diminuta pañoleta, encorvada como su cuerpo.

Se bajó de un pequeño camión, con sus tres hijas y una gran cantidad  de palos y de tablas. Hablando entre costeña y cachaca, nos dijo que venía desplazada del Tomate, Antioquía, huyéndole a la violencia, por fortuna y gracias a un pariente, llegó al barrio la Isla.

Cuando cualquier vecino cruzaba por el frente de su casa, podía verla parada en la puerta, sentada tras la ventana, acechando en la entrada, sentada en el techo, siempre observando a todo el mundo.

Era un caudal del chisme, como un gesto de mal agüero escondido en los cerros. Lengua de palacio y castillos carcomido por el tiempo, palabra de barco sin capitán, graciosa barca sin marinero.

Mujer que se vistió de blanco, una mañana en los cerros de Cazuca, para jugar a la boda sin consultar con los santos, que siempre están dormidos en su pequeña habitación, hasta que ella los despierta con la llamas de las vela.

La Telmex, mujer con lengua de serpiente, mirada rígida, mirada de limón. Sus ojos caminan  como fantasma a cualquier hora por el barrio; escucha hasta los susurros en la conversación de sus vecinos.

Ella nos mira con el rabo del ojo cuando pasamos a cualquier hora, por el frente de su casa. Se la pasa sola, sentada en la puerta de su vivienda conversando con sus recuerdos, sin retrasar el reloj del tiempo, dejándose arrastrar en las madrugadas por un sorbo de café.

La Telmex nunca conoció la virginidad de la noche de invierno en nuestro cerro opacado por la bruma.

Una noche lluviosa observo en sus sueños que bajaba mucha agua fangosa, arrastrando ataúdes. Al día siguiente, muy temprano, escribió al Obispo de Soacha sobre sus pesadillas.

Ella congenio con los paramilitares, con los guerrilleros, con los liberales, con los conservadores, los de cambio radical, con todo el mundo y rey mundo.

El día que su hija perdió la virginidad en los cerros de la Isla, ella declaro la guerra. El barrio se dividió en dos: los de la Isla arriba (de donde era el galán de su hija),  quedaron consagrados como los de la alta sociedad, los de la alcurnia, los cachacos; los de la Isla abajo eran los del cartucho, los pobres, pero honrados como ella.

Tarde en la noche comenzaba a gritar “¡Que se jodan los violentos, los liberales, los conservadores, los de la Isla arriba y el obispo de Soacha!”.

El Obispo nunca le contestó la carta que ella le había enviado, hablándole de sus pesadillas, de sus presentimientos, de sus vecinos; la Telmex se guilló, ¡DIOS MIO!”……

Era lengua de quinina, silbido de una locución grotesca.

Mujer indocumentada por la violencia, corazón de fantasma de mal agüero, mujer graciosa en las tardes de verano, como bebida de toronjil con leche, camina despacito en las tardes, entre rosarios, agua bendita, tierra de cementerio, alfileres por debajo de los cerros. Isla arriba, Isla abajo.

Cantando de una manera sarcástica, “María la puta, María la buena”, “! Que lengua la mía, sacrilegio!”, hasta cegarse de la risa en las madrugadas, y bañarse con agua fría en el día de semana santa.

Encuera, sin moruno, en la salita de su casa después de tanto tirar lengua, comenzaba escuchar las canciones de Javier Solís, de Pedrito Infante, de Alexis  Acosta, de las Hermanitas Calles, terminaba en rumba con los violentos, con los parches, con los liberales, los conservadores, los comunistas, los cachones, con el Obispo.

Sus hijas comenzaron a experimentar la pérdida de la virginidad con los jóvenes del barrio. Fue entonces cuando la Telmex, la chismosa del barrio, se convirtió en mariscal del silencio. Como mariscal sin tiempo, como la carta que nunca le contestó el Obispo.

Decían que su marido era un poeta, un teatrero, un marinero sin destino, sin rumbo, un hombre que nunca quiso anclarse  en ningún puerto, en ningún cerro. La Telmex era el cerro, era piedra, lengua de perro remojado en las noches de invierno.

Una noche vio cruzar muchas vacas negras, caminando apresuradas por la falda de los cerros de Cazuca. Al día siguiente, muy temprano en la mañana se levantó. Con ojeras, se puso a observar la calle, buscando las marcas de pezuñas de vacas que no estaban. Esto le provocó una locura tan grande e insidiosa, que la hizo delirar con sus hijas vestidas de trajes de matrimonio, caminando por las calles de la Isla.

Antes de que saliera la procesión en semana santa, ella se sentó en la puerta de su casa, sosteniendo entre sus manos el agua bendita, la tierra de cementerio, los alfileres y la sal de mar. Maldecía, conjuraba a todos los vecinos de mala muerte, cachones, cachonas, maricas.

Pero desgraciadamente, la muerte paso por el frente de su casa montada en un caballo negro, cubriéndose con el paragua de las tardes lluviosas, echándole mal de ojo  hasta consumirla de la fiebre, de los reumatismos, doblándole mas su pequeño cuerpo mas de lo que lo tenia. Quedo al final como besando la tierra, como si la joroba le pesara tanto  como su pobreza, y le perturbaba el sueño con insomnio.

Hasta que una tarde llegó un hombre de baja estatura, nariz fileña, cejas pobladas, cara de de niño, cara de ángel, cara de santo, vestido con un traje de paño negro y llevando sobre su cabeza un pequeño sombrero, como sus bigotes; sostenía en la mano un diminuto maletín, reposado, calmado, de tanto subir y bajar las lomas de  Cazuca. Apareció cuando ella estaba parada tras la puerta, cuando estaba sentada tras la ventana, cuando estaba colgada en el techo de su casa, husmeando los vecinos que salían y entraban al barrio.

Muriéndose  de la fiebre de reumatismo, San Gregorio Hernández  la opero de sus dolencias, dejando en la mesita de su cuarto, donde mantenía todo sus santos, un pedazo de algodón empapado con sangre, un trozo de gaza, una pequeña tijera, un vaso con agua.

Hasta el Obispo se mudó para Cazuca. Su lengua cambio, se volvió  como corriente calmada. Las noches en el barrio la Isla del sector la Laguna se convirtieron en oraciones,  acompañadas con juegos de arrancón, venta de incienso y de estampita del doctor José Gregorio.

Muchos afirman, y siguen afirmando, que vieron entrar  al doctor José Gregorio Hernández a la casa de la chismosa, de la Telmex.

Una noche de luna  llena, escuchamos por el perifoneo del barrio la Isla: “Acaba de morir, por muerte natural, doña CONCHITA DE  DE POMBO”.

Y antes de que el sol brillara en  la mañana, todos los del barrio el progreso, los del barrio de la Isla, los de la clase alta, los de la clase baja, nos vestimos de negro para acompañarla a su funeral. Fue cuando nos enteramos por algunos familiares: DOÑA CONCHITA  DE POMBO, ERA DE PACHO CUNDINAMARCA.

La Telmex, por Roberto Martínez

Crónica sobre los Altos de Cazucá y sus gentes; en este caso, breve historia de una mujer y sus hijas, desplazadas por la violencia desde Antioquía, de Colombia.

Publicada en el Libro Inventario de Asombro, Crónicas de Soacha  

Una aproximación  al embarazo nómada, en los cerros de Cazucá

 

Las niñas y adolescentes protagonistas de esta crónica, caminan las calles de Cazucá con una muñeca de carne y hueso entre sus brazos.

El embarazo prematuro se origina  en la falta de vigilancia por parte de los padres sobre las adolescentes y las niñas, quienes se ven obligadas a trabajar fuera de sus hogares por el gran número de hijos  que tienen para mantener y educar, ya que, generalmente, estas madres no cuentan con el apoyo afectivo y económico de su pareja.

Como estas niñas quedan solas, se ven expuestas a escoger: el camino de DIOS o del DIABLO. Las niñas y adolescentes eligen uno de esos dos destinos, bien sea por inocencia o por la búsqueda de placer.

Rosario, niña mujer por la pobreza tan grande, de alegre fantasía, que la hacia ver mas hermosa. Rosario, niña de canción alegre, con inocencia mantenía su casita limpia, preparaba los alimentos, guiando a sus hermanitas hasta que su hermana regresara del trabajo, cansada y agobiada por la tristeza originada en la partida de su marido.

No hay en las escuelas maestros preparados para la educación sexual, ni para la orientación  sobre el embarazo prematuro. No hay voluntad por parte del estado para contrarrestar esta problemática, que está germinando de forma acelerada en las comunidades de Cazuca.

El embarazo precoz es una realidad presente en las diferentes barriadas del Municipio de Soacha, y en la del resto de nuestro país sin respetar ningún  estrato social.

Rosario una de las niñas que paso por esta experiencia del embarazo antes de su adolescencia, vivía en el barrio el Progreso, con ausencia de cariño paternal; pese a su pobreza, era cada día mas alegre, especialmente el día de la navidad, cuando su madre  le regalaba humildemente muchas muñecas de trapos. Rosario le transmitía amor de madre a su embarazo prematuro y a sus hermanitas, cuando las levantaba muy temprano, con aquella paciencia, cantándoles y peinándolas para llevarlas a la escuela, agarrada de su mano.

Rosario, niña de canción alegre, sonrisa  inocente y humildad, como el canto de los pájaros  anunciando las tardes en los cerros de Cazuca.

La suerte de estas niñas y adolescentes podríamos decir que  esta en gran medida ligada a la complicidad de nuestra comunidad, escuela, compañeros de estudio, padres… Las relaciones amorosas terminan en relaciones sexuales, sin ninguna experiencia, sin preparación adecuada. Son relaciones que se dan en la casa de algún compañero de estudio, aprovechando la ausencia de los padres, en los solares, en largas horas de la noche, la escapada a una fiesta, la realización de una tarea ficticia….

Estas niñas adolecentes son emocionalmente  vulnerables con sus parejas. Cuando son descubiertas por sus padres, la expulsan de sus casas y comienzan así desarrollar su embarazo de casa en casa, en el hogar de algún vecino, amiga, familiar… es lo que yo llamaría el embarazo nómada.

Rosario, canción de mar. Rosario después de llevar a sus hermanitas a  la escuelita, realizaba la limpieza de su humilde rancho, de su humilde casita. Cocinar hasta que llegaba la hora de su más sublime ritual: el cuidado de sus muñecas de trapo y de su muñeca de carne y hueso.

Rosario canción de cuna alegre, sin que la tristeza la atropellara, la arrastrara a un abismo de depresión. Rosario, niña mujer inocente, mujer niña inocente, marchitada por la ausencia del afecto de su padre.

Las niñas adolescentes, adolescentes niñas, terminan embarazada por una relación sexual irresponsable; luego son juzgadas  en la guillotina de los perjuicios morales de la comunidad. Tienen que hacer un largo peregrinaje por la falta de afecto familiar. Las explotan sexualmente por un bocado de comida y dormida. Los jibaros las utilizan como mulas para transportar drogas, en las cantinas del barrio, de los barrios aledaños, o en las “ollas” del centro de Bogotá,  las que hay en la Cara, en la décima.

Muchas veces comienzan relaciones con parejas adultas para sentirse  protegidas por un afecto paternal, a veces con personas del mismo sexo.

El embarazo nómada es sinónimo de ruptura del afecto con el entorno. En esta situación, ellas se vuelven más agresivas, se ponen a la defensiva con el grupo familiar. Estas mujeres pierden su fantasía de niña, de adolescentes, son jóvenes mujer de agua bendita.

La palabra “nómada” en nuestro castellano, de manera sencilla: SE DICE  DEL INDIVIDUO, FAMILIA O PUEBLO SIN DOMICILIO FIJO. Cualquier lector, por pasivo o pulcro de pensamiento que sea, debe entender que en la comunidades de Cazuca se está desarrollando de manera pausada el embarazo  nómada bajo la vista de todos. Podemos ver niñas desde los 13 hasta los 17 años, que comienzan sus relaciones sexuales sin tener educación en este tema.

Estas futuras madres llevan su gestación de una manera silenciosa, como un fantasma. Se vuelven como una pesadilla para nuestras comunidades; muchas veces las convierten en receptoras de enfermedades venéreas, alcoholismo, prostitución o drogadicción, por la misma circunstancia de la vida; pero algo contradictorio mantienen en ella la fortaleza, por la vida de sus hijos, o hijas, para poder soportar todo este maratón de sufrimiento, de inestabilidad emocional. Carecen de un sitio fijo lleno de afecto donde puedan desarrollar su embarazo.

La gran mayoría de las comunidades de Cazuca  del Municipio de Soacha, están conformada por asentamiento  de desplazados. Por lo tanto, nuestras comunidades son de origen campesino, y esto da como resultado un precario desarrollo social colectivo, debido a la falta de entendimiento para diseñar soluciones individuales y colectivas, en el marco de un lenguaje urbano. Muchas veces perdemos el rumbo en la tarea de crear una sensibilidad  para la comunicación con nuestro nuevo entorno, y así permitir el entendimiento, el reconocimiento y la construcción de una cultura de pertenencia, en búsqueda de nuestra verdadera identidad.

Nuestras comunidades, en su gran mayoría no están  representadas en el Estado, si no en diferentes ONGs  e IGLESIAS, las cuales vienen mercantilizando las problemáticas de la gente. Debemos aceptar que la realidad del embarazo nómada  en un futuro se puede convertir en uno de los problemas sociales mas generadores de violencia, con toda la complejidad del término “violencia”.

Podrían buscarse soluciones, especialmente preventivas, si hubiese el compromiso de las comunidades, del núcleo familiar, del Estado y del sector privado. Todo seria diferente si se generan trabajo satélite, a desarrollar en los hogares, para las madres o padres cabeza de familias desde una perspectiva bien dirigida y fundamentada a través del SENA. Esto aportaría unos elementos significativos para el cambio de esta realidad del embarazo precoz.

Algunas de estas madres tempranas, al finalizar su embarazo ambulante en el barrio, terminan dándole la custodia de su hijo o de su hija a los abuelos paternos o maternos. Y ellas quedan atrapadas  en un estigma.

Los intelectualoides  que caminan estos cerros, con una botella de agua purificada en la mano, unas gafitas redondas, unos pantalones desteñidos y una mochila indígena que representa su simpatía con la protección del medio ambiente, dicen con voz pausada :” Esto es lo que llamamos  una verdadera descomposición social, ala”.

Afortunadamente, algunas de las madres adolescentes  que pasan por esta experiencia son rescatadas por el núcleo familiar, después de una ardua reflexión de ambas partes.

Esto último  fue lo que le ocurrió a Rosario….

Rosario la muchacha cargada de nobleza, de mirada pausada, encantadora y frágil como el vuelo de una gaviota de cristal, aleteando sobre las olas del mar. Compactando los cerros de Cazuca bajo la débil mirada del sol en una tarde  abrumadora, que anuncia la llegada de un fuerte invierno.

Rosario, niña de rosario, de gesto inocentes mandado por DIOS. Rosario de rosario, de gestos de placeres mandados por el DIABLO.

Rosario de amor, de canción de cuna de amor, duerme tu muñeca con el calor de tus brazos de madre niña. Rosario niña mujer, labios delgados y tiernos como inundado de miel en el amanecer.

Rosario, niña mujer de ojos expresivos, pestañas abundantes, como tu cabellera, ondulada por las noches sin lunas. Rosario eres voz, como el sonido de un cascabel cristalino, brotando vida en los silvestres en los cerros de Cazuca. Tu cuerpo apenas se va formando, como vasija de barro en nuestros cerros. Rosario, vestida de risa traviesa y prudente, que nos hacia doblegar ante la presencia de tu belleza, tanto respeto hacia en ella. Rosario, siempre acompañada de cantos mágicos, de cascabel, de dulce sueño.

Rosario escondía en lo más recóndito de su alma el sufrimiento por la ausencia de su padre. Recuerdo aquella tarde… Rosario estaba sentadita en el patio de su casa, de su rancho, silenciosamente peinando  aquellas muñecas de trapo, pero una era de hueso y carne. Después de haber pasado de esa cruel experiencia del embarazo nómada, su madre la recupero en las calles de nuestras comunidades, un día cuando el sol salió después de una temporada de crudo invierno en nuestros cerros de Cazuca.

Nunca más volví  a ver a Rosario, ni a sus muñecas de trapo, ni a su muñequita de carne y hueso entre sus pequeños brazos. Algunas madres me cuentan que han visto a Rosario cantando rosarios de amor. En los Montes de María.

Rosario y sus juegos de muñecas, por Roberto Martínez

Crónica sobre los Altos de Cazucá, en Colombia, y sus gentes; en este caso, se trata el tema del embarazo prematuro.

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