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Divorcio Diferido de Daniel Canals Flores – Capítulo 2

Divorcio Diferido de Daniel Canals Flores – Capítulo 2

Si os gustó el primer capítulo, aquí os dejamos el segundo capítulo de…

Divorcio Diferido

Capítulo II

No podía negarme, era la mejor historia que había escuchado nunca y el caso más extraño que había visto en toda mi carrera como abogado.

—Sí, la voy a ayudar en todo lo posible, pero no va a ser fácil. Empezaremos por el registro eclesiástico y si todo está en orden me reuniré con la médium si está Ud. de acuerdo.

Ella, con una mirada agradecida, subrayó —por supuesto, haga lo que crea conveniente, tiene toda mi confianza. Le informo también que el antiguo arzobispo de la ciudad era un amigo íntimo de mis padres y el padre Ralph, su actual sustituto es mi confesor. Si tiene alguna dificultad hágamelo saber.

Dicho esto, apagó el cigarrillo en el cenicero y finalizó con, —por cierto, no importa el precio.

— ¿Quiere que le detalle mis honorarios?

Sacó una billetera del bolso y dejo un fajo sobre la mesa. —  Aquí tiene Ud. 5000 dólares. Cuando los haya agotado hágamelo saber y le daré 5000 más. Mis padres me legaron una gran fortuna y el dinero no va a ser ningún inconveniente.

Vi que no necesitaba informarle de la tarifa así que di la cita por concluida. Me levanté y la acompañé a la salida. Antes de despedirse, se giró y murmuró en voz baja.

— Recuerde llevar el tema con discreción, no quiero problemas con la prensa ni publicidad.

La tranquilicé con una sonrisa, asentí y le dije:

— Será fácil, ni siquiera me ha dicho su nombre.

Ella ruborizándose, por el descuido, abrió el bolso y dándome una tarjeta dijo:

— Beatriz Clermont, aquí tiene anotada también la dirección y el teléfono.

Dicho esto, salió en dirección al portal. Observé la fina caligrafía de la tarjeta y cerré la puerta.

En ese momento no lo sabía aún, pero no la iba a volver a ver nunca más, en este mundo.

Al día siguiente llegué muy temprano a la oficina, recogí unos papeles y al abrir el cajón para coger algo de dinero vi el revólver que guardaba siempre allí. Descarté cogerlo porque aquel día iba a ser solo burocrático y no me sentí en peligro con mis actuales clientes. No se iban a mover del panteón.

Deje una nota para Margaret anunciándole que no me esperara y salí de nuevo en dirección a la Catedral, con la esperanza de encontrar allí el registro de defunción del aquel infortunado matrimonio.

Ralph, el joven párroco de la Catedral, sustituía al recientemente fallecido arzobispo Leonard, un sacerdote muy conocido y querido en la ciudad. Para que no desconfiara de mis pesquisas presenté las credenciales como abogado y le expliqué que venía por orden de la familia a confirmar unos datos para incluirlos en el documento definitivo de la herencia.

Aun siendo novato fue de lo más diligente en ayudarme y me acompañó personalmente a mirar los libros. Todo sobre la defunción estaba allí registrado, en la ficha familiar:

El Sr. y la Sra. Clermont, fallecidos un veintiséis de Agosto de…, en un accidente de tráfico. Oficiada la misa en el altar mayor, fueron sepultados juntos, en el panteón familiar. Se precisó de un ataúd especial para contener ambos cadáveres. (Ver anexo NBB5467).

Tras leer detenidamente la página le pregunté al párroco sobre el anexo que se nombraba al final.

Echó un vistazo a la anotación y comentó:

— Se refiere a las actas de nacimientos, bautizos y bodas en la familia. Esta información la tenemos en el otro lado del edificio principal.

— ¿Puedo ver esas actas? Sería de gran ayuda para confirmar fehacientemente el texto definitivo. No quiero que se me escape ningún detalle importante ante el notario.

—De acuerdo, pero como comprenderá no puedo dedicarle mucho tiempo más. Hoy tenemos catequesis y con la muerte del arzobispo andamos muy cortos de personal.

Asentí agradecido y me dispuse a seguirlo por aquel largo pasillo forrado de estanterías, llenas de carpetas, por ambos lados. El párroco se movía como pez en el agua por allí dándome la sensación de que había sido anteriormente custodio del registro. En unos minutos, tras cruzar diversas salas, nos recibió otro joven diácono.

— ¿Puedes mostrarle al caballero el libro con el registro NBB5467? Yo debo marcharme, me están esperando en la sacristía.

— Disculpe padre Ralph, ¿puedo añadir un donativo a la obra? —pregunté inocentemente sacando dos billetes de cien dólares.

—Todo donativo es bien recibido Sr. Thomson, le agradecería que cuando se vaya lo deposite en la recepción del arzobispado.

Dicho esto, desapareció entre los pasillos. Guardé los billetes de nuevo y me dispuse a seguir al otro joven.

No tardó mucho en acercar un grueso tomo y a encontrar la información solicitada, se notaba que también tenía pericia en el control documental.

— Los Clermont, si aquí lo tiene NBB5467 —dijo señalándome un parágrafo.

—Gracias, no tardaré mucho en consultarlo.

Miró un instante dubitativo y luego se alejó a atender otros quehaceres. Suerte que me había acompañado el párroco hasta allí.

Seguí con la vista la página y allí estaba:

Sr. Louis Clermont, bautizado el 16 de Junio de…

Sra. Ana Marie Clermont, de soltera Johansson, bautizada el 4 de Mayo de…

Casados el 22 de Abril de… Oficiado por el arzobispo Leonard.

Srta. Beatriz Clermont, hija del matrimonio, bautizada un 18 de Febrero…

Aquí pude deducir que Beatriz estaba soltera o por lo menos no se había casado en aquella Catedral siguiendo la costumbre familiar.

Tomé nota de los datos más relevantes y cerré el pesado libro. Enseguida vino el joven a recogerlo para guardarlo y dándole las gracias salí de allí, pasando antes por la sacristía a depositar el donativo.

Después de comer pasé por el despacho. Margaret no había llegado aún de comer, así que abrí el cajón de nuevo, cogí la tarjeta de Beatriz y me dispuse a llamarla.

— ¿Si? —contestó una grave voz masculina.

—Buenas tardes, ¿puedo hablar con la Srta. Clermont?

— ¿A quién debo anunciar?

— Soy el Sr. Thomson, su abogado, dígale que necesito hablar con ella.

—Un momento Sr. Thomson —dijo remarcando el apellido.

Al fondo oí como se acercaba alguien al micrófono y decía:

—Gracias, James, puedes retirarte. Dígame Sr. Thomson, ¿tiene buenas noticias?

— Aún no, pero necesito cierta información para seguir con la investigación. ¿Puede decirme el nombre y la dirección de la médium? Es de vital importancia.

Ella prolongó ligeramente la pausa y respondió:

—Se llama Clerk, Madame Clerk. No sé exactamente donde vive porque las sesiones las hacemos en mi casa, pero seguro que encontrará su dirección en los anuncios esotéricos del periódico.

—Gracias Bea… quiero decir Srta. Clermont. La mantendré informada.

Esta vez sí que iba a necesitar el revólver, por si las moscas.

Link Capítulo I

SOBRE EL AUTOR

Daniel Canals Flores

Escritor aficionado.  a mis 46 años inicio mi carrera sin ninguna experiencia previa. Me gusta escribir poemas, relatos cortos y microcuentos inspirado por lecturas de Charles Bukowski o Kerouac.

  • “La bicicleta del milenio”, publicado por la Revista Ekatombe. Junio 2018
  • III Concurso de Microrrelatos “LA RADIO EN COLECTIVO/VALENCIA ESCRIBE“.  Mayo/Junio 2018. 1er. Finalista con el micro cuento: “Industria 4.0”
  • III concurso de cartas Ojos Verdes Ediciones, Cartas quemadas. Texto: Sanatorio La Chapelle.
  • Poema “La cucaracha”. Publicado por la Revista La Cucaracha. Julio 2018
  • “La rata” y “Ante todo honestidad”. Microrrelatos publicados online por la Revista La Sirena Varada, en México. Julio 2018.
  • Revista Antología Microrrelatos Nº3 “Onomatopeyas”. Los seleccionados, por orden alfabético, son: “Peligro inminente” de Daniel Canals.
  • Ganador del III Concurso de Microrrelatos Valencia Escribe-La Radio en Colectivo del mes de Junio/Julio. El ganador Daniel Canals Flores por “Beso Letal”.

 

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María Larralde