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EN EL UMBRAL – María Larralde

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Baje al pueblo. Las miradas de los lugareños se posaban sobre mí cual miras de rifle en la vorágine de una caza que quedaba en la nada de un deseo de odio sin sentido ¿Traición? Sí, eso fue, una traición. Y por eso arremeten contra mí, sobre todo aquel, aquel que me mira desde la esquina, en el umbral entre sombra y luz de aquel callejón que, en penumbras, no deja que su cara se muestre ante mí.

Él, él es el que se acerca en un parsimonioso deambular casi macabro por animalesco: un esputo sale de su boca y cae en el suelo mientras da pasos hacia mí. Con su antebrazo derecho seca la saliva que quedó en su barbilla. Traición, sí, es, es, una traición. Pero mi sufrimiento dejará de serlo. Pienso asestarle un hachazo en el centro de su frente.

Ahí viene…

Bajé al pueblo. Mi mirada se posaba sobre mí cual mira de rifle en la vorágine de una caza que quedaba en la nada de un deseo de odio sin sentido. ¿Traición? Sí eso fue, una traición. Y por eso arremeto contra mí, sobre todo yo, yo que miro desde la esquina, en el umbral entre sombra y luz del callejón que, en penumbras, no deja que muestre mi cara ante mí.

Yo, yo soy el que me acerco en un parsimonioso deambular casi macabro por animalesco: un esputo sale de mi boca y cae en el suelo mientras doy pasos hacia mí. Con mi antebrazo derecho seco la saliva que queda en mi barbilla. Traición, sí, es, es, una traición. Pero mi sufrimiento dejará de serlo. Pienso asestarme un hachazo en el centro de mi frente.

Ahí vengo…

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