23 mayo, 2024

Un relato escrito y leído por María Larralde para disfrute de todos los pulperos del mundo.

En este breve relato sobre Pazuzu, el demonio antiguo que aparece en la novela y la película “El Exorcista” y que podéis leer gratuitamente descargándola en el enlace que se facilita en este mismo párrafo, se plantea el origen y evolución de ese ser extraño.

El demonio, Pazuzu, en este caso, ejerce una violencia extrema contra el cuerpo y el alma
de una niña preadolescente inocente. Y, por extensión, a su familia y a la sociedad, ya que
es un reto ante el que la ciencia no sabe qué hacer o decir, pero es un reto también ante la
fe religiosa que tampoco sabe exactamente, en la modernidad, cómo afrontar los casos de
posesión. Real o imaginario, el tema de las posesiones y del mal que implican en todo
orden social, es una temática que se trata en el cine de manera continua.

Revista Historias Pulp # 5: El Exorcista

“Se aprovechaba de cualquier mortal que acudía a él en busca de ayuda, pero casi siempre
hacía que la víctima se arrepintiera de sus peticiones de ayuda. Se decía que a Pazuzu le
gustaba ofrecer ayuda que parecía benevolente, pero en secreto requería que la víctima
pidiera más ayuda al señor de los demonios”.

Entrada completa sobre Pazuzu en Mitología.guru:
https://mitologia.guru/personajes-mitologicos/pazuzu/

Una vez quedas enredado en el pacto con él, cuando has pedido una pequeña ayuda o si simplemente tratas con él, quedas en deuda. Esta se agranda, más y más y, por tanto, Pazuzu va tomando más y más de ti. A este efecto se le denomina apotropaico. Consiste en el efecto de carácter antropológico de evitar el mal con determinados objetos o rituales, en este caso Pazuzu servía en su origen para este tipo de rituales. Llamas a este demonio para que llegue en tu ayuda, pero esa ayuda tendrá un efecto de deuda sobre tu vida y tu alma. Y esto es exactamente lo que ocurre en El Exorcista. La niña inocentemente juega, necesita un compañero de juegos. En realidad, su ritual lo realiza a través de la Ouija y su necesidad que podemos equiparar a su “petición” es la soledad. Su mal es que está sola. Una soledad y abandono que esta pequeña sufre por parte de ambos padres, cada uno por un motivo diferente, aunque esto lo analizaremos más adelante, es lo que la lleva a Regan a relacionarse con una entidad desconocida que se aprovecha su inocencia. Como vemos, Pazuzu actúa como el típico depredador de niños. Previamente, el padre Lankester ha tomado medida a este demonio que le planta cara en la excepcional primera escena de confrontación entre ambos vectores de las fuerzas del Bien y del Mal. El padre Lankester Merrin es reconocido como enemigo en esa mítica primera escena en Irak por Pazuzu.

LECTURA DEL RELATO: ANTES DEL TIEMPO

Antes de la caída, y mucho antes de que la tierra fuera fértil; antes de que el tiempo de los volcanes finalizara, y mucho antes de que los mares fueran cálidos; antes de que los cielos albergaran esencia de vida, y mucho antes de que las aves y los ángeles poblaran las nubes; antes de que la lluvia regara el suelo seco y estéril, y mucho antes de que la primera brizna de hierba luchara por alcanzar el cielo; antes de que el primer ser vivo palpitara en el vasto océano, y mucho antes de que los dioses reinaran durante milenios sin ser molestados por los hombres; antes que todo lo que en el mundo ha sido, y mucho antes de que ningún registro pudiera dejar constancia de su existencia: Él era en movimiento perpetuo. Lo componían moléculas dispersas en aéreo estado. Su forma era inespecífica, pudiendo amoldarse a diversos recipientes en un mimetismo perfecto. Sin embargo, variaba su volumen dependiendo, sobre todo, de su temperatura, y no tenía consciencia de sí mismo porque nadie podía verlo, escucharlo, olerlo o medirlo… pues ningún ser vivo existía todavía.
Dentro de sí, los cambios constantes lo mantenían en un rumiar incesante sin pensamiento. Y, repentinamente, sin saber cómo o porqué, llegó un tiempo en que los recipientes en los que su etérea esencia se amoldaba parecían bullir, y Él se agitaba dentro de sus palpitantes cuerpos. En un escalofrío podía salir y volver a su libre pulular por los aires, formando parte de los vientos. Deslizábase ya, por aquel entonces, con un conocimiento de sí mismo cada vez más claro y nítido, pues en su aleatoria posesión de los cuerpos vivientes que por el mundo encontraba, iba tomando caracteres especiales de cada uno de ellos. Y percibióse con mayor claridad a través de los ojos de estos vivientes, porque antes de que ellos existieran Él fue solamente un huracanado viento helado.
Pero, a partir de entonces: fue ave del cielo y voló junto a otros pájaros por el amplio mundo; y fue pez dentro del inmenso océano comiéndose a otros pececillos deliciosamente frescos; y fue león en las sabanas y desgarró las carnes de los insípidos herbívoros; y fue escorpión del cálido desierto y su veneno se hizo su sangre emponzoñando a todo aquel animal dentro del que se cobijaba.
Y, al fin, conoció a una de su misma especie, y el encuentro carnal fue voraz pues su falo creció hasta ella en húmeda convulsión. Aquella unión duró muchos siglos, y Ella engendró muchos hijos que devoró con hambre insaciable en el mismo momento en el que los pequeños nacían. Pero nunca tenía suficiente, y buscaba comer los vástagos ajenos. Él, conmovido, por primera y única vez, quiso apartarse, pero no pudo, pues aquella hembra lo cazaba en el aire y lo sometía a su apetito sexual insaciable.
Y, un día, Ella le preguntó su nombre para mejor conocer su esencia, su origen. Pero Él no sabía su nombre pues no sabía hablar, solo emitía el sonido del ulular del viento del norte, o el implacable aullido de la galerna… Lo miró desconcertada porque Ella conocía su propio nombre, pues los hombres la habían nombrado. Y le contó una historia incomprensible sobre esos seres extraños que la habían nombrado hacía, mucho, mucho tiempo. Antes, mucho antes de su encuentro, Dios los había creado para regocijarse de su propia imagen inscrita en el barro.
“Lasmathu, me dicen los hombres”
Pero Él no supo qué era eso que Lasmathu llamaba “hombres”. Y fue entonces cuando lo acompañó a conocer a aquellos que la habían nombrado, y Él los conoció, y dentro de ellos sintió que renacía, de alguna forma nueva y desconocida hasta entonces, porque en ellos provocaba tumultuosas tormentas de emociones mortales hasta dejarlos por completo desolados, arruinados… muertos en vida, sin esencia, sin volición. Todo aquel conocimiento, esa forma única de concebir el mundo, esa capacidad para el habla, esa inconmensurable creatividad, esa vida con sentido de trascendencia, ese palpitar al unísono por una causa común pasó a formar parte de su propia esencia. Aprendió todas las lenguas de hombre que en el mundo han sido. Y los amó por ser los elegidos, y los odió por ser los elegidos de ese Dios que no lo había creado… Él era, simplemente, una eterna fuerza de la naturaleza.
Algunos hombres lo amaban, otros lo temían. Algunos lograban que su influjo fuera un bien para sus vidas, otros morían de terror por lo que aquel extraño viento provocaba en sus almas. Pero para Él, sus cuerpos eran los mejores recipientes, los más complejos, los más inquietantes, capaces de lo mejor y de lo peor… Y así fue como aprendió la palabra, y aprendió todas las lenguas, y, tras muchas generaciones, los hombres lo nombraron, por fin, también a Él, y Pazuzu fue su nombre. Un nombre que recordaba al mismísimo viento…
El tiempo pasó, los hombres cambiaron, pero aún hoy, Pazuzu, el señor de los vientos se enreda en los cuerpos humanos intentando conocer y llegar hasta ese extraño Dios que los creó… a su imagen y semejanza.

ESCUCHAR EN IVOOX ANTES DEL TIEMPO

MÚSICA DEL VÍDEO: AKIRAMAROK

ILUSTRACIÓN: TAMBELART

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