Roberto Martínez, profesor de literatura infantil en los Altos de Cazucá, nos brinda una nueva crónica acerca de las personas y sucesos propios de su tierra.

A continuación, disponéis de su lectura completa en esta misma entrada, y más abajo, la descarga en PDF del documento.

¡Que la disfrutéis, pulperos!

El Puerco Caucho

por Roberto Martínez

 

Roberto Ortega, a los 80 años de edad término ensimismado, en una habitación, confabulado con la depresión, la soledad, insomnio, estrés, aumentando el deterioro de su salud mental.

Roberto Ortega, todos los días al levantarse, buscaba sus recuerdos en una caja de cartón, donde tenía las fotografías de muchas mujeres. Era su pasado, como un recuerdo entre las ruinas, deambulando entre la pequeña habitación, recuerdos guindados en una cuerda imaginaria. Roberto Ortega, en las noches, se quedaba sentado en la cabecera de su cama, dejando doblar su cuerpo sobre sus rodillas llorando, por largas horas, en complicidad con los personajes de sus historietas urbanas. Como un soldado, vestido de uniforme de rayas horizontales, de colores blancas y rojas, con botas de cuero hasta la rodillas de color negro, una cinta de seda de color azul amarrada en su cintura sosteniendo un sable, un gorro grande sobre su cabeza, esperando su turno para participar en una de las historias de Roberto Ortega.

En el barrio El Carmelo, que pertenece a Kennedy, localidad número 8, de Bogotá D. C., ubicado en el sur occidente de la ciudad, Roberto Ortega había salido ileso de ciento tres atentados, por los ñeros, ladrones, expendedores de bazuco, jaladores de carro. Sus vecinos decidieron retirarlo del liderazgo de los grupos armados de la limpieza social. Sus amigos, un sábado y un domingo, lo despidieron con una fiesta a puerta cerrada en la cancha de jugar tejo, donde la Pecosa, una de sus amantes. A Roberto, según, él, lo sacaron en hombro, borracho, vomitado, hasta las tres de la mañana, bajo la lluvia. Tres días después fue recibido, por unos amigos, líderes comunitarios, del barrio Class   Roma, otros paladines que ejercían la justicia por sus propias manos.

Roberto Ortega, en el barrio Class Roma, con una conducta de bajo perfil, trabajaba en un taller de mecánica, como latonero, pintor de carro. Roberto Ortega, con sus amigos, camaradas. Al darse cuenta que los policías de ese sector, cobraban vacunas a los dueños de las populares ollas (sitio donde venden las drogas alucinógenas), Roberto Ortega y sus amigos, nuevamente reorganizaron, lideraron, las brigadas de grupos armados comunitarias (grupos de limpieza social), con una escopeta mata pato, cinco rulas, cuatro bates de béisbol, dos changones (armas de fuego fabricadas artesanalmente), dos revólveres, una pistola, cinco escopetas de balín. Roberto Ortega, se adueñó de la confianza absoluta de sus nuevos vecinos, comerciantes, el comandante de la estación de policía. Roberto Ortega, con su grupo armado, desmanteló, desarticuló, ochenta ollas de bazuco, setenta ollas de marihuana, recuperó setenta carros robados, noventa bicicletas, ochenta motos, en diferentes talleres. Los jíbaros, ladrones, pandilleros,  se entregaron a la policía, por voluntad propia. Roberto Ortega, con los miembros de su grupo armado, mataba y comía del muerto.

Roberto Ortega, en esos días, recibió una carta a nombre del Párroco y de todas las damas de la localidad de Kennedy, para acabar con los prostíbulos del barrio, para evitar una epidemia de enfermedades venéreas, divorcios. Roberto, fue el primero en implementar la ley zanahoria en los años 70, en estas comunidades, obligó a las familias a asistir todo los domingos sagradamente a misa, dictaba cátedra de cívica en las escuelas. Por su popularidad, gallardía, belleza varonil, disponibilidad de amabilidad, solidaridad con el prójimo, fue apetecido por muchas de las mujeres solteras, comprometidas, unas de ellas, como la piernona, La Ojona,  Villanira, Radio Recuerdo, La Meona, La Chiquita, La Barriga Iguana. Roberto ortega, decidió retirarse, por voluntad propia, del liderazgo de estos grupos armados, a los 63 años, con unas palabras celebres, borracho en unas de las cantinas del barrio Class Roma.

“Terminé, con una parte de la lacra de esta sociedad. Si… me toca de nuevo empuñar las armas, para restablecer el orden, de los ciudadanos. Hoz… lo, haré, he… dicho”…

El Tabaco, Máximo Petro, primos del candidato a la presidencia. Gustavo Petro, en el 2018 y, primos del cantante. Noel Petro, con su éxito.

“Pa papa para papa Charanga, pa, papa para papa. Revuelta con Pachanga U… ju… jay… que… ganga… Oye Azucena linda…Oye Azucena linda… si quiera, dame un beso…Tus aojos me enamoran, tu amor me tiene preso… “

Máximo Petro, embajador de Caimán, un corregimiento de San Pelayo Córdoba, y su primo, Tabaco, tenían una gran amistad con Roberto Ortega. Estos dos primos confabulados, con la malicia de las personas de la Región Caribe, cuando alguno de sus paisanos le preguntaban a ellos, por Roberto Ortega, lo describían cagado de la risa en cualquier calle de Bogotá D.C., y como un individuo de baja estatura, contextura delgada, su piel arrugada, de color pálida, frentón, frente Tuza… de un timbre de voz de niño consentido, su boca, como hocico largo, orejón, desnalgado, hablador de Mier…hablador de paja, embustero, mitómano, enamorado, lengua contaminadora. En conclusión, El Máximo, El Tabaco, lo llamaron El Puerco Caucho, en honor a un cerdo cuando está recién nacido, pequeño, llamado cerdo pelón, cerdo zungo o cerdo criollo, de su querida región del Caimán.   

Puerco Caucho, al pasar un año de su retiro de la limpieza social, aceptó la invitación de Carlos Urbina, su paisano, para que le cuidara una casa en el barrio El Progreso, en la comuna IV de Cazucà (Altos de Cazucà), ubicada en el Municipio de Soacha. Primero de enero, del año 1999. Puerco Caucho, llegó al barrio El Progreso, un mediodía, con el sol sobre su frente, las calles polvorientas, con una bolsa en la mano donde guardaba tres camisas, dos pantalones (regalo del viejo William, un paisa de Medellín del barrio Manrique), ciento treintas fotografías de sus amantes, que había dejado en el pasado, pero tenía relaciones sexuales con ellas, en sus noches de masturbaciones, en su soledad.

Sus nuevos vecinos escuchaban, por largas horas, sus narraciones de un superhéroe urbano. El Puerco Caucho, como lo llamaron El Máximo Petro, El Tabaco. Puerco Caucho, al pasar los meses, al año, terminó consolidando una gran amistad con los habitantes de su nueva comunidad, narrando sus grandes glorias, sus hazañas, cuando lidiaba con el estaño (bala de revólver) a los delincuentes, sin dejar atrás la simpatía de muchas mujeres, al verlo como un superhéroe, de carne y hueso, sin capa, ni máscara.

“Qué… lindo… el…Baby…”

Un lunes, de abril, año 2000. Supuestamente, Bigote, El Enano, William  Alarcón, El Mono Contreras, Víctor Jiménez, el Cabeza Pera, observaron al Puerco Caucho, salir de una de sus casas con un balde lleno de espermatozoide, botándolo a la calle, una noche, muerto del frío, con su cuerpo enrollado en una toalla de niño recién nacido. El Puerco Caucho tenía la costumbre de decirles a los nuevos vecinos, que llegaban al barrio, que era dueño de muchas casas y lotes. Lo vieron salir, las malas lenguas, en las madrugadas de las casas de La Tatiana, La Marica del barrio, de la casa del Monaguillo de la Iglesia del barrio.

El Puerco Caucho, según él, era el tormento de las  viejas, que no las picaban ni pato ganso, como Radio Recuerdo, La Meona, La Chilindrina, La Piojosa, La Concha Mugre, las mujeres viudas, solteronas, casadas. Las mujeres de los barrios de Ciudadela  Sucre le llegaban en pijama, sin moruno (ropa interior). El Puerco Caucho ganó la fama de un Semental, El Siete Polvos, El Siete Mujeres, El Tumba Loca, El Raspa Canoa…..El Pingaminol… El Cu…Lion… El Rompe Teta… El puerco Caucho había heredado la doctrina de ser mitómano.

Un sábado, en las horas de la tarde, del mes de noviembre, año 2001. El Puerco se encontraba en la cantina del Wilson, frente a la cancha de fútbol, con la mesa llena de envases  de cerveza, escuchando un Vallenato de Jorge Oñate.

“Tengo que  hacerle a la vieja Sara… Una visita que le ofrecí…”

El Wilson, lo apodaron sus paisanos, el cara de perro Bóxer, es un paisano de Galapa, Atlántico. Esa tarde, cuando pasaron, por el frente de la cantina. El Tabaco, El Máximo, Álvaro, Santoyo, Antonio o el popular Tole, le decían ese sobrenombre porque cargaba entre sus piernas tremenda manguera. El Puerco Caucho los llamó invitándolos a tomar cerveza, en esa acalorada tertulia etílica. Puerco Caucho, se emocionó comentándoles a sus paisanos.

“Yo… participé, con un comando de la guerrilla del M 19, el 6 de noviembre de 1985, en la toma del palacio de Justicia, con una ametralladora punto cincuenta, que botaba más de cien cartuchos por segundo, al lado de Vera Grabe.”

El Puerco Caucho, sentado con sus piernas cruzadas, movía sus brazos, con aquella elegancia, seguridad, seguía hablándoles a sus paisanos.

“Si…. Alguien….  del barrio o cachaco, a ustedes les  buscaban bronca, o a mí, tienen que vérselas conmigo… porque los desaparezco de la faz de la Tierra… tengo  más de trescientos cilindros de gas propano, escondidos en la orilla de la laguna Terreros (Embalse terreros) para bombardear… cualquier   hijo… de putas… que nos busque problemas…”

El Puerco Caucho, un viernes, del mes de mayo, en las horas de la mañana del año 2002, tomando cerveza, aguardiente adulterado, chicha, fumando marihuana, en la cantina de la Moño parado, que se encontraba ubicada por la entrada del barrio El Progreso. El Puerco Caucho, en la cantina, no observaba cuando una mirada coqueta lo miraba sobre los cráteres que se formaban en el piso húmedo de tierra. La mujer tenía sus senos blancos desparramados sobre su sostén de color rojo, un hilo dental de color amarillo que se perdía en la oscuridad de sus voluptuosas  nalgas, como proponiéndole, con la vista, al Puerco Caucho.

“Ven… papito… lindo… te… hago los platos… a la italiana, la francesa, la Gata salvaje, la perra rabiosa, la vaca desnucada… la paloma mensajera… dejándose escuchar un vallenato del maestro Otto Serge.”

“Olga lucia… la negra… de los ojos… lindo… ”

Puerco Caucho, tenía sus ojos extraviados, su corazón aceleraba a millón, le temblaban las piernas, él seguía tomando cerveza de un solo trancazo, fumaba marihuana, un sudor frío recorrió su cuerpo, fumaba cigarro, sin percatarse que estaba apagado. Puerco Caucho, su pene se durmió entre sus piernas, como un bebe consentido en el pecho de su madre. La rumba seguía, la mujer seguía observándolo, sentada en un banquillo, frente a la barra de la cantina, dejando exaltar un aroma a colonia de puta pobre, de barriada, de estrato o de barrio de invasión. El aroma se perdía rápidamente por las hendijas de la pared  de madera. La mujer, El Puerco Caucho, se encontraban solitarios esa tarde en la cantina, disfrutando una canción de Héctor Lavoe.

“Cuidado…. que por ahí…. Vienen… los anormales…”

Puerco Caucho, de los nervios, se tragaba la ceniza del cigarro, se fumaba tres tabacos de marihuana, creyendo que era la cerveza. La mujer lo seguía observando alborotada, le mostraba sus  senos blancos, entre la oscuridad, al compás de la música. El desgraciado del Puerco Caucho, su pene se despertó, el Puerco le preguntó.

“¿Dónde carajo  estabas…? ¡No… jodas!”

Su pene no le respondió un carajo. La mujer, Puerco Caucho, a los dos les atraía la música, el cigarro, el sexo, la orgía, pornografía, cerveza, marihuana, ambos estaban sentados en el mismo lugar, en una mesa distinta. La mujer, lo llamó con el dedo índice de la mano izquierda, al escuchar una Champeta.

“La suegra… Voladora … La suegra… Voladora…”

Estos dos personajes, comenzaron a bailar, con sus cuerpos moviéndose  rítmicamente, como en una sola baldosa. Puerco Caucho y su pene se entusiasmaron, despierto en guardia. El Puerco, al poco rato, no podía mover sus piernas, sus brazos, le pesaba su cabeza.

La mujer, le lanzó un dardo de humara de cigarro en su cara, insinuándole  palabras obscenas en el caracol del oído. El Puerco sentía algo extraño en la mujer, que le rozaba entre sus piernas, sin prestarle interés. El puerco seguía bailando con la mujer. El Puerco Caucho, de tanta rumba, cigarros, cervezas, marihuana, besos, toque, toque de nalgas, de senos. El Puerco Caucho despertó asustado cuando lo tenían unos rateros detrás de la escuela del barrio El Progreso, que tiene una sola jornada, por culpa de muchos padres de familias, que mandaron a estudiar a sus hijos al barrio, La Isla. Ciudadela Sucre, Oasis, porque malgastaban la plata de familia en acción, no les alcanzaban para comprar los útiles escolares, los uniformes, pagar la matrícula.

Los ladrones, de frente al puerquito, con cuchillo mata-ganado en mano. Uno de los ladrones resultó siendo la mujer de la cantina.  Era un travesti, que había llegado de Barranquilla, del barrio Revoló. Era la mujer que la hablaba palabras obscenas en la cantina, el otro ratero, le registraba los bolsillos. Puerco Caucho, asustado, sudaba frío, sus piernas le temblaban, hasta soltar un líquido, por el asterisco, Punto, Con, era un líquido de olor alcantarilla, caliente, recorría entre sus piernas. El pene del puerquito, con el roce de la mano del ratero, en el bolsillo del puerquito. El pene del Puerco Caucho, solamente vómito un gargajo baboso, pegajoso, mojando la mano del ratero. El ratero, grito desesperadamente, corriendo, gritando, entre la oscuridad.

“El puerquito… es un depravado….se masturbo… en mis manos…”

Un lunes del mes de noviembre, a las 6 de la mañana del Año 2006. Los maridos, supuestamente, de amantes del puerco. Los maridos de estas mujeres llegaron  descamisados, borrachos, con rula en mano, a la morada del puerco, para matarlo por calumniador, embustero, falsos testimonios en contra de sus mujeres. Los hombres solo encontraron un papel pegado en la puerta de la casa, con un escrito, de mala ortografía.

“Cachones… maricas… vúsqueme en balencia…. Codoba,.. que estoy con favio castaño, los Paramilitares… Los… Duros…”

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El Puerco Caucho

Crónica acerca de los Altos de Cazucá y sus gentes, en este caso, acerca de la persona de Roberto Ortega, luchador y vividor.

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