Hace unos meses vimos la película La torre de los siete jorobados (1944). Podría decir que me quedé totalmente perpleja, pues nunca había visto una historia tan divertida y enigmática, tan original, tan escrupulosamente pensada, con misterio, un enigmático fantasma, un personaje principal totalmente desquiciado y, sobre todo, ese conciliábulo de jorobados que hace las delicias de cualquier espectador. Podríamos decir que es una obra maestra del cine español, que fue dirigida por Edgard Neville.
🎬 Ficha Técnica Básica
- Año: 1944.
- Director: Edgar Neville.
- Reparto Principal: Antonio Casal (Basilio), Isabel de Pomés (Inés), Félix de Pomés (Doctor Mantua) y Guillermo Marín.
- Género: Intriga, fantástico, terror, costumbrismo y misterio.
- Dónde verla: Está disponible en plataformas de streaming como FlixOlé o en el catálogo de RTVE Play.
Pues bien, rápidamente nos hicimos con la breve novela de Emilio Carrere sobre la que está basada la película. Y ahora vamos a leerla para todos vosotros. Iremos subiendo los capítulos en YouTube y en Ivoox para que podáis escucharlos este veranito tórrido.
Respecto de la novela podríamos decir muchas cosas pero vamos a resumir las más relevanetes:
Si nos subimos a la máquina del tiempo y nos plantamos en el Madrid de 1920, la editorial Atlantis lanzaba al mercado un volumen que desafiaba cualquier etiqueta de la época: La torre de los siete jorobados, firmada por el incombustible Emilio Carrere. Hoy, más de un siglo después, adentrarse en ese ejemplar original es hacer un viaje directo a las entrañas de la bohemia, el ocultismo y la picaresca castiza.
La editorial fue valiente al publicar una “novela Frankenstein” porque es un aglomerado de partes completamente descoyuntadas que el autor entregó sin orden ni concierto. Eso ya nos dice mucho de la personalidad de Emilio Carere… Para entender el alma de esta edición, primero hay que conocer la peculiaridad de los cafés madrileños de los años veinte. Parece ser que Emilio Carrere era el rey indiscutible de las tertulias nocturnas. Tenía talento a raudales, pero también una alergia crónica a los plazos de entrega. Presionado por los editores de Atlantis para entregar una novela larga tras el éxito de sus relatos, Carrere hizo lo que cualquier bohemio desesperado: coser fragmentos de artículos antiguos, hilvanar un inicio brillante y, cuando las fuerzas (o las ganas) fallaron, dejar el manuscrito a medias.
Aquí es donde entra la magia del folletín de la época. El editor, en un movimiento desesperado, contrató en secreto a Jesús de Aragón —un autor de ciencia ficción al que a menudo llamaban el “Julio Verne español”— para que terminara el libro imitando el estilo de Carrere. La edición de 1920, lejos de ser un desastre, funcionó de maravilla. La poesía decadente de Carrere se fusionó con la obsesión por la aventura y los pasadizos secretos de Aragón.
La genialidad del libro no radica en su lógica detectivesca (que a veces se tambalea sin pudor), sino en su atmósfera. Carrere y Aragón consiguen lo imposible: cruzar el costumbrismo madrileño —con sus timbas, sus organillos y sus tipos populares— con el terror gótico europeo y el expresionismo alemán. De pronto, bajo las calles que pisamos a diario, se despliega una sinagoga subterránea invertida, un inframundo habitado por sabios locos, falsificadores de moneda y alquimistas de feria.
Es cierto que la novela puede parecernos algo superficial pues estamos acostumbrados al gótico oscuro y carente de humor que busca los lugares más oscuros del alma, en las perversiones e insanias de los protagonistas o que nos revela lo macabro de la vida y del universo. Esta novela se acerca más al folletín, sin embargo no carece de todos los elementos que el gótico suele proporcionar al lector. No busca la perfección estructural, busca la sugestión visual. La descripción de esa “Torre” que baja hacia el centro de la Tierra en lugar de subir al cielo es pura poesía de lo macabro.
La edición de Atlantis de 1920 es la prueba irrefutable de que la literatura española no solo sabía de realismo y de dramas rurales; también sabía soñar en negro, coquetear con el espiritismo y construir monstruos propios sin necesidad de imitar a los anglosajones.
En definitiva, La torre de los siete jorobados es una rareza deliciosa, un laberinto literario que merece ser rescatado del polvo de las librerías de viejo. Una lectura obligatoria si quieres descubrir el lado más oculto, mágico y, por qué no, gamberro de la literatura española.
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