Puntualmente, incluso un día antes, Historias Pulp os recuerda la existencia de esta osada saga fantástica y tecnológica que es Héroe o Bestia, de Javier Sermanz.

En esta ocasión, la premisa no puede ser más sorprendente: un abuelete que decide sumergirse en el mundo del videojuego inmersivo Héroe o Bestia, gastándose, como reza el título, su prejubilación en un sangunario personaje…

Podréis acceder a éste número aquí:

Con mi prejubilación me compré a Bogg, el Ogro-sapiens

Y los anteriores números aquí:

La saga Héroe o Bestia en Historias Pulp

Y como aperitivo y muestra para ver si os decidís a degustar estas delicias, aquí tenéis un fragmento seleccionado por su propio autor en el que se desarrolla la parte narrativa del “modo pasivo”…

“…Allí la descubriste, temblorosa y asustada, apestando a orines y heces. Su diminuto cuerpo estaba hecho un ovillo, con la cabeza de cabellos rizados entre las rodillas, en la buhardilla,

debajo de un montón de estandartes desvencijados y capas raídas. Tu enorme cuerpo no podía

meterse ahí, pero alargaste el brazo sin problemas y la agarraste como se atrapa a un pichón, de

un zarpazo, súbito y silencioso. Tu respiración te delataba, entrecortada y jadeante, retumbando

por las paredes de madera, lo que consiguió que la niña se apretujara más en su escondite y se

tapara los oídos como si en ello le fuera la vida. Su instinto no se equivocada al protegerla del

monstruo, que en otras circunstancias habría hecho honor a su horripilante fama.

Pero no así, Bogg, el Ogro-sapiens, cuya única intención era devolverla junto a sus familiares y

restituir el honor para los de tu especie. La alzaste y la acercaste a tu cara para contemplarla de

cerca, era la primera vez que tenías en tus manos una humana tan pequeña, delicada e inofensiva.

No sabiendo cómo cogerla sin partirle el espinazo, te preguntaste cómo sabría, si sería un dulce

aperitivo, aunque desterraste en seguida la idea.

-¡Hombre del Saco no me comas, por favor, prometo que no volveré a portarme mal!- te rogó,

sollozando lastimera, con una aguda y prístina vocecita, al tiempo que se restregaba los ojos

anegados en lágrimas con sus puños en miniatura.

-¡Ja, ja, ja!- soltaste una carcajada ruidosa que agitó su blonda cabellera como un vendaval. La

niña, lívida de espanto, abrió los ojos como platos y se quedó paralizada por el miedo-. Tranquila,

pequeño retoño sapiens, no te voy a hacer daño- la consolaste sin éxito. Un líquido tibio mojó tu

gruesa mano y chorreó por el antebrazo.

-Mis hermanos me han dicho que vendrías y me comerías porque me porto mal y desobedezco a

mis padres- se justificó ella, un poco más tranquila al ver tu sonrisa divertida y tu gesto amable.-

Te vi por la ventana y creí que era cierto lo que decían, así que me escondí. ¿De verdad que no vas

a comerme?

Volviste a reír mientras la sacabas al exterior, donde ya se habían agrupado varios guardias,

que te urgían a soltarla y dejarla en tierra.

-Dile a tus papás que Bogg es bueno y no se come a los niños, solo a los hombres malos que

matan a otros hombres-. Te aseguraste que tu vozarrón fuera escuchado por todos.

Y la soltaste, regalándole una sincera sonrisa. No entendías muy bien qué clase de extraños

sentimientos de ternura se habían despertado en ti al contemplar su rostro jalonado por regueros

salinos. Ella te miró por ultima vez y te sacó la lengua en muestra de amistad, antes de correr a

resguardarse tras la seguridad del guardia que le extendía la mano…”

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