Esta es otra de esas películas lamentables, sin talento ni ideas frescas, que por algún motivo ha gozado de un trato de favor por parte de las redes sociales y los cada vez más extendidos e influyentes gurús de la crítica del cine.

Para empezar, todo crítico, se diga lo que se diga, no es más que una persona sin talento ni interés que intenta generar corrientes de opinión por ego o a sueldo, si acaso haciendo coincidir su gusto con la intención de su crítica (alcanzando así, con suerte, algún pequeño grado de honestidad). Pero cuando pelis como Crudo alcanzan tal relevancia mediática y las buenas notas en redes de cine, no me cabe duda de que la gente es gilipollas.

No digo esto porque alguien pueda creer que esta peli sea buena. Sino por lo mismo que ocurría con Her: soy incapaz de imaginar que nadie vuelva a ver un truño semejante por placer, por amor al cine, porque encuentre en la peli planos, interpretaciones, un guión o unas sensaciones merecedores de ello. Se hablaba de esta película diciendo que la gente salía de las salas a mitad de su proyección, por lo supuestamente desagradable o perturbadora que resultaba, pero eso es imposible. La peli no muestra hasta su último tercio nada que produzca más que desconcierto, desconexión total con los personajes y un intenso aburrimiento, y lo que añade luego es estupidez e incongruencia hasta su final.

¿Queréis verla? Bueno, pues hacedlo, si os gusta el cine lo normal es experimentar en propia carne incluso bodrios como este, pero no tengáis ninguno la puta cara de recomendarla sabiendo de sobra que en la vida volveríais a verla.

El argumento, a grandes rasgos pero contándolo de manera bastante más amena, nos presenta a una chavalilla que por costumbre familiar no come nada de carne… y como es lógico (por la manera que tiene la propia peli de contarnos la historia) eso hace de ella una especie de retrasada mental que contempla con infinito estupor la evolución de cada una de las cosas que pasan constantemente a su alrededor, incluido el paisaje desde la ventanilla del coche.

Entra a estudiar para veterinaria en una facultad de retrasados mentales que la obligan, en una iniciación de novatos, a comer riñón de conejo crudo, y a raíz de eso desarrolla una especie de ansia por comer carne tan oportuna como a la película le da la gana que sea. Sufre una horrible reacción alérgica que la despelleja viva, y convulsiones y sueños febriles de lo más arbitrarios. Todo esto bajo la mirada indiferente de su hermana mayor, que ya lleva a saber cuántos años fingiendo que estudia allí. Este personaje pasa sin lógica ninguna de resultar totalmente distante de la protagonista a pasar, al parecer, horas enteras con ella, con la confianza suficiente como para empeñarse en convencerla de que se depile el chumino. Y es que a ella qué le importa eso, si la peli no te muestra que sean íntimas, sino todo lo contrario. El caso es que de repente, y de nuevo como si eso fuera a significar algo, la piel de la protagonista no permite que se libere el vello con normalidad. Parece que se le vaya a arrancar la carne misma con ello, y al intentar su hermana solucionarlo a golpe de tijeras, la retrasada se revuelve y consigue que la otra se corte un dedo y acabe inconsciente. Entonces, la tonta’l bote se acuerda de que le gusta la carne y se pone a chupetear y a devorar el dedo cercenado. Todo esto son escenas largas de la leche que resultan a medias soporíferas e irritantes. Después de pasar por el hospital con la pasividad absoluta de sus padres ante lo que menciona su otra hija acerca del canibalismo de la oligofrénica, la película continúa.

Poco a poco, y como combinándolo con el despertar a la sexualidad de la protagonista (que no se entiende cómo puede una persona de esas edades empezar a tener tantos despertares de sus sentidos y emociones, lo dicho, como si hubiera nacido ayer), vemos a esta retrasada irse de fiesta con actitud de bicha devoradora en una escena para a la siguiente verla irse a pedir una copa zarandeada por la muchedumbre como una epiléptica ciega a la que estuvieran aturdiendo a base de collejas. Su hermana, pese a haber perdido el dedo por su culpa, de algún modo olvida el día en que la señalaba como una loca comededos ante sus padres y le intenta enseñar cómo se busca ella la carne. Porque sí, de repente ella también es caníbal. Atentos a su plan de caza, ya mostrado antes del enorme título en mayúsculas: a lo largo de una carretera recta se tira delante de los coches para que se desvíen al evitar atropellarla y se estrellen contra los árboles, se mueran los tripulantes y ella pueda comérselos. Un plan que no puede fallar nunca por ningún lado, ¿a que no?

El caso es que la Steve Urkel francesa se ofende y reniega de su naturaleza, así que empieza a acosar a su compañero de habitación homosexual, porque su carne huele que te cagas, titi. Pasan más cosas, sí. Su hermana la humilla en una fiesta cuando se emborracha, llevándola a una morgue que no se sabe de dónde ha salido y dejando que todos vean las ganas que tiene de comerse a un muerto, mientras la graban con móvil. Por qué estando tan borracha no intenta mejor comerse a cualquiera y no al cadáver es algo que la película ni piensa, es más estúpida de lo que quiere hacerte a ti viéndola, tranqui.

A raíz de eso, nuestra niña Medeiros con raquitismo intenta matarse con su hermana a mordiscos en una pelea delante de todos que no suscita más que un ligero asombro. Como veis, aquí no se investiga nada, ni siquiera los sospechosos accidentes de tráfico (todos en el mismo sitio y con pasajeros llenos de mordisquitos de anoréxica). Todo muy normal.

Pasan más cosas, entre ellas el polvo salvaje de rigor con el gay de su amigo, y todo para que al final sea su propia hermana quien se lo coma.¿Por qué? ¿Por joder? Si justo la escena anterior era una especie de reconciliación tácita entre ambas hermanas. ¿Es venganza o hambre? No se sabe, es todo subnormalidad, una vez tras otra. La peli se acaba con el padre de la incapacitada mostrándole su pecho destrozado y diciéndole “tu mamá también”.

Y así termina otra peli estúpida que no tiene nada en absoluto que destaque, nada relevante, nada más que escenas pretenciosas, tanto como su título. Esta es la última vez que voy a hablar de películas como ésta porque, como dice María Larralde, para colmo todo lo que se hable de ella es hacerle más favor. Da verdadero asco ver películas como ésta, que rompen toda lógica del éxito comercial o mediático en base a los intereses de a saber quién. Películas así amenazan el tanto el arte como la industria. Ensalzar la falta de calidad y el aburrimiento perjudica a todos, ¿qué coño le pasa a la gente? ¿Hay tantos aburridos que ya intentan aburrir a los que no lo son?

Mientras tanto, la labor de Oats Studios es ignorada por los medios e incluso diría que menospreciada por los supuestos amantes del cine, y Netflix se enfrenta a las proclamas de directores famosos (que no grandes) de que sus producciones no son películas porque no se estrenan en el cine. Que se vayan todos a tomar por culo.

 

Valoración por Ruddenskjrik:

esta película es una mierda, y al que le guste, es gilipollas.

938total visits,2visits today