“Cuando sopla el viento” (When the wind blows, es el título en inglés de este libro aparecido en los Estados Unidos en 1981) es la quinta novela que el escritor estadounidense de suspenso, misterio y horror John Saul (nacido en Pasadena, California, allá por 1942) entregó a la imprenta luego de ese promisorio debut en la literatura de género que significó para el californiano la publicación de su opera prima “Suffer the Children” (1976), un thriller psicológico editado en los Estados Unidos por Dell Publishing y vertido al castellano por el equipo de traductores de Javier Vergara Editor, con el expresivo título de “Dejad a los niños”; un libro cuya premisa es el execrable crimen que un padre comete en la persona de su pequeña hija al violarla para luego asesinarla en medio de un bosque.

Cuando sopla el viento John SaulHaciendo una breve digresión, cabe mencionar que ha sido esta casa editora española la que ha dado conocer en nuestro idioma la mayoría de las novelas que este autor ha venido escribiendo y publicando en su patria desde aquel ya lejano 1976.

En “Cuando sopla el viento” el autor hace vibrar la cuerda del horror en el espíritu de sus lectores a partir de una historia que tiene como protagonistas, y también víctimas, a un grupo de niños que moran en Amberton, un pequeño y decadente pueblo minero enclavado en medio de las Montañas Rocosas, cuya economía gira en torno a la extracción del carbón.

Saul describe la extinta gloria de Amberton con estas palabras: “El pueblo era un lugar bonito, anidado en el fondo de un valle, con sus casas victorianas pulcramente pintadas con los colores brillantes que estuvieron de moda un siglo atrás. Sus calles, aunque sin pavimentar, estaban cuidadas y sombreadas por álamos temblones que hacía tiempo habían remplazado a los abetos que en un época abundaban por ahí… Sus tiendas trabajaban, vendían recuerdos de días muy lejanos cuando el pueblo había sido un centro de comercio, y su vieja estación ferroviaria estaba durante el verano llena de turistas que se detenían en su camino a Aspen o Denver”

Y circundándolo todo está la siniestra leyenda relacionada con los esqueletos de unos infantes muertos, los llamados “niños del agua”, la mayoría fallecidos un siglo atrás, que circula entre la población aborigen del lugar, y aunado a la omnipresente presencia del viento, un fenómeno natural que podría considerarse un personaje más de la narración, lo mismo que la extraña locura de Diana Amber, la cual se apodera de ella siempre que sopla el viento.

El autor construye esta novela de manera bastante prolija e interesante, con un prólogo, el cuerpo de la novela propiamente dicho, y un epílogo; en todas esas partes la presencia del viento, llamado chinook, por aquellas latitudes, es descrito ya de inicio como “una cosa viviente que se abría fácilmente camino entre los abetos y los álamos temblones”, y tiene una presencia relevante y siempre maligna en los hechos que van a suceder aunque sin llegar a un final auto conclusivo; es precisamente en el prólogo donde Saul pone los cimientos de la tragedia que posteriormente se cernirá sobre los niños del pueblo minero de Amberton.

Estamos en el año 1910, y una explosión pensada para extender un poco más una de las tantas galerías que recorrían la mina de carbón, propiedad de Amos Amber, tiene el efecto colateral de ocasionar una inundación de los túneles y galerías de la misma provocando la muerte por ahogamiento de muchos mineros, entre ellos el mismo propietario, el señor Amber; la desgracia ocurre justo cuando el viento se encuentra soplando con furia. Mientras tanto, en el cercano rancho Amber,  la esposa del difunto, Edna Amber, una chica del Este oriunda de Boston, que siempre ha odiado al viento, se encuentra dando a luz a su única hija, la susodicha Diana Amber; la cual, debido a su particular estado de alienación el cual es fruto del trato que le da su madre, tendrá el protagonismo de la mayor parte de la novela.

Cincuenta años después, en 1960, Diana Amber, que para entonces ya cumplió el medio siglo de vida, aunque ha permanecido soltera y bajo la tiránica autoridad de su madre, la octogenaria Edna Amber, (a quien no le ha temblado la mano para internar a Diana en el manicomio más cercano cuando la situación lo ha requerido) decide que sería una buena idea reabrir la mina de carbón que ha permanecido abandonada desde aquella explosión que mató a su padre, a quién no llegó a conocer; y hace venir desde Chicago al ingeniero Elliot Lyons, el cual arriba a Amberton en compañía de Christie, su hija de nueve años de edad. Desgraciadamente para mister Lyons la mina inundada también se cobra su vida, dejando en la orfandad a la pequeña Christie; la nueva condición de la niña genera en Diana un complejo de culpa que le induce a querer adoptar a Christie como hija propia; sin embargo para desgracia de la niña y de la propia Diana, su aparente buena acción desencadenará una serie de tremebundos sucesos ejecutados por la madura señorita Amber, a saber: la muerte de un caballo llamado Hayburner, los crueles asesinatos de tres niños del pueblo, que se hicieron amigos de Christie, los cuales se producen en las inmediaciones de la mina de carbón, son investigados por Dan Gurley, el policía del pueblo; además de una cierta dosis de maltrato físico hacia la propia Christie que se da cuando la niña llora o se rebela contra las ordenes de esta autoproclamada y, algunas veces, cruel mamá que quiere a Christie solo para sí misma , pues busca compensar de este modo el haber dado muerte a su hijo llorón y recién nacido hacia treinta años atrás, justo cuando soplaba el viento terriblemente.

La novela llega a su clímax cuando la octogenaria Edna Amber decide que la mina sea derrumbada pues la considera un escenario maligno que ya ha cobrado demasiadas vidas , al mismo tiempo advierte que le resulta imposible controlar lo que hace su hija como lo había venido haciendo hasta el momento, pues la presencia de Christie y el rugido del viento ha hecho que Diana se vuelva rebelde contra su autoridad, amén de empezar a recordar algunas cosas, por cierto nada buenas, que había hecho y olvidado en el desván de su mente, por lo cual decide cortar por lo sano y… ( si el lector quiere saber lo que pasa aquí le sugiero lea del documento PDF que contiene la novela y se encuentra en la Red)

Todo ello coincide con el descubrimiento, por parte de un equipo de científicos de la Universidad de Denver, de los esqueletos de los niños muertos en el fondo de una oquedad natural llena de agua, el análisis posterior determina que todos los restos son antiguos con excepción de uno que evidencia ser mucho más reciente que los demás, llegado a este punto los dos polos sobre los cuales gira la historia entran en contacto para cerrar, en apariencia, el arco narrativo abierto por el autor.

Veintinueve años más tarde, Christie Lyons retorna al pueblo de Amberton, ya convertida en madre, junto a Carole, su pequeña hija, para hacerse cargo del legado que la señora Edna hizo a favor suyo, nada menos que la propiedad del rancho Amber, pero una vez ahí, justo en el mismo sitio recibe una extraña y siniestra noticia relacionada con el viento y la muerte de los niños de Amberton, que sucede cuando el mismo sopla, de boca de Eddie Whitefawn, un contemporáneo de los sucesos acaecidos casi tres décadas atrás en los alrededores de la mina.

“Cuando sopla el viento” es una novela sin un verdadero final, pues en realidad la sucesión de muertes infantiles no acaba con la inmolación de esos tres niños por obra de la demente Diana Amber, hasta podría decirse que el autor se vale de sus artes narrativas para entrecruzar una leyenda, la de los” niños del agua” (ya sabemos que todas las leyendas tienen cierto apoyo en la realidad) con una historia de maltrato y abuso infantil (la de Edna y su hija Diana) que degenera en esa locura galopante y asesina, seguida de periodos de balsámico olvido en la que vive inmersa Diana Amber, una mujer a la que su propia madre la ha impedido crecer y desarrollarse como una persona normal en función a un amor egoísta manchado de odio. En realidad, el verdadero protagonista de la obra no es la locura de la Amber, la cual se extingue con ella, sino la omnipresente presencia del viento, el cual sin leyenda ni locura sobre la cual apoyarse actúa no solo como una poderosa fuerza de la naturaleza, sino como el vector de una plaga de muerte semejante a aquella que se dio en Egipto en los tiempos del éxodo hebreo, envolviendo bajo el sudario del miedo a esa población olvidada y decadente, tal vez deseando extinguirlos por completo para recuperar su dominio del espacio, y a la vez sugiriendo en el lector los sucesos de una novela que ya no necesita escribirse pues se reitera día a día como el sol que nos alumbra siempre.

Chiclayo, ( Perú) 23 de febrero de 2017

Como premio por haber leído hasta aquí, te ofrecemos, lector, la novela en pdf de esta reseña:

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