—¿Y qué hacemos ahora? —le dije a Gabriela sin soltarla, agarrándola fuerte.

—Tengo que sacarme esta criatura, Orhan. Esto no es humano, mira cómo ha crecido. Estoy a punto de reventar.

De repente todo se quedó a oscuras. Ni las luces de emergencia se libraron del sabotaje. Yo sabía que McReady no iba a dejarme en paz. Ese monstruo de cabeza pensante no iba a dejar que un humano inmune a su infestación quedara impune, siguiera vivo. Pero ahora estaba ella, Gabriela. No podía salir corriendo sin más. Debía sacarle aquella cosa de adentro de sus entrañas, de ese vientre hinchado.

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